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¿Por qué vibramos con la música? ¿Por qué hay melodías capaces de unir a la gente? ¿Por que habría que enseñar música a todos los niños?

Cómo influye la música en el cerebro, la educación y la vida

Según Pablo García Castillo, decano de la facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca, filosofía y música “tienen un origen común, en cuanto significaban búsqueda de la verdad, aunque una, la música, es una búsqueda que arranca del deseo irracional del ánimo, que encuentra en la armonía su perfecto equilibrio, mientras la otra, la filosofía, es una búsqueda que realiza la inteligencia y se traduce en una vida prudente. Ambas buscan el equilibrio, ambas tienden a la justicia“(1).

La música, como materia académica, ha ido quedando, en el mejor de los casos, relegada a que los niños toquen (con mayor o menor habilidad) “Mi tío” o “El romance del conde Olinos” a la flauta. El aprendizaje de la música queda entonces marginado a las clases extraescolares de quien pueda permitírselas, a los estudios de Conservatorio o al afán autodidacta de los interesados. Pero la música es mucho más.

Aunque tradicionalmente se mete dentro de las artes, la música engloba filosofía, matemáticas, psicología, neurología y la forma misma en que las personas sienten, expresan y viven sus vidas. Las formas musicales están asociadas al hombre desde su aparición como tal sobre la faz de la Tierra, y desde ese mismo momento nos ha acompañado en la celebración de la vida, en los duelos, en rituales y ceremonias, cuando amamos y cuando sufrimos, nos acompaña en nuestra soledad y nos hace sentir parte de un grupo humano.

La música y el cerebro

Según en neurólogo y neurocientífico argentino Facundo Manes, una de las teorías que apuntan al por qué del comienzo de la música estaría en que el ritmo nos hace movernos juntos, bailar juntos, y de alguna manera eso supondría un beneficio evolutivo al hacernos actuar de forma más altruista y unida. Manes explica también que la música es uno de los elementos más placenteros de la vida, y se desarrolla en un circuito cerebral que gestiona las respuestas físicas ante estímulos emocionales.

Hablamos realmente de placer físico, además de emocional. Según el neurocientífico Robert Zatorre, la música estimula la liberación de dopamina directamente desde las zonas del cerebro asociadas a la generación del placer. La reacción que produce se percibe fisicamente como un escalofrío o una conmoción. Al mismo tiempo, el cerebro almacena en un archivo todas las melodías que conoce, y eso le permite desarrollar también la capacidad de anticipar acciones.

Aunque ambos hemisferios cerebrales son complementarios, hay algunas funciones que se gestionan específicamente por uno de ellos. Así, en el hemisferio derecho encontramos la integración de las funciones asociadas a los sentimientos, las sensaciones y las habilidades artísticas. Es el responsable de informarnos de nuestra orientación espacial y de cómo percibimos los colores, las formas y los lugares. Es, en definitiva, el integrador de las distintas informaciones que recibe a través de sentidos y emociones, englobándolos en una sola cosa. Por su parte, el hemisferio izquierdo gestiona el habla, la escritura, la lógica, las matemáticas y la numeración. Lo interesante es que la música se procesa en ambos hemisferios, y se vincula tanto a lo artístico como a la capacidad integradora, al desarrollo del habla y a las matemáticas, entre otras cosas.

https://www.youtube.com/watch?v=AUT9UTVrwp8

Se ha demostrado que los bebés son capaces de responder antes a determinadas melodías que a la voz de sus padres. La razón podría estar en que la música permite establecer una comunicación más emocional que la meramente semántica, justamente por su capacidad para activar simultáneamente distintas áreas del cerebro. La música puede transmitir emociones de forma mucho más eficaz que las palabras. El sistema límbico, responsable de las emociones, está fuertemente vinculado a las áreas del cerebro donde se reconocen el ritmo y la melodía.

Petri Laukka es un especialista en psicología musical de la Universidad de Estocolmo. Para él y sus colegas es un misterio cómo, a pesar de que todo el mundo evita las cosas tristes, existe cierto disfrute en escuchar música triste, porque aunque es un sentimiento que nos produce dolor, a través de la música el sentimiento no se asocia a un dolor real y traumático, sino que de alguna manera potencia los sentimientos positivos de las personas. La conclusión de los investigadores en este caso es que cuando escuchamos música triste lo hacemos para sentirnos mejor (2).

https://www.youtube.com/watch?v=JiMaMDRun9w

No deja de ser significativo de la importancia de la música que sea el área del cerebro donde se alojan los recuerdos musicales, la menos dañada por la el Alzheimer, según estudios del Instituto Max Planck de Neurociencia y Cognición Humana. Las canciones que emocionaron a los enfermos en otros tiempos se siguen recordando aunque la persona no sea capaz de reconocer a sus hijos o de recordar su nombre. Según los científicos eso se debe a que los recuerdos más perdurables son los que vivimos relacionados con una emoción intensa, y ese papel lo cumple a la perfección la música.

Pero la cosa llega mucho más allá. El cerebro de los músicos es diferente (3). La materia gris en las áreas auditivas, motoras y de visión espacial es mucho mayor en tamaño y cantidad en los músicos que en el resto de la gente. De hecho después de pasar más de 20 años estudiando las imágenes de resonancia magnética del cerebro en distintas profesiones, los científicos quizá no podrían diferenciar el cerebro de un matemático del de un escritor, pero el cerebro de los músicos es inconfundible. Además de un aumento en las áreas mencionadas, la memoria musical y la verbal también es más potente. Y ni siquiera es necesario que se trate de profesionales de la música, el cambio ya es evidente en las personas que han recibido algún tipo de formación musical durante su infancia o juventud.

https://www.youtube.com/watch?v=bjQc0kyuUwQ

Básicamente la formación musical reorganiza el cerebro y multiplica las interconexiones neuronales entre áreas diferentes del cerebro. Hasta tal punto es así que los científicos empiezan a pensar que el virtuosismo y la genialidad es fruto de una exposición temprana a la música, y no necesariamente algo innato. Evidentemente se puede nacer con predisposición, pero el papel del aprendizaje musical en la modificación del cerebro empezaría a verse como algo mucho más relevante de lo que hasta ahora se pensaba.

De alguna manera la música actúa como unificadora y armonizadora, ya sea entre los dos hemisferios o como vínculo entre las distintas áreas cerebrales, pero también es capaz de vincular entre sí el cerebro de otras personas. Investigaciones del Instituto Max Planck (4) han descubierto que cuando varios músicos ejecutan una pieza musical en conjunto, sus cerebros se sincronizan entre sí, creando una especie de red de cerebros, aparte de las propias redes interneuronales que generan en sí cada uno de los intérpretes.

La música debe ser disfrutada antes que comprendida

No es fácil conocer el grado de emoción que surge en las personas al escuchar música. Tampoco hasta qué punto esas emociones conmueven las fibras profundas del ser. La ciencia es capaz de medir y analizar lo que se ve, pero la música no se ve, vive gracias al aire, e influye en otras partes no tangibles del ser humano. Para acercarnos a esos intangibles de la música estuvimos hablando con Josep María Prat, presidente de GroupCamera, el grupo que organiza las temporadas musicales de Ibercamera en Barcelona, Ibercamera Girona, la Filarmónica en Madrid y el Ciclo de Grandes Conciertos en Vitoria.

TNL: No se concibe la historia de la humanidad sin música. Se sabe que la hubo, de una u otra forma, casi desde el principio de las sociedades pero, ¿qué tiene la música clásica que la ha hecho perdurar?

El término música clásica nos es útil a todos para su identificación pero desde el punto de vista conceptual es inexacto. La música se ha transmitido y se transmite aún por vía oral y tenemos ejemplos vivos como es la música tribal africana o nuestro flamenco y se transmite también por vía escrita a través de la escritura de notación musical. La música clásica es un patrimonio cultural de la civilización eurocéntrica. Esta enorme civilización que se extiende por Europa, América y Oceanía ha creado una unidad cultural y religiosa. Beethoven adquiere el mismo significado en Madrid que en Copenhagen, Reykavik, Cincinatti, Buenos Aires o Brisbane.

TNL: ¿Qué identifica la música clásica como tal? ¿A qué se le llama música clásica?

El calificativo de clásico podríamos igualarlo a “perdurable” o “aceptable” universalmente pero lo más interesante y extraordinario es que ninguna obra de arte nace clásica en si misma, sino que este calificativo o esta definición se la otorga el observador, el espectador o el oyente. Desde un punto de vista musical se considera la música clásica como la escrita en Viena entre (s.XVIII-XIX) y principalmente por los compositores como Mozart, Haydn, Beethoven. Es tal la importancia de la música que se produce en este periodo que el calificativo de clásico ha acabado abarcando a todos los periodos anteriores y posteriores: barroco, romántico, nacionalista…

TNL: Existen publicaciones que hablan de la influencia de la música de Mozart en el desarrollo de la inteligencia en los niños y hasta de los efectos de la música clásica en el crecimiento de las plantas, ¿qué piensa que es lo que realmente aporta la música clásica que no hace ninguna otra?

Yo creo que toda la música en lo que tiene del lenguaje abstracto y universal, tiene un gran valor formativo y educativo. Quizás en la música clásica lo que sucede es que esa abstracción y universalidad adquiere la máxima riqueza y complejidad.

TNL: ¿Cree que es determinante haber tenido en la infancia un referente que te ayude a amar la música, ya sea un profesor o un familiar? ¿Cómo se puede acercar la música a los niños?

En el mismo enunciado de su pregunta podemos encontrar el origen del problema. La música, como cualquier disciplina artística debe ser antes disfrutada que comprendida. Acudir a un concierto no debe ser una actividad intelectual a la que debes acudir preparado o con conocimientos previos. Hay que acercar a los niños a cualquier tipo de música y familiarizarlos con el lenguaje musical con la misma naturalidad con la que nos acercamos a un idioma.

TNL: Existe el tópico de que las actividades musicales clásicas son valoradas por la gente de dinero, y sólo ellos pueden permitirse el lujo de asistir a conciertos. En la Filarmónica, por ejemplo, tienen precios especiales para familias y jóvenes, ¿cree que han logrado realmente aproximar la música clásica a todo tipo de públicos?

La calidad del concierto como acto musical supremo no depende únicamente de la preparación y talento de los músicos, depende también de la calidad del público. Cuanto más plural y transversal sea el público, más posibilidades tenemos de que sea de calidad. La música es para los que la aman y es nuestra obligación conseguir que no se quede gente fuera de nuestros conciertos por razones económicas. Toda la actividad musical filarmónica se sostiene sobre los abonados, que son aquellas personas que amando la música adquieren un compromiso que permite su sostenibilidad. La respuesta que La Filarmónica ha obtenido en sus tres años en Madrid es extraordinaria, emocionante. Dice mucho de la calidad de la afición musical de esta ciudad.

TNL: La carrera de música es la más larga del mundo, ¿qué distingue a un buen músico de alguien que simplemente (que tampoco es poco), ha alcanzado un nivel técnico impecable?

La musicalidad es una condición inherente a la personalidad del artista. Una buena interpretación necesita de un buen proceso intelectual. A partir de aquí es la percepción del espectador el que otorga el valor artístico a un concierto.

TNL: Tenemos la 5ª Sinfonía de Beethoven, ¿por qué la experiencia no es igual si la dirige Ricardo Mutti o si lo hace Claudio Abbado? ¿Qué han logrado hacer ellos que transforman las mismas notas en algo único?

El hecho extraordinario y el que nos hace a todos afortunados es que contamos con esa maravilla que es la Quinta Sinfonía de Beethoven que puede ser interpretada de forma sucesiva, complementaria e incluso contrapuesta por muchos músicos a lo largo de la historia. Este es el milagro.

TNL: ¿Qué le puede aportar a un niño o a un joven la experiencia de vivir un concierto en directo que no le va a dar nunca algo como una PSP?

Asistir a un concierto es un acto voluntario que exige concentración. Es un lugar de encuentro donde compartes la experiencia con otras personas. Es un proceso humano y artístico tan enriquecedor que es ofensivo compararla con una Play Station…

TNL: ¿En qué beneficia y en qué perjudica a la música su industrialización y explotación comercial?

La música debe ser interpretada con espíritu al servicio y fidelidad al mensaje del compositor que está escrito en la partitura. Si se cumple esta premisa no tiene ninguna importancia el procedimiento industrial o comercial que se utilice para organizar el concierto.

TNL: Muchos padres fuerzan a sus hijos desde pequeños a asistir a clases de música, pero dada la dedicación que exige, puede llegar el momento en que si al niño no le gusta, por mucho que domine el instrumento no logre transmitir nada con él. ¿Cómo se produce la transformación del estudiante en músico?

Esa transformación sólo se produce si en el alma del niño hay la semilla del amor a la música y al arte. Si no es así, es inútil forzar.

TNL: Última cuestión. En un artículo suyo titulado “Furtwängler tenía razón”, concluye diciendo, y cito: “En los principios de mi trayectoria Sviatoslav Richter me reprendió severamente con la siguiente observación: “No olvide que nosotros no estamos aquí porque yo sea un pianista y usted un organizador sino por Schubert, Mahler y Beethoven”.  Es posible que al final de esta crisis se produzca un renacimiento en la vida musical. Es deseable que la música deje de ser un producto de consumo de lujo para recuperar su papel esencial de alimento espiritual,  de goce para los sentidos y de ejercicio intelectual saludable. Nuestros gobernantes deberían darse cuenta, que más allá de un mero entretenimiento, la música puede ser un elemento extraordinario para conseguir lo primero que necesitamos para salir de esta crisis: mejorar nuestro estado de ánimo”. ¿Es ese el objetivo al que pretende acercarse La Filarmónica, volver a hacer de la música un alimento espiritual y no un artículo de lujo?

La música debe ser siempre un elemento espiritual. Convertirla en un producto de lujo la acabará encareciendo de tal manera que impedirá que mucha gente se pueda acercar a ella. Por esto en todas nuestras temporadas procuramos siempre establecer un arco de precios y posibilidades de acceso lo más amplio y flexible posibles. La calidad y el amor a la música de un espectador no se mide jamás por su nivel de cuenta corriente.

La música y la salud

Si antes asociábamos la música con el sentirse mejor, incluso con canciones tristes, y veíamos que es uno de los pocos recuerdos que se resisten a desaparecer de la memoria de los enfermos de Alzheimer, es porque también está asociada a la salud y el bienestar. La base de la musicoterapia, cuando se aborda desde el punto de vista científico, es una herramienta muy útil para trabajar a mantener o recuperar las funciones cognitivas de las personas, así como su equilibrio emocional y físico.

Se ha probado también con éxito el uso de la música en el tratamiento de lesiones y trastornos cerebrales. La música es capaz de activar prácticamente todas las regiones del cerebro, por esta razón incide positivamente en la recuperación de la función del habla, de la comprensión lingüística, las habilidades motoras y el propio movimiento.

El ritmo musical ayuda al físico a encontrar su propio ritmo y a moverlo. Cuanto más marcado es el ritmo, mejor y con más fuerza se mueve el cuerpo. A la hora de trabajar la rehabilitación psicomotriz es mucho más eficaz usar música con ritmos bien definidos, para que los pacientes se introduzcan más fácilmente en el hábito rítmico y recuperen poco a poco la normalidad del movimiento. Hasta el mero hecho de asistir a espectáculos de música y danza se ha demostrado que es bueno para la salud.

Las investigaciones que se han realizado sobre neuroimagen han mostrado que la música estimula las conexiones neuronales en diversas áreas del cerebro vinculadas a las emociones, a lo cognitivo, la sensación, el movimiento y la recompensa. Esto último hace que se perciba como una experiencia satisfactoria, junto con las actividades que se realizan al son de la música. Ni que decir tiene que la actividad física ya es en sí un importante factor para mantener y mejorar la salud, y si va asociada a las emociones positivas de la música, mucho mejor.

También mencionábamos en el apartado anterior que la formación musical reorganiza el cerebro. Aparte de los conocimientos aportados en ese estudio sobre el efecto del estudio de la música, apoya sin duda la vía del poder rehabilitador de la música en el sistema nervioso central. En las resonancias magnéticas funcionales se observa que ante una experiencia musical intensa, prácticamente todo el cerebro se “enciende”. Por eso, cuando existen áreas dañadas o menos desarrolladas, la exposición a la música puede ayuda a que recuperen parte de su actividad.

Asimismo, en estudios sobre el uso terapéutico de la música se investiga hasta qué punto puede beneficiar a los enfermos con depresión, precisamente por su acción sobre el hipocampo, la amígdala o en nucleus accumbens. Todavía se están recogiendo evidencias científicas que apoyen esta tesis, pero donde no parece haber dudas es en caso de las lesiones cerebrales, y donde sigue sorprendiendo es en casos como el de Matt Giordano, que padece síndrome de Tourette, pero que toda la sintomatología desaparece cuando toca la batería.

https://www.youtube.com/watch?v=YibsK-DxFQI

La música y la ciencia

Hace más de 2500 años Pitágoras de Samos habló de la música de las esferas. El filósofo y científico creía que las distancias entre los planetas o esferas se correspondía en proporción con la escala musical. Los planetas más cercanos a nosotros se ejecutaban en los tonos más graves, mientras que los más alejados producían tonos más agudos, y todos juntos, combinando sus movimientos, producían una armonía musical a la que denominó, precisamente, música de las esferas. Como heredero del testigo pitagórico, Platón hablaba también las armonías y sonidos del Universo, considerando además esas esferas como seres vivos con alma y conciencia propias, y el alma del del mundo se correspondía con las proporciones musicales de Pitágoras.

https://www.youtube.com/watch?v=Y-c8W5Bpz_M

Esto no sería más que una bella (y fantástica) teoría de no ser porque hace unos pocos años la NASA captó la música de las esferas. El satélite TRACE (Transition Region and Coronal Explorer) de la agencia americana descubrió que la atmósfera del Sol emitía sonidos. Eran sonidos ultrasónicos en ondas 300 veces más graves que los que es capaz de captar el oído humano, pero ahí están.

https://www.youtube.com/watch?v=KUVY8iQ-cf0

https://www.youtube.com/watch?v=5bbpwhCdVc0

Pitágoras y Platón no fueron los únicos en creer en esta armonía musical del Universo. Kepler ya hablaba de que a mayor rapidez de movimiento, más agudo era el sonido de un cuerpo celeste, y llegó a describir seis melodías correspondientes a los seis planetas conocidos entonces en el Sistema Solar. También Newton y Einstein hablaron de las armonías del Universo y de los planetas.

La ciencia ha tratado también de desarrollar una Teoría de campos unificada  o “Teoría del todo”, que pruebe que las leyes universales son, efectivamente, universales, y deben ser las mismas que rigen el movimiento de los astros las que ordenan la acción de los átomos. De estas ideas es de donde surge la teoría de cuerdas, que deja de concebir las partículas elementales como corpúsculos y las entiende como cuerdas que vibras y “suenan”, por lo que la formación del Universo estaría más cerca de entenderlo desde las longitudes de onda que desde la agregación de partículas (5).

La música es una vía hacia lo bello

María Angustias Carrillo de Albornoz, nacida en Granada, ronda los 80 años. No es compositora, ni intérprete, no ha dado conciertos ni ha participado en ninguna orquesta. Es, simplemente, una enamorada de la música. Hablamos con ella y con su hija Ana Gálvez, de 40 años y licenciada en Sociología, para conocer la experiencia de alguien que considera la música como una de las cosas más importantes de su vida.

Mariangus y Ana

TNL: ¿Cómo comienza tu historia con la música?

Mi relación con la música clásica empieza desde niña en mi casa y luego en el colegio, la verdad es que nunca me ha abandonado y cada vez la disfruto más. En casa solíamos escuchar música en un antiguo tocadiscos “La Voz de su Amo”, al que había que darle cuerda previamente con un manubrio y cambiarle la aguja para cada disco, del que se escuchaba primero una cara y luego la otra. Al ponerlo en marcha, la aguja iba recorriendo sus apretados surcos para extraer la música allí grabada. Esto era para mí algo asombroso: que de aquellos enormes discos negros de pizarra -que iban dando vueltas gracias a la cuerda que primero le habíamos tenido que dar-, la afilada aguja pudiera extraer sonidos tan maravillosos conforme los iba recorriendo, era algo fascinante, realmente mágico. Los discos los veía como un tesoro que había que tratar con inmenso cuidado para que no se rayaran, tenerlos siempre sin una mota de polvo (los limpiábamos con un cepillo especial de terciopelo) y, por supuesto, que no se te cayeran al suelo, porque entonces se hacían añicos. Poder escuchar la música salida de tan singular manera era para mí casi una experiencia casi mística, pura magia.

Durante el verano, apenas se iniciaba la temporada estival, nos íbamos toda la familia a Lanjarón hasta que finalizaba septiembre y allí podíamos disfrutar en nuestra enorme casa de un precioso piano de media cola durante todas las vacaciones. Mi abuela materna era la única que sabía tocarlo y a mí me encantaba escucharla cuando venía a vernos. Eran muy pocos los que pasaban por allí que supieran algo de música, y a mí se me iban las horas tratando de sacar de oído mis piezas favoritas con los dedos de una mano. Más tarde, ya en el colegio, se nos presentó la oportunidad de aprender a tocar el piano con la profesora Pilar Lustau y yo vi el cielo abierto: me apunté de inmediato y sacrificaba con gusto los recreos para asistir a sus clases.

Las primeras músicas que escuché durante mi infancia en aquellos antiguos discos negros fueron la 5ª Sinfonía de Beethoven y su concierto “Emperador” para piano. Luego vinieron las Danzas Húngaras de Brahms, el “Sherezade” de Rimsky-Korsakov, las sonatas para piano más populares de Mozart y Beethoven y poco más. Solamente con estas obras llenábamos prácticamente una estantería, pues para escuchar cualquiera de ellas hacía falta ir poniendo, por su orden, los trozos que era capaz de albergar cada disco en sus surcos, hasta completar la obra. Beethoven era entonces, en aquella España en la que apenas existían conservatorios y la cultura musical era nula, el más popular de los clásicos y fue el que primero reclamó mi atención.

Luego, al salir del colegio, con 16 años, me apunté al Conservatorio Victoria Eugenia de Granada, donde terminé los cursos de Solfeo que me faltaban e hice hasta 4º de piano, pero entonces ya empecé a convencerme de que la interpretación no era mi camino. Cada vez me gustaba más asistir a los conciertos y escuchar lo que hacían los grandes intérpretes, iba coleccionando mis obras favoritas en discos, y aprendía mucho escuchando Radio-2 de RNE. Creo que fue para los Festivales de Música y Danza de Granada de 1957 cuando nos regalaron a mi hermana y a mí un pase para asistir a todos los conciertos y fueron éstos de los días más felices de mi vida: nos unimos a un grupo de estudiantes que venían de Madrid capitaneados por el Padre Sopeña, entre los que se encontraban el pianista ya fallecido Miguel Zanetti y Andrés Ruiz Tarazona, con el que llegué a entablar una gran amistad que aún perdura. Aprendí mucho de él y, durante todo el tiempo que salimos, nuestra principal actividad fue asistir a conciertos, audiciones comentadas o ensayos de la orquesta nacional, qué bien nos lo pasábamos. Siempre le estaré agradecida por lo mucho que me enseñó, por haber sido mi maestro en todo lo referente a la gran música de todos los tiempos y sobre todo por enseñarme a escucharla y disfrutarla, algo que desgraciadamente no se enseña en los conservatorios.

Ya nunca dejé de escuchar buena música. Más tarde me casé y tuve seis hijos a los que traté de inculcar mi amor por la música desde que nacían, tarareándoles muchas veces para dormir la preciosa Nana de Brahms, pero ninguno se ha dedicado a ella, aunque todos la disfrutan. Me habría encantado tener algún hijo músico (se ríe), pero no pudo ser. Cuando más tarde fui consciente de la gran importancia de la música en la educación, mi principal preocupación fue despertar en los niños el interés por ella y estuve colaborando en proyectos de voluntariado de pedagogía musical con niños. Hoy uno de esos niños es director de orquesta.

TNL: ¿Qué es lo que aporta la música clásica?

Es una vía hacia lo bello, hacia la belleza que se integra muy bien en el alma del niño. El niño está aún virgen, sin prejuicios, y todo le llega más fácilmente, de forma natural. Después le cuesta más, aunque por supuesto nunca es tarde. De pequeño la recibe con el alma limpia y esto le ayuda a estructurar muy bien su cerebro.

Para un niño que haya estudiado música verá que tiene más facilidad luego en matemáticas, tiene más ritmo, mejor psicomotricidad, que es lo primero que se desarrolla en lo físico, y también en lo psicológico está más estructurado. La música estructura al niño desde abajo.

Ninguno de mis hijos fue músico, pero creo que el contacto desde pequeños con la música les ha hecho a más felices, porque la música es una fuente de felicidad, es un lenguaje que te une con el arquetipo (con lo esencial) por la vía directa. Si ves una orquesta, lo primero que te llama la atención es cómo tocan todos al unísono. Puede haber 100 personas tocando instrumentos diferentes, con mentalidades diferentes, pero hay un director que sabe cómo hacer que cada uno saque lo mejor de sí mismo y haga lo que mejor sabe hacer con su instrumento en el momento preciso. Juntos recrean la belleza de una obra, una belleza que el autor supo captar en un momento de inspiración elevando su alma hacia el aspecto más bello de la manifestación divina. Y lo maravilloso es que está uniendo cosas que son muy diferentes, sonidos, instrumentos, ideas, silencios… hace que todos los componentes de la orquesta se sienta uno con su director, que, por unos momentos el mundo pueda captar el sentido de lo que es la verdadera unidad, es impresionante. Mi director favorito es el recientemente fallecido Claudio Abbado.

https://www.youtube.com/watch?v=xhZct1H4bxI

Abbado consigue que un grupo humano piense a la vez y vayan al unísono, aunque cada uno tenga su partitura, cada instrumento tiene una función, y cada uno, con lo suyo, aporta lo mejor, lo que sabe. Lo que aporta un director de orquesta es la unidad.

Claudio Abbado formó una orquesta para el Festival de Lucerna con voluntarios de otras orquestas, y logró tal unión entre todos, que cuando terminaban de tocar se abrazaban. ¿Sabes? Lo habitual es que se den la mano, pero ellos se abrazaban. Es una capacidad de liderazgo enorme la que debía tener para que todos tocaran como él quería, y los hacía sentir unidos a todos, y eso es lo más admirable que se puede lograr con un grupo de personas.

TNL: ¿Qué es la armonía para ti?

Armonía, la esencia de la música es la armonía, y eso es lo que logra, no sólo en el oído, también en las personas. Es la armonía del mundo, como decía Pitágoras. En su escuela había que aprender música. Él decía que cada planeta emitía una nota, y entre todos hacía lo que llamaba “la música de las esferas”, la nota de la Tierra sería Fa.

¿Por qué música clásica? Obedece a una idea, a una inspiración superior. Es muy elaborada. Los estudios de música son los más largos del mundo, si quieres ser compositor tienes que conocer todos los instrumentos, y para director ni te cuento. Es una formación integral del individuo. Hay que tratar de entender al autor para interpretarlo, conocerlo a fondo. La música, si lo piensas, es algo que no existe. Existe en el momento en que se interpreta, pero mientras, en el papel, no es nada.

TNL: ¿Cómo actuar con los niños para enamorarlos de la música?

Los niños deben escuchar música, que la conozcan, no pueden amar una cosa si no la conocen. Escuchan la 5ª de Beethoven y tienen que preguntarse por qué, cómo la hizo, cómo pudo hacerlo. La historia está llena de gente que ha amado tanto la música que ha luchado contra viento y marea para ser músico. Uno de los ejemplos más admirables es Beethoven, que tuvo la fuerza de superar algo tan tremendo como puede ser la sordera para un músico (como su famoso Testamento de Heiligenstadt).
Pero no es lo mismo tener la carrera que ser músico, ni que amar la música. Hay muy buenos técnicos de la música, que conocen la técnica a la perfección, pero no saben transmitirla. Mario Roso de Luna cuenta que Confucio, que también fue músico, fue a aprender con un maestro, y este cada día le ponía una tarea. El maestro le mandaba que estudiara algo y él siempre cumplía, pero decía que no lo entendía. Y así estuvo, una y otra vez, repitiendo los ejercicios hasta que, finalmente, un día captó la idea de qué era la música. No es una cuestión de técnica. La técnica se aprende repitiendo y repitiendo, pero hay que entender lo que se está haciendo.

La música necesita del medio aéreo y del tiempo para transmitirse. No es como un cuadro, que te pones frente a él y lo ves en su totalidad, al completo. Para “ver” una sinfonía ni siquiera te sirve leer la partitura, no se puede captar así. Necesita del espacio, del aire, del discurrir del tiempo para poder interiorizarla, captarla en su totalidad. Sin eso, es imposible. Por eso es tan especial.

TNL: Y a ti Ana, ¿qué te ha aportado la música?

Hice 4 años de piano en el conservatorio, de los 13 a los 17 años, porque me gustaba. No pude dedicarle todas las horas que eso necesitaba, porque además del piano también hacía baile. En mi educación siempre estuvo la música. Llegó un momento en que no podía dedicarle a la música el tiempo que necesitaba, y me decidí por el baile. Un instrumento o lo tocas bien o mejor no lo toques, porque requiere dedicación total. También era la época en la que tenía que comenzar la carrera, no podía con todo.

La música me ha dado orden, estructura muy bien la cabeza, ayuda a tomar un ritmo en la vida, a saber hacer silencios, a llevar el compás de todo (risas). Además, la música tiene un lenguaje universal que se puede aplicar a todo.

Como el baile también implica música y también cantaba en un coro esa proximidad con la música, aunque no fuera en el conservatorio, era muy satisfactorio, porque la sensación es la de que no te sientes solo, formas parte de un conjunto, y era gratificante ver cómo, ensayo tras ensayo, llegabas a la obra final, se había construido algo vivo, porque la música es algo vivo.

TNL: ¿Crees que la música debe estar presente en la vida de los niños?

Creo que es fundamental que los niños tengan contacto con la música. Es un intangible, pero también es tangible, porque al niño le das una visión de conjunto para el futuro que no te va a dar nunca una PSP. Es intangible, pero perceptible. Te da algo para el futuro. No es lo mismo escuchar un CD que un concierto en directo. Lo que vibra en un concierto en directo crea un ambiente especial, es como una ceremonia, algo que se capta con el alma, sólo puedes vivirlo.

Para transmitirlo hay que vivirlo. No le puedes decir a tu hijo que la ame si tú no la amas, si no ve e se amor en ti, o a tu alumno. La música no es sólo técnica, es conocer, disfrutar. No es ser un loro que repite. Es como la medicina, hay médicos que saben qué hacer, pero no entienden a la persona, hay partes de la curación a la que no van a llegar nunca.

Es increíble ver esos portentos japoneses de 5 años que tocan con un dominio del instrumento total, pero no transmiten. No lo desprecio, pero necesitan un tiempo para sentir la música en todos los planos para poder transmitirla desde el fondo de su alma, pero para eso necesita tiempo. Si con 5 o 7 años tiene ese control de la técnica y sigue en la música, qué no podrá hacer cuando tenga 21, podrá llegar al corazón de las personas.

Creo que la clave está en saber en qué tiempo, que tiene que tener y tomarse un tiempo para llegar a eso otro.

Mi madre no me obligó, pero entendí que no tenía tiempo, y que no lo vi, sí encontré algo que me llenaba más, y para ser un buen intérprete tiene que llamarte totalmente, no sólo un poco, tiene que ser todo, total. Casi como en cualquier otro arte. Monet, por ejemplo, se frustraba porque no era capaz de plasmar un paisaje como él quería. ¿Sabemos lo que sentía un Beethoven al componer, si era eso lo que había imaginado, si se acercó a ello? Si habían sido capaces de plasmar su ideal de sinfonía, posiblemente, por perfecto que nos parezca, no era lo que habrían querido. No era la idea perfecta que vieron.

TNL: ¿Qué tiene la clásica que no tiene el resto?

Lo clásico es lo que permanece, lo que sigue transmitiendo igual sin que el tiempo le afecte, sin que pase de moda. La diferencia entre clásica y vulgar es la diferencia entre un cuentecillo que le cuentas a un niño, una historieta, y el Quijote, entre sumar dos más dos o hacer ecuaciones complejas y raíces cuadradas.

La música es ciencia y arte, son dos cosas fundamentales. Es lo más limpio que transmite el aire ahora mismo, o que transporta el aire. Es el arte más completo, el que puede unir la Tierra con el Cielo, los ángeles también hacen música.

 

(1) “Lo que Platón nos enseñó sobre la música”, Sebastián Pérez. Boletín 11 del Instituto Tristán de España. Octubre 2014.

(2) “Sube la música, dame dopamina”, Marta Palomo. Agencia Sinc – Junio 2012

(3) “Do musicians have different brains?”, Susan R. Barry. Psycology Today – Junio 2010

(4) “Making music togetner connects brains”, Johanna Sänger, Viktor Müller y Ulman Lindenberger. Max-Planck-Gesellschaft – Noviembre 2012

(5) “Si la teoría de cuerdas es correcta, podríamos hablar de una especie de “sinfonía” del universo”, Eva Rodríguez Nieto. Agencia Sinc – Junio 2015

2 Responses to Cómo influye la música en el cerebro, la educación y la vida

  1. Ma.Jose 31 Octubre, 2016 at 12:09 #

    Extraordinario, articulo. Me encuentro en un tto. En hospital , en mi incesante búsqueda de recursos para armonizar mis células, esta lectura de los efectos de la música clásica en el organismo, me ha confirmado que las sensaciones que experimento cuando escucho musica clasica son excepcionalmente beneficiosas en el ser humano. muchas gracias.

  2. Ma.Jose 31 Octubre, 2016 at 12:16 #

    Extraordinario artículo. Me encuentro en tratamiento en el hospital. En mi incesante búsqueda de recursos para armonizar mis células, escucho musica clasica con frecuencia. Esta lectura reafirma que las sensaciones que experimento cuando la escucho son escepcionalmente beneficiosas para el organismo. Muchas gracias

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