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¿Quieres perder peso? Pues tu smartphone e Internet pueden ser de gran ayuda

Adiós, tripa adiós

Actualización: ¡Ya han pasado algo más de seis meses (y muchas cosas) desde que comencé con este proceso, y estoy deseando contarte todo (tanto lo bueno como lo malo) que me ha pasado desde entonces. Y ya te aclaro que ha sido medio año de lo más movido. Nuevas apps, nuevos estados emocionales, una lesión… ¡incluso he pasado por el quirófano! Si aún no habías leído este artículo, te invito a hacerlo ahora, y si ya lo conocías, encontrarás todas las novedades tras el contenido original.

 

Hace algún tiempo, se pasó por mi cabeza la idea de escribir (y quien sabe si incluso llevarlo a las tablas) un monólogo. Y, dado que lo mío es la informática desde la más tierna infancia, lo primero que vino a mi cabeza fue la frase con la que pensaba empezarlo: “Hola, yo antes era informático, pero luego adelgacé y tuve que buscarme otro trabajo”. El caso es que prácticamente cualquier trabajo que te tenga atado a una silla durante horas, y la informática es uno de ellos, facilita el ganar peso “al despiste” (poco a poco y casi sin darte cuenta). Por otra parte, trabajos que requieren mucha atención y que, por su naturaleza no son sistematizables, son la excusa perfecta para descuidar la alimentación, comer mal y sumar otra carta a las de ganar peso. El caso es que, y aquí hablo por experiencia propia, el tiempo va pasando y, cuando te quieres dar cuenta, has pasado de tener unos kilos de más a estar comprometiendo seriamente tu salud. Quizá no lo creas, pero hasta hace poco mi peso era un dato al que ni siquiera el programa PRISM podía tener acceso. Ni las tres personas más importantes de mi vida (mi madre, mi hermano y mi pareja) habían tenido acceso, desde hace más de quince años, a dicha información. Es algo común en las personas que sufrimos sobrepeso, nos avergonzamos de nuestra condición de obesos. Y tendemos a olvidar que lo nuestro no es un vicio ni un capricho, sino una enfermedad, que en los tiempos que corren ya alcanza el estatus de pandemia.

 

No nos mires mal

La vergüenza y la culpabilidad son, ya lo comentaba anteriormente, males asociados de manera común al sobrepeso. Yo, por ejemplo, no llevaba nada bien ir a la playa. O, para ser más exactos, ir a la playa a bañarme. Estas últimas vacaciones de verano, las de 2013, el tiempo de playa lo pasé mucho más tiempo en el chiringuito (El Oasis, a piña colada cada 45 minutos) que en el agua o tostándome al sol. Y ojo, que me encanta el mar, jugar con las olas o eludirlas buceando, notar como el agua me transporta cuando me hago el muerto, disfrutar de la puesta de sol dentro del agua… Sí, me encanta. Pero no puedo disfrutarlo, si en cualquier momento tengo la sensación de que alguien está mirando mi tripa y pensando que soy un tragaldabas (palabra que, por otra parte, me encanta). Fue precisamente en estas vacaciones, y tras algunas conversaciones al respecto con mi pareja, que decidí que era momento de dejar de lamentarme y de empezar a hacer. Y en ello llevo desde el mes de agosto. Todavía estoy lejos de alcanzar el peso que, por altura, me corresponde, pero ya he recorrido casi la mitad de ese camino y, en este punto he pasado, según la clasificación de la OMS basada en el índice de masa corporal, de obesidad de tipo 3 (obesidad mórbida, el tipo más alto de la misma) a obesidad de tipo 1 (la inmediatamente posterior a sobrepeso simple), es decir, que ya he cruzado dos de los cuatro estados que separan la obesidad mórbida del peso normal. Y, para mí, estar escribiendo esto es hablar de algo de lo que, hasta ahora, siempre había mantenido oculto. De lo que siempre me había avergonzado. Y la verdad es que, para hablar de ello, me ha resultado particularmente inspirador Todo un viaje, el libro escrito por la actriz Silvia Abascal, en el que abre la puerta y permite observar el espíritu positivo y luchador con el que afrontó su proceso de recuperación tras el derrame cerebral que sufrió durante el festival de Málaga de 2011. No, no estoy comparando su proceso con el mío, desde luego, pero sí que encuentro inspirador cómo comparte una vivencia personal, con la convicción de que pueda servir de ayuda a alguien. Por lo pronto a mí me ha servido para animarme a compartir otra experiencia personal, así que ahí vamos.

 

Báscula

Perder peso

Ese es el objetivo, ¿no? Pues empezamos mal. El peso no es el problema, sino un síntoma del mismo (igual que la hipertensión, las taquicardias, la excesiva sudoración, la fatiga crónica, etcétera). Esto no consiste en dejar de comer, hacer dietas absurdas o incluso peligrosas, pretender correr una maratón de golpe tras años sin practicar deporte o hincharte a pastillas mágicas que bloquean todos los elementos malos de la comida y te permiten comerte un buey con habas, y una tarta de chocolate de postre, y terminar el día más ligero que cuando lo empezaste. Las alteraciones en los patrones de alimentación y de movimiento del ser humano tienen consecuencias, así que es importante medir bien, calcular qué puedes hacer sin comprometer tu salud y, por supuesto, plantearte algo a largo plazo, de aquí al resto de tu vida. Sí, has leído bien. Marcarte como objetivo único el perder N kilos es peligroso. Yo mismo lo he hecho en muchas ocasiones, lo he conseguido en alguna, y una vez logrado el objetivo te relajas y recuperas rápidamente lo perdido (¿has escuchado hablar alguna vez del efecto rebote? Pues de eso se trata). El objetivo debe ser más amplio. El mío ha sido “quiero cuidarme”, lo que se traduce en perder peso, una vez alcanzado el ideal para mí, mantenerlo y, de rebote, dejar de fumar. Sí, dicen que cuando dejas de fumar engordas, así que se me ocurrió que podría evitar ese desagradable efecto si dejaba de fumar justo cuando empezaba a adelgazar. Y no me puedo quejar, no me ha ido mal. Eso sí, en ambos procesos (perder peso y dejar de fumar) he contado con una asistencia fundamental e imprescindible, la de Fátima, Gerardo, Marina y Lourdes, los cuatro Profesionales del centro de salud de Navacerrada, que han sido actores protagonistas en esta historia. El primero y fundamental de los consejos: hagas lo que hagas, hazlo baso supervisión médica.

Sandwich

Alimentación

Evidentemente, uno de los dos aspectos fundamentales en el sobrepeso es la dieta. La cantidad de comida que ingieres, así como las propiedades de la misma, son elementos a los que tendrás que ir prestando bastante atención. Pero antes de empezar a obtener información sobre la comida, debes empezar por saber un poco más sobre ti mismo, sobre tus hábitos de vida, tu metabolismo basal… datos varios, que te ayudarán a afinar al confeccionar tu dieta. Y es que no tiene ningún sentido que te lances a una dieta hipocalórica en exceso, al tiempo que cambias el sedentarismo por empezar a hacer deporte de alto nivel. Equilibrio, esa es la base.

 

Consumo calórico basal

contador de calorías fatsecret

Estos son los enlaces directos para descargar la app desde tu smartphone o tablet

Cada metabolismo es un mundo, pero a grandes rasgos existe una fórmula con la que puedes determinar cuántas calorías quema tu metabolismo simplemente por estar en marcha. Conocer este dato es importante, aunque ten en cuenta que debes contemplar que toda la actividad que no sea estar sentado, ya supone un consumo calórico mayor.

  • Para mujeres, la formula es: 10 x peso en kilogramos + 6,25 x talla en centímetros5 x edad en años161
  • Para hombres, la fórmula es: 10peso en kilogramos6,25talla en centímetros5 x edad en años + 5

En todos los casos, los valores indicados en negrita son absolutos, mientras que los que están en cursiva son los espacios en los que tendrás que añadir tus datos personales. El valor que obtengas al realizar este cálculo, te ayudará a saber el mínimo de calorías diarias que necesita tu cuerpo para funcionar. Todo lo que sea reducir la ingesta diaria por debajo de dicho valor, supondrá un déficit energético y, por lo tanto, gastar de la “reserva” que tu cuerpo ha ido acumulando de un tiempo a esta parte.

Ojo, que tampoco es suficiente con ajustar el consumo de calorías, sin tener en cuenta otros datos nutricionales de los alimentos.

Cantidades Diarias Orientativas

La comida se divide en muchos elementos: fibra, hidratos de carbono, proteínas, azúcares… y, para cada uno de dichos elementos, hay unos valores considerados óptimos, y que acercan la dieta al ideal que debería ser. Para un adulto son los siguientes:

  • Energía: 2.000 kcal (calorías)
  • Grasas: <70 gramos
  • Grasas saturadas: <20 gramos
  • Carbohidratos: 270 gramos
  • Azúcares: <90 gramos
  • Proteínas: 50 gramos
  • Fibra: >25 gramos
  • Sodio (sal): <2,4 gramos (<6 gramos)

Esto para un adulto que desea mantenerse en su peso actual. Por lo tanto, para perder, es recomendable reducir el consumo, pero, no siempre, de manera uniforme. Todo lo que figura en esa lista es vital para el metabolismo humano. Eliminar por completo el sodio es muy peligroso, eliminar por completo los hidratos de carbono puede provocar la presencia de acetona en sangre (citosis)… en fin, que cortar por completo nunca es saludable. No obstante, sí que tiene sentido que, al reducir el aporte energético diario, se sacrifiquen más grasas (especialmente las saturadas), carbohidratos de absorción rápida (pasta, arroz, etcétera) y azúcares que proteínas y fibra. Ojo, a este respecto hay no pocas personas con la idea de que lo ideal, para ponerse en forma, es consumir hidratos de carbono, especialmente pasta y arroz, como si no hubiera un mañana. La confusión viene dada porque los deportistas profesionales, y especialmente los de gimnasio, sí que consumen bastantes hidratos de carbono. Pero, claro, también someten sus cuerpos a un esfuerzo que está a kilómetros de distancia del que experimentamos el común de los mortales. Así que si, de verdad, quieres perder peso, los espaguetis a la boloñesa todos los días son, sencillamente, una idea horrible.

Los productos de alimentación, por ley, deben incluir información sobre su composición, concretamente sobre los distintos componentes por cada 100 gramos de producto, algo que en ocasiones complementan con los datos relativos a lo que ellos consideran una ración normal. A la hora de hacer la compra. presta atención al etiquetado. pues encontrarás mucha información útil en él. Por otra parte, y por sorprendente que pueda parecer, las principales cadenas de comida rápida incluyen, en sus webs, información nutricional sobre sus productos. No está de más que las revises, para hacerte una idea de los valores nutricionales de una hamburguesa, unas patatas fritas, etcétera.

 

Índice de Masa Corporal

Aunque cada cuerpo es un mundo en sí mismo, que diría un poeta, el caso es que existe una medida estándar para calcular el peso adecuado para cada persona, según su altura. Es el llamado Índice de Masa Corporal (IMC), un indicador que que se obtiene al dividir la masa (es decir, el peso) expresado en kilos por el cuadrado de la estatura expresado en metros. El valor resultante de dicha operación es tu Índice de Masa Corporal, y tendrás que cotejarlo con esta tabla para comprobar en qué punto te encuentras con respecto al peso ideal para tu altura.

  • Delgadez severa: <16,00
  • Delgadez moderada: 16,00 – 16,99
  • Delgadez leve: 17,00 – 18,49
  • Normal: 18,50 – 24,99
  • Sobrepeso: 25,00 – 29,99
  • Obesidad leve (tipo I): 30,00 – 34,99
  • Obesidad media (tipo II): 35,00 – 39,99
  • Obesidad mórbida (tipo III): ≥40,00

De manera reciente, se ha generado una cierta polémica sobre qué zona es más saludable, si la considerada normal, o la que entra en la categoría de sobrepeso. Está claro, en cualquier caso, que cualquiera de los niveles de obesidad (es decir, por encima de sobrepeso) llevan asociados riesgos de diversa índole, y que pueden evitarse volviendo a la “zona segura”. También hay que tener en cuenta la constitución de cada uno, el peso ideal no es el mismo para una persona de constitución pequeña, que para alguien de constitución mediana. El sentido común y, mejor todavía, un profesional de salud (vuelvo a insistir en que cuentes de manera activa con los profesionales de tu centro de salud) sabrán asesorarte adecuadamente, y evitar que te pases de frenada. Y a este respecto debes tener cuidado, es bastante fácil obsesionarse. Aplica el autocontrol, cuenta hasta diez, y toma las decisiones siempre en calma.

Natural, gracias

Otro error común es considerar que cualquier alimento que lleve el apellido “integral” es, por definición, lo más sano del mundo. Algo que he aprendido en mi proceso, y que reconozco que me sorprendió, es que puede ser más saludable, y engordar menos, un buen pan blanco de panadería “de verdad” que unas tostadas de pan integral de molde, que se conserva durante semanas gracias a determinados conservantes que, guste o no, también tienen su importancia en el aspecto nutricional. Y tampoco pienses que los productos dietéticos son mágicos. Hay, por ejemplo, deliciosas galletas de chocolate, bizcochitos rellenos de mermelada… en fin, un delirio para los amantes del dulce. Pero que sean dietéticos no significa que no engordan. En algunos casos, significa que engordan un poco menos que sus versiones “normales”. Y en otros casos, ni siquiera eso. Es posible que se encuentren en la sección de nutrición sana de tu supermercado por no tener lactosa, trigo o algún otro elemento. Y eso no significa que engorden menos. En general, lo más recomendable es optar por productos naturales (y el pan de panadería de toda la vida entra en esta categoría).

Cinco mejor que tres

Para pesar menos, tienes que comer más veces, me dijo mi enfermero la primera vez que nos vimos. Reprimí mis ganas de responderle que si mi abuela hubiera o hubiese tenido pedales, habría sido una bicicleta, con el fin de escuchar su explicación. El caso es que, y tiene todo el sentido, hay dos razones. La primera es que hacer una comida cada tres horas mantiene el metabolismo más activo. Y un metabolismo más activo consume más calorías que otro que no lo está. Y, por otra parte, si desayunas a las ocho y, a las once, haces un almuerzo (de una manzana, por ejemplo), al llegar la hora de comer (pongamos que las dos) tendrás menos hambre que si hubieras aguantado desde el desayuno y, consecuentemente, comerás menos. Lo mismo entre la comida y la cena. Una merienda ligera (una pieza de fruta o similares) hará que llegues a la la hora de la cena con muy poca hambre. Y esto sí que te ayudará a reducir la cena a algo testimonial. La cena es la menos importante de las tres comidas principales del día y, sin embargo, no nos la planteamos como tal. Es habitual encontrar restaurantes llenos a la hora de la cena, con personas haciendo unas comidas con un valor calórico incluso superior al que han consumido a mediodía. Y, sin embargo, después de cenar, el mayor esfuerzo físico que hacen la mayoría de ellos es conducir hasta casa.

Una máxima que me enseñó mi chica a poco de conocernos, y que hoy más que nunca aplico a la alimentación en mi día a día, es la siguiente “Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”.

 

 

Pie de foto

 Deporte

Sí, hemos llegado a un punto al que, tarde o temprano, sabías que tendrías que llegar. Para las personas obesas, pensar en hacer deporte es generalmente desagradable. Solemos ser conscientes de que, dada nuestro problema de sobrepeso, nos va a costar más y, bueno, qué narices, en algunos casos el simple caminar del metro a la oficina ya nos deja cansados. Las máquinas de los gimnasios parecen máquinas de tortura, y las actividades grupales, akelarres en los que gente demasiado sana quiere que entremos para acabar con nosotros. Pero no, sorpresa, el mundo no conspira en nuestra contra. Y, más aún, cuando llegas por primera vez al gimnasio, con tus kilos de más, las miradas no son jocosas, no hay un montón de personas pensando “Mira, parece que otro tragaldabas pretende entrar en nuestro club de personas sanas, tendremos que acabar con él”. Por contra, lo más habitual es encontrar comprensión, mucha comprensión, y un montón de gente con ganas de ayudarte a que te sientas mejor. Luego están los que levantan 150 kilos con un solo brazo mientras que se observan a sí mismos, muy excitados por la imagen, en el espejo. Pero no te preocupes, seguramente ni se hayan dado cuenta de tu presencia. No, al menos, hasta que no amenaces su supremacía, levantando 175 kilos a la pata coja.

 

 

Información previa

Antes de lanzarte a cualquier actividad deportiva, por suave que esta sea (y es recomendable empezar suave, claro), es perentorio que controles tu actual estado de salud, especialmente todo lo relacionado con el sistema cardiovascular. Uno de los males asociados a la obesidad, y probablemente el más peligroso por diversas razones, es la hipertensión. El sobrepeso, el sedentarismo y la mala alimentación son un trío que, con el tiempo, suele traducirse en tener la tensión por encima de los valores recomendables. Y, al practicar cualquier deporte, en el momento en que su intensidad sube, también lo hace la tensión arterial. Por lo tanto, es imprescindible que antes de hacer nada, vayas a tu médico, tu enfermero o tu farmacia habitual y que te pongas al día sobre el estado de tu tensión. En mi caso, te contaré que por aquí me llevé un susto enorme. Tras varios años sin comprobar mi estado a este respecto, descubrí que emplear el término “hipertensión” para referirse a mi situación era quedarse corto. Estaba más en la línea de “Por las nubes”, “desmesurada” o “¿Seguro que eres humano?”. De no haber hecho esta comprobación (y puesto medidas para solucionar el problema una vez detectado, claro está), y al tiempo haber empezado a asumir ciertos esfuerzos haciendo deporte, habría asumido riesgos que me habrían puesto en la lista de candidatos prioritarios a sufrir un accidente cardiovascular.

La hipertensión es conocida popularmente como “el asesino silencioso”, dado que no suele “mostrarse”. Sólo los dolores de cabeza recurrentes pueden ser una señal de que se sufre este problema en silencio. La parte buena es que, si descubres que tienes la tensión alta cuando te pones manos a la obra para controlar tu peso y tu estado de salud, ya estás en el camino correcto para solucionar el problema. Pero no hagas ninguna animalada. Comprueba tu estado y adecua el nivel de esfuerzo, de manera gradual, y siempre con un ojo puesto en tu estado general de salud y, más concretamente, en tu tensión arterial.

 

¿Cuánto te mueves?

Moves

Estos son los enlaces directos para descargar la app desde tu smartphone o tablet

¿Sabrías decir la distancia que recorres diariamente andando? Del metro a la oficina, de casa al colegio de los niños, el paseo que te gusta dar a última hora pero antes de cenar… al final, sumas y resulta que, entre unos desplazamientos y otros, quizá estés caminando más de lo que pensabas. O, por el contrario (y aquí me incluyo yo), que ese recorrido que te hacía sentirte como una especie de Usain Bolt urbano, un uberatleta de las calles, en realidad no sume más que dos o tres centenares de metros. Con la app Moves, gratuita y disponible para iOS y Android, tendrás un monitor que, de manera constante, comprobará tus movimientos y llevará la cuenta de los mismos. Así, al finalizar el día, dispondrás de un informe bastante fiable de la distancia que has recorrido (además podrás ver tus diferentes desplazamientos sobre un mapa), y podrás medirlo en distancia, pasos (como un podómetro), tiempo empleado y un cálculo aproximado de las calorías que has consumido en tus movimientos. Gracias a dichos datos, podrás hacerte una idea concreta de tu actividad diaria, y si la complementas con tu valoración sobre cada una de las acciones (por ejemplo, si acabas nada, poco o muy cansado después de cada uno de tus desplazamientos a pie), ya te estarás acercando a conocer tu estado actual. Y, al conocer tu estado actual, sabrás qué umbral debes cruzar para, aunque poco, pero empezar a llevar la máquina un poco más allá.

 

Pulsómetro y zonas de entrenamiento

Heart Beat Rate

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Otro indicador muy, muy importante, para valorar tu estado actual, es tu frecuencia cardiaca, es decir, el número de veces que late tu corazón por minuto. Lo primero que tendrás que hacer es calcular tu frecuencia cardiaca en reposo. ¿Cómo se hace esto? Muy sencillo. Sólo tendrás que tomarte la tensión durante una semana, recién despertado (a los dos o tres minutos) y antes de levantarte de la cama. Los dos o tres minutos te permiten recuperarte del sobresalto que suele producir el despertador, por lo que en ese momento tu cuerpo y sus ritmos se encontrarán en estado de máxima relajación. Una vez finalizada los siete días, simplemente tendrás que calcular la media (es decir, sumar las siete cantidades y dividir el resultado entre siete) y el valor que obtendrás es tu ritmo cardiaco basal en reposo. Toma nota de ese dato, ya que lo vas a necesitar.

Una vez calculada tu frecuencia cardiaca en reposo, llega el momento de calcular tu frecuencia cardiaca máxima, es decir, la frecuencia máxima que se supone que puedes alcanzar de manera segura (siempre y cuando seas un deportista de élite, eso sí). La fórmula de cálculo varía entre hombres y mujeres, ya que, en igualdad de condiciones, el ritmo cardiaco de las mujeres es algo más alto que el de los hombres.

  • Mujeres: 226edad
  • Hombres: : 220 – edad

Siempre, partiendo de la base de un metabolismo sano y, especialmente, ningún problema cardiovascular ni respiratorio. Evidentemente, cualquier patología de este tipo repercute en el rendimiento máximo que se puede alcanzar de manera segura. Si este es tu caso, una vez más lo mejor es hablar con tu médico.

Así sí, por ejemplo, eres un hombre de cuarenta años, tu frecuencia cardiaca máxima será de (220-40) 180 pulsaciones por minuto. Insisto, no obstante, en que llegar a ese punto es sólo recomendable para profesionales del deporte con un excelente estado de salud, no para ti o para mí. Llegados a este punto, y para saber qué puedes hacer y que es mejor que ni te plantees, llega el momento de hablar de la ecuación de Karkoven. Ésta emplea tus distintas frecuencias cardiacas para calcular tus frecuencias óptimas, con el fin de optimizar los resultados de cada uno de tus entrenamientos. En Internet puedes encontrar múltiples calculadoras que, con los datos adecuados, te indicarán cuales son tus ritmos. La que yo empleo para tener controladas mis zonas (ten en cuenta que, al tiempo, tus frecuencias cardiacas van cambiando, especialmente si pasas de una vida sedentaria a otra en la que el deporte sí que tiene presencia) es la de la web Mundo Atletismo. Busca en ella el apartado “Cálculo Frecuencia cardíaca de entrenamiento”, introduce tu edad, sexo y frecuencia cardiaca en reposo, y obtendrás tus zonas de entrenamiento por pulsaciones.

No obstante, si tienes curiosidad por conocer las tripas de la fórmula, así se calcula:

FCE = [(FCM – FCR) x porcentaje de Esfuerzo] + FCR

Donde FCE es la frecuencia cardiaca de entrenamiento, FCM es la frecuencia cardiaca máxima y FCR es frecuencia cardiaca en reposo. Los rangos de esfuerzo se dividen en los siguientes bloques:

  • Baja Intensidad: 50% – 60% Este nivel es el más adecuado para aquellas personas que no hayan practicado ningún tipo de actividad deportiva, y que quieran ir, poco a poco, reacondicionándose. No supone esfuerzo alguno, aunque dada la falta de costumbre, es posible que se produzcan sudoración y cansancio.
  • Eliminación Grasas: 60% – 70% Al entrar en este punto ya se comienza a quemar grasas acumuladas en el cuerpo, pero sin estar forzando el sistema cardiovascular. Controlar la respiración en este rango ayuda a que no se produzca demasiada fatiga. Este rango es el más recomendable para personas con poco o nulo perfil deportivo, pero que quieran empezar a hacer deporte y a perder algo de peso.
  • Zona Aerobica70% – 80% Aquí entramos ya en zonas en las que sólo deben adentrarse personas con hábitos deportivos (tú mismo, dentro de no mucho tiempo). Aquí la proporción entre el oxígeno que ingieres y el que consumes están casi a la par, aunque siempre con un mínimo de saldo positivo para ti. Aquí se incrementa el consumo de grasas acumuladas, si bien el esfuerzo también se incrementa de manera considerable.
  • Zona Anaeróbica80% – 90% ¡Ni se te ocurra si no eres deportista! En este punto, la actividad hará que tu cuerpo entre en déficit de oxígeno, es decir, que no estarás ingresando tanto como necesitas. En este punto se activa el metabolismo de los ácidos lácticos. El consumo de grasas es muy alto, pero también el esfuerzo. Incluso los profesionales del deporte sólo entrenan en la zona anaeróbica durante muy poco tiempo, así que tú ni te lo plantees.
  • Zona Máxima o Alta Densidad90% – 100% Esto ya es llegar al límite. El 100% representa el límite de la que, en las condiciones perfectas, sería tu límite de frecuencia cardiaca segura, es decir, aquella en la que no estarías comprometiendo tu seguridad. Sin embargo, repito, eso sólo es aplicable a profesionales que viven por y para el deporte. Trabajar en esta zona incrementa el rendimiento, aunque a costa de un esfuerzo no al alcance de todo el mundo.

Baste con decir que, si es la primera vez en tu vida que lees sobre las zonas de entrenamiento, y el paseo del metro a la oficina te deja más bien cansado, al menos de momento te muevas entre las zonas de baja intensidad y la de eliminación de grasas. Esto puedes conseguirlo simplemente caminando durante una media hora entre tres y cinco días a la semana. Si evalúas tu respuesta cardiaca a dichos paseos, descubrirás (con gran satisfacción, además), que cada vez te cuesta menos esfuerzo, y que puedes ampliar un poco el itinerario, aumentar un poco la velocidad, o una suma de ambas mejoras. Y aquí es cuando te cuento algo importante, pero que mucha gente no sabe: el deporte es adictivo. Y no es sólo una cuestión psicológica. El cerebro, al practicar una actividad deportiva, genera endorfinas, que sumadas a la sensación de bienestar para con uno mismo, pueden hacer que en un par de semanas hayas pasado de ser un sillóndependiente, para convertirte en un aficionado al walking o, incluso, al running.

Pulsómetro

Esto es una recomendación personal. Aunque para medir tu frecuencia cardiaca en reposo puedes emplear una app, y también puedes emplear dicho sistema se te dedicas a caminar, a poco que empieces a practicar deportes de mayor intensidad, el sistema de emplear la cámara de tu móvil para hacer una medición puntual de tu pulso deja de tener valor. A partir de ese punto, es recomendable que hagas una inversión en adquirir un pulsómetro. Puedes encontrar dispositivos por alrededor de 50 euros y, con ellos, estarás controlando permanentemente tu pulso mientras que practicas deporte. Como ya te he contado antes, mi experiencia personal, con el problema de la tensión alta elevada a tensión superalta, hicieron que no dudara ni un momento en hacerme con uno, cuando empecé a subir la intensidad de mis entrenamientos. Y, la verdad, es que utilizarlo me ha ayudado no sólo a sentirme más seguro durante mis, al principio caminatas, ahora sesiones de running, como a maximizar el rendimiento de las mismas, reducir los tiempos de recuperación y, en general, a practicar deporte con cabeza. Puedes encontrar modelos compatibles con las apps que utilices para practicar deporte y/o con tu smartphone, así como otros que se componen del sensor y de un reloj de pulsera. Aunque a la hora de gestionar tu histórico el primer tipo resulta más cómodo, el formato reloj resulta infinitamente más práctico para llevar un control estricto mientras que estás practicando deporte.

 

Seguimiento de actividades

Runtastic

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Controlar tus actividades tiene, principalmente, dos razones de ser. La primera es poder ir valorando, día a día y semana a semana, tu evolución. Quizá los primeros días sólo camines diez o quince minutos a una velocidad moderada. No pasa nada, perfecto. Poco a poco, verás como es tu propio cuerpo el que te va pidiendo un poco más. Y la segunda razón, no menos importante, es la de ir observando el camino andado. Sï, un buen día te da por comprobar tu historial y descubres que ya llevas caminados cincuenta o cien kilómetros, que ya has caminado más de diez horas…. hitos que, sin duda, te harán sentirte (y con razón) orgulloso de ti mismo. Para tal fin, yo personalmente empleo Runtastic, que aunque por su nombre invita a pensar que es sólo para running, en realidad cubre un amplio espectro de actividades deportivas. Es gratuita, aunque cuenta con una versión pro, y dentro de la misma se pueden adquirir suscripiones gold a su servicio online, planes de entrenamiento, o el recientemente estrenado formato Running Story. Ir valorando tu evolución, distribuyendo de manera sensata tus sesiones de entrenamiento semanal (sí, salir a caminar también es entrenar, no infravalores tu esfuerzo y tu trabajo) e ir calculando, en base a tu estado y a tu ritmo cardiaco (ambos van muy unidos, en realidad), cuando quieres ir incrementando el ritmo. La página web 7-Min te proporciona una guía, paso a paso, con contador de tiempos, para que puedas probar a realizar esta tabla.

 

7minutes y HIIT

Una de las principales excusas razones que se suelen dar para no practicar deporte (y de nuevo me incluyo en esa lista) es la falta de tiempo. Vivimos tiempos muy complicados, con trabajos que absorben prácticamente nuestras vidas enteras, y en los que sólo nos quedan unos minutos para alimentarnos, relacionarnos, descansar, etcétera. No es por ser puñetero, pero este 2013 lo estrenamos con un dato bastante llamativo: el consumo medio de televisión en España era de 241 minutos por persona y día. Esto apunta a que, más que una falta de tiempo para hacer deporte, lo que hay es una falta de interés por hacer deporte. No obstante, hay casos y casos, y recientemente se ha popularizado lo que se denomina HIIT (High Intensity Interval Training, entrenamiento de alta intensidad por intervalos). Básicamente, consiste en reducir el tiempo de entrenamiento, pero subiendo en gran medida su intensidad. En vez de una hora suave, diez minutos en los que tendrás que repetirte mentalmente que no hay dolor. Y entre los planes de entrenamiento basados en HIIT, ha logrado particular éxito una tabla denominada 7 minutes. Como su propio nombre indica, se realiza en siete minutos y, como ventaja adicional, lo único que debes tener es una silla y una pared. En una tabla de ejercicios, en la que hay bloques de 30 segundos con descansos de 10 entre cada uno, se intercala el trabajo con el tren superior y el inferior, y hace que en menos de diez minutos quemes unas cuantas calorías y, sobre todo, mantengas un buen tono. Ojo, no obstante, con forzar demasiado, tanto frecuencia cardiaca como músculos. Mejor empezar poco a poco, reduciendo el número de repeticiones de cada ejercicio, que acabar destrozado y/o lesionado el primer o el segundo día, y sin ganas de repetir.

 

Áreas concretas y apps para trabajarlas

Con un poco de suerte un bastante de esfuerzo personal (y de tiempo, claro, no te plantees esto como algo a corto plazo, sino como una carrera de fondo), los resultados empezarán a llegar y, de repente, hasta tú mismo serás consciente de ellos al mirarte en el espejo. Entonces, lo más probable es que tus intereses pasen de ser un sencillo “perder peso y encontrarme mejor” a “Quiero reducir cintura y abdomen”, “Me gustaría tener más fuerza en los brazos”. etcétera. Aunque deportes generales como caminar, correr, nadar, ciclismo, etcétera, ayudan a mejorar el tono global y a quemar grasas, si lo que quieres es tener un abdomen perfecto, tendrás que empezar a trabajar directamente en la zona. Para tal fin, revisa la tienda de apps de tu móvil, encontrarás de todo: abdominales, flexiones, sentadillas… un mar infinito de apps centradas en entrenar partes concretas de tu cuerpo. Y, no obstante, llegados a este punto, cuando gires la cabeza y mires atrás. descubriendo el enorme camino que has recorrido, quizá haya llegado el momento de hacer algo que, quizá hasta hace no tiempo, ni te planteabas: ¿por qué no apuntarte al gimnasio?

 

Seis meses más tarde…

¡Hola de nuevo! Bienvenidos a este especial “qué pasó con…” sobre mis aventuras y tribulaciones relacionadas con la pérdida de peso. Como ya te adelantaba al principio del artículo, han pasado muchas cosas. Tantas que no he podido dejar de pensar, desde hace ya un par de meses, en ampliarlo, contando lo que ocurre a los seis meses. Los consejos que he recibido, nuevas apps que han pasado a formar parte de mi día a día, hábitos que he introducido (y de los que me alegro un montón)… ¡te cuento!

 

MyFitnessPal

Contrólate… pero sin pasarte

Una de las primeras recomendaciones que recibí, de unas de las primeras personas que pudo leer este artículo, está relacionada con el control de lo que comía. Esa persona es, por suerte para mí, una antigua compañera de trabajo (y sin embargo amiga): Sarah Santiago, responsable de Yuufit, una página web con muchísima información útil sobre alimentación y fitness, y que desde hace ya unos meses ofrece un completísimo servicio de asesoría de fitness, que recientemente se ha ampliado también para runners. Cuando vio que recomendaba (y que llevaba ya algún tiempo) utilizando FatSecret, me comentó que no estaba mal, pero me recomendó que probara MyFitnessPal. A diferencia de otras opciones que había probado previamente, en este caso se combinan app y servicio online, de manera que todo lo que “anotas”, queda guardado en tu cuenta y es accesible desde cualquier punto. Pero, lo más destacable, es su inmensa base de datos de productos. Desde unas judías verdes de marca blanca hasta una barrita energética de la marca X, si escaneas su código de barras con la app, lo más probable es que el producto ya esté dado de alta en el servicio y, de esa manera, puedas añadirlo rápida y cómodamente a tu perfil. Esto, en conjunción con la definición de objetivos y, lo que también cuenta mucho a este respecto, con la interconectabilidad del servicio con otros de control de actividad, te ayuda a llevar un control muy, muy preciso, de tu evolución diaria. En mi caso, no tardé en conectarlo a Runtastic y, entre la información nutricional que introducía día a día, y el seguimiento de mis actividades deportivas, pasé a estar muy bien informado sobre mi día a día.

 

MovesMovesMoves

Sobre esta app, tengo una noticia mala y otra buena. La mala es que si utilizas iOS, ahora ya no es gratuita. Ahora cuesta 2,69 euros en su versión para iOS. En Android sigue siendo gratuita, así que si empleas ambos sistemas, ya sabes por cuál de ambas versiones optar. Además, debes saber que las cuentas de usuario no se pueden emplear simultáneamente en dos o más dispositivos. Sólo podrás tenerla configurada en uno a cada momento.

La buena noticia es que, si hasta ahora sólo media tres actividades (caminar, correr y bicicleta), más los desplazamientos en otros medios de transporte (que, obviamente, no cuentan a efectos de consumo de calorías), ahora la aplicación se puede configurar para que detecte (principalmente basándose en la localización), otro tipo de actividades relacionadas con el ejercicio como, por ejemplo, ir al gimnasio. Y es que no es lo mismo pasar una hora sentado frente al PC, que machacándote entre máquinas y más máquinas. Ahora Moves intenta determinar tu actividad cuando no cambias de ubicación y, de esta manera, lleva un control más exacto de tu consumo calórico (y de tus actividades) a lo largo del día.

No es compatible (al menos de momento) con MyFitnessPal, algo que por otra parte es comprensible, ya que algo que critican parte de sus detractores es su nivel de precisión, por debajo del que ofrecen otras apps de seguimiento como Runtastic o Runkeeper. No obstante, hay que tener en cuenta que estas últimas han sido diseñadas para llevar el control sobre unas actividades concretas, mientras que Moves pretende ser un diario que recoge toda tu actividad diaria, y en el que además puedes configurar los lugares que visitas de manera habitual. Esto puede dar un poco de miedo (guardar un log de todos tus movimientos en estos tiempos puede sonar muy “NSA Friendly”), pero también te ofrece la oportunidad de revisar, constantemente, tu actividad, y comprobar si tanto determinados días como semanas, has estado más o menos activo que la media habitual en ti. Yo, personalmente, sigo utilizando esta app desde que hablé de ella aquí, por primera vez. No obstante, también reconozco que entiendo los recelos al respecto. Como diría Frank Sinatra, It’s up to you (New York, New York).

 

Control específico

Como ya conté a principios de verano, mi estado de salud distaba un tanto de ser perfecto y, además del sobrepeso, tenía un importante problema con la tensión arterial. Me alegra (ya te puedes imaginar) poder contarte que, poco más de seis meses después de comprobar que mi estado a este respeto era muy preocupante (llegué a tener algún pico de 21-12), a día de hoy he conseguido bajarla hasta estar en valores bastante saludables (12-8 en la última comprobación). A este respecto, es recomendable llevar con control particularmente estricto sobre todo aquello que puede afectar de manera negativa. En mi caso, uno de mis principales enemigos era la cafeína: me encanta el café y era capaz de tomarme más de diez diarios (no te exagero, de veras), con el efecto que puedes imaginar tanto en mi tensión arterial como en mis patrones de sueño. Ahora sigo tomando muchísimo café… descafeinado, aunque en ocasiones puntuales me doy el capricho de tomarme uno “normal” (no sabe igual, eso es una realidad). Algo que va de maravilla para este tipo de problemas con productos concretos, son apps especializadas en llevar el control de consumo de los mismos. Tal es el caso de Up Coffee, una app que estoy probando desde la semana pasada, y que te ayuda a llevar el control de consumo de cafeína (y otras sustancias excitantes) y su incidencia en tu patrón de sueño. Si tienes problemas con algún alimento, producto, etcétera, busca, es más que probable que exista alguna app que te ayude a mantener sus problemas bajo control.

 

Gimnasio

Sí, lo hice, me apunté al gimnasio, y además con la intención de empezar en enero (propósitos de año nuevo, ya se sabe). Y a este respecto hay varios aspectos que me gustaría reseñar. El primero es que, de un (corto) tiempo a esta parte, están proliferando los gimnasios low-cost, en los que por una cuota mensual de alrededor de 20 euros, dispones tanto de las instalaciones como de las actividades grupales. Esto, claro, ocurre más en grandes ciudades, mientras que los pueblos todavía viven ajenos a esa revolución. En mi caso, que trabajo en una ciudad (Madrid) y vivo en un pequeño pueblo de la sierra, he optado por realizar mi actividad deportiva junto a la oficina, el precio compensa.

Por otra parte, ¿recuerdas que hablábamos hace unos meses (o un rato) sobre los pulsómetros? Vale, si estás pensando en adquirir uno, y te has apuntado a un gimnasio o vas a hacerlo, te interesa mucho saber que hay máquinas de entrenamiento (cintas de correr, bicis estáticas, etcétera), compatibles con algunos de los modelos más populares. Esto te permite llevar el control de tu ritmo cardiaco (y, por lo tanto, saber qué zona estás entrenando) sin tener que descuidar la vista de los controles de la máquina, algo particularmente práctico en la cinta (que, por cierto, es mi máquina favorita). En mi caso, tengo un pulsómetro Polar, compatible con las máquinas del gimnasio. Comprueba esto antes de apuntarte a un gimnasio y/o de comprarte un pulsómetro, te aseguro que la experiencia de entrenamiento es mucho mejor.

Por otra parte, y aunque no tan importante, también hay máquinas compatibles con iPods, iPhones y otros dispositivos, en las que puedes conectar los mismos para ponerlos a cargar y/o para emplear tu música de manera integrada en el entrenamiento. Incluso (aunque esto no lo he probado todavía), las hay con conexión Usb, para que puedas guardar los informes de todos tus entrenamientos en una memoria. La tecnología y el deporte hacen muy buenas migas, así que no desaproveches las oportunidades que esto te ofrece.

Y, si ves que cada vez te lo tomas de manera un poco más profesional, no estaría de más que te plantearas realizar determinadas pruebas en función del deporte que practiques de manera más habitual. Por ejemplo, en caso de que te hayas aficionado al running (como me ha pasado a mí), hay tiendas y marcas especializadas en calzado deportivo, como es el caso de ASICS, en las que puedes hacer una serie de pruebas para comprobar tu tipo de pisada (es decir, si eres pronador o supinador) y, con ese dato, elegir el calzado más adecuado. Sí, es más caro, pero una de las cosas que ya suponía y ahora he confirmado, es que elegir unas buenas zapatillas marca la diferencia entre un cuarto de hora de sufrimiento o media hora de bienestar.

 

Tarta de chocolateTarta de chocolate, de vez en cuando te la merecesExcepciones

Cuando, tras muchos años descuidándote, decides que se acabó, es probable que te lo tomes muy, en serio, quizá más de lo que deberías. Me refiero a que, desde que comencé mi “plan de choque” hasta que llegaron las navidades, pasaron ciertas ocasiones especiales (mi aniversario y el cumpleaños de mi madre, entre ellas) en las que resistí estoicamente la tentación de tomar un poco de vino, picar un poquito de jamón o probar un pastelito. Sin embargo, al comentárselo a Gerardo (mi enfermero), me hizo ver que eso no tenía sentido o, para ser más exactos, que iba en mi contra. Evidentemente no tiene ningún sentido hacerlo todos los días, pero hay que saber aplicar las excepciones de cuando en cuando, puesto que su valor psicológico hace mucho más llevadero el día a día. No pasa nada por darse un capricho de cuando en cuando, es muy saludable que un día no pierdas ni un gramo (incluso que ganes unos cuantos). A menos libertades, más sensación de estar encerrado. Y ya sabemos lo que ocurre cuando, tras un periodo de cautividad, un ser vivo se ve a cielo abierto… ¡que terminas por comerte hasta las puertas de los armarios!

 

Ni mucho ni poco

Psicológicamente, a medida que vaya pasando el tiempo, pasarás por diversos estados. Por lo que he podido hablar con otras personas en situaciones similares, no hay un patrón que se aplique el 100% de los casos, pero sí que hay algunos “lugares” comunes, en los que solemos coincidir casi todos:

  • ¿Falta mucho? Esto ocurre, principalmente, cuando acabas de empezar. Es normal tener ganas de empezar a ver resultados, pero en ocasiones queremos verlos demasiado rápido y, desgraciadamente, eso no siempre es así, al menos en lo referido al componente estético. En mi caso, por ejemplo, tardé muy poco tiempo en empezar a perder peso a un buen ritmo, pero se hizo bastante más larga la espera hasta que empecé a apreciar claramente dicha pérdida de peso al mirarme en el espejo. El principal riesgo en este punto es que, al no empezar a apreciar resultados de inmediato, te replantees tu situación y pienses que lo que has hecho no ha servido de nada. A este respecto, llévalo con calma, ten en cuenta que los principios nunca son fáciles, y alégrate al comprobar que, en muy poco tiempo, sí que empiezas a comprobar otra serie de mejorías (te cansas menos con las mismas actividades, te apetece más realizar otras, etcétera). Créeme, lo de las tallas de camisas y pantalones llegará un poco después, pero llegará.
  • ¡Soy el rey del mundo! Vale, ahora ya ha llegado ese momento de bajar alguna que otra talla. La sensación es maravillosa, y todavía más cuando familia, amigos, etcétera, empiezan a felicitarte por tu buen aspecto, el progreso que has llevado a cabo, lo orgullosos que se sienten de ti. Al llegar a este punto, habrá días en los que caminarás dos o tres metros por encima del suelo, y deseando cruzarte con todos los espejos del mundo para mirarte, mirarte y volverte a mirar. Será uno de los momentos más dulces que hayas experimentado en mucho tiempo, tu amor propio se hinchará como un globo. El riesgo, en este punto, es que quieras ir más allá de lo que es recomendable, ya sea forzando más en los entrenamientos, reduciendo tu ingesta calórica, etcétera. En mi caso, me emocioné tanto que me forcé demasiado corriendo, y acabé con una pequeña lesión de cuadricep que me tuvo diez días cojeando. En este punto, no te dejes llevar por esa sensación de que puedes con todo y con todos, y recuerda que el equilibrio es lo que te ha llevado hasta donde te encuentras ahora mismo.
  • Me aburro… Este punto es particularmente complicado. Tras las felicitaciones, los comentarios de admiración y, en general, esa atmósfera de que has conseguido escalar el Himalaya sin oxígeno y con las manos desnudas, lo nuevo se convertirá en lo habitual y, un día, aunque tú sigas esforzándote igual, dejarás de escuchar cumplidos y felicitaciones. Tu situación se habrá normalizado y, tú mismo, dejarás de sentirte tan fuerte, poderoso y especial como en los días de vino y rosas (véase fase “Soy el rey del mundo”). Aquí te aproximarás a una zona muy peligrosa: el aburrimiento. Ya no te sientes ni tan bien ni tan especial y, además, crees que la parte de mayor sacrificio ya ha pasado, así que puedes empezar a saltarte los entrenamientos de vez en cuando, a incluir “caprichos” en tu dieta de manera más común de lo que deberías, a tomarte una semana (o dos, o un mes) sabáticos… Ten mucho cuidado con esto, aquí es donde el conocido “efecto rebote” (la rápida recuperación de todo lo perdido más una “propina”) hace su aparición. Ya lo comentamos al principio, tienes que estar concienciado de que esto es una carrera de fondo, y no perder la vista del objetivo. Si tienes claro a dónde quieres llegar (y, claro, a mantenerte en dicho punto una vez alcanzado), los factores externos afectarán menos. Y, de todos modos, cuando sientas cierto tedio, busca una imagen tuya antes de empezar, y compárala con una actual. Recordar el sacrificio y ser consciente del resultado te ayudará a volver al buen camino.

A este respecto, algo que yo he hecho durante todos estos meses es ir haciéndome fotos de manera más o menos regular. Hoy, miro las fotos de principios de verano y no me lo puedo creer. Y, aunque estas dos últimas semanas he ganado algunos gramos, sigo convencido de lo que estoy haciendo, y con ganas de seguir encontrándome mejor.

 

Hospital

Metabolismo y desequilibrios

Sí, al principio del artículo has leído bien: este viaje mío ha tenido una parada (apeadero, del que ya salí hace unas semanas) primero en urgencias, y luego en un quirófano. Algo que todos deberíamos recordar de nuestros tiempos del colegio, es cómo funciona el cuerpo humano y, una vez revisitado dicho conocimiento, ser conscientes del frágil equilibrio que permite que funcione todo bien. Con esto, lo que quiero decir es que cualquier modificación puede afectar, y tener consecuencias inesperadas.

En mi caso, la semana anterior a Navidad, sentí un dolor un tanto agudo en el vientre. No había tenido nunca un dolor tan agudo, pero no duró demasiado, así que lo achaqué a causas fortuitas (lo relacioné con esos pequeños excesos que empezamos a cometer a medida que se acercan las fiestas) y seguí mi vida con normalidad. Poco después, en Reyes, el dolor volvió, más agudo que la anterior ocasión y, esta vez, no me dejó dormir en toda la noche. En esta ocasión, decidí acudir a Fátima, mi médico de cabecera, que no tuvo demasiado en cuenta mi teoría (han sido unas fechas complicadas, he descuidado mi alimentación después de meses sin hacerlo, etcétera) y, por si acaso, me pidió una analítica completa. Y, claro, el que sabe, sabe: tenías las transaminasas altas. ¡Yo! ¡Que llevaba ya unos cuantos meses cuidándome! ¿Qué demonios estaba pasando? Su opinión era que se trataba de un problema de cálculos biliares (piedras en la vesícula). Una receta de Buscapina (por si volvía a tener algún episodio de dolor) y cita para una ecografía, poco más de un mes después. Y, eso sí, la recomendación clara de que, si volvía a ocurrirme, no me lo pensara y fuera directamente a urgencias.

Y no llegó a pasar el mes desde esa consulta hasta que, un lunes por la mañana, de camino a la oficina, volvieron los dolores. Faltaban poco más de diez días para la fecha para la que tenía prevista la ecografía, así que me tomé una Buscapina y confié en que su efecto aliviara las molestias lo antes posible. Pero esta vez no fue así. Al contrario, cada vez era más agudo, y si al principio podía aguantarlo sin problemas, pronto empezó a llegar a un punto difícil de soportar. Lo siguiente fue salir de la oficina, llegar a la Puerta del Sol, preguntar a unos voluntarios de SAMUR-Protección Civil por las urgencias más cercanas y, poco después, estaba en una ambulancia rumbo a un hospital. Urgencias, análisis, una vía, suero y a esperar… menos mal que llevaba el móvil para entretenerme. La sorpresa, no obstante, llegó cuando me dijeron que la causa de mis males esa mañana no era sólo un cálculo en el conducto biliar. Este era sólo el origen de una complicación un tanto más “fea”, una pancreatitis aguda por la que decidieron ingresarme y mantenerme en observación. Ayuno total durante dos días, consultas de médicos y cirujanos y, si el lunes estaba entrando por la puerta, mi estado el jueves siguiente era lo suficientemente bueno como para, pese a haber sufrido una pancreatitis, pasar por quirófano para que me extirparan la vesícula. Justo una semana antes de la fecha prevista para la ecografía que, visto lo visto, con toda seguridad habría arrojado el mismo resultado: adiós vesícula.

 

¿Culpa de cuidarme?

Como ya comentaba hace un rato, el metabolismo requiere de cierto equilibrio que, al romperse, puede precipitar determinas consecuencias. Digo bien, sí, precipitar. Al buscar en Internet, descubrí que una de las causas más usuales de los cálculos biliares es… una importante pérdida de peso en un plazo de tiempo ajustado: ¿era cuidarme lo que me había provocado este problema? Es decir, ¿cuidarme me había provocado un importante problema de salud? Te soy sincero, pasé unos días dándole vueltas al asunto, a lo paradójico que resultaba… pero, en vez de seguir pensando eso, preferí volver a hablar con los expertos. Y de nuevo fue el equipo médico del centro de salud de mi aldea, el que me hizo ver la realidad: la pérdida de peso sólo había hecho aflorar un problema que ya existía previamente. Y parece que es una simple cuestión semántica, pero va mucho más allá. Cambiar los hábitos de vida trae consecuencias y, aunque en su inmensa mayoría serán positivas, también se producirá algún desajuste que, quizá, no esperes. Con esto lo que te quiero decir son dos cosas: la primera, es que no culpes a “tu nuevo yo” de esos problemas, en realidad estarás afrontando problemas que ya estaban ahí, pero lo estarás haciendo en mejores condiciones que las que tenías antes. En mi caso, según me comentaron los cirujanos, haber tenido el mismo problema pero con el peso que tenía hace seis meses habría sido muchísimo peor… y seguramente me habría ocurrido.

Y la otra cosa, todavía más importante, y que ya he repetido varias veces pero lo haré una más, es que involucres de manera muy directa a tus profesionales sanitarios. Si yo hubiera pensado que los dolores eran, simplemente, desajustes ocasionales producidos por los excesos de la Navidad, y no hubiera ido al médico… ahora la historia, mi historia, podría ser muy distinta. No descuides ninguna señal de tu cuerpo (ni de tu mente), recuerda que este viaje es muy largo, y toma todas las medidas de seguridad necesarias. Y a la mínima duda, no te descuides y ve al médico. Es mucho mejor que te lleguen a llamar pesado en tu centro de salud, a que descuidar algunas señales comprometa seriamente tu salud. Tu cuerpo te dará las gracias por los cambios, pero también te avisará si algo no va bien, hazle mucho caso cuando lo haga.

Yo he pasado por todo lo que cuento, y a día de hoy no me arrepiento de nada en absoluto. Conseguí que mi peso bajará de las tres a las dos cifras, y aunque todavía no he retomado el gimnasio desde la operación (planeo hacerlo en cuestión de días), me siento mucho mejor ahora que antes. Tanto que, en el mismo momento en que estoy escribiendo esto, he decidido que cuando se cumpla el primer año de mi “nueva vida”, volveré a contarte cómo han ido los siguientes seis meses y, qué demonios, probablemente contaré lo que pesaba hace seis meses, lo que peso ahora, y hasta dónde habré conseguido llegar. Pero eso, como ya he dicho, ¡será dentro de seis meses más o menos!

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