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"El futuro de la humanidad no lo dirá la tecnología, lo diremos nosotros", afirmó Roberts

David Roberts: «La tecnología crea cosas, pero no cambia quiénes somos»

Hace unos días tuvimos la oportunidad de acompañar a la Fundación Everis en su entrega anual de premios, que en esta ocasión (la XIV) recayó en Hugo Prazeres, responsable del proyecto Uromonitor. Una tecnología no invasiva que detecta el cáncer de vejiga mediante biomarcadores en la orina. No sólo ahorra costes a la sanidad, también procedimientos de diagnóstico y control más molestos para el paciente, además de abrir la puerta para el uso de esta misma tecnología en la detección de otras patologías. Además de conocer el proyecto, también pudimos escuchar a David Roberts, presentado como experto en innovación disruptiva y tecnología exponencialmente avanzada, quien estaba invitado a hablar sobre la disrupción en la industria.

En su CV aparecen nombres como Harvard, Stanford, Berkley, MIT, Goldman Sachs, Cisco, Oracle, Accenture y hasta el ejército. Todo un arsenal de experiencia que disparó con ejemplos sencillos y, sorprendentemente, un llamamiento a la conciencia.

Desde Colón al IoT

¿Qué es la disrupción? Se define como una «rotura o interrupción brusca«. A lo largo de la historia se han producido muchas disrupciones. Han sido momentos complejos que han acabado, de forma más o menos traumática, con lo establecido hasta el momento y han dado paso a algo nuevo, distinto y, por ende, inquietante. Algo así ocurrió con Cristóbal Colón. Antes de que llegara al nuevo mundo, las rutas de las especias estaban controladas por unos pocos, y lo precios de las mismas llegaron a ser desorbitados. Igual que los actuales empresarios e innovadores -explicaba Roberts- Colón carecía de referentes, pero creía que podía hacerlo, creía que podía encontrar nuevas rutas para escapar del control de los mercados dominantes. Se abrieron nuevas rutas comerciales, hubo más competencia y bajaron los precios. Quizá no lo logró de la manera que esperaba, pero sin ese intento no se habrían logrado muchas otras cosas. Quizá la disrupción como concepto sea novedoso pero, tal y como explicó Roberts, «es algo que viene ocurriendo desde hace siglos«.

Algunos (bastantes) años después, a principios del siglo XIX, Frederic Turner volvió a romper el curso normal de las cosas. Hasta aquellos momentos parte del éxito de las especias, según explicaba Roberts, se debía a la creencia de que servían de conservante para los alimentos. La realidad era que simplemente le cambiaban (o camuflaban) el sabor cuando ya tenían más tiempo de la cuenta; pero como el cambio de gusto servía para que la gente los consumiera durante más tiempo, las especias seguían usándose con la idea de la preservación. Turner ideó una forma de conservar el hielo durante el verano almacenándolo en una gran nave con aislamiento. Luego pensó en llevar ese hielo en barco hasta el Caribe o la India. Los dos primeros barcos llegaron con toda la carga derretida y le costaron llegar a la ruina. Lo intentó una tercera vez y, en esta ocasión sí que encontró la manera de que el hielo natural llegara a su destino. A partir de entonces la gente comenzó a usar más el hielo y menos las especias, y el precio de estas últimas bajó de nuevo, afectando una vez más al mercado.

RobertsDavis Robert conversando con el ganador del premio Everis, Hugo Prazeres, y Eugenio Galdón, Presidente de la Fundación Everis.

Unos años después alguien inventó el hielo artificial y la «caja de hielo» (o nevera) y dejó de ser necesario transportarlo desde los lugares fríos a los cálidos. Luego todos los hogares pudieron contar con una de estas neveras en casa y mantener los alimentos durante más tiempo. Dejó de ser necesario vivir con la compra al día o de salados, ahumados y enlatados. Las disrupciones siguen, y ahora los refrigeradores se conectan a Internet y se habla del IoT.

Impresoras 3D y ADN

¿Qué tiene de particular mandar una impresora 3D al espacio? Podría parecer una extravagancia más para despertar la curiosidad del público y llamar su atención sobre esta tecnología. Para Roberts significa mucho más. Él es asesor formal de Made-in-Space, la empresa  que fue responsable de fabricar el primer objeto en el espacio con una impresora 3D. Es mucho lo que la generalización de la impresión 3D puede cambiar de aquí a 30 años. La máquina que mandaron a la Estación Espacial Internacional estaba especialmente diseñada para imprimir en gravedad cero. Si antes había que enviar las piezas necesarias para algo en una nave y esperar a que se programara un nuevo lanzamiento, ahora -explicaba Roberts- son los propios astronautas los que pueden imprimir algunas de las cosas que necesitan sobre la marcha. Sólo necesitan el archivo para poner la máquina a funcionar antes de dormir y disponer de ella por la mañana.

Como apoyo a la industria la impresión 3D puede ayudar a crear nuevos materiales, tejidos más resistentes que no se podían haber creado de ninguna otra forma. Así como será un importante factor de impacto en sectores como la sanidad, la biología y la propia industria, especialmente cuando los usuarios comiencen a fabricar en casa sus propias piezas, y mucho más barato.

Otro punto de ruptura será la posibilidad de editar el ADN, según Roberts. La complejidad celular es enorme, pero estamos aprendiendo a conocer y manejar el ADN. Casi con una técnica de copy – paste hay científicos que están trabajando para volver a la vida animales extintos. Los virus pueden llegar a convertirse en «apps», medios de descarga para «actualizar» el organismo con ADN editado, y alcanzaremos una esperanza de vida mucho mayor… «Un futuro interesante donde tendremos un mundo con mayor abundancia«, afirmaba Roberts.

¿Quiénes somos?

Sin duda la charla de Roberts sobre el futuro de la industria, la tecnología y las expectativas de vida lograron resonar con optimismo en su público. Sin embargo, a partir de este momento cumbre, después de dibujar un porvenir tecnológicamente triunfante, Roberts hizo algo que pocas veces (o ninguna) hacen los que hablan de tecnología y futuro, pidió a todos los presentes que se dieran cuenta de que la tecnología sólo es capaz de crear cosas, pero no va a cambiar quiénes somos ni cómo somos. Simplemente dijo que por muy bonito que nos pareciera un futuro donde la tecnología alcanzara nuevos y sorprendentes hitos, el mundo no será un lugar mejor si no somos mejores personas, si no hacemos con esa tecnología nada por la gente que muere de hambre o tiene sed o sufre enfermedades que tienen cura.

«Hay gente en el mundo muriendo de hambre y de sed. Hacemos muchas cosas, pero si tenemos excusas para la gente que muere y no sabemos por qué hacemos esas cosas y para quién…» de qué sirve, apuntó Roberts. «El planeta es nuestro barco, todos vamos en el mismo. Hay que decidir cuál será el futuro de la humanidad, y eso no lo dirá la tecnología, lo diremos nosotros«. Entonces, si tenemos medios para solucionar los problemas y no lo hacemos… «Tenemos responsabilidad, y debemos sentirnos orgullosos al final de nuestras vidas de lo que hayamos hecho en ella«,  ayudando a que los que no tiene qué comer o agua potable, lo tengan, haciendo que la tecnología esté al servicio de la humanidad, fundamentalmente.

Roberts no se quedó en el panfleto moral e insistió: «Sabemos lo que está bien y lo que está mal» y al final son los individuos, las personas, los que toman las decisiones y hacen las cosas. ¿Quiénes somos entonces? ¿de los que crean cosas o de los que mejoran la humanidad?

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