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Se trata de un proceso de deorbitado de basura espacial mediante amarras electrodinámicas

¿Y ahora cómo se limpia la basura del espacio?

De los aproximadamente 8.000 satélites que hay en órbita alrededor de la Tierra, sólo hay operativos unos 560. El resto, junto con los desechos de las diversas misiones espaciales que se han sucedido a lo largo de la historia, suman unas 600 toneladas de basura rodeando nuestro planeta. Algo a lo que no se le ha dado mucha importancia, hasta que no ha supuesto un peligroso problema para las expediciones y nuevas puestas en órbita de satélites. El riesgo para la seguridad de las futuras misiones ha hecho que diversos países se pongan manos a la obra tratando de idear sistemas eficaces de retirada de tecnoescombros. En este sentido, no hace mucho que la Unión Internacional de Telecomunicaciones instaba a los países firmantes de los tratados sobre Derecho espacial promovidos por la ONU, a implicarse en la limpieza de la órbita geoestacionaria.

La tarea no es cosa sencilla. Bueno, puede que sí lo sea, pero resulta demasiado caro recoger todo lo que se ha estado dejando por ahí porque, como podrán suponer ustedes, no son precisamente materiales biodegradables y, aunque lo fueran, no serviría de mucho en el espacio. El caso es que, antes de que la ficción de Gravity se convierta en realidad, es necesario poner medidas y, una de las que se han propuesto proviene de la Universidad Politécnica de Madrid. Se trata de un software, creado por el profesor Gonzalo Sánchez Arriaga, de la ETSI Aeronáuticos, consistente en un simulador completo con el que pueden evaluarse los costes de todos los pormenores de una misión, para desarrollar el proceso de deorbitado de basura espacial mediante amarras electrodinámicas, como explica Sánchez Arriaga.

Según su creador, es una herramienta muy sencilla de manejar, denominada BETsMA, que «permite a usuarios no especializados obtener los valores más significativos de una misión con amarras. Junto a la geometría óptima de la amarra para una misión dada, el programa calcula las principales figuras de mérito del sistema, incluyendo el tiempo de deorbitado, las masas de los diferentes subsistemas, la trayectoria del satélite y la probabilidad de supervivencia de la amarra».

La creación de esta herramienta es la culminación de un proyecto internacional denominado Bare Electrodynamic Tethers Project (BETs), coordinado por la UPM y financiado por la Unión Europea, que dio comienzo en 2010, con el objetivo de desarrollar un algoritmo universal para determinar la mejor geometría en la amarra de cualquier tipo de misión.  Aunque la UPM seguirá trabajando en su desarrollo dentro del marco de los programas europeos Horizonte 2020, tienen previsto iniciar su comercialización en los próximos meses. BETs ha estado liderado por el profesor emérito de la ETS de Ingenieros Aeronáuticos Juan Ramón Sanmartín Losada, acompañado de un equipo multidisciplinar que ha reunido a expertos de la Universita degli Studi di Padova, el Laboratorio Aeroespacial Nacional de Francia (ONERA), Colorado State University (EE UU), la empresa española Emxys, la Agencia Aeroespacial Alemana en Bremen (DLR) y la Fundación Tecnalia.

En cuanto a qué son las amarras, de forma simple se trata de una cinta de material conductor sin aislante que tiene varios kilómetros de largo, unos pocos centímetros de ancho y decenas de micras de espesor. En el satélite, la amarra se encuentra enrollada como si fuera un carrete pero, cuando deja de estar en activo, se queda desplegada. La amarra funciona de forma pasiva «gracias a su movimiento relativo al plasma magnetizado de la ionosfera», explica Sanmartín. La amarra captura los electrones del plasma y luego eyectados por medio de un dispositivo denominado contactor de plasma, que se enciende al quedar la amarra desplegada. Como resultado es una fuerza de frenado del campo geomagnético sobre la corriente de la amarra, o fuerza de Lorentz. Con esto lo que se obtiene es una técnica de deorbitado «disipativa», que no necesita ni combustible ni potencia para funcionar, ya que la misma amarra convierte la energía orbital en energía eléctrica que puede usar el satélite si es necesario. Según explica Sanmartín «otra ventaja que presenta el sistema es que apagando momentáneamente el contactor se interrumpe la maniobra de deorbitado, útil si hubiera que evitar una colisión».

Lo que toca ahora, tras tres años de trabajo, es poder llevar a cabo una demostración en órbita. que pruebe su utilidad para las agencias espaciales, principales interesadas en limpiar las órbitas más problemáticas, pero también para las empresas del sector y grupos de investigación especializados.

Fuente: Agencia Sinc

Imagen: Wikimedia Commons, de dominio público aportada por la NASA

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