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Un libro de humor aún vigente del que se puede aprender a tomarse el mundo laboral a broma

Dilbert puede salvarte la vida (al menos laboral)

¿Cómo puede un ingeniero no muy sociable, no necesariamente competente y que ni siquiera es real salvarte la vida? Pues, evidentemente, mediante el ejemplo. El mal ejemplo también es ejemplo, sobre todo cuando se muestra con humor y nos hace sentirnos identificados y un poquito avergonzados.

Sí, la vergüenza de reconocernos en las actitudes más miserables, más estúpidas o más infantiles es un gran salvavidas. Reconocerse a uno mismo en el cuerpo de alguien que no nos parece un modelo de comportamiento es casi una vacuna contra algunas actitudes.

Pero, antes de seguir, habrá quien no conozca a Dilbert. El personaje es el protagonista de una tira cómica creada por Scott Adams a principios de los 90. Su humor, tremendamente cínico, pone el dedo en la llaga de muchas situaciones reales. Tanto es así que su autor recibía cientos de emails de lectores contando casos reales que, en no pocas ocasiones, superaban a la ficción.

En mi primer trabajo había auténtica pasión por aquella tira. En cierta ocasión subí a la oficina después de comer con una novia y el jefe me esperaba con gesto serio. “Hemos descubierto que tienes vida privada”, me dijo. Respondí de la única forma razonable ante algo así: sin tomármelo en serio, le dije, “Lo siento, no volverá a suceder”. Todos los compañeros estallaron en carcajadas, sin saberlo, había reproducido la tira del día y subido varios puntos en los ranking de respuestas ingeniosas al jefe.

Tal era su popularidad, que el autor publicó un libro llamado El Principio de Dilbert, que sostenía que los incompetentes iban moviéndose por la jerarquía de las empresas hasta ocupar el lugar donde menos daño podían hacer: los puestos directivos. Aunque se trata de una broma, todos hemos conocido casos en los que se cumple el precepto de que quién manda es un incapaz que hundiría la empresa si tuviese que hacer cualquier tarea de provecho. Igual que el jefe de Dilbert, al que todavía nadie le ha explicado que en vez de portátil le dieron un telesketch para que se entretuviese sin romper nada. Ojalá le hubiesen dado uno a media docena de directivos a los que he tenido que sufrir.

Una de las claves del éxito del libro, y de la tira, es que sus personajes describen arquetipos de trabajadores: el genio, el vago, la hormiguita, el jefe, el asesor caradura, etc. De modo que es fácil identificar a estos con personas de nuestro entorno o incluso con nosotros mismos. Para demostrarlo, haré un recorrido por cada uno de ellos, comparándolos con anécdotas reales de personas que he conocido.

Personajes de Dilbert, qué hacer si te pareces a uno de ellos

Dilbert

dilbertEs el protagonista, pero eso no le hace más guapo que los demás. Razonablemente brillante y con un punto que le acerca a Sheldon Cooper en algunos momentos, está tan integrado en la empresa para la que trabaja que su lucha diaria es una lucha por la supervivencia, no por la productividad.

En la tira: se presenta en una reunión y explica que “no he hecho nada productivo, así que traigo este gráfico de tarta” con el que despierta el respeto y la admiración del resto de asistentes, más interesados por los gráficos bonitos que por lo que cuentan.

En la realidad: conocí a un responsable de SEO que vivió durante años en la misma compañía a base de enseñar el aumento de tráfico que consiguió al poco tiempo de ser contratado. Algo así como “no he hecho nada útil desde un mes después de mi fichaje, pero mirad qué línea tan interesante”.

Qué hacer: si te pareces a Dilbert, no estás en la peor situación posible. Tienes la capacidad para hacer algo útil con tu vida y la desaprovechas porque te permiten vivir de las rentas o de que nadie comprende realmente en qué consiste tu trabajo (y menos cómo medirlo). Trata de hacer algo con sentido diariamente, aunque sigas mostrando la misma gráfica para que sepan que eres una pieza fundamental de la organización.

Wally

wallyEs un compañero de Dilbert, más bajito, más calvo, más mezquino y más pelota. Vamos, el típico que opta a los ascensos o, por lo menos, que sale airoso cuando hay tortas. Su gran habilidad es su capacidad para no hacer nada productivo y ser capaz de escaquearse. ¿Repugnante? El espejo puede darte que pensar y, no, no me refiero a la caída del cabello.

En la tira: cuando uno de los compañeros de oficina es despedido, encabeza la invasión a su cubículo para repartirse los objetos que ha dejado en él.

En la realidad: cuando se aproximan despidos, alguien a quien llamaremos Wally se chiva de la conducta desleal de varios compañeros que encabezan la lista de despidos. El chivato, que conocía la conducta desde meses atrás, salva su puesto. ¿Te parece poco mezquino? Es porque no sabes que fue nuestro amigo Wally quien les sugirió la conducta que luego denunció.

Qué hacer: Si eres el típico inseguro que aprovecha cualquier oportunidad para sacar ventaja a los compañeros, necesitas ayuda profesional. Puedes optar por acudir a un psicólogo o buscar un trabajo en el que no tengas compañeros.

Alice

Es una compañera de Dilbert y Wally que se caracteriza por ser profesional, algo muy raro en una empresa. Por supuesto, con esa actitud es una completa inadaptada, lo que la lleva a frecuentes ataques de ira contra sus ineptos compañeros y jefes.

En la tira: después de trabajar toda la noche para completar su parte de un proyecto, descubre que Wally no ha hecho la parte correspondiente, de modo que su esfuerzo es inútil. Como no podía ser de otra manera, le fulmina con la mirada. Literalmente, ya que a Wally le estalla la cabeza. alice

En la realidad: bueno, no es fácil de encontrar ejemplos así. Normalmente, las Alice de este mundo se terminan por frustrar y adaptarse a la realidad. Aunque conozco casos de personas que muestran esa actitud ante el trabajo y que, a veces, fulminarían a sus compañeros por no cumplir con su parte.

Qué hacer: contrariamente a lo que podría pensarse, si eres una Alice no lo tienes muy fácil. Adaptarte al pasotismo dominante es complicado, mantener el máximo esfuerzo sin amargarte también. Quizá el mejor consejo es intentar hacer un buen trabajo sin frustrarte por lo que hagan (o dejen de hacer) los demás. Recuerda que, normalmente, vas a rendir cuentas al más incapaz de la organización, del que hablamos a continuación.

El jefe

maxresdefaultEs la inutilidad hecha persona. Como buen jefe, su ignorancia sobre el negocio sólo es comparable a su arbitrariedad a la hora de dirigir equipos. Sus empleados tiemblan cuando alguien le cuenta algo sobre un nuevo producto que no entiende y que les llegará en forma de trabajo ingrato e inútil. Los asesores a los que contrata a precio de oro se ríen en su cara.

En la tira: acude a Dilbert para pedirle una base de datos relacional. Éste, sospechando que lo ha leído en algún sitio y no sabe de qué se trata le pregunta de qué color la quiere. La respuesta del jefe, expresada con total seguridad, es que “el lila tiene más RAM”.

En la realidad: un importante directivo cuyo nombre no revelaremos concede una entrevista y demuestra que es incapaz de defender hipótesis sobre la idea que pretende defender. Cada vez que es repreguntado demuestra más su ignorancia, eso sí, con convicción. “¿Y la europea?”.

Qué hacer: No te apures. Según el principio de Dilbert tu incapacidad manifiesta te hace ideal para un puesto de dirección en el que no puedas hacer ningún daño. Dedícate a jugar al golf o a hacer pajaritas de papel y deja que tus subordinados saquen el trabajo. Nadie mejor que el becario para preparar el plan estratégico de la compañía. También puedes intentar mejorar tus capacidades y usar el sentido común un rato cada día.

Dogbert

dogbertEs asesor y no tiene escrúpulos, sólo le interesa salirse con la suya y, en la medida de lo posible, quedar por encima de los demás. ¿He mencionado ya que es un perro?

En la tira: Se hace consultor porque le gusta analizar a la gente e insultarla. El jefe está deseando contratar sus servicios porque le parecen molones y muy caros.

En la realidad: Trabajé en una empresa que organizó un estudio de mercado para posicionar la versión online de un producto. Después de múltiples entrevistas y análisis pormenorizado descubrieron que el usuario potencial tenía un perfil idéntico al del producto existente. Presentaron su hallazgo comparando los resultados con un perfil de usuario completamente distinto al del producto original, que no habían comprendido. La dirección de la empresa se felicitó por haber descubierto un nuevo nicho de mercado al que llevaba dirigiéndose más de una década.

Qué hacer: si eres consultor deberías empezar por ser consciente del poder que tienes y utilizarlo para algo que ayude a los demás. Cobrar por horas y no por resultados no te da derecho a jugar con el trabajo ajeno por pura diversión. Para los directivos de la empresa, habitualmente personas completamente aisladas de cualquier contacto con la realidad, alguien que viene de fuera con la pose adecuada es como Moisés mostrando las tablas de la ley. Da lo mismo que les pida que abandonen la zona de confort, que les descubra que el fax ha muerto o que les convenza de que tienen que abrirse una cuenta de Twitter (lo que suele ser la consecuencia de las dos anteriores revelaciones).

Si no te importa el efecto que tus consejos y teorías tienen en los demás, lo mejor que puedes hacer es entregar los libros de autoayuda y rendirte en la comisaría más cercana.

Ratbert

RatbertSi Dogbert es antipático y un poco sociópata, Ratbert es su máximo aliado. Como buena rata, no es especialmente inteligente, pero está dispuesta a todo para salirse con la suya.

En la tira: mediante una serie de gráficos sin sentido, explicados de forma arcana e incomprensible, consigue que el jefe caiga rendido ante lo que llama “el hechizo del consultor”. Una vez hechizado, el jefe reconoce tener miedo de actuar sin la aprobación previa de esta rata. Ahora la empresa está en manos del consultor sin escrúpulos.

En la realidad: Esto es la realidad.

Qué hacer: Si eres un Ratbert, poco importa lo que te digamos. Ya sabes que debes actuar de forma ética, que estafas a la gente con tus trucos baratos y una puesta en escena resultona y que el día que te descubran te cubrirán de brea y plumas y te echarán a patadas. Pero te da igual porque eres una rata con zuecos.

Y eso es todo, sólo nos queda por explicar por qué este artículo se titula así. Por un lado, porque todos conocemos ejemplos como los de estos personajes, más reales de lo que parece a simple vista. Por el otro, porque todos hemos estado en alguna de estas posiciones alguna vez. Por lo menos un poquito. Puede que los consejos que damos no sirvan de gran cosa pero, por lo menos, identificarnos con estos personajes e identificar a nuestros compañeros con ellos le quita un poco de importancia al entorno laboral. A veces, la única medicina posible es tomarse las cosas con un poco de distancia y bastante sentido del humor.

Imágenes: Scott Adams

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