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Cómo los ordenadores personales expulsaron a las mujeres de la informática

Charlas, talleres, proyectos, jornadas, concursos… la cantidad y variedad de actividades exclusivas destinadas a motivar el interés de las chicas y mujeres por la tecnología y la informática crecen y se difunden tan rápido que, en breve, muchos chicos y hombres se preguntarán si estas disciplinas son para ellos.

Se ha hablado mucho de la escasa presencia femenina en el mundo STEM, pero creo que no se abunda lo suficiente en los motivos de esa supuesta falta de interés.

A lo largo de muchas charlas con entrevistados, muchas consultas de informes y muchas lecturas de estudios, una de las justificaciones que con más frecuencia asoma la cabeza es el nacimiento (no entraremos en si consciente o inconsciente) de un direccionamiento de la mujer hacia unas áreas y del hombre hacia otras, que han encallecido la idea perversa de “cada uno en su lugar”. Hasta el punto es así que hablar de mujeres ingenieras o informáticas o científicas todavía despierta el asombro de la gente. ¿Por qué?

Volviendo al direccionamiento, quiero pensar que inconsciente, ha sido tan fuerte que ha llegado a introducir en la cabeza de muchas mujeres una inseguridad perniciosa y falsa sobre lo que pueden o no pueden hacer. En un experimento llevado a cabo en un colegio de EE.UU. se preguntó a los profesores de primaria si ellos hacían diferencias entre niños y niñas, especialmente en clase de matemáticas. Todos contestaron que no, pero al grabar las clases con cámara oculta vieron que cuando el profesor preguntaba y los alumnos levantaban la mano para responder, chicos y chicas lo hacían por igual, pero al dar la palabra sistemáticamente a los chicos, pasado un tiempo las chicas dejaron de levantar la mano y perdieron el interés en la asignatura.

Igualmente podríamos hablar de esas profesiones “de chicas” (como enfermería, cocina, auxiliar de vuelo o magisterio) que han alejado en tiempos a muchos hombres con el temor de ser tachados de “nenas”. Afortunadamente todo eso está cambiando, pero es muy importante no perder de vista la pregunta del principio: “¿Por qué  no hay más mujeres en STEM?” La tópica y falsa respuesta de “no les gustan o no sirven” es tan ridícula que sólo podría sostenerla un cardenal español o el presidente de algún país cuyo monte más alto sea el Ararat.

Lo más triste es que al direccionamiento se ha sumado un silenciamiento sistemático de las mujeres que se han salido del camino trazado y, en todo caso, si el ruido era mucho, metiéndolas en el saco del fenómeno, de lo extraordinario, para que quede claro que no es este el curso normal de las cosas, y que quien quiera salirse de lo establecido tendrá que pasar por tantas o más penalidades de que esos cuestionables modelos (sin esposo, sin hijos, sin una vida “normal”).

¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?

En npr se cuenta una incompresiblemente desconocida historia, la de Elsie Shutt. En 1958 ella fundó una de las primeras empresas de software de EEUU, y allí todas las programadoras eran mujeres. Así que tenemos a una mujeres en los albores de la informática, a una pionera de la que nadie sabe nada y que ni siquiera tiene página en la Wikipedia. Es más, en esa época buena parte de las personas que estudiaban ciencias de la computación y se dedicaban a programar eran mujeres, y su número crecía más que el de los hombres.

Durante décadas nos encontramos con que el número de mujeres que se dedican a la informática crece enormemente pero en 1984, de pronto, pasa algo, y la cifra se estanca durante un breve tiempo para comenzar a caer en picado. ¿Por qué? Esa es la pregunta que hay que hacerse. Mientras la participación de las mujeres en otros campos subía, en ese en particular bajaba.

datos

No existe una única ni clara respuesta al por qué de esto, pero sí un curioso dato, tal como explica npr, que puede ayudar a entender muchas cosas.

La fecha en la que la participación de las mujeres en la informática comenzó su dramático descenso coincide con la aparición en los hogares estadounidenses de los ordenadores personales. En aquellos primeros tiempos los PCs eran, fundamentalmente, juguetes. Una máquina para jugar y algo de procesamiento de textos, y el público objetivo al que este juguete se dirigía comercialmente eran, casi exclusivamente, hombres y niños. La cultura de los frikis comienza ahí, envuelta en toda una serie de telefilmes donde de dejaba claro quiénes eran los aficionados a la informática y la tecnología.

Ahí aparecen películas como “La mujer explosiva”, “Juegos de guerra”, “Tron”, “Starfighter, la aventura comienza” o “La revancha de los novatos” apoyaron la idea del friki o nerd como destinatario de esa tecnología. El artículo explica además que en la década de los 90, la investigadora Jane Margolis entrevistó a cientos de estudiantes e informática de la Universidad Carnegie Mellon, y vio que efectivamente las familias solían comprar los ordenadores a los chicos, y no tanto a las chicas, aunque estas hubieran manifestado claramente su interés por tener un ordenador. Eso fue un problema cuando las chicas llegaron a la universidad. Conforme los ordenadores se popularizaron, los profesores asumían que ya habían ciertas cosas que todos sus alumnos sabían hacer, y chicas que eran genios de las matemáticas se encontraban en desventaja porque sus compañeros chicos tuvieron ordenadores en su infancia y ellas no. Muchas de ellas acabaron desviándose de su objetivo principal para irse a otras carreras, otras tuvieron que recorrer un camino mucho más empinado para llegar al mismo lugar que sus compañeros chicos.

Quizá esta sea una visión muy simplista del problema, pero creo que aporta una parte importante del tema, que es cómo una decisión comercial puede cambiar el rumbo del desarrollo laboral y empresarial de todo un grupo humano.

Si soy del todo sincera nunca terminé de entender la insistencia de cierto colectivos para eliminar las orientaciones sexistas en los juguetes, pero casos como el de Elsie Shutt deberían ser razón más que suficiente para que el mundo al completo se plantee hasta qué punto hemos perdido gente válida y excepcionalmente dotada para algo sólo por el deseo absurdo de encasillar su género.

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