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La computación en la nube ofrece diversas posibilidades a las empresas

Cloud computing, ¿es para mí?

En tecnología hay tendencias que algunas veces llegan para quedarse y otras son una moda pasajera que se olvida en cuanto llega la siguiente. Durante los últimos años se ha hablado mucho del cloud computing o computación en la nube y, sin embargo, en muchas ocasiones no está claro a qué nos referimos con el término cloud. Uno de los motivos es que bajo ese paraguas se engloban numerosas tecnologías que tienen en común el uso de Internet para prestar un servicio que, anteriormente, se ofrecía en la infraestructura de la propia empresa.

El otro motivo es que cloud es una palabra de moda y nadie quiere quedarse fuera de ella. Parece que si no eres cloud no eres nadie, así que numerosas empresas han corrido a colgarse esa etiqueta. En la mayoría de los casos, adaptando sus productos si era necesario y, en otros, utilizando el término en un sentido laxo con fines promocionales.

Sin embargo, en un sentido más estricto, la computación en la nube se basa en la virtualización de infraestructuras, de manera que el usuario se pueda desentender de la tecnología que hay detrás. La nube en sí es una metáfora, utilizada desde hace mucho tiempo en gráficos y esquemas para referirse a lo que sucede en Internet y cuyo detalle fino no es necesario conocer para entender cómo funciona el servicio o protocolo explicado.

Así, un administrador de sistemas se puede olvidar de elegir sus servidores en base a las necesidades futuras. Contrata lo que necesita en el momento con la garantía de que sus sistemas podrán crecer si es necesario sin hacer una gran inversión inicial, sin migraciones a servidores más potentes llegado el caso y reduciendo también los costes de administración: muchas de las tareas necesarias para que los servidores funcionen las lleva a cabo el proveedor y los responsables técnicos de la compañía se centran en lo que es vital para ella, ya sea una web, gestionar miles de cuentas de email o almacenar información confidencial de forma segura.

No hay que prever los recursos necesarios, se pueden aumentar bajo demanda

Por poner un ejemplo, una empresa que necesita disponer de servicios básicos como el correo y la web, y tiene previsto un uso que excede el de un simple hosting, tendría que instalar dos servidores, con suficientes recursos para cubrir sus necesidades presentes y futuras o, al menos, con la capacidad de ampliar sus recursos más adelante. Sin embargo, es posible que inicialmente le sirva con una configuración muy básica. En un sistema cloud, el administrador puede contratar el número de núcleos (cores) de procesador que necesite, así como la memoria RAM y espacio en disco que considere. Después, puede repartir esos recursos entre las máquinas, contratar más y, en muchos casos, hacer un downgrade si descubre que ha calculado por encima de sus necesidades.

Además, incluso es posible no hacer una previsión exacta de los recursos necesarios. Algunos proveedores ofrecen un sistema de pago por uso. Si tus necesidades crecen, el servicio se ajusta automáticamente. Por el contrario, durante los momentos en que hay una demanda de servicio menor, se consume menos. La facturación se hace en base al uso total realizado durante el mes. Este modelo es frecuente en los servicios de infraestructura en la nube, de los que hablaremos más adelante.

Tres tipos de servicios cloud

Seguramente hayas visto estas siglas en alguna ocasión. Se refiere a tres tipos de servicios que se ofrecen en la nube y que varían en cuanto al uso y a la complejidad del servicio. Aunque hay servicios que pueden englobarse en varias categorías y, en muchas ocasiones, son complementarias, te explicamos los tipos de servicios existentes:

Más opciones para el usuario

Otra de las tendencias que han llegado a la empresa es Bring Your Own Device (BYOD), que consiste en dar libertad a los usuarios para trabajar con sus propios dispositivos. Un quebradero de cabeza para los administradores, que deben dar soporte a numerosos modelos y sistemas operativos.

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La compatibilidad de la mayoría de servicios de software en la nube con Android, iOS y Windows Phone facilita que las empresas puedan permitir a los empleados que lo deseen utilizar su smartphone o tablet sin que la configuración y compatibilidad del software represente un inconveniente.

Software as a Service (SaaS), el Software como un servicio

Es uno de los usos más cotidianos de la computación en la nube. De hecho, todos utilizamos frecuentemente herramientas como Gmail para leer correo, Google Drive y Office 360 para editar documentos online o sus equivalentes en otros proveedores.

La diferencia con el software convencional reside en el hecho de que este software está online y, por tanto, siempre se dispone de la última versión. Aunque se pague mes a mes (o año a año), el ahorro se produce al no tener que actualizar a nuevas versiones del software o, simplemente, en tiempo de trabajo, ya que los administradores no necesitan instalar parches o actualizaciones en todos los equipos de la empresa.

Además, este tipo de servicios puede hacer que el hardware dure más. En muchas empresas se renuevan equipos destinados a un uso de oficina básico para que las nuevas versiones de programas funcionen. Utilizar estos programas en el navegador hace que el tiempo de vida de los PCs se alargue hasta que realmente estén obsoletos.

Otra de las ventajas es lo simple que resulta escalar este modelo. Si son necesarias más cuentas de usuario, se añaden y se paga por ellas. Si, por el contrario, la empresa ya no necesita disponer de tantos usuarios estos se pueden cancelar.

Los costes resultan bastante asequibles: la versión básica de Google Apps cuesta 40€ al año por cada usuario e incluye 30 GB de almacenamiento, el mismo interfaz de correo que utiliza Gmail, calendarios, edición de documentos, etc. Es decir, lo que ofrece una cuenta particular de Google, pero trabajando con el dominio de la empresa, con las herramientas para colaborar con otros empleados funcionando desde el primer momento y controlado por el responsable de IT de la empresa.

El otro gran proveedor de este tipo de servicios es Microsoft, que ofrece suscripciones desde unos 12 € al mes por usuario. Incluye 50 GB de espacio, correo profesional y Office 365 en la nube.

No todo es  correo y aplicaciones ofimáticas, también es posible utilizar software mucho más específico: CRMs como Zoho o Sales Cloud de Salesforce permite gestionar la relación de un equipo comercial con los clientes. Salesforce y Microsoft también disponen, completamente gratis, de sistemas de red social para usar dentro de la empresa. Chatter y Yammer son algo así como un Facebook privado en el que intercambiar información. Aunque algunas empresas nunca llegan a sacar partido de estas herramientas (más allá de ver fotos del último viaje del jefe y leer comentarios pelotas), bien empleadas son herramientas que ayudan a gestionar tareas y a compartir información de forma bastante natural.

 Infrastructure as a Service (IaaS), háztelo tú mismo

Otra forma de utilizar servicios en la nube es infraestructura como servicio. En este caso, en vez de ser una aplicación cerrada y lista para usar tras una sencilla configuración, lo que se encuentra en la nube es una infraestructura que puede utilizarse para lo que cada empresa necesite.

PLESK, Un panel para controlarlos a todos

Un panel para controlarlos a todosAunque hay diversos paneles que permiten administrar las máquinas creadas en un servidor cloud, el más utilizado y probablemente el más completo es Plesk.
Plesk, el panel del software de virtualización Parallels, permite gestionar los recursos más habituales de un servidor: servicios web, ftp, correo, dns… también ayuda a monitorizar el estado del servidor en cada momento, incluso desde una app móvil.

Este es el modelo que ofrecen los proveedores de cloud hosting. El usuario contrata los recursos que necesita y los reparte entre el número de máquinas que necesite. Tiene la garantía de que podrá hacer crecer de forma casi ilimitada estos recursos sin necesidad de cambiar nada. Inicialmente es algo más caro que otros tipos de hosting, pero evita la necesidad de tener que migrar a un plan superior o a una máquina con más recursos cuando estos hacen tope. Además, ofrece más flexibilidad que los hosting compartidos y puede resultar más sencillo de administrar que un servidor dedicado. Suele disponer de CPanel o de Plesk para administrar las máquinas creadas.

Otro caso típico de infraestructura en la nube es el del almacenamiento de datos. Puedes encontrar servicios como Amazon S3, cuya finalidad es servir de forma eficiente grandes cantidades de datos en Internet. En este caso, una de las grandes ventajas de utilizar la red de Amazon es que está repartida por diferentes lugares, de manera que la información está disponible en diferentes nodos y se puede servir a cada usuario desde el punto más conveniente. Además, si un nodo se cae, no se interrumpe el servicio.

Amazon ofrece diferentes modalidades de esta herramienta que pueden servir tanto a pequeñas web como a servicios con tanta demanda como Netflix, que sirve cada día millones de horas de vídeo por streaming a sus usuarios. Muchas webs utilizan servicios como S3 para distribuir determinados contenidos. Por ejemplo, es posible que una web se sirva desde el servidor contratado por la empresa y que no dispone de muchos recursos, pero que contraten el servicio de Amazon para ofrecer vídeo en streaming o descargas de archivos de gran tamaño rápidas y sin consumir los límites de transferencia del hosting de la web.

Por supuesto, hay múltiples alternativas a Amazon S3. Muchos sitios utilizan uno de estos CDN (Content Delivery Network) para alojar sus imágenes. De este modo, el servidor principal funciona muy rápido (sólo sirve textos y scripts) y también lo hacen las imágenes, ya que se cargan desde una red pensada para ser muy eficiente.

Platform as a Service (PaaS), programando para la nube

Es una forma intermedia de ofrecer servicios en la nube que suele complementar a IaaS. La idea es que se contrata un servicio que proporciona una interfaz de programación (API) que permite a los desarrolladores de software crear su código para aprovechar esa plataforma que está por debajo. Google dispone de una plataforma para Google Apps, y Microsoft Azure proporciona también un sistema para que los desarrolladores creen sus aplicaciones en la nube utilizando también la infraestructura de Microsoft y que incluye desde servidores de bases de datos online hasta sistemas para procesar big data (HDInsight).

En estos casos, es habitual que el modelo de pago sea por uso, basado en las horas de procesador que se utilicen al mes. Los proveedores suelen especificar el precio por hora y, como referencia, el cálculo mensual en base a un uso medio.

Los costes de los servicios en la nube, como puedes ver, varían mucho en función del tipo de servicio de que se trate. Desde una cuenta de pago de Dropbox (10 $ al mes por 100GB) o utilizar el correo y las aplicaciones de Google para una pequeña empresa (40 € al año por cuenta) hasta infraestructuras para aplicaciones complejas que pueden costar miles de euros al mes, y ahorrar grandes cantidades de dinero.

¿Es para mí?

Si llegados a este punto ninguno de los servicios mencionados (o alguno de los muchos que no hemos desarrollado) te ha parecido interesante, es posible que tus necesidades no pasen por utilizar servicios en la nube. Lo más normal es que hayas descubierto que utilizas ya alguno, aunque sea de forma muy básica.

Sin embargo, incluso si tus necesidades son pequeñas, hay algunas preguntas que debes plantearte para decidir si te compensa mover algunos de tus servicios a la nube.

¿Dedico mucho tiempo al mantenimiento de software? En muchos departamentos de sistemas el trabajo se concentra en resolver problemas, más que en administrar los servicios. Si este es tu caso, es posible que te compense llevarte algunos de estos servicios a la nube.

¿Qué sucede si ese servicio deja de funcionar? La mayoría de proveedores de servicios en la nube ofrecen una fiabilidad muy alta y rara vez fallan. Posiblemente un servicio administrado dentro de la empresa no vaya a mejorar en ese aspecto pero, ¿qué pasa si falla la conexión de la empresa durante unas horas? Si el resultado va a ser parecido al que obtendrías si el servicio fuese interno, no supone un problema. Si, por el contrario, las consecuencias pueden ser catastróficas, quizá el cambio no es la mejor opción. Un ejemplo del primer caso es utilizar un servicio de correo externo, mientras que una posible “consecuencia catastrófica” puede ser un servicio que permita a los médicos acceder al historial de sus pacientes.

Tener los servidores en un datacenter permite crecer de forma casi ilimitada en segundos.Tener los servidores en un datacenter permite crecer de forma casi ilimitada en segundos. Foto: Robert Scoble

¿Puedo ceder mis datos a otras empresas? En general, todos los servicios garantizan la confidencialidad. Aún así, es posible utilizar cifrado para asegurarte de que los datos no están al alcance de nadie sin permiso. Por otra parte, hay datos personales cuyos requisitos legales dificultan que se alojen en determinados servidores: atención a los servicios alojados fuera de la UE, ya que podrías incumplir la LOPD si almacenas en ellos datos personales. En el caso de los proveedores de EEUU, existe un certificado llamado Safe Harbor que garantiza que cumplen con los requisitos europeos en esta materia y puedes contratarlo en las mismas condiciones que a un proveedor europeo.

¿Cuánto dinero me voy a ahorrar ahora? ¿Y en el futuro? Puedes calcular el ahorro que supone en meses o años respecto al modelo convencional con facilidad. También es interesante calcular qué coste tendría en cada caso el servicio si se prevé un crecimiento en el recurso que estás evaluando. Si se trata de correo, el número de empleados; en el caso de la web, la cantidad de tráfico que se espera recibir más adelante, etc. Aunque en estos casos es posible cambiar de proveedor o sustituir los servidores por otros más potentes, las migraciones pueden llevar mucho tiempo y no están exentas de riesgos. En una infraestructura cloud, es tan fácil como asignar más recursos al servidor en cuestión y éste se adapta a la nueva configuración inmediatamente.

En definitiva, parece que las infraestructuras y otros servicios tienden a externalizarse. Esta tendencia puede ahorrar costes de personal (o dedicarlo a las tareas más importantes de la empresa) y de infraestructuras. Además, facilita el crecimiento de la empresa sin grandes inversiones y complejas migraciones cada vez que la estructura actual hace tope. Por supuesto, ttambién hay soluciones que los pequeños negocios pueden utilizar y que les harán el día a día más fácil.

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