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El futuro de la criptomoneda no está claro, te contamos cuáles son las principales dudas sobre ella

¿Hacia dónde va Bitcoin?

La primera criptomoneda, Bitcoin, ha alcanzado fama mundial y muchos de los que pensaban que no pasaba de ser un experimento minoritario condenado a desaparecer se plantean que, tal vez, su futuro sea más halagüeño de lo que aparentaba.

Ni los escándalos protagonizados por algunos de los bancos de Bitcoin, ni los intentos de algunos países por regular la moneda de forma restrictiva ha conseguido hundirla. Al contrario, las noticias de compañías que empiezan a aceptar pagos en bitcoins, incluyendo plataformas de pago online, no dejan de sucederse. ¿Nos encontramos ante la moneda del futuro o ante una moda pasajera que mueve millones de dólares?

¿Es Bitcoin una moneda?

Por supuesto que sí, dirán algunos. Ni de broma, pensarán otros. Lo cierto es que la definición de moneda a veces parece no encajar en Bitcoin ni con calzador. Las monedas convencionales engloban tanto a las emitidas por los estados como por otras entidades. Así, se puede considerar que un cheque bancario es una forma de papel moneda, y también lo son las monedas alternativas y sociales: un cheque regalo de unos grandes almacenes, las monedas propias de los bancos de tiempo, etc. pueden cubrir las funciones típicas de una moneda.

Una piedra Rai frente a una casa de la isla de Yap. ¿Esperando al lechero?Una piedra Rai frente a una casa de la isla de Yap. ¿Esperando al lechero? Foto: CT SnowHa habido sistemas monetarios tremendamente inconvenientes que han funcionado sólo por la confianza de sus usuarios en ella. Los nativos de la isla de Yap tenían un sistema monetario curioso. Las monedas eran unas pesadísimas ruedas de piedra llamadas Rai que se podían engarzar en un eje y transportar. Dado el esfuerzo necesario para trasladar estas monedas, muchos nativos preferían dejarlas en su lugar. Todo el mundo reconocía el derecho del propietario sobre el dinero, de modo que éste no llegaba a cambiar de sitio y, aún así, se seguía utilizando como medio para hacer transacciones. Incluso las piedras Rai que resultaban destruidas accidentalmente o desaparecían seguían siendo válidas para seguir haciendo transacciones varias generaciones después de su desaparición física.

Las piedras Rai cumplían con dos requisitos que son los más comúnmente utilizados en las definiciones de moneda: se trataban de un medio de pago ampliamente aceptado y de una forma estable de almacenar valor. Más que nada porque una pérdida de valor repentina de las piedras Rai implicaría tallar docenas de piedras gigantes para aumentar el dinero en circulación. Así que mejor si los precios no variaban más de la cuenta.

A Bitcoin se le concede en general que pueda llegar a convertirse en un medio de pago de uso corriente. Así parecen indicarlo las noticias sobre su incorporación a plataformas de pago, la apertura de “cajeros automáticos” para operar con bitcoins e incluso dos casinos de Las Vegas permiten utilizar bitcoins para hacer apuestas. El gran número de usuarios que ha conseguido alcanzar apunta también a que pueda llegar a tener la suficiente relevancia como para que lleguemos a pagar el café matutino o una compra online en satoshis (una fracción del bitcoin).

Sin embargo, la segunda condición, la de almacenar valor de forma estable, plantea muchas más dudas. La volatilidad de Bitcoin hace que los precios oscilen mucho más que cualquier moneda convencional. En un sólo día su valor ha llegado a caer hasta un 10%.  Por este motivo, en general, nadie se atreve a afirmar rotundamente que Bitcoin sea una moneda en el sentido más estricto posible. El consenso más amplio es que no lo es actualmente y el debate se centra en si llegará a serlo.

Además, algunos analistas consideran muy perjudicial que, al existir un número máximo de bitcoins, se trata de una moneda deflacionaria. Aunque la inflación excesiva es un grave problema para las economías, en general se considera que una inflación contenida contribuye al crecimiento económico.

Las divisas que estamos habituados a manejar pueden aumentar la cantidad de dinero de forma ilimitada, por lo que se considera que son monedas inflacionarias: a medida que se pone más dinero en circulación, el valor de cada unidad se reduce. En Bitcoin se espera que suceda al revés: cuando se alcance el máximo número de bitcoins en circulación, si se ha convertido en un sistema lo bastante popular, el precio de cada bitcoin será mayor, y se empezarán a utilizar más las monedas fraccionarias. Cada bitcoin se puede dividir en 100 millones de satoshis, por lo que habría unidades monetarias suficientes. En la actualidad, el valor de un satoshi es mínimo (menos de una milésima de céntimo de euro), así que Bitcoin tiene mucho margen para seguir siendo una herramienta útil sin ser inflacionaria.

Bitcoin como medio de pago

Moneda o no, no se le puede negar a Bitcoin su utilidad como medio de pago. Una alternativa a Paypal y las tarjetas de crédito que además, resulta muy fácil y rápida de utilizar. Desde cualquiera de las aplicaciones existentes el proceso es sencillo pero, a medida que tiendas y otros servicios a través de los cuáles se pueden hacer pagos online lo incorporan a su oferta de servicios, la conveniencia de utilizar bitcoins es mayor.

La falta de estabilidad del valor del bitcoin hace que, aunque el sistema de transacciones sí resulte fiable, no lo es tanto como almacén de dinero. Los vendedores que aceptan pagos en bitcoins, referencian los precios de sus productos al dólar, al euro o a alguna otra moneda más estable. El precio en euros no cambia frecuentemente, pero su equivalencia en bitcoins se calcula al momento. De lo contrario, sólo habría que esperar a que el precio del bitcoin se venga abajo para comprar a precio de saldo. Algo que no conviene ni a los vendedores ni a la propia moneda.

Además, muy probablemente, muchos de estos comerciantes reduzcan riesgos convirtiendo rápidamente los bitcoins recibidos en auténtico dinero. En otros casos se guardarán los bitcoins como objeto de especulación, esperando que el viento sople a favor y vendiendo cuando su precio haya aumentado.

Bitcoin como instrumento financiero

Pero no sólo unos pocos comerciantes utilizan Bitcoin como una herramienta financiera del que obtener beneficios. De hecho, una gran parte de los más de 3.750 millones de euros invertidos en Bitcoin en todo el mundo corresponde a la especulación. Fred Ehrsam, el creador del monedero online Coinbase, asegura que el 95% de los usuarios que tenían hace un año eran especuladores. Sólo un 5% utilizaban sus bitcoins como un medio de pago. “Ahora creo que está más cercano a un 80% especulación y un 20% pagos reales”, asegura.

¿Es un buen instrumento financiero? Posiblemente sí, aunque, como tantos otros, es muy arriesgado. Quienes compraron bitcoins hace un año por un precio inferior a 50 € vieron como su valor se duplicaba o triplicaba cuando Chipre estableció limitaciones a la retirada de fondos de sus bancos, al estilo del famoso “corralito” argentino. El país considerado como el paraíso fiscal ruso vio cómo muchos fondos se trasladaron a cuentas de Bitcoin, ya que la limitación sólo se aplicaba a las retiradas de dinero en efectivo.

Y el precio de los bitcoins, entre altibajos, ha seguido aumentando. Aunque muy lejos del máximo alcanzado es de 1.300 dólares por bitcoin, en la actualidad 1 BTC varía entre los 400 y 500$. Es decir que, sin ser un inversor especialmente listo que prevea el mejor momento para comprar y vender, en un año un comprador ha visto con facilidad multiplicado por 10 el dinero que invirtió. Sí, todos estamos pensando lo mismo… ¿por qué no compré unos bitcoins cuando tuve la oportunidad? Tal vez porque entonces la posibilidad de ganar tanto dinero sonaba menos probable que la de perder todo el dinero invertido.

El gran problema de regular las monedas descentralizadas

Cuando un estado emite moneda, ésta está sometida al control del emisor, que no sólo sirve para ofrecer ciertas garantías a los usuarios. También se establecen controles que sirven para recaudar impuestos, algo que importa mucho a las administraciones. Hacienda está mucho más automatizada que los juzgados e incluso que los hospitales y otros servicios básicos, y no es por casualidad. No importa el signo político del partido ni el país: cuando una actividad económica se escapa al escrutinio de un país, su gobierno la regula o la prohibe.

La naturaleza de Bitcoin hace muy sencillo el operar al margen de estos controles: un comerciante que acepte bitcoins como forma de pago puede convertir esos bitcoins en otras divisas en una cuenta de su país, pero también puede hacerlo en otro lugar o incluso en un paraíso fiscal. Además, si lo desea, puede no convertirlo de ninguna manera y comprar algo directamente en bitcoins. Por eso, muchas veces se asocia Bitcoin a la evasión de impuestos y otros delitos en los que interesa que las transacciones sean anónimas e invisibles para las autoridades.

Las autoridades de varios países llevan algún tiempo planteando la necesidad de regular el uso de bitcoins. Para los usuarios de Bitcoin lo ideal es que la regulación sea lo menos estricta posible, que no entorpezca el uso de la moneda virtual. Sin embargo, la forma en que se establezcan normas de uso depende en gran medida de la imagen de Bitcoin. No ayuda mucho que los pagos en Silk Road, un mercado de compraventa ilegal, suelan realizarse en Bitcoin. Ni tampoco que Charlie Schrem, fundador del sitio de compraventa de bitcoins BitInstant y vicepresidente de Bitcoin Foundation, una asociación para difundir la moneda, haya sido arrestado por, supuestamente, facilitar actividades delictivas en esta plataforma.

Leopoldo Abadía, profesor de economía y autor, no lo ve como una barrera tan grande: nos recuerda que por otros métodos “la gente también blanquea dinero”. Pero que “a los bancos no les debe gustar mucho la idea, se les presenta como un sistema paralelo. Nos hemos acostumbrado a un sistema en el que los bancos juegan un papel y supongo que no les gusta que aparezca algo completamente basado en la libertad. Sí que es posible que por lo anónimo [del sistema] ayude a blanquear dinero, pero los que ahora blanquean dinero lo blanquean igual en esas islas que hay por ahí llenas de cuentas.”

Los que ahora blanquean dinero lo blanquean igual en esas islas que hay por ahí llenas de cuentas

En parecidos términos lo plantea Eric Posner, profesor de derecho de la Universidad de Chicago, en una entrevista para Top of Mind: “resulta que Bitcoin no es completamente anónimo, sólo pseudónimo. En realidad no es tan bueno para los criminales. Otras criptomonedas podrían ser completamente anónimas. Esto dificultaría al gobierno [de EEUU] detener la financiación al terrorismo y el tráfico de drogas, lo que sería un motivo legítimo para acabar con ellas. Lo más probable es que el gobierno requiera a los que utilicen monedas digitales que conserven registros y actúen a través de intermediarios”.

Sin duda, todo esto preocupa a las autoridades, pero el blanqueo de dinero y el narcotráfico ya existían mucho antes de la aparición de las criptomonedas. Sin embargo, los movimientos al respecto han sido más bien restrictivos: China ha prohibido a los bancos chinos prestar servicio a webs que trabajen con la criptomoneda, lo que provocó una caída del 10% de su valor.

EEUU ha determinado que Bitcoin no es una moneda, pero sí un bien, por lo que para sus ciudadanos es obligatorio pagar impuestos por los beneficios obtenidos. Esta postura reduce la necesidad de regulación: la mayoría de países ya disponen de un sistema fiscal que contempla las plusvalías obtenidas por inversiones del tipo que sean, de modo que al vender bitcoins comprados para especular se deberían pagar los impuestos correspondientes al beneficio obtenido. En el caso de los comercios que acepten pagos en bitcoins la situación es más complicada, ya que en caso de no considerar al bitcoin una moneda, la transacción no sería monetaria, sino un trueque.

La moneda global, una vieja idea

Una vieja idea que nunca ha sido llevada a cabo, aunque a punto estuvo de materializarse.

En Bretton Woods, la conferencia que estableció el orden económico mundial tras la Segunda Guerra Mundial, el economista Keynes propuso, entre otras medidas, la creación de un banco mundial y de una moneda única para las operaciones internacionales.

Debido a la influencia decisiva de EEUU en la guerra, su influencia en los países occidentales era enorme. Finalmente, las medidas tomadas se aproximaron más a los postulados norteamericanos y la moneda internacional terminó siendo su moneda nacional, el dólar.

Por su parte, Japón ha llamado la atención sobre el principal problema: sus autoridades financieras defienden la necesidad de una regulación, pero también creen que lo ideal es que ésta sea internacional. Eso dificultaría el fraude y ayudaría a que los usuarios puedan utilizar Bitcoin como moneda global, que es uno de los grandes objetivos de las criptomonedas.

Sin embargo, pocos países han dado pasos para regular el uso de criptomonedas localmente. ¡Como para pensar en una regulación internacional! En España la normativa pondría la responsabilidad del pago en el que termina cambiando los bitcoins por dinero. De algún modo, esta transacción sería el equivalente a la venta de un bien (una cantidad de bitcoins) a cambio de dinero “de verdad”, por el que se debería devengar IVA.

¿Una burbuja o la moneda del futuro?

Es difícil saber a qué carta quedarse. Son pocas las voces que se atreven a pronosticar un sonado fracaso para Bitcoin, pero algunas de ellas son relevantesRobert Shiller, profesor de la Universidad de Yale y premio Nobel de economía es uno de ellos. Shiler ha manifestado que no tiene duda alguna de que se trata de una burbuja. Habiendo recibido un Nobel por sus estudios sobre la volatilidad de los mercados financieros, se trata de una voz a tener en cuenta.

Sin embargo, otras voces como la del director de Google Ideas, Jared Cohen, ven como algo evidente que “las criptomonedas son inevitables”. Google es una de las grandes empresas que han demostrado su interés por Bitcoin y otras criptomonedas. Evidentemente, sus posturas no son tan académicas como la de Shiller y otros detractores de Bitcoin, pero aún así tienen un gran punto a su favor. Si Google y otras grandes compañías comienzan a aceptar pagos en bitcoins, se generará confianza en la moneda. Y, como ya hemos visto anteriormente, cualquier moneda, desde el euro hasta las famosas piedras de la isla de Yap vale tanto como creemos que vale.

Preguntado acerca si es todavía pronto para asegurar que Bitcoin ha llegado para quedarse, Leopoldo Abadía nos dice que “no es demasiado pronto [para asegurarlo]. Creo que son sistemas que vienen para quedarse, pero me parece que todavía están muy verdes. Seguramente no los domina nadie y cuando ves que se ha caído Mt.Gox, que han robado no sé cuánto… me parece que está verde. No sé si será en los próximos 10 años o en 25 años. Pero creo que va a ser relativamente pronto. ¡Igual un día yo te pago algo en bitcoins, si los aceptas!”

Conclusión

En los últimos artículos hemos explicado cómo funciona Bitcoin, cuáles son algunas de las otras criptomonedas y monedas alternativas y sus diferencias con estas. En este caso, hemos explicado las dificultades que tiene Bitcoin para ser una moneda de uso común, tanto online como offline.

Entre estas dificultades, la principal es su volatilidad, que hace que su uso como herramienta para pagar por bienes y servicios esté condicionado por la especulación, objetivo de gran cantidad de personas y entidades que invierten su dinero en bitcoins. Por otra parte, los escasos pasos dados hacia una regulación de Bitcoin y, en casos como el de China, los pasos dados hacia la restricción del uso de criptomonedas hacen necesario esperar para poder responder a las grandes preguntas con certeza.

Personalmente, me parece probable que Bitcoin, o alguna otra criptomoneda, llegue a ser un medio de pago corriente en Internet y, posiblemente, también offline. Sin embargo, tengo dudas acerca de que la mayoría de usuarios de Bitcoin lleguen a almacenar grandes cantidades en bitcoins. Los bruscos cambios de precio, unidos a la falta de confianza en los “bancos” de bitcoins y a la necesidad de cuidar tú mismo de la seguridad de tu dinero si optas por guardarlo en un monedero local en tu disco duro (algo así como guardar los billetes en el colchón), dificultan que alguien decida guardar sus ahorros en ellos.

Quizá si la banca convencional se decide a incorporar cuentas en bitcoins a su oferta de servicios la situación cambie, hasta entonces, es probable que Bitcoin no rivalice con el euro y el dólar, sino con PayPal y las tarjetas monedero recargables, tan populares en otros países.

One Response to ¿Hacia dónde va Bitcoin?

  1. Henry 10 Abril, 2014 at 22:41 #

    Cajeros automáticos de esta moneda, creo que es una buena forma alternativa de pagar, no esta mal.

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