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Se han reunido en Londres para encontrar vías de colaboración

Wikipedistas y académicos quieren firmar la paz

Cuando nació la Wikipedia, allá por enero del 2001, no tardó mucho tiempo en comenzar a recibir críticas de todo tipo por parte de los tradicionales editores de enciclopedias. ¿Un sitio donde cualquiera, C-U-A-L-Q-U-I-E-R-A, podía escribir acerca de la historia de Francia, química orgánica, programación o las biografías de personajes públicos y no tan públicos? No faltaron quienes aprovecharon su posición como wikipedistas para publicar sus opiniones personales, más o menos contrastadas, a favor o en contra de algo. Quizá, simplemente, no se molestaron en tomarse el trabajo de documentar las fuentes o de contar con más de una, perjudicando la imparcialidad del medio. Los científicos e investigadores serios, los que “de verdad” sabían de los temas, despotricaban de la falta de rigurosidad de los artículos relacionados con sus respectivos campos. Sin embargo, las posibilidades que ofrece un sitio abierto y libre donde se pueda poner a disposición del mundo, y actualizar en tiempo real, todos los conocimientos del planeta, no puede ser del todo indiferente a la comunidad científica.

La Wikipedia aprendió rápidamente de sus errores y puso medios para que se rectificaran adecuadamente los posibles errores de su enciclopedia tan pronto como estos se producían (siempre había alguno que intentaba colarla). Con el tiempo hubo especialistas o profesionales que se sumaron al equipo de editores, enriqueciendo con su trabajo voluntario el sitio, que hoy cuenta con más de 37 millones de artículos escritos en 287 idiomas (incluidos el esperanto, el latín o el náhualt). Pero también se ha dejado sentir la paulatina disminución de los wikieditores, voluntarios en su inmensa mayoría.

Si tecleas cualquier concepto en el buscador, es muy posible que lo primero que te ofrezca sea una entrada de la Wikipedia. El conjunto de los conocimientos y del grupo humano de todas las culturas que reúne la Wikipedia es de tal calibre, que este mismo año recibió el premio Princesa de Asturias de la Cooperación. Hay mucho trabajo detrás, y también muchas posibilidades de crear algo realmente grande y global. Los expertos académicos, tradicionalmente detractores de la Wikipedia, están viendo que sería mucho más interesante para todos establecer los parámetros de una colaboración entre ambos que seguir desconfiando. Así es que parece que ambos están dando los pasos para un acercamiento. De hecho, responsables de ambos grupos han tenido recientemente un encuentro en Londres para ver la forma de cerrar finalmente la brecha que separa a investigadores de wikipedistas.

El punto común entre ambas facciones es el afán de exactitud y veracidad. Ambos quieren que las publicaciones a las que tiene acceso el público (máxime cuando la Wikipedia se ha convertido en una de las principales fuentes de consulta del mundo) sean correctas. Muchos de los artículos con los que cuenta la Wikipedia son de una gran calidad, y los que no lo son todavía están en vías de serlo, gracias a todos los voluntarios que se están encargando de revisar los contenidos, asegurándose de que están correctamente redactados y documentados. En este sentido la comunidad científica tiene mucho que aportar para que la calidad del sitio pase de “buena” a “excepcional”. Algo que también ayudará a que los académicos participen será un cambio en la forma de enfocar los artículos científicos. Hasta el momento la forma de redactar este tipo de contenido no tiene semejanza con la estructura de los artículos científicos, sino que se elaboran casi de frase en frase, como mucho divididos por puntos. Del otro lado, los wikipedistas esperarían que los académicos no se sientan tan por encima de los wikipedistas que no se molesten en dedicar tiempo para entrar en los foros y ayudar a que las discusiones culminen en buenos contenidos.

Uno de los importantes pasos que ha dado la Wikipedia para allanar el camino de la paz ha sido mejorar las biografías de los científicos vivos. Gracias a esto, miembros de la Royal Society. Persuadidos por Duncan Hull, científico de computación de la Universidad de Manchester, han asumido el papel de editores a tiempo parcial, organizando maratones de edición, para corregir los errores por omisión en artículos sobre miembros de la Sociedad. De los aproximadamente 1.000 miembros elegidos durante los últimos 20 años, el 30% no tiene ninguna página, y los que la tienen es incompleta o de mala calidad.

La experiencia demuestra que las colaboraciones previas entre ambos grupos han aportado siempre buenas cosas. Es el caso de los proyectos Pfam y Rfam. Se trata de bases de datos de familias de proteínas y ARN respectivamente, alojadas por la EBI pero abiertos a que cualquier persona pueda editarlas desde la Wikipedia. Estos artículos ya han tenido más de 90.000 ediciones. Las ediciones realizadas en la Wikipedia se reflejan al momento en la base de datos, lo que prueba que la colaboración entre tantos expertos de todo el mundo a través de esta plataforma puede ser mucho más que positiva.

Fuente: Nature

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