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Antena espacial ESA
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España, como país fundador, es uno de los principales actores dentro de la Agencia Espacial Europea

Europa cumple 50 años de cooperación espacial con los ojos puestos en Rosetta

El próximo mes de noviembre, por primera vez en la historia, un pequeño módulo de fabricación humana descenderá hacia un cometa en pleno desplazamiento y se posará sobre él. Un cometa que completa su órbita en la elíptica que une Júpiter con el Sol cada 6,57 años y cuyo tamaño aproximado es de 4km. Cuando el módulo Philae se pose deberá, literalmente, anclarse a la superficie sin gravedad del cometa para poder llevar a cabo con éxito toda la batería de pruebas encomendada desde la Tierra. Con un taladro perforará 20 cm del cometa. Una pequeña muestra en la que los científicos tienen puestas grandes esperanzas para conocer el origen de la vida en el Universo.

Pero antes de desentrañar los orígenes de la vida, la Agencia Espacial Europea (ESA) tuvo, a su vez, que iniciar su propia andadura vital. En 1964 comenzó un proceso que en 1972 culminó en la fundación de la ESA. Un proyecto de cooperación europea impulsado por 10 países entre los que se encontró España desde el principio. En esos tiempos fundacionales trabajaban dos organizaciones: ESRO (European Space Research Organisation) y ELDO (European Launcher Development Organisation). ELDO la conformaban Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Reino Unido y Australia. Por su parte, en ESRO se integraban Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Holanda, España, Suiza, Suecia y Reino Unido. Hablamos del año 1962, pero fue dos años más tarde, en 1964, cuando los convenios de ESRO y ELDO entraron en vigor.

ESA desde fueraLas instalaciones de la ESA en Villanueva de la Cañana (Madrid) se encuentran a los pies de un viejo castillo.

A partir de ahí comienza un despliegue que llevaría nombres como ESRIN, dedicado entre otras cosas a la observación de la Tierra; ESTEC, centrado en el desarrollo tecnológico necesario para cada proyecto; o ESOC, encargado del control de los satélites y las sondas. Pero el nombre bajo el que se engloba todo el desarrollo aeroespacial europeo es el de la Agencia Espacial Europea. Ahora, a los 10 países pioneros hay que sumar 10 más, que se han ido incorporando poco a poco desde entonces: Austria, República Checa, Finlandia, Grecia, Irlanda, Luxemburgo, Noruega, Polonia, Portugal y Rumanía.

La ciencia más rentable

España es, de los 20 componentes de ESA, uno de los seis que disponen de centro propio. El centro de Villanueva de la Cañada (Madrid) a donde nos desplazamos para hablar con Javier Ventura-Traveset, director de Comunicación y Educación de la ESA. Este es uno de los centros más completos, donde hay tanto instalaciones de la ESA como oficinas y estaciones de seguimiento.

Javier Ventura-Traveset ESAJavier Ventura-Traveset junto a una de las antenas de la ESA.


El interés de España por la aeronáutica nace cuando todavía no había ningún satélite artificial sobre nuestras cabezas. INTA, el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial «Esteban Terrades» se fundó en 1942, 16 años antes de que Eisenhower fundara la NASA. Tal vez por eso España entró como miembro fundador primero de ESRO y luego de ESA. El resultado ha sido la creación de una industria realmente buena en nuestro país, con entre 20 y 25 empresas dentro del sector aeronáutico y capacidad en todas las áreas del mismo. Y si hablamos de la importancia de su industria espacial, España ocupa el quinto lugar dentro del conjunto europeo.

España también cuenta en su territorio con 3 de las 10 estaciones que forman parte de la red de la ESA: en Cebreros, Villafranca y Maspalomas. La de Cebreros es una de las 3 que hay en todo el mundo dedicada a la observación e investigación del espacio profundo. Además de varios laboratorios asociados a la ESA entre los que destaca MELISSA, de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se trabaja en todo lo relacionado con el ciclo del soporte vital y el reciclaje de todos los elementos del mismo (sudor, orina, aire…). Un proyecto único en el mundo del que depende el lograr una mayor autonomía de supervivencia dentro de las misiones.

Ante el espinoso tema de los recortes en ciencia, Ventura-Traveset sólo puede defender la alta (y demostrada) rentabilidad de la tecnología y la investigación espacial, «los que trabajamos en este mundo decimos que la inversión espacial es perfecta, tiene grandes dosis de madurez y tecnología. Es el sector que más tiene. Y es internacional«. Cada país integrante de la ESA aporta una parte de su presupuesto a la agencia. El presupuesto anual de la ESA para este 2014, incluyendo programas implementados por otros socios institucionales es de más de 4.000 millones de euros. Un presupuesto que cubre soporte tecnológico, navegación, telecomunicaciones, robots de exploración, programa científico, observación de la Tierra, lanzaderas, vuelos espaciales tripulados, acuerdos con Estados cooperantes y las actividades básicas de la institución. Todo el dinero (la misma cantidad) que el Gobierno español invierte en esta tecnología se devuelve en forma de contratos industriales.

En estos 50 años la industria europea se ha consolidado y es altamente competitiva, hasta el punto de que uno de cada tres satélites de telecomunicaciones se hacen en Europa, al igual que el 50% de los lanzamientos de cohetes Ariane. El programa Copérnico de observación de la Tierra es de los más completos que existen hasta el momento. Pero en la ESA se logra algo igual de importante, aunque relativamente menos tangible: la colaboración internacional entre países. Incluso cuando los Gobiernos han sufrido importantes crisis políticas entre ellos, pero se ha mantenido la colaboración espacial entre los científicos.

Centro de seguimiento ESA

Cada céntimo invertido se recupera. Pero además, dentro de las industrias, esa misma inversión se multiplica por cuatro. Por cada 50 euros que se ponen, se generan 200, siempre que haya capacidad industrial. España pone cada año 150 millones de euros, de los que la industria aeroespacial genera 700 millones anuales. En nuestro país hay unas 4.000 personas directamente relacionadas con el sector aeroespacial, y unas 40.000 vinculadas indirectamente. En el caso de la fabricación de satélites de telecomunicaciones, una empresa fabrica los receptores de señal, otra los decodificacodres, otra los televisores, otras hacen la programación… A partir de un desarrollo se genera una gran cadena de beneficios. En los próximos meses España verá, de forma concreta, cómo recupera su inversión en la ESA. Cada 4 años hay reunión ministerial con los responsables de cada país en materia aeroespacial, y «España quiere seguir siendo el 5º país en importancia de Europa en este sector», señala Ventura-Traveset.

No es sólo ir al espacio

Si te preguntas qué es mejor, ¿invertir en investigar la cura del cáncer o en estudiar el espacio profundo?, la respuesta de la inmensa mayoría sería «cáncer». Sin embargo, estudiar el espacio profundo, por ejemplo, ha ayudado más a la investigación del cáncer de lo que se piensa.

Cada país que forma parte de la ESA se compromete a contribuir con una partida presupuestaria en función de su riqueza, y puede elegir a qué proyectos prefiere destinarlo. Excepto en una cosa. Hay una partida en la que los gobiernos no tienen elección y están directamente obligados a contribuir con un porcentaje de su inversión, y eso es el programa científico. Como apunta Ventura-Traveset: «la ciencia es intocable». Un país puede decidir dedicar más o menos dinero a las lanzaderas, a los satélites de telecomunicaciones o a los viajes espaciales, pero decida lo que decida, hay un porcentaje que sí o sí va para ciencia pura y dura. En total unos 500 millones de euros, lo que supone más o menos un euro por habitante al año.

Centro de control de la basura espacialDesde esta sala se hace un seguimiento de toda la basura espacial en órbita. La ESA tiene protocolos para evitar la generación de residuos, pero también para controlar la que, de momento, no puede eliminarse.

Los proyectos científicos son la razón de ser de la ESA. El satélite Planck, lanzado en 2009, se diseñó para conocer el espacio primitivo por medio de la captación de radiaciones de alta y baja frecuencia. Planck emite imágenes del espacio con las que se están haciendo interesantes descubrimientos sobre la materia y la energía oscuras. Para hacer este satélite hubo que desarrollar tecnologías únicas. Hay detectores que necesitan convertir la radiación en calor para obtener datos fiables, y trabajan a temperaturas muy cercanas al cero absoluto, a -272,9 ºC. «La ciencia progresa en hacer cosas que, si la ciencia no las pidiera, no las haríamos», explica Ventura-Traveset. El desarrollo de esta tecnología se ha hecho pensando en Planck, pero ahora se puede usar para muchas cosas.

La Estación Espacial Internacional se mueve a unos 28.000 km/h. Por eso, acoplar un ATV (Vehículo Automatizado de Transferencia) a la ISS no es una tarea sencilla. El ATV se aproxima a la ISS a 7 centímetros por segundo, pero se logra que este proceso sea extremadamente preciso, con sólo 1 cm de error, gracias al desarrollo de un sistema de medición láser. Un fabricante de coches ya ha comenzado a usar esta tecnología en sus vehículos, pero también puede revolucionar la industria de fabricación, o la medicina.

Algunos de los experimentos que se llevan a cabo en condiciones de microgravedad tratan de arrojar luz sobre los factores que influyen en el sistema inmune o, mejor dicho, en su debilitamiento, ocasionando numerosas patologías asociadas. Se ha descubierto que el enzima 5-LOX se vuelve más activo en condiciones de microgravedad, lo que podría ser la causa de que, en microgravedad el sistema inmune se debilite. ¿Puede eso controlarse en la Tierra para mejorar la salud de las personas?

La importancia de tener relevos

La sonda Rosetta se lanzó al espacio en 2004 para una misión que finalizará en diciembre de 2015. Son 11 años sólo de observaciones y control de misión en los que no entran los previos de diseño, pruebas, preparación, construcción, montaje… Todo eso comenzó en los 90. Los datos que recoja Rosetta serán útiles hasta 2024, por lo que podemos contar con más de 35 años de desarrollo de un único proyecto. Varias generaciones de ingenieros pasarán por el proyecto en todo ese tiempo. Posiblemente, muchas de las personas que idearon Rosetta y el módulo Philae no estarán en el análisis final de los datos. Pero habrá otros.

La ESA es bastante consciente de lo que supone la continuidad dentro de un proyecto. Son muchos años en los que, al final no estarán, necesariamente, las mismas personas del principio. Por eso es fundamental hacer una buena gestión del conocimiento. Algo que logre que el conocimiento se mantenga aunque la gente cambie, pero también que exista una cantera de ingenieros que pueda afrontar a futuro las exigencias de la ESA.

Galaxia

En la Agencia existe un programa educativo destinado a formar a los futuros ingenieros que formen parte del programa. «El espacio genera mucha atracción hacia la ciencia si se explican todas las posibilidades de la física y las matemáticas dentro de este mundo», apunta Ventura-Traveset. Pero el programa educativo no se centra sólo en los ingenieros. Comprende desde los 6 a los 26 años, desde primaria hasta el doctorado, porque el alcance de la educación en ciencia se establece desde el principio. Sin embargo, hay una parte del programa que se centra especialmente en la etapa de los 15-16 años, justo cuando los jóvenes tiene que tomar la decisión entre ciencias o letras. «Es una comunidad crítica y es necesario prestar atención a esa comunidad en la decisión de entrar a carreras científicas«, señala Ventura-Traveset. Sin embargo las opciones que ofrece la ESA son multidisciplinares, no se centran sólo en la ingeniería, también hay abogados, médicos, biólogos…

Mirando a Rosetta

Un cometa es como una cápsula del tiempo. En su interior tiene material del Universo de hace 4.600 millones de años. Es como ver los primeros ladrillos con los que se construyó, por ejemplo, el Sistema Solar, o el mismo Universo.

Los cometas también pueden tener una participación en el origen del agua en nuestro planeta. El agua del que nació la vida en la Tierra pudo haber venido en un cometa. Analizando el tipo de agua, sus marcas por isótopos, sería posible saber si son semejantes.

Los cometas pueden contener moléculas. Moléculas que forman parte de organismos complejos. Incluso una misma molécula puede diferir en el sentido del giro, que sean dextrógiras o levógiras puede ser muy importante. ¿Hasta qué punto se pudieron generar de la nada? Quizá, incluso, sean parecidas a las que se encuentran en nuestro planeta.

Sonda Rosetta a escalaMaqueta de la sonda Rosetta a escala 1:4 en los exteriores de la ESA.

Estas son, básicamente, las tres razones fundamentales por las que la misión de Rosetta se centra en un cometa. Aunque en un principio el cometa de destino era otro y hubo que cambiar de objetivo por un retraso en la misión, la elección del 67P/ Churyumov-Gerasimenko como cometa alternativo no fue al azar. Evidentemente debía tener una órbita accesible, más o menos, dentro de lo que ya se había calculado para el cometa original, pero es un cometa que cuenta ya con un interés especial por su conexión dentro de nuestro Sistema Solar entre el Sol y Júpiter.

No hay expectativas. No es una misión de comprobación. No pretende demostrar ninguna teoría previa. En realidad, nadie sabe lo que se puede encontrar una vez allí. La mayor parte de lo que se sabe a ciencia cierta es que es un terreno totalmente desconocido. La sonda lleva hasta 21 instrumentos diferentes de medición y análisis, 10 de los cuales están en el módulo Philae. Por no saber ni siquiera se sabe cómo es el cometa. Hasta que no comience la fase de aproximación no se sabrá cómo es. Rosetta se situará a 100 km de distancia sobre el cometa y comenzará a descender poco a poco. Observando. Midiendo. Inspeccionando. Hasta entonces no se decidirá el lugar hasta el que bajará Philae. Si todo va bien, el módulo se anclará al cometa y, entre otras cosas, taladrará la superficie para obtener una muestra de 20 cm, que será analizada y enviados los datos hasta la Tierra.

Rosetta y Philae buscan repetir la hazaña de Champollion al descifrar el lenguaje jeroglífico. La vieja Rosetta inspira a la nueva. La hundida ciudad de Philae aporta ahora una nueva clave. No en el conocimiento de una lengua milenaria, sino en la comprensión de un misterio profundo. El gran misterio de la vida.

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