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Visitamos el Museo de las Miniaturas y el Cine de Lyon y hablamos con su director

Así es uno de los mejores museos de cine del mundo

La Rue Saint-Jean es la calle más emblemática del viejo Lyon. Por esta calle del casco medieval de la ciudad pasean todos los días cientos de turistas. Se detienen en las tiendas de souvenirs, donde los escaparates recuerdan que están en la cuna del teatro de guiñol y Saint-Exupéry. Luego recorren arriba y abajo la calle buscando un buen y típico bouchon donde comer, se cuelan por los callejones y pasajes que se camuflan tras algunas de puertas, aparentemente discretas, y caen en la tentación de las pâtisseries. En ese recorrido habrán llegado a pasar varias veces por delante del número 60, sin detenerse demasiado en él. En algún momento les habrá llamado la atención su curioso escaparate, con referencias al cine y las miniaturas. Si finalmente se deciden a entrar, se preguntarán cómo es posible que no hayan reparado antes en un museo tan impresionante y espectacular como el Museo de las Miniaturas y el Cine de Lyon.

Entre los lioneses hay quien todavía recuerda que antes de este museo hubo otro, al inicio de la calle, donde se exhibían diversas y curiosas miniaturas. Era un local pequeño que ya ha desaparecido. En su lugar, unos metros más adelante, está el nuevo museo, mucho más grande y sorprendente que el anterior. Tuvimos la oportunidad de visitarlo y de hablar con Dan Ohlmann, una mano maestra de las miniaturas y el artífice de que la magia del cine se haya fundido tan sorprendentemente con la artesanía de lo diminuto en este museo.

Fue hace unos 15 años cuando el primer museo, que albergaba sólo miniaturas, desapareció. El espacio se había quedado pequeño para todo lo que Ohlmann quería hacer y, de pronto, un importante museo de París le ofreció la posibilidad de comprar todas las obras, casi al mismo tiempo, cuenta Ohlmann, que una señora muy rica de la ciudad también se interesó por las miniaturas. El resultado final de aquello fue que las miniaturas se fueron para París y la señora rica se alió con Ohlmann para buscar un edificio mucho más grande y comenzar todo de nuevo. Sólo que esta vez también habría sitio para la otra pasión de Ohlmann: los efectos especiales en el cine.

Máscara de látex y chroma para la cara de Schwarzenegger en Terminator 3.

La actual ubicación es uno de los edificios más emblemáticos de Lyon, y una joya en sí misma. Su construcción data del siglo XVI y es patrimonio de la UNESCO por su valor histórico y simbólico de la ciudad. Si paseas por sus salas no dejes de apreciar su arquitectura. Ambas cosas: continente y contenido, hacen que la experiencia sea verdaderamente única. En 2016 los usuarios de Trip Advisor de todo el mundo colocaron este museo en el Top 10 de los museos de Francia, con 2300 Avis.

Más cine, por favor

Hace más de 25 años que Ohlmann comenzó a relacionarse con estudios de Hollywood. En el año 89 contactó con George Lucas para hacer una exposición temporal sobre Star Wars en Lyon, y Lucas accedió. Hay lioneses que no han visitado aún el museo, pero sin embargo recuerdan la publicidad de aquella exposición, con la imagen de Darth Vader como reclamo.

La colección que hoy puede verse en el Musée Miniature & Cinéma se fue conformando poco a poco a través de subastas de estudios estadounidenses y europeos, donaciones, intercambios con otros museos y por las restauraciones que hace Dan. A veces, cuenta, a cambio de la restauración de alguna pieza se queda con parte de los decorados de la película o se la queda para exhibir durante un tiempo.

Nave original usada como maqueta en la película “Los tres mosqueteros” de Paul W. S.  Anderson (2011). El taller de Ohlmann se encargó de restaurar esta pieza, que ahora se exhibe de forma permanente en el museo.

El museo dispone ahora de unos 1.000 metros cuadrados de superficie distribuidos en 12 espacios de exhibición, con 6 decorados a tamaño real, elementos provenientes de más de 200 películas, 450 piezas y carteles informativos y acuerdos de colaboración con unos 30 estudios y museos de todo el mundo.

Detalle de una figura de C3PO que, de momento, permanece en el taller del museo en espera de restauración.

A pesar (o a causa) de esto, el espacio vuelve a ser un bien escaso, al igual que el tiempo de Dan, que pasa la mayor parte del día dedicado a las gestiones del museo, a restaurar piezas y, sólo eventualmente, a las miniaturas. Según las dimensiones de estas últimas Dan puede tardar entre 4 meses y 1 año en terminar una de estas obras maestras en pequeño, incluyendo el proceso de documentación.

Taller donde se restauran algunas de las piezas que llegan al museo. ¿Alguien ha visto al capitán Jack Sparrow?

Dan aspira a conseguir un nuevo espacio, quizá un auditorio donde proyectar películas donde se muestren las técnicas de efectos especiales y todo lo que tiene que ver con el making off de las películas. Un sitio, además, donde quepa uno de sus sueños para el museo, un Nautilus de 6 metros con el que se rodó “20.000 leguas de viaje submarino”, y que ahora está en Los Ángeles.

Dentro del museo

Comenzar a caminar por las diferentes salas de este museo es todo un reto. Reto porque es imposible no pararse delante de cada vitrina y abrir los ojos como platos. ¡Son cosas tan conocidas y familiares que casi sorprende verlas ahí!

Máscara de látex completa (gafas incluidas) usada por Robin Williams en la película de 1993 “Señora Doubtfire”.

Lo primero que se encontrará el visitante serán 5 decorados a tamaño real de la película “El perfume”, basado en la novela homónima de Patrick Süskind. El taller donde Grenouille trabajaba afanosamente en la destilación de aromas únicos y extraordinarios, pero también ese en el que extraía el perfume embriagador de la belleza de sus víctimas. Un cartel advierte en algunas de las salas que “la zona tras la cortina no está recomendada para niños y personas sensibles”. Esta última es una de ellas.

Detalle de uno de los escenarios completos de la película “El perfume” que se muestran en las primeras salas de el museo.

Después comienza un increíble recorrido por vitrinas y expositores: las páginas del guión de “El sexto sentido” en las que Cole confiesa que “en ocasiones” ve muertos; un storyboard de Matrix, el diseño donde se muestra el funcionamiento de la cápsula de hibernación de la Nostromo (Alien, de James Cameron – 1986), la premaqueta del laboratorio del Dr. Frankenstein para la versión de Kenneth Branagh (1994), algunos de los trajes usados en Los 4 fantásticos, X-Men, Los juegos del hambre, V, Las crónicas de Narnia, Gladiator, Hellboy, El último emperador, Los tres mosqueteros, El planeta de los simios…

El boceto de la cápsula de hibernación de la nave Nostromo muestra, superpuestas, las dimensiones de una persona dentro del aparato.

 

En la sala de los trajes. Desde las dos vitrinas se miran, a la izquierda, los trajes del pasado, con películas como “Gladiator”, “Los tres mosqueteros” o “El último emperador” y, a la derecha, “Los cuatro fantásticos”, “X-Men”, “Los juegos del hambre”, “V” o “El planeta de los simios”.

Hay prótesis, máscaras y reproducciones de látex y resina de El señor de los anillos, Expediente X, El planeta de los simios, 300 y algunas piezas realmente curiosas como uno de los 10 ídolos de oro, creados en los estudios Elstree, que Indiana Jones intercambiaba con escaso éxito por un saco de arena, justo antes de la épica escena en la que corre despavorido delante de una gigantesca bola de piedra. Eso era en El arca perdida, pero también hay una curiosidad de Indiana Jones y la calavera de cristal: la cabeza de Francisco de Orellana que descubren padre e hijo dentro de una momia, modelada en látex y con los pelos insertados uno a uno. Choca verla al lado de una inquietante cabeza de la agente Scully para un capítulo de Expediente X.

¿Bitelchus?

 

Cabeza de la agente Scully para un capítulo de Expediente X.

Es mucho lo que hay para sorprenderse. Muchas de las películas que han formado parte de nuestra propia historia tienen allí un pedacito de su alma, algún objeto que recuerda que la magia del cine es también su ficción, la efímera ilusión de algo que nos impacta como la realidad, pero que no lo es. Objetos de mentira que enfatizan el engaño. Vistos de cerca pierden el impacto de la imagen y la fotografía que muestran en las películas, pero ofrecen ese otro (grato) impacto que produce saberse engañado. La próxima vez -te dices- que vea la película ya no será lo mismo. No, no será lo mismo, porque entonces tendrás el secreto placer de saber que, en realidad, Robert Pattinson no mete su propio brazo en la jaula de los leones en Agua para elefantes, sino un brazo falso. Un brazo que tú has visto.

En el panel de la izquierda se muestran storyboards, bocetos y guiones originales de diversas películas.

Pero, sin duda, una de las estrellas del museo se encuentra detrás de una cortina con un cartel, alertando de que es mejor que los niños y las personas sensibles no entren ahí. Desde fuera se oyen los gruñidos y el ruido de las cadenas, y al entrar está ahí, la auténtica reina alien. En su momento los efectos especiales estuvieron a cargo de los estudios Stan Winston, y se movía con la ayuda de dos personas que la manejaban desde el torso y mediante mecanismos de control remoto. Durante 18 años durmió en algún almacén hasta que volvió a usarse, en 2004, para la película Alien vs Predator, entonces fue cuando se incluyeron nuevos mecanismos. La figura que se mueve y ruge en el museo es totalmente animatrónica, preprogramada por ordenador. Dan y su equipo tardaron un año en restaurarla y prepararla para exhibirla en su actual sala de museo, junto a una casi desapercibida figura de Predator.

Con ustedes, la reina alien muy de cerca.

El mundo en pequeño

Las dos últimas salas están dedicadas a las miniaturas, aunque sólo la última, la 8, es la que alberga las obras de Dan Ohlmann. De entrada hay una selección de obras en miniatura de diversos autores, una es la artista francesa Michelle Leboutellier, creadora de mobiliario, objetos y decorados que recrean en pequeño escenas de la vida diaria. Pero también hay otras de Ronan Jim Sevellec o Michel Pérez, con lugares tan particulares como un vagón de metro, un estudio de arquitectura, una barbería o una decadente piscina interior. Los juegos de iluminación y perspectiva son tan hábiles que podrías fotografiar los escenarios y hacerlos pasar por lugares de la vida real.

Iluminación, perspectiva y una habilidad excepcional están detrás del realismo de este taller en miniatura.

 

Este vagón de metro no tiene más de 25 cm de ancho.

La exposición también recoge diversos objetos miniaturizados de todo todo el mundo: trajes, zapatos, microscopios, guerreros samurais, orfebrería americana en plata y bronce, troquelados, pinturas, muñecos y algunas figuras que hay que mirar a través de una lupa para apreciar todos los detalles.

Para poder ponerte estos zapatos tus pies deberían medir poco más de 1cm.

 

Existe el barco dentro de la botella y la barca dentro de la bombilla.

Ya en la sala 8, las recreaciones hiperrealistas de Dan Ohlmann  son, al mismo tiempo, reducidas y enormes. El propio Dan se ha retratado dentro de una de estas reproducciones, una impresionante sala en miniatura que muestra el interior de un museo de Historia Natural. Hace unos años el nombre de Ohlmann se dio más a conocer por una reproducción casi perfecta del emblemático restaurante parisino Maxim’s y, si tu poder de observación te ayuda a quedarte con la cara que aparece en las fotos de la entrada, es más que posible que te sorprendas encontrándote al propio Dan paseando por las salas del museo.

A pesar de ser un museo en miniatura, una persona cabe dentro de esta sala si queda en cuclillas.

 

Miniatura de la “Máquina del tiempo” realizada por Dan Ohlmann.

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