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Decálogo para una industria que no sabe qué demonios hacer

Acaba con la piratería

¡Hola amigo!. Sí, me refiero a ti, jefazo de la compañía X (discográfica, editorial, distribuidora cinematográfica…) en fin, a ti que dependes de las ventas de un producto fácilmente distribuíble a través de Internet. Yo te entiendo, me consta que lo estás pasando mal, que ahora ya sólo puedes tomarte retiros en el Caribe tres o cuatro veces al año y que en estos duros tiempos, como mucho, los puros te los enciendes con billetes de cinco euros. Tu dolor es una de mis preocupaciones, más todavía al saber que «los grandes» (léase Alejandro «Magno» Sanz, Melendi, Dan Brown, Tom Cruise, etcétera) dependen de ti. Yo quiero ayudarte, gran jefe de la industria de los contenidos, víctima de esa conspiración judeomasónica que es Internet. Estoy contigo y comparto ese regustillo de felicidad que sentiste cuando, hace unas semanas, el actual presidente de la academia de las artes cinematográficas, Enrique González Macho, le enmendó de una manera muy grosera la plana a Alex de la Iglesia y su recordado discursó en su última gala de los Goya como presidente. No importa que tu negocio sean los libros, la música o las pelis o series, creo que te puedo ayudar. La única condición es que, cuando recuperes tu jet privado, me lo prestes de vez en cuando. ¿Listo? Perfecto. Llama a tus tres secretarías, a tus cinco asistentes ¡y vamos al tema!

 

Disponibilidad

Una película, un disco y un libro que no he podido comprar (y quería hacerlo)

n productos de culto que no podrás comprar
¿Te imaginas querer gastar dinero en contenidos culturales y no poder hacerlo, ya que no están disponibles? A mí me ha pasado más de una vez, aquí tienes tres ejemplos:

  • La parada de los monstruos (Freaks), de Tod Browning (1932). Una de las películas más inquietantes y, a la vez, imprescindibles de la historia del cine. Hubo una edición especial de dos discos, a la que todavía se pueden encontrar referencias en tiendas online. Sin embargo ya lleva años descatalogada y hay que recurrir al mercado de segunda mano para poder hacerse con ella.
  • Miranda Warning, de Miranda Warning. Publicado el año 2000, el disco debut de la ahora inactiva banda ilicitana, contiene no sólo su himno «Despierta», también cuenta con otras joyas que, desgraciadamente, no podrás comprar ni en versión digital ni en física (salvo en el mercado de segunda mano, claro).
  •  El caso de la señora estupenda, de Miguel Mihura. Una obra de teatro en la línea habitual del autor, con la que te reirás incluso en contexto de una guerra. Si puedes encontrarla, claro, que no fácil.

A ver, parte de la base de que, para el común de los mortales, la diferencia entre productora, distribuidora, explotadora, subsidiaria, etcétera, es tan comprensible como el ordenador cuántico para muchos de los periodistas que hablan de él. El usuario, al final, lo único que sabe es que, en no pocas ocasiones, no puede adquirir aquello que busca. Un ejemplo claro e insultante de ello es la cantidad de años durante los que ha sido imposible COMPRAR (sí, con dinero de verdad) Amanece que no es poco. Ya fuera en soporte físico o en versión digital. Tras el pase conmemorativo de la película hace unos meses en el cine Callao, Antonio Resines contaba que se enteró de que la película (de la que era protagonista) se había convertido en un hito popular, al escuchar a Verónica Sánchez y Fran Perea (coprotagonistas junto a Resines de «Los Serrano») repetir, de memoria, diálogos completos de la obra maestra de Cuerda. El suyo no era un caso extraño, éramos muchos (buena parte del equipo de Tek’n’Life incluido) quienes convertimos aquella atípica comedia (Parece lo de siempre pero es lo nunca visto, rezaba su publicidad) de hace más de 20 años en objeto de culto.
El problema es que, aunque la quisieras y estuvieras dispuesto a pagar por ella (y éramos muchos los que estábamos en esa situación), no podíamos. ¿Por qué? Pues seguramente por la titularidad de los derechos de autor y la falta de interés en explotarlos comercialmente (uy, mucho cuidado, esto nos lleva a pensar que los derechos de autor, mal empleados, pueden ser un gran enemigo de los contenidos que protegen…). Sin embargo, ¿sabes lo que sí que podíamos hacer los usuarios, amigo jefazo del mundo de los contenidos? Sí, exacto, nos la podíamos bajar de Internet. Y muchos lo hicimos. Pero lo que debes preguntarte no es cuántas personas de descargaron la peli, no. La pregunta que realmente repercute en tu cuenta de beneficios es ¿cuántas copias podrían haberse vendido en aquel tiempo, de estar disponible? Puedo entender que me hables de los riesgos de producir y distribuir muchas copias físicas (DVD, libros, etcétera) y que una demanda inferior a la esperada haga que te quedes con bastante stock. Sin embargo eso sólo es verdad para quienes pretenden dar un pelotazo rápido. Sí, has leído bien. A diferencia de un periódico o una revista de actualidad, la vigencia del tipo de productos de los que estamos hablando es permanente. Hoy se siguen vendiendo libros escritos hace siglos, y discos y películas cuya edad se mide en décadas (La invención de Hugo, de Martin Scorsese, relanzó las ventas de la edición restaurada en DVD de Viaje a la Luna, de Georges Méliès), que tiene más de 110 años. ¿Hace cuantos años se escribieron El Quijote, El Señor de los Anillos o La Conjura de los Necios? Lo que no vendas las cuatro primeras semanas, ya lo venderás en las posteriores. Acepta la atemporalidad de tu «género» y sácale partido.

Y esto, claro, hablando de soporte físico (CD/DVD, papel, etcétera), ya que si hablamos de digital, ese problema desaparece. Los archivos no se gastan al descargarlos (perdón por la obviedad, pero parece que algunos todavía no se han enterado). Y te ahorras todo el problema logístico de llegar a todos los miles de potenciales puntos de venta en los que alguien puede buscar tu producto. El su libro El Economista Camuflado, Tim Hadford aborda de una manera muy sencilla y didáctica la enorme complejidad de la distribución. Es una excelente aproximación a un problema que, ¡oh!, con la distribución de medios digitales desaparece en gran medida.
El verdadero problema de esto es que, para hacerlo bien, te tienes que poner de acuerdo con tus peores enemigos. No, no me refiero a esos siniestros usuarios de Internet, no. Hablo de ese microcosmos compuesto por productoras, distribuidoras, propietarios de derechos… sí, esos con los que quedas para comer de vez en cuando (sí, los de las sobremesas en las que maldecís Internet). Ellos son el verdadero enemigo (al igual que tú para ellos, no te engañes). Tenéis (en imperativo, sí) que acabar con ese sistema, simplificarlo todo y apostar por la alta disponibilidad de vuestros productos. No es fácil, me consta, pero a medio plazo, el resultado de la inacción a ese respecto será mucho peor. Ya sabes cómo acabaron los reinos de taifas…

 

Dinero

Ajusta el precio

Hace ya bastantes años, los ya tristemente fallecidos Tip y Coll nos regalaron un número más premonitorio que cómico ( y mira que era divertido) sobre un avispado empresario hostelero. Su plan era abrir un bar y cobrar la caña de cerveza a 100.000 pesetas (6.000 euros «de entonces»). El negocio estaba claro: bastaba con vender una única cerveza para que el negocio hubiera sido un gran éxito. Y que, sin duda, era más cómodo y sencillo que vender 1.000 cañas a 100 pesetas (0,60 euros) cada una. El caso que es era cómico, es decir, no un modelo de negocio viable que debía intentar implantarse. Un ejemplo claro de lo que ocurre lo tenemos en el cine, y las recientes promociones con las que era posible ver los estrenos por 2,90 euros. Nosotros (Tek’n’Life) estamos en la calle Carretas, a un paso de la Plaza de Jacinto Benavente, así que salir de trabajar y dar un paseo por el centro nos da una perspectiva bastante clara de cómo funcionan los pocos cines que quedan en el centro de Madrid. El caso es que, por norma general, con las entradas a alrededor de 10 euros, las colas brillan por su ausencia. Sin embargo, los días de la Fiesta del Cine 2013 (21, 22 y 23 de octubre del año pasado) las colas para todas las sesiones, incluidas las matinales, eran interminables. Las salas se llenaron incluso entre semana por las mañanas. ¿Qué conclusión podemos extraer de esta experiencia? Llámame osado si quieres, amigo jefazo, pero me da que el precio sí que importa (contrariamente a lo defendido durante años por muchos actores de estas industrias). Y esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿qué es más rentable? ¿Vender 10 entradas a 10 euros para un pase, o llenar la sala (pongamos 100 localidades en caso de una sala pequeña) por tres euros? diez por diez es cien. Cien por tres es 300 euros. De acuerdo, es falaz pensar que ese ritmo de asistencia se mantendría en el tiempo si ese precio se convirtiera en el normal, pero lo es todavía más pensar que a una familia «estándar» (dos padres y dos hijos) les da lo mismo pagar 12 euros (tres euros por entrada) que 40 (diez euros por entrada) o 60 (15 por entrada) si es en 3D, y que lo harían las mismas veces con un precio que con otro. Es un insulto a la inteligencia. Desgraciadamente te enfrentas a un enemigo que al que, en precio, no puedes mejorar, pero sí que puedes ajustar tus márgenes hasta encontrar la relación más óptima que, déjame decirte, seguramente te dejará un margen final de beneficio bastante superior al actual. ¿Cuál es ese punto exacto? De momento nadie lo sabe… esa es tu parte, tendrás que averiguarlo.

 

Físico vs digital

Algo similar ocurre con las ediciones electrónicas de los contenidos, en comparación con las físicas. Tal y como salió a la venta, compré Margin Call en iTunes (versión digital, claro) y en DVD (edición de coleccionista) en la FNAC. La diferencia de precio entre ambas fue ridícula, de un euro, 7,99 euros la versión digital y 8,99 el DVD. Ahora, que ya no es un estreno, una de las dos versiones ha bajado de precio… ¿adivinas cuál? Efectivamente, la versión digital se mantiene en 7,99 euros, mientras que comprar el DVD en la FNAC ahora cuesta 7,10 euros. ¿Aún más barata? Sí, en Amazon por 6,11 euros.

Margin Call - Precio versión digital y DVD

 

Personalmente, me parece insultante. Me parece una tomadura de pelo tener que pagar más por una edición digital y sin extras, que por la edición de coleccionista en DVD (por ramplona que pueda ser). Existe la mala costumbre de pensar que publicar este tipo de contenidos en Internet sale gratis, cuando no es así en absoluto, y las principales tiendas online tienen un buen margen de beneficio. Sin embargo, de ahí a pensar que el usuario va a aceptar un precio superior por una descarga que por un producto en un soporte físico (cuya producción, distribución y venta tampoco sale gratis) media un abismo. Hasta hace unos años, el principal impedimento para comprar películas a través de Internet era la baja velocidad de las conexiones. Esto, hoy en día, ya no es un problema en la mayoría de los casos. Sin embargo, las ventas de cine a diferencia de las de música, por poner un ejemplo, no han evolucionado de manera similar. En el caso de la música, según informaba hace unos días la Agencia Efe, durante 2013 en España las ventas de música en soporte físico disminuyeron un 15%, mientras que las ventas de música en digital sólo bajaron un 0,3%, en un año en el que la crisis económica nos ha tenido más ahogados que nunca. ¿Mantener el volumen de ventas de 2012 en 2013? Cualquier empresa que venda prácticamente cualquier tipo de producto, habría hecho lo humanamente imposible por lograr algo así. El mercado de venta de música online lo ha conseguido, aún sin estar especialmente bien cuidado por parte de algunos de sus responsables. Ahhh, y todavía hay un dato más «simpático» para incluir en esta ecuación, y que en mi caso se aplica a la perfección. Frente al estancamiento de las ventas de discos en versión digital, los servicios de acceso a contenidos mediante suscripción, principalmente Spotify, crecieron en 2013 un 9,4%. Es decir, que la suma de ventas y acceso a contenidos en streaming mejoró, en 2013, los datos de 2012.

Y estos datos, teniendo en cuenta que la política de precios es más que mejorable en muchos casos… ¿no invita a pensar en un futuro en el que la senda de crecimiento de tu volumen de ventas vuelva a números verdes? No soy un genio de las finanzas, pero me la la impresión de que sí.

 

Ofrece comodidad

Normalmente, suele existir una relación directamente proporcional entre el dinero que inviertes en una experiencia, y lo cómoda y agradable que ésta resulta. Volar en primera o en business es más caro que hacerlo en turista, pero también es una experiencia mucho más gratificante. Las entradas más caras para una obra de teatro son las que suelen ofrecerte una mejor visión del espectáculo. El menú especial suele incluir un segundo plato «premium» que hace palidecer de envidia a los del menú estándar… Pero en el caso de los medios digitales no ocurre lo mismo. Gastar dinero no suele ser sinónimo de obtener una experiencia de usuario más agradable. Un ejemplo claro de ello está en los formatos: si yo me descargo una copia pirata de una película, seguramente la encontraré en un formato compatible con cualquier sistema operativo, dispositivo, etcétera. No se puede decir lo mismo si opto por comprar una versión digital. En bastantes casos, un sistema de seguridad anticopia llamado DRM obligará a verla en una aplicación determinada, en un sistema que quizá tenga que estar conectado a Internet para validar mi cuenta, que en según que casos no podré conectar al televisor por video compuesto ni por componentes ni mediante euroconector…

En algunos casos, tampoco podré copiar el archivo, que pese a estar en mi disco duro, se habrá escondido lo suficiente como para que yo no pueda dar con él por si, por ejemplo, quiero hacer una copia de seguridad en un disco duro externo. Todo para evitar que, una vez que lo he comprado, me de por distribuirlo gratuitamente a través de Internet. Claro, que en el mismo momento de la compra, si reviso los términos legales, ya me habrá quedado bien claro que en realidad no estoy comprando nada. En realidad sólo estoy adquiriendo el derecho de ver, en unas condiciones muy determinadas, la producción de un tercero. Y que Dios me libre de invitar a unos amigos a verla, ya que puede ser que exceda el límite de personas con las que puedo compartir el visionado y, por lo tanto, puedo estar delinquiendo. ¿Conoces la serie británica The IT Crowd? En España la ha emitido Canal+ con el título Los Informáticos y es, sin duda, una ácida y divertidísima comedia sobre los que nos dedicamos a esto de la tecnología. Pues bien, en el tercer episodio de su segunda temporada, tiene un momento glorioso, al versionar los clásicos anuncios en contra de la piratería que puedes ver tanto en salas de cine como en DVD o BRD originales:

http://www.youtube.com/watch?v=ALZZx1xmAzg

En resumen: si me bajo una copia pirata, no sufriré ninguna restricción. En caso de que me gaste dinero en hacerme con una copia legal en soporte electrónico, lo más probable es que la experiencia sea mucho menos cómoda que con la copia pirata. ¿Tiene esto alguna lógica? No la tenía, desde luego, para Steve Jobs, uno de cuyos principales éxitos comerciales fue conseguir que las discográficas renunciaran al DRM en la música que ponían a la venta en iTunes. En mi caso, antes de esa medida compraba música de manera esporádica en iTunes, y a partir de dicho cambio mi volumen de compras creció, aun teniendo que pagar un precio algo más elevado. Quería poder disfrutar de «mi» música en cualquier programa, en cualquier sistema, en cualquier dispositivo y en cualquier momento. Y que hacerlo no me suponga tener que pasar por procesos laboriosos y que, en muchos casos, vulneran la licencia que he aceptado al comprar el contenido. He pasado por ello y no me ha gustado tener que hacerlo. Y no he podido dejar de preguntarme si tiene sentido haber pagado y, a cambio, obtener una experiencia bastante más incómoda que quienes optan por la «otra» posibilidad. ¿Qué hago la próxima vez?

Ofrece flexibilidad

Este punto está bastante relacionado con el anterior y es bastante personal, ya que se refiere a tres situaciones por las que he pasado:

  • Supongamos que, por alguna razón, prefiero la edición digital de un libro a la de papel, pese a que esta última sea más barata. Así que la compro en, por ejemplo, Amazon y, en cuestión de segundos, ya puedo descargarla a mi Kindle. Todo genial salvo… que tengo un e-reader que no es de Amazon. Supongo que me lo podré descargar en otro formato, compatible con mi dispositivo para, así, poder leerlo, ¿no?
  • Otro ejemplo. Pongamos que tengo una suscripción a Spotify, que he configurado en mi smartTV, en mis ordenadores y en el móvil. Acabo de llegar a casa y, antes de cenar, salgo a correr, por supuesto en compañía de mi música. Al tiempo, mi chica está en casa y decide ir haciendo la cena. También puede ser a la inversa, da igual. El caso es que, si el que está en casa decide acceder a Spotify desde la tele o desde un altavoz compatible con el servicio, ¿podrá seguir escuchando música el que ha salido a correr?
  • Tras meses esperando, por fin está disponible para comprar online en iTunes una peli que llevo un siglo esperando. Tengo tantas, tantísimas ganas de verla, que pese a que estoy en la oficina con mi Macbook Pro del trabajo, no espero ni un segundo para comprarla. Dentro de una horas llegaré a casas y, quizá, piense que prefiero descargarla en el iMac de 27 pulgadas. Dado que la música que compras en la tienda online puedes descargarla tantas veces como quieras, seguro que ocurre lo mismo con las películas, ¿verdad?

El sentido común te dice que la respuesta a las tres preguntas anteriores es, claro, sí. Sin embargo, una sombra en tu interior, ese pequeño cínico que todos llevamos dentro, te dice que no puede ser tan sencillo, que quizá la respuesta sea no. Muy bien, pues felicita al cínico, ya que lleva razón en los tres casos. ¿Tiene sentido que el usuario «legal» sea más cautivo y esté más encorsetado que el que opta por el plan B? Y en los tres casos puede parecer que hablamos de una limitación impuesta por el servicio intermedio (Amazon, Spotify y iTunes en estos ejemplos), sin embargo, si lo piensas, probablemente ellos tampoco estén precisamente contentos con esas condiciones, puesto que limitan sus ventas. Si yo tuviera una tienda, ¿preferiría vender mi producto sólo a un conjunto determinado de personas, o preferiría llegar a todo el mundo? A no ser que el negocio fuera una boutique de productos de lujo (lo que no es el caso), sin duda preferiría llegar al mayor volumen potencial de clientes posible.

Esto, claro, tiene cierta relación con la competencia (o falta de la misma). El mercado de venta de música (no de streaming) online está bastante más maduro que el resto, y además es en el que más alternativas existen. En consecuencia, es el que ofrece más flexibilidad a sus usuarios. La pena es que tenga que ser el esquema del mercado, y no el respeto al usuario dispuesto a pagar, lo que empuja a las empresas a mejorar las condiciones en las que ofrece su producto a los usuarios del mismo. Una sorprendente excepción al respecto es la de los servicios de libros en streaming (24Symbols, Booquo, etcétera), que sí que permiten acceder simultáneamente al servicio desde distintos dispositivos, en lo que podríamos llamar un modo de suscripción «familiar». ¿Tendremos algo parecido algún día en streaming musical? Así debería ser, desde luego. Pero de momento es sólo un anhelo, no una realidad.

 

Gracias

Se agradecido

Esto es algo que desde hace bastantes años me toca mucho… la moral. Resulta que si, por ejemplo, me bajo una película o la veo online, en cualquiera de ambos casos sin pasar por caja, sólo tendré que pulsar el botón de reproducción y, de manera inmediata, ya estaré disfrutando del contenido. Sin embargo, si me he comprado una película en soporte digital, lo primero que veré tras iniciar la reproducción es… sí, un mensaje en el que me cuentan lo que me pueden hacer si doy un uso no autorizado por la licencia de usuario. Y después un anuncio que, quizá sin llegar al extremo del que te mostraba antes, sí que me deja claro que si por un casual se me ocurre bajarme una peli, iré a la cárcel, los efectos de la crisis económica se alargarán tres o cuarto años y, claro, Dios matará un gatito. En total, aproximadamente un minuto de mi vida dedicado a cebar mi culpabilidad. Sí, la mía, la del imbécil que se ha comprado la película original en DVD.

Verás, querido amigo jefazo, llega el momento de aclararte que me dirijo a ti «de tu», principalmente, por el dineral que me he gastado durante años en películas, libros, discos, series, etcétera. Al menos uno de esos retiros espirituales a Punta Cana te lo he pagado yo, así que me gustaría que fueras un poco más amable conmigo. ¿Por qué me tratas como un delincuente? ¿Por qué me dices que soy un maldito pirata a mí… QUE ME HE COMPRADO TU DVD? Tengo una colección de, aproximadamente, 500 películas entre DVD y blu-ray, lo que significa que de haber visto dos veces cada título (y me quedo muy corto, hay películas que no me canso nunca de ver), he dedicado 1.000 minutos de mi vida a ser aleccionado sobre lo malo que es ser un pirata. Más de 16 horas de mi vida de un dedo señalándome ¿Mi pecado? Haberme gastado bastante dinero en comprar originales.

Supongo que, tras las advertencias legales, hay una legión de abogados y un marco legal que hace necesario indicar qué condiciones legales regulan dicho contenido. Sin embargo, si las farmacéuticas han conseguido concentrar las advertencias legales de los anuncios de sus productos en TV en dos o tres segundos, ¿no merecería la pena un esfuerzo en este sentido para minimizar el tiempo que, los que pagamos, debemos dedicar a sentirnos culpables por la piratería? ¿Y qué tal si ese tiempo lo dedicaras a darme las gracias por apostar por ti y por tus contenidos? O, mejor aún, ¿Por qué no hacerlo como en las versiones que te puedes bajar de la red, en las que no hay ningún mensaje de ese tipo? Creo que es un trato justo, ni me haces la pelota ni me tratas como un potencial delincuente, nos quedamos en un punto medio en el que, al menos, de alguna manera, tengo cierta constancia de que agradeces mi esfuerzo económico, no de que me ves como un delincuente en potencia.

 

Da valor añadido

Desgraciadamente, ya ha quedado claro que no puedes competir exclusivamente por precio, ya que la alternativa a tu oferta es gratuita, y evidentemente no vas a pagar a los usuarios por acceder a tus contenidos. Sin embargo, tienes acceso a contenidos, artistas, espacios, originales… dispones de algo exclusivo, algo a lo que quienes piratean tus productos no pueden acceder. ¿Un ejemplo? Si eres Emi Music, tienes a Katy Perry. Y por mucho que evolucione la tecnología, todavía falta mucho para que la clonación permita hacer «copias pirata» de la cantante (largo y triste suspiro). ¿Sortear entradas para sus conciertos entre los compradores de sus discos? ¿La posibilidad de asistir a la grabación de un episodio de tu serie favorita si compras alguna de sus temporadas en DVD? ¿Copias firmadas por el autor, actor, cantante, etcétera de aquello que hayas comprado? Hay muchas posibilidades, basta con parar un rato y pensar.

Los packs que, de un tiempo a esta parte, ofrecen películas o discos en versión física y digital son un buen ejemplo en este sentido, si bien en bastantes casos el acceso a las ediciones digitales nos lleva de nuevo al tercer punto de este decálogo (Comodidad). También las ediciones especiales (en este aspecto destacan de manera brillante las ediciones de coleccionista de juegos y películas) son un ejemplo perfecto de cómo ofrecer algo especial a quienes se decanten por comprar, en vez de por descargar sin pasar por caja. A este respecto, la comercialización en DVD de El Señor de los Anillos marcó un antes y un después. Primero con una edición normal en dos discos, y después con una extendida del director con cuatro y una de coleccionista con figuras, documentos y más extras todavía.

Está claro que, en muchos de los casos, la única manera de competir con la gratuidad de los contenidos piratas, es aprovechar la ventaja estratégica que te ofrece ser el titular de los derechos sobre el producto X, y tener acceso directo a sus creadores. Para esto hace falta, claro, imaginación. Seguro que dedicar los recursos necesarios a buscar alternativas en esta línea, puede suponer una importante diferencia. Si volvemos al ejemplo de Katy Perry, ¿cómo afectaría a las ventas de Prism, sortear entre todos aquellos que lo han comprado 10 entradas a un concierto con acceso al backstage y conocer en persona a la artista? ¿O la posibilidad de ser un extra en una de las visitas de los Alcántara a Sagrillas? Más de uno compraría varias copias, sólo por aumentar las posibilidades de poder hacerse una foto con Katy… o con Imanol Arias (los dos tienen su público, no creas) ¿Puede la alternativa pirata ofrecer algo así? Ni remotamente así que, ¿por qué no aprovechar dicha ventaja?

 

Olvida el lucro cesante

El lucro cesante se ha convertido, estos últimos años, en una de las palabras de moda al hablar de piratería. El problema es que se han aceptado como reales algunos planteamientos que están muy lejos de serlo y, en el centro de los mismos, se encuentra la gran falacia de que una descarga equivale a una venta perdida. Esto permite a tu industria, querido jefazo, dar unos números la mar de impactantes sobre el daño que os hace la piratería. Así, se supone que si yo me bajo una película desde una página malvada, y no pago un céntimo por ella, esa es una copia que de no haber podido descargar yo habría comprado. A partir de dicha especulación (pues no hay ningún dato real que la sustente), las industrias de contenidos se han dedicado durante muchos años a calcular el dinero que han dejado de ganar, aplicando la fórmula de multiplicar el número de copias piratas que han circulado por el precio del producto pirateado. Esto, que ha sido aceptado por gobiernos, jueces y demás, ha llevado a la imposición de sanciones multimillonarias a personas que habían compartido contenidos (particulares, no páginas web ni servicios de ningún tipo). Sin embargo, un estudio publicado por la Comisión Europea en marzo de 2013, en el que se analizaron los hábitos de más de 16.000 ciudadanos europeos, apunta a que no existe una relación entre el volumen de descargas y el de piratería. En palabras de sus propios autores, extraídas del resumen del estudio, «Our results suggest that Internet users do not view illegal downloading as a substitute for legal digital music«, es decir, «Los resultados sugieren que los usuarios de Internet no ven la descarga ilegal de como una alternativa a la compra de música en formato digital«. Más claro, agua.

Y aún es mejorable, basta con dar un ojo a la Wikipedia. En la página en inglés sobre la piratería, cita a Lawrence Lessig  en su obra Free Culture: How Big Media Uses Technology and the Law to Lock Down Culture and Control Creativity. La cita no tiene desperdicio:

In 2002, the RIAA reported that CD sales had fallen by 8.9 percent, from 882 million to 803 million units; revenues fell 6.7 percent. This confirms a trend over the past few years. The RIAA blames Internet piracy for the trend, though there are many other causes that could account for this drop. SoundScan, for example, reports a more than 20 percent drop in the number of CDs released since 1999. That no doubt accounts for some of the decrease in sales… But let’s assume the RIAA is right, and all of the decline in CD sales is because of Internet sharing. Here’s the rub: In the same period that the RIAA estimates that 803 million CDs were sold, the RIAA estimates that 2.1 billion CDs were downloaded for free. Thus, although 2.6 times the total number of CDs sold were downloaded for free, sales revenue fell by just 6.7 percent… [So] there is a huge difference between downloading a song and stealing a CD.

En resumen, indica que ni la propia RIAA (Recording Industry Association of America, en español Asociación de Industria Discográfica de Estados Unidos)  se creía, ya a principios de la década pasada, que cada descarga supusiera una venta perdida. ¿Qué es hipocresía? Me preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila azul…

Cada vez que compras un décimo de lotería y no te toca, pierdes 12 euros, no los tres millones de euros que podrías haber ganado con la combinación de gordo con billete y fracción. Así que si juegas, por ejemplo, 30 sorteos al año y nunca llegas a ganar algo (ni siquiera un miserable reintegro), habrás perdido 360 euros, no noventa millones. Y hasta que no asumas que la realidad es esta, pasarás mucho más tiempo lamentándote (y te subirá mucho más la tensión arterial) que si tu punto de vista se alineara un poco más con la realidad.

 

Oreja

Escucha

Hace unas semanas, publicamos una noticia sobre el acuerdo firmado por Twitter y 300 Entertainment, en el que reconozco que fui un poco duro contigo, querido jefazo. Sin embargo, en el fondo hablaba bien de uno de los tuyos, de alguien que se había dado cuenta de que, bien tamizado, del ruido se puede extraer música (literalmente). También, hace unas semanas, se difundió el bulo de que, tras comprobar que Brasil era el país del que más copias piratas de discos de Iron Maiden se descargaban, la mítica banda había programado una muy extensa gira por el país, dado que el dato de las descargas indicaba claramente el interés de los brasileños por la banda de Steve Harris. El caso es que, aunque este último caso no sea cierto, todo apunta a que vivir en la era de la información tiene ciertas ventajas, sobre todo si se presta menos atención a los lamentos propios, y un poco más a la inmensa cantidad de información que puedes encontrar en Internet.

Esto tiene aplicación en múltiples niveles: desde la relación directa entre artistas (músicos, escritores, actores, etcétera) con sus seguidores, hasta el análisis de las tendencias de mercado, así como de los intereses de los usuarios. Ojo, eso no significa que cualquier cosa de la que se hable en Internet es adecuada para hacer una peli o grabar una canción. Estas últimas semanas he estado en casa (próximamente contaré la razón) y, en una espiral autodestructiva de consumir pelis malísimas, terminé por lanzarme a ver Los Becarios, una película en la que dos comerciales «de la vieja escuela», interpretados por Owen Wilson y Vince Vaughn, deciden actualizarse y, rozando los 40, pasan a ser Nooglers (empleados de Google) en prácticas. Aquí tenemos un ejemplo de oportunismo poco y mal aprovechado. Si en el momento en que se hizo la película, la empresa de moda hubiera sido la empresa de pelucas propietaria de la CNBC en 30Rock, habríamos visto a los protagonistas aprender todo sobre bisoñés, postizos y extensiones. No es lo mismo oír que escuchar, lo primero significa recibir señales acústicas, lo segundo implica prestar atención a ese sonido. Y ambas actitudes son, sin duda, mejores que el no hacer ni el más mínimo caso, pero sólo la escucha activa te proporcionará información útil que, bien utilizada, se puede convertir en números verdes en tu cuenta de resultados.

¿Quieres un ejemplo claro de lo que te ofrece la escucha activa? Pues lo hemos comentado hace un rato, al hablar de Amanece que no es Poco. Si el titular de los derechos de autor (si ni recuerdo mal es Enrique Cerezo, el actual Presidente del Atlético de Madrid) hubiera estado un poco más atento a los intereses que suscitaba una de las obras cuyos derechos poseía, podría haber, al tiempo, satisfecho la demanda de muchos usuarios y… ¡oh sorpresa, haber ganado dinero al mismo tiempo! Habría sido un win-win-win, que dicen en los mundos del marketing, ya que habrían salido ganando los usuarios, el propietario de los derechos y el mundo de la cultura. Pero, desgraciadamente, eso no ocurrió. En vez de ello, mantuvo los derechos de la película en la caja fuerte, no hizo nada con ellos y, durante años, la única posibilidad que tuvimos muchas personas de volver a verla, fue descargarla de Internet. La escucha repercute en la disponibilidad, y también en la adaptación de la oferta a la demanda. ¿No será buena idea abrir un poco las orejas?

 

Despídete del pasado

La nostalgia es un estado en el que el ser humano se siente como pez en el agua. Recordar los tiempos pasados, cuando éramos más jóvenes, más delgados y más guapos, crea una amalgama agridulce que, como la salsa que acompaña a los rollitos de primavera, puede llegar a resultar adictiva. Sin embargo, como dijo Karina, «Echar la vista atrás es bueno a veces, mirar hacia delante es vivir sin temor». Buscar en el baúl de los recuerdos, seguramente te traerá fotografías de otros tiempos, épocas en las que el dinero fluía como el agua por el Tamesis estos primeros meses de 2014. Muchos sectores empresariales han tenido que adaptarse al cambio de los tiempos. Un ejemplo claro de ello son las aerolíneas: hace unas décadas, viajar en avión era un lujo que no estaba al alcance de cualquiera. Así, las compañías de bandera podían cobrar altísimos precios por los billetes, en una especie de aplicación del plan de Tip y Coll y la cerveza de 100.000 pesetas. Hoy en día, un plan de negocio así también se llama suicidio. Y las compañías que más tiempo han tardado en adaptarse a las nuevas circunstancias, han terminado teniendo que fusionarse (siendo absorbidas, en realidad) por otras que sí lo habían hecho, necesitando grandes inyecciones de capital (público y/o privado) o, en no pocos casos, desapareciendo. Hoy las compañías tradicionales compiten con las lowcost, buscando un equilibrio entre precios mucho más ajustados de los que ofrecían años anteriores, y un servicio algo mejor que el ofrecido por su fiera competencia.

Seguramente, durante un tiempo los directivos de dichas empresas se enfadaron con la realidad, patalearon un poco y apretaron los puños muy fuerte, deseando que las cosas volvieran al statu quo anterior. Y aunque parece que la escuela de pensamiento «negar la realidad» cuenta con una buena cuota de mercado, su efectividad se ha demostrado… sí, nula. Ahora te toca a ti, mi querido amigo (creo que a estas alturas de la conversación ya te puedo llamar amigo). Olvida los viejos tiempos, acepta que todo ha cambiado y adáptate a las nuevas circunstancias. Estamos de acuerdo, no es sencillo, quizá deberías plantearte buscar ayuda profesional, hay excelentes terapeutas que te ayudarán a entender, asumir y, quizá, incluso a disfrutar del cambio. Pero no te enroques, como está haciendo parte de la industria, buscando marcos legislativos que, en teoría, podrían suponer la vuelta al estado anterior. Créeme, eso no va a funcionar. La regulación, en este asunto, es tan útil como la «medicina» homeopática. Las descargas piratas seguirán existiendo, y si un sistema desaparece (como ocurrió en su momento con Napster), otros diez estarán esperando para hacerse con la corona del rey muerto.

Lo más probable es que, al principio, tengas dudas sobre qué decisiones tomar: ¿entrar en una plataforma de contenidos en streaming? ¿Vender contenido sin DRM? ¿Crear una plataforma de distribución propia o emplear la de un tercero? Son dudas lógicas, y a las que tendrás que buscar la mejor respuesta para tu caso concreto. Sin embargo, a la hora de tomar decisiones relacionadas con el cambio, recuerda que ninguna será tan mala como lo es no hacer nada y quedarte, enfurruñado, y añorando aquellos viejos buenos tiempos.

Los recuerdos son el pasado
Cuando queda tanto por andar
Uuuuuh

Karina – El baúl de los recuerdos

Goma de borrar

Olvida la piratería

La piratería lleva muchos, muchísimos años, acabando con la industria de los contenidos. Este no es un nuevo problema, nacido a la sombra de Internet. ¿No lo sabías? Pues mira, aquí tienes un ejemplo de como, ya en 1984, la industria discográfica estaba a punto de desaparecer por culpa de la piratería (en cintas de casete vendidas, pocos años después, en algunas de las primeras mantas que recuerdan nuestras aceras). han pasado 30 años y, aunque los medios han cambiado (ya nadie sale a pasear con un walkman, no al menos hasta que se vuelva a poner de moda), el mensaje sigue siendo el mismo. En 2009, músicos como Luis Eduardo Aute y Loquillo afirmaban que, en cinco años, la música habría desaparecido. Sí, así, en general. Así que se supone que, si se cumple la predicción, será durante este 2014 cuando la música muera.Por si acaso, aprovecha tu suscripción a Spotify y no te compres un nuevo reproductor de Mp3, aguanta con el que tienes.

Visto con un poco de perspectiva, esto recuerda un poco al cuento de Pedro y el Lobo. De acuerdo, la piratería existe, cualquier dispositivo que permita crear un duplicado de un original es obra del Diablo (aplíquese también a fotocopiadoras, moldes de metal, etcétera). Y mézclese esto con el inminente efecto de que se acaban las direcciones IP v4, catástrofe que lleva ocurriendo desde hace más de diez años. Quizá, lo mejor para combatir la piratería sea dejar de lamentarse y patalear como niños malcriados, aceptar un nuevo Statu Quo y actuar en consecuencia. Si volvemos al discurso de Alex de la Iglesia en los Goya de 2011 «crisis, en griego, significa proceso, o cambio«. Sin embargo, y aunque todos los cambios generan crisis, son más peligrosas las crisis generadas por la falta de cambios. Formas parte de la élite directiva de una industria que, perdona mi franqueza, ha dedicado mucho tiempo a lamerse las heridas y muy poco buscar soluciones para evitar que se la situación se repita. Se pretende regular, regular y ultraregular todo, establecer sanciones millonarias, vetar el acceso a Internet a aquellos que se hayan descargado una película… ¿Por qué no cerrar Internet? Quizá esa sea la gran solución, ¿no? Y ya de paso también con la radio, la televisión y, si me apuras, hasta las grabadoras de voz y las cámaras de fotos y de vídeo.

Quizá, sólo quizá, ya sea un buen momento para invertir la relación de tiempo dedicado a llorar y a intentar regular, con respecto al empleado para buscar soluciones con las que volver a atraer al usuario que ahora mismo no está, así como a mantener al que todavía tienes. Algunos todavía seguimos comprando, y me consta que muchos volverían a hacerlo si se les ofrece lo que quieren y en unas condiciones correctas. ¿Estás dispuesto a asumir ese cambio? La supervivencia de las industrias de contenidos culturales no depende de la piratería, no, depende de tus decisiones y tu capacidad de adaptación.

 

ImágenesKay82Kris69 / Vistamommy13dede / Tonyamaker

3 Responses to Acaba con la piratería

  1. Nova6K0 27 febrero, 2014 at 16:15 #

    Parece que cada año que pasa leo un artículo espectacular sobre el tema de la propiedad intelectual y la realidad (no el Mundo fantasioso donde vive la Industria). Realmente sublime.\r\n\r\nSalu2

    • David Salces
      David Salces 27 febrero, 2014 at 17:08 #

      Muchas gracias Nova6K0! Me alegra que te haya gustado, llevo años pensando lo que comento en el artículo, y he pensado que ya era hora de ponerlo negro sobre blanco 🙂

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