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El primer animal digital será un gusano, nacerá el año que viene y vivirá en un ordenador

Y el hombre creó a los animales digitales…

Nada tiene que ver esto con los tamagotchis. Si allá por mediados de los noventa (del siglo pasado) se ponían de moda las mascotas virtuales, lo que ahora tenemos en el panorama futuril no es un programita pixelado al que darle de comer cada tres horas desde el llavero. El animal digital es una réplica exacta del animal real, con la única (y fundamental) diferencia de la composición y el medio en el que vive. El primero de ellos verá la luz el próximo año, que no queda ya tanto, y su hogar será, cómo no, un ordenador. El objetivo de esta creación no es el divertimento, sino desarrollar una profunda investigación sobre las estructuras que conforman la vida, comprenderlas y reproducirlas. Claro que, para comenzar, lo mejor ha sido hacerlo con algo bien sencillo, por lo que no esperéis algo grandioso en plan HAL 9000. El primer animal digital será un gusano. Más concretamente el nematodo Caenorhabditis elegans.

El proyecto bajo el que se está gestándose esta criatura se llama OpenWorm, y comenzó a desarrollarse como comunidad en 2011 y comenzó a promocionarse en Kickstarter este mismo año. Los investigadores ya ha desarrollado ya lo que será el “cerebro” y las estructuras musculares del gusano, vinculando ambas para que los sesos virtuales del gusano puedan controlar su virtual cuerpo y desplazarse por el interior del virtual medio (agua virtual que imita el agua natural en la que nadan los nematodos) en el que vivirá. Claro que como no tiene un cuerpo de verdad, tampoco necesita comer y no muere (básicamente porque si no está vivo, tampoco puede morir como tal).

La elección de este animal fue, como ya hemos comentado, por su sencillez. Su cerebro es el más simple que se conoce, su genoma fue el primero en secuenciarse por completo y su composición celular es tan básica que replicarlo de forma digital es un reto asumible por los científicos. En total son 959 células, 302 neuronas y 6.393 sinapsis. La réplica virtual cuenta con el mismo número de “neuronas” que el organismo real y las interconexiones entre ellas pretenden imitar con la máxima fidelidad el modelo original que, mientras termina de “nacer”, vive temporalmente en un Lego Mindstorms EV3. Esas conexiones artificiales disponen de sensores químicos con los que el C. elegans puede detectar sabores, olores o sortear obstáculos, pero esa parte, la de los órganos sensoriales, es la parte que ahora están desarrollando los científicos responsables del proyecto OpenWorm.

El cerebro de la bestia

Los científicos ya han estado probando el cerebro del gusano dentro de un pequeño robot gusano equipado con dos ruedas controladas por 95 “células” equivalentes a los 95 músculos que mueven el cuerpo del organismo vivo. Ya entonces se vio que la respuesta del cerebro virtual en el cuerpo robótico era capaz de comportarse como el real.

A pesar de tratarse de un organismo tan simple, las complejidades del cerebro son asombrosas. Una de las características de los seres vivos, incluso los más simples, es que sus conexiones sinápticas son dinámicas y son capaces de aprovechar las experiencias para aprender, cosa que, de momento, no puede hacer el cerebro virtual.

Para el próximo año, cuando el gusano virtual nazca finalmente, se podrá estudiar su comportamiento dentro de los medios en los que sea descargado. Porque aunque nadie querría voluntariamente contraer una infección parasitaria con un nematodo real, lo más posible es que, una vez que esté a disposición pública (porque sí, podrá descargarse), el número de nematodos virtuales que habiten en ordenadores por deseo expreso de sus dueños sea bastante alto.

Todos los datos del estudio que se realice sobre la vida de estos animales virtuales estarán en una base de datos de código abierto, pero si alguien tiene el gusto, puede disponer ya del modelo cerebral del gusano virtual desde la web del proyecto.

Fuente: Tendencias 21

 

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