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Merece la pena buscar y leer "El periodista matemático" de Fernando Blasco

Cómo entender las matemáticas de la vida cotidiana

“El periodista matemático” es un libro que posiblemente te resulte difícil encontrar, pero con el que podrías comprender las matemáticas del día a día.

Imagina por un momento que estás, como cada mañana, leyendo la prensa. A tus ojos saltan llamativos titulares que hablan de economía, política, educación, cultura o deportes. A simple vista sólo hablan de la subida del euro frente al dólar, el uso del DNI electrónico en España, la detención de un grupo de mafiosos en Italia, el turismo en Egipto o la Eurocopa, pero detrás de cada una de esas noticias hay una clave matemática, una clave que ayuda a entender el acontecimiento del que estamos leyendo de una forma que no habíamos visto antes.

“El periodista matemático” (Temas de hoy) no es un libro para simples curiosos, sino para verdaderas mentes inquietas que desean saber qué hay detrás de las cosas y responder a una pregunta que nos hemos hecho todos en el colegio: “¿Para qué sirven las matemáticas?”

Está escrito por Fernando Blasco (a quien conocerás por esta entrevista), profesor de Matemática Aplicada en la Politécnica de Madrid, y uno de los pocos y mejores matemagos (y mejor persona) que tenemos en este país. La única edición que se ha sacado de este libro es de septiembre de 2009, y ahora es casi imposible encontrarlo de primera mano. Una verdadera pena que los editores deberían tener en cuenta.

Abre el periódico y descubre las matemáticas

Es el periódico como podría ser cualquier otra cosa o circunstancia. Cuando los matemáticos afirman, casi con vanidad, que las matemáticas están en todo, ni mienten ni exageran. Es evidente que hay matemáticas en las construcciones o en las finanzas, pero también las hay en la alimentación, la lingüística, el cine, el matrimonio y la Historia. Descubrirlo es la misión.

Todos hemos oído hablar de una teoría que dice que todos los seres del planeta estamos conectados, y que sólo tenemos 6 grados de separación con cualquier persona en la que se nos pueda ocurrir pensar. Una idea nacida del sociólogo Stanley Milgram en los años sesenta (persona de la que ya os hablamos en el reportaje “El peligro de no pensar por uno mismo“.

Jugando a establecer patrones de conexión, también el matemático Casper Goffman propuso a finales de la década de los 60 lo que se conoce como “número de Erdös”, en referencia al matemático húngaro Paul Erdös. Este número vincula entre sí a los matemáticos según hayan escrito artículos con Erdös, con alguien que haya escrito artículos con él, con alguien que haya escrito artículos con alguna persona que haya escrito algún artículo con él y así sucesivamente.

De Milgram y Erdös pasamos al actor Kevin Bacon, sobre el que se ha creado un juego, El oráculo de Bacon, consistente en encontrar conexiones entre actores que hayan actuado con él o que hayan actuado con alguien que haya actuado con él.

Al final, este juego de “parentescos” y sus números son los mismos que hay detrás de los sistemas de recomendación de “amigos” de las redes sociales. Con estos números se pueden crear redes de nodos con las que hacer simulaciones y ver cómo, por ejemplo, distribuir y organizar las señales de tráfico para evitar accidentes.

Fernando Blasco desarrolla este entramado de números y relaciones en el capítulo 14 de su libro, y todo a partir de una noticia real en la que aparece el actor Kevin Bacon como una nueva víctima de Madoff. Y desarrolla cada apartado a través de anécdotas, juegos y cuentos. Así que, ¿hay o no matemáticas en todo?

Tan esenciales como la Historia

Lejos de someterse a la tiranía del titular, cada uno de los capítulos se despliega de esa misma manera, estableciendo vínculos con otras muchas cosas, propiciando la siempre difícil tarea de hacer ver al lector que las matemáticas no son sólo números, sino también esas curiosas redes que enlazan unas circunstancias con otras y que obedecen a leyes que poco a poco se van revelando.

Así, uno de los capítulos más significativos (al menos para mi) es justo el primero. A partir de una noticia del 28 de febrero de 2009 en la que se anuncia que Obama da por terminada la guerra de Irak, Blasco entra a recordarnos que sin la Historia, no tenemos identidad ni raíces.

Aunque a la mayoría de la gente la Historia le importa un soberano pimiento, salvo cuando puede servir para justificar sus propias opiniones (no siempre contrastadas ni reflexionadas), y preservar el legado de personas que llevan muertas más de 200 años no es algo muy valorado en los presupuestos gubernamentales, lo cierto es que somos los que somos gracias a ellos. No recordarlo, no valorarlo y, sobre todo, no enseñarlo, es justamente lo que nos conduce hacia integrismos como el que destruyó los budas gigantes de Bamiyán.

No muy diferentes son las vanidades del ejército de EE.UU. casi al mismo nivel de los talibanes de Irak. Ellos situaron su campamento estratégico sobre las mismas ruinas de la antigua Babilonia, destruyendo restos milenarios de una de las cunas de las matemáticas, un lugar donde ya usaban una aproximación a π y conocían lo que nosotros llamamos “teorema de Pitágoras”. Ellos nos legaron la medida del tiempo que hoy usamos y del que provienen los grados sexagesimales con los que, sin duda, ambos bandos hicieron sus destructivos cálculos.

Por todo esto, lector, si cae en tus manos este libro, no dejes de apreciar las numerosas incursiones que Blasco hace en nuestra Historia. No en la Historia de un pueblo particular, sino de toda la Humanidad. ¿Cómo podemos aspirar a vivir en un mundo sin guerras, odios ni conflictos si no aprendemos a ver la Historia que compartimos? En las matemáticas hay mucho de eso, en nuestro día a día, sólo hay que saber verlo.

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