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Cómo usar iFTTT para personalizar tus servicios en la nube

iFTTT, haz que la web trabaje para ti

¿Qué es WYSIWYG?

Este acrónimo esconde la expresión “What You See Is What You Get”, esto es, Lo Que Ves Es Lo Que Conseguirás. En la informática personal anterior al WYSIWYG se trabajaba en pantalla con una aproximación del resultado final que sólo sabrías si era correcta al imprimir. Y claro, casi nunca era exactamente lo que querías, así que de vuelta al programa y a seguir hasta atinar. La llegada de la interfaces gráficas como Windows, inspirada en el Mac OS del mundo Apple, y este a su vez en el trabajo de los investigadores de Xerox en el Palo Alto Research Center, lo cambió todo. En las pantallas de estos nuevos sistemas lo que veías era exactamente, o casi, lo que saldría por la impresora y lo que se guardaría en el archivo. Esto parece una obviedad hoy en día, pero fue un enorme salto adelante en su momento. Y, desde luego, hasta que cada ordenador no incorporó una pantalla con unos gráficos decentes, no fue posible crear programas enriquecidos con vídeo y gráficos de calidad o dar el salto que dieron los juegos. Este cambio representó un salto tecnológico muy importante del que todavía nos estamos beneficiando.

Muchos usuarios de Internet, como yo, empezamos a deambular por la nube, sin saberlo, aquel día en que nos dimos de alta en un primitivo servicio de webmail. La idea de que las páginas web pudieran ser más que documentos con texto y enlaces, y que el navegador fuera la ventana por la que acceder a verdaderas aplicaciones instaladas en remotos servidores era tan revolucionaria que, al principio, muy pocos lo vieron claro. Yo desde luego no. Hoy es más que evidente que el software, tal y como lo conocíamos, ha visto muy cambiado su papel. Permíteme que haga un recorrido por el pasado que nos ha traído (tecnológicamente) hasta aquí. Creo que servirá para entender mucho mejor qué es y para qué sirve iFTTT. Si prefieres entrar en materia, salta directamente al apartado “iFTTT, el pegamento de la Web”.

Antes, para cada necesidad, eran imprescindibles una o varias herramientas que había que instalar en el ordenador. Elegirlas, configurarlas y hacer que hablasen entre sí podía ser todo un arte. En los tiempos del MS-DOS (lo sé, lo sé, me estoy remontando mucho pero ayuda a tomar perspectiva) cada programa era una especie de isla, que se comunicaba con otros programas, a regañadientes, mediante archivos. Es decir, si mi programa de dibujo podía exportar imágenes en .GIF y mi editor de textos podía importarlas para insertarlas en un documento, entonces ambos programas “hablaban” y el resultado de uno de ellos alimentaba al otro. Había ocasiones en las que un programa no exportaba los datos en ningún formato que admitiera el siguiente. En casos así se empleaban los conversores, programas especializados en convertir entre unos formatos y otros. Esto ampliaba mucho las posibilidades de los programas que generaban archivos y el de los que lo importaban. Hacía de puente entre ambos mundos.

Luego vino Windows. Ahora teníamos una interfaz gráfica, un verdadero entorno WYSIWYG (ver recuadro “¿Qué es WYSIWYG?”). Todo eso estuvo muy bien, y es la base que nos ha traído hasta aquí. Pero, en mi opinión, lo que realmente lo cambió todo fue que el paisaje, el ecosistema en el que se ejecutaban las aplicaciones Windows pasaba a ser mucho más potente y rico (¡y caótico internamente!, pero eso es otra historia) que el del MS-DOS.

En Windows los programas ya podían acceder a muchos recursos complejos del sistema (fuentes tipográficas, drivers de pantalla, impresora, ratón y cualquier otro tipo de dispositivo, gestión de memoria, paso de mensajes, etc.) y el sistema podía hablar con los programas e interactuar con ellos. Una de las mayores ventajas que trajo todo esto es que, en Windows, todos los programas tenían sistemas comunes para copiar y pegar contenidos. Así es, en el “Mundo PC” anterior a Windows, el “copia-pega” era un concepto prácticamente teórico que no servía para casi nada, sólo funcionaba dentro de cada programa, en aquellos pocos programas que lo permitían.

A partir de este momento se podía copiar, por ejemplo, un gráfico de un programa cualquiera e incrustarlo en otro para enriquecer un documento que, más tarde, podía ser empotrado todo él en otro documento de una aplicación distinta. Y si lo hacías del modo más potente, un cambio en el primer gráfico haría que se actualizase el documento intermedio y a su vez el final. Las posibilidades eran enormes. Ahora el usuario, en lugar de tener que elaborar los puentes entre aplicaciones por su cuenta, disponía de esta capacidad como una característica más del sistema. Y realizar acciones muy complejas fácilmente. Si el programa utilizado era para Windows, salvo excepciones, podría hablar con los demás programas de Windows. Así de claro. Así de potente.

Llega la Web 2.0

Formatos de archivo y extensiones

Los primeros ordenadores con MS-DOS permitían utilizar como nombre de un archivo sólo 8 caracteres seguidos de un punto y otros tres caracteres, estos últimos se conocían como la extensión. Tenías que hacer malabarismos para, en sólo 8 caracteres, dar un nombre suficientemente descriptivo del archivo en cuestión. La extensión servía para que el sistema supiera de qué tipo era ese archivo, era una especie de aviso a navegantes. Si era .COM o .EXE entonces MS-DOS sabía que eso era un programa. Si era .BAT sabía que era un archivo de texto con una serie de órdenes del sistema. Si era .DOC era un documento, generalmente de Word, si era .GIF era un tipo de archivo gráfico, etc.

Si un programa sabía emplear archivos .TXT de texto, la extensión servía para que identificase qué archivos podía abrir y cuáles no. Si intentaba abrir como texto un archivo que, por error, tenía esa extensión, seguramente al no ser un archivo de texto, se produciría un error, por eso era vital no jugar con las extensiones. Cada archivo tenía que tener la que le correspondía y no otra. Hoy eso se mantiene en sistema como Windows y Mac OS X, aunque la mayoría de las veces el entorno lo oculta al usuario. Y, gracias a los dioses de la tecnología, ya se puede usar más de 8 caracteres para darle nombre a un archivo. Menos, menos mal.

Y en esto irrumpió Internet en nuestras vidas. Tras unos primeros años en los que las webs eran básicamente documentos de texto con hipervínculos, evolucionó mucho y muy rápido hasta llevarnos a la web 2.0. Aquí empezaron a aparecer las webs como servicio (Web as a Service) en las que el navegador sirve de ventana de conexión con un servicio alojado en un servidor remoto. Los detalles técnicos son bastante espesos y no merece la pena detenerse en ellos. Baste centrarnos en que aquí el navegador pasa a ser la puerta de entrada a los servicios web alojados fuera de nuestro ordenador: mail, descargas de archivos, álbumes fotográficos, eCommerce, banca, etc. El navegador le hace llegar nuestras acciones con el teclado y el ratón, o le transfiere los archivos que elijamos, todo el proceso tiene lugar en el servidor remoto, y nuevamente el navegador muestra en la pantalla los resultados de nuestras acciones. La acción sucede en la nube, y nuestro ordenador es la puerta de entrada y de salida, pero el verdadero trabajo se produce fuera de él, en algún lugar de Internet.

En muchos de estos servicios web lo que hacemos es consultar información y elegir, mediante botones, campos de texto y listas desplegables, qué queremos ver o hacer. Pero en otros casos como Google Docs, email o Facebook, no sólo “consumimos” sino que creamos documentos y contenidos que almacenamos o compartimos. Y aquí es donde está lo mejor y lo peor de la nube. La mayoría de los servicios de la nube que usamos son aparentemente gratuitos (al final pagamos recibiendo montañas de publicidad o cediendo datos personales, algo que no se percibe como un pago claro, pero que lo es). Como dicen los anglosajones, “there’s no such thing as a free lunch”, no existe una comida (ni nada) que sea realmente gratis. Si no parece que pagues, busca, busca, que estás pagando por otro lado.

Lo bueno y lo no tan bueno

En cualquier caso, aceptemos que estos servicios son gratuitos en aras de la sencillez. Al no haber pago de entrada, empezar a usarlos es más inmediato. Tampoco requieren que instalemos nada en el navegador, basta con visitar su web, darnos de alta y empezar a usarlos. Además, como todo se almacena “allí”, no es necesario (ni posible) hacer backups ni nada parecido. Desaparece la necesidad de comprar software, e inmediatamente desaparece la necesidad de instalarlo. Desaparece la necesidad de mantenerlo actualizado. Y desaparece la necesidad de hacer copias de seguridad de nuestros datos. Por no hablar de tener un antivirus instalado. Al menos para esto no es tan necesario. Como ves, son muchas ventajas, la nube nos quita complicaciones, nos da mucho trabajo hecho.

La nube es buena, pero también nos hace más vagos y más dependientes. Porque tenemos que fiarnos a ciegas de que, lo que sea que hagan para hacer copias de seguridad de nuestros datos funciona. Más nos vale. Nosotros no podríamos hacerlo en la mayoría de los casos. Porque, ¿cómo harías tú una copia de seguridad de lo que has subido a Facebook? ¿Qué guardarías? ¿Dónde lo harías? ¿Y cómo? No es que no sea fácil, es que es prácticamente imposible. No tienes manera de acceder a los datos, sólo a través de los botones, listas desplegables, etc. que te ofrece la app en la nube. Los servicios en la nube son muy cómodos de usar pero sólo y exclusivamente se pueden usar tal y como lo hayan diseñado sus técnicos.

Además, muchos servicios en la nube están pensados para ser ellos el almacén donde guardamos cosas, nos dan muchas facilidades y gigabytes “gratuitos” de espacio libre para que les enviemos archivos y les demos datos personales, pero pocas o ninguna para hacer el proceso contrario. Además, la nube nos limita. Los datos están guardados “por ahí” y sólo puedes acceder a lo que se muestra en la pantalla, con todas las limitaciones que esto tiene. Volviendo al símil anterior, si has almacenado una buena cantidad de contenidos en la nube (documentos, fotos, música, enlaces, datos de todo tipo), el navegador te deja ver, a su manera, una parte del total. Es una ventana por la que asomarte a ese almacén de datos, pero no te deja tocar “con tus manos” esos datos. Y a veces es lo que necesitarías. O al menos necesitarías que determinado sistema en la nube realice acciones que no están incorporadas. Y aquí es donde, casi 1.400 palabras más tarde, entra iFTTT.

iFTTT, el pegamento de la Web

Ficheros .BAT y lenguajes de scripting

La forma de manejar un ordenador pre-Windows consistía en escribir secuencias de comandos bastante crípticas tras el temible cursor “C:\>”. Allí no había botones que pulsar, menús por los que navegar, ni casi nada que ayudase un poco. El nivel de conocimientos mínimos para hacer algo (y también para no destrozar nada) era bastante alto. Para mucha gente aquello era terrible, lógicamente, pero para los que lo dominaban era un entorno bastante potente. Hoy en día, a pesar de las fantásticas interfaces de usuario de Windows, Mac OS X o Linux, en cualquiera de ellos es posible abrir una ventana de terminal y acceder a un interfaz así. ¿Para qué? Pues para realizar muchas acciones de mantenimiento y configuración que son mucho más fáciles y rápidas cuando aprendes a llevarlas a cabo así. Hacer click en botoncitos y menús es mucho más intuitivo, pero si buscas rapidez y potencia, acabas por sumergirte en estos mundos.

Lo que sucede es que cuando necesitas ese “algo más”, no te limitas a escribir en esa ventana de terminal extrañas secuencias de comandos y opciones que nadie más a tu alrededor comprende. Las acciones que un administrador necesita llevar a cabo son más complejas y muchas de ellas son repetitivas, de forma idéntica o muy parecida. Y en casos así es cuando se emplean los lenguajes de scripting. Se elaboran verdaderos programas que realizan muchas acciones en secuencia, siguiendo un guión, un programa (un script). En el primitivo MS-DOS, y por compatibilidad se mantiene en Windows, estos archivos tenían la extensión .BAT de Batch, o Lote. En sistemas más avanzados la extensión puede variar en función del sistema de scripts empleado.

Los lenguajes de scripting no son otra cosa que un lenguaje de ordenador adaptado para funcionar con la línea de comandos y disponer de la potencia de un lenguaje con todas sus capacidades (almacenar datos en variables, ejecutar una serie de comandos en orden, repetir bloques de código en bucles, comprobar si se produce una condición, etc.). Esto permite crear acciones muy complejas e inteligentes. Es más, la mayoría de las webs que usas a diario emplean por debajo sistemas muy similares. Esta misma se apoya, entre otras tecnologías, en el lenguaje PHP, que es una evolución adaptada a la web de estos sistemas. Y te aseguro que a mi, que a veces curioseo por su interior, no deja de sorprenderme la complejidad que puede alcanzar y, gracias a ello, los resultados tan increíbles que se pueden conseguir con lenguajes como PHP.

Las letras iFTTT forman el acrónimo de “iF This Then That”, que significa “Si Sucede esto Entonces (haz que suceda) Esto otro”. Es un servicio, también en la nube, cómo no, que permite crear recetas para enlazar unos servicios en la nube con otros. Las recetas emplean ingredientes, que son los elementos a los que pueden acceder de cada servicio como, por ejemplo, en el caso de un servicio de email serían el destinatario, el título o los adjuntos de un mensaje. Nosotros configuramos qué servicios queremos emplear de los 81 que incluye por el momento su biblioteca, los datos que queremos consultar y qué condiciones queremos comprobar (la parte “iF This”) y lo que queremos que haga en ese caso (el “That”). Lo bueno es que iFTTT enlaza funciones de unos servicios con otros y permite hacer que la nube sea “más lista” y que haga por nosotros cosas para las que ninguno de estos servicios por separado fue diseñado. Además de que, por la forma en la que iFTTT accede a los servicios en la nube, es capaz de conseguir muchos de nuestros datos con parecida ductilidad a la que tendríamos si estuvieran almacenados en el disco duro de nuestro ordenador.

El modelo está claro, si las aplicaciones están instaladas en nuestro ordenador, en cierta medida es posible rellenar los huecos que hay entre ellas para hacer un conjunto más cohesionado y capaz. En la nube cada servicio es una isla, un castillo con un puente levadizo y una única puerta de entrada y además, en la mayoría de ellas, no es posible hacer más de lo que nos dejan hacer los menús.

Programar sin saber programar

Con iFTTT cambian las cosas. Permite definir reglas que comprobarán las condiciones que definamos y que llevarán a cabo acciones. Y no sólo eso, sino que estas reglas revisarán la situación más o menos cada 15 minutos para detectar si, por ejemplo, tenemos algún email nuevo, alguien ha etiquetado una foto en Facebook con nuestro nombre o determinado valor de bolsa ha superado un límite que nos preocupaba. Si esto sucede, estemos conectados o no, estemos frente al ordenador o no, nos acordemos o no, iFTTT se dará cuenta y actuará en consecuencia. En algunos servicios podemos conseguir que cada vez que etiquetemos un contenido con el texto que elijamos, se cree un elemento nuevo en otro servicio, o nos envíe un correo. Esto, aunque primitivo, nos puede ayudar a “sacar” nuestros datos de un servicio y llevarlos a otro sitio.

iFTTT hace que no sea necesario tener conocimientos de programación pero que, sin embargo, se puedan conseguir resultados como los que antes sólo estaban al alcance de técnicos muy especializados que dominaban materias esotéricas como lenguajes de scripts, Perl y otras hierbas raras. Esto último es algo de lo que trataremos en otra ocasión porque puede ser muy útil si necesitas ir más allá, pero también requiere unos conocimientos previos mucho mayores. Afortunadamente para la mayoría de los mortales, servicios como iFTTT permiten que la programación de scripts quede reservada a aquellos especialistas que verdad lo necesiten y estén capacitados para ello. ¡Los demás podemos aprovecharnos de iFTTT en nuestro día a día!

¿Qué necesitas para usar iFTTT?

Poca cosa, entrar en iFTTT y darte de alta como usuario. Una vez rellenados los pocos datos que te pide, te enviará el email de comprobación habitual en casi todos los servicios web. Contéstalo para activar tu perfil de usuario y ya puedes empezar a usar iFTTT. Vamos a dar un repaso por los principales elementos que te encontrarás.

La parte superior de la pantalla muestra los menús principales:

  • My Recipes (Mis Recetas): Aquí encontrarás todas las recetas que tengas configuradas, tanto las tuyas propias como las que hayas cogido de otros usuarios y las que marques como favoritas.
  • Create (Crear): Como te puedes imaginar, aquí creas, paso a paso, tus propias recetas partiendo de cero. En el próximo apartado verás cómo crear tu primera receta.
  • Browse (Navegar): muestra una lista de recetas que puedes añadir a tu perfil si deseas disponer de esa funcionalidad.
  • Channels (Canales): Visualiza una lista con los canales (servicios) disponibles en iFTTT. Los que ya estén configurados y listos para ser usados se mostrarán en color. El resto aparecerán en gris. Si haces click sobre uno que está inactivo, te pedirá conectarte al servicio para autorizar el acceso automático por parte de iFTTT.
  • <nombre de usuario>: Aquí tienes opciones de control sobre tu perfil de usuario.

Vamos a ver con más detalle cómo crear una receta. Es un proceso realmente sencillo, tanto que esconde muy bien toda la complejidad que evidentemente ha requerido poner todo el entramado de iFTTT en marcha. Este es, posiblemente, uno de los más brillantes ejemplos que conozco de cómo se puede diseñar un proceso que tiene cierta complejidad para que sea extremadamente fácil de usar y guíe al usuario en cada paso. Todo el sitio iFTTT es un ejemplo de usabilidad bien entendida, pero esta parte en concreto es, sencillamente, espectacular.

Tu primera receta

Haz click en “Create” para crear tu primera receta. Lo primero que verás es la frase “ifthisthenthat”. Aquí sólo tienes que pulsar sobre “this”.PASO 0

 

PASO 1

Se mostrará una lista de canales de entre los cuales tenemos que elegir el que disparará la acción (“Choose Trigger Channel“). En este ejemplo utilizaremos el canal Pocket, un conocido servicio web empleado para marcar contenidos interesantes de la web y poder leerlos más tarde (¡úsalo con Teknlife.com, funciona de maravilla!).

PASO 1

 

PASO 2

Las condiciones de activación disponibles son estas:

  • Any new item – (Cualquier nuevo contenido, se activa cada vez que se añade un nuevo contenido a Pocket)
  • New item tagged – (Etiquetado elemento nuevo, recibe un valor de etiqueta para que se active sólo cuando se emplee esta tag)
  • New favorite item – (Nuevo elemento favorito, se activa cuando hacemos click en el icono marcar como favorito de Pocket en un contenido dado)
  • New item archived – (Nuevo elemento archivado, se dispara cuando archivamos un contenido en Pocket).

PASO 2

 

La única acción disponible es “Save for later“, que añade un nuevo contenido a Pocket con dos campos posibles: URL y etiquetas. En este ejemplo usaremos la condición “New item tagged” de forma que, cada vez que le asignemos la etiqueta “Teknlife” a algún contenido almacenado en Pocket, iFTTT se encargará de enviarnos un correo. Este servirá para recordárnoslo aunque su verdadera utilidad está en que, si además creamos la regla adecuada en el programa de correo que recibirá este email, dispondremos en una carpeta de todos los contenidos de Pocket que etiquetemos como Teknlife para revisarlos más cómodamente, por ejemplo, desde un smartphone. Esta es una pequeña posibilidad, pero hay cientos de alternativas más en función del o los servicios/canales que quieras utilizar.

 

PASO 3

El sistema ahora nos pide la etiqueta que activará la regla, en este caso escribe “Teknlife” y pulsa “Create trigger”.

PASO 3

 

PASO 4

¿Qué es un(a) API?

Toda la vida hablando de “las APIs” y resulta que lo correcto es “el API”. Voy a intentar nombrarlo correctamente, ¡pero me va a costar un mundo! Un API, o Application Programming Interface, es un convenio, un conjunto de reglas y buenas prácticas para que un programa pueda acceder a las funciones que ha programado otra persona o empresa.

Un software internamente puede tener todo tipo de triquiñuelas, aunque no es lo deseable. El API es la cara pública, la ventanilla de acceso con la que esa aplicación se presenta al exterior, en este caso a otros programas.

Esto con la llegada de la web se adaptó y ahora la mayoría de servicios web disponen de un API para poder interactuar con ellos. Este API de distintos servicios web es al que accede iFTTT de cada uno de los canales que nos presenta y cuya complejidad informática esconde con mucha habilidad con sus “triggers”, “acciones” y “contenidos”.

iFTTT no simula hacer click en los elementos del interfaz de, pongamos por caso, Dropbox. Las acciones de iFTTT son comandos que se intercambian entre iFTTT y el servicio online que estemos usando, hacen cosas muy parecidas a lo que haríamos nosotros al conectarnos a ese servicio web, pero internamente no se parecen en nada.

Ahora tenemos que realizar un proceso similar para la acción a realizar cuando se cumpla la condición. Haz click en esa palabra (“That”).

Paso 3-4
Si deseas activarlo para tu cuenta de GMail, tienes esa opción. Yo preferí usar el canal genérico “Email”. Haz click sobre su icono con un sobre azul.

Paso 4

 

PASO 5

La pregunta es clara: “Choose an action” (Elige una acción). Este canal sólo tiene una acción disponible: “Send me an email” (envíame un email a mí mismo). Haz click en ella.

Paso 5

 

PASO 6

Aquí puedes completar los campos que tendrá el email. Por ahora, lo mejor es dejarlos como están y pulsar el botón “Create action” (Crear acción). Te recomiendo que antes compruebes que la nueva acción funciona de la forma más sencilla, y luego siempre podrás complicar estas opciones a tu gusto.

Paso 6

 

PASO 7

iFTTT mostrará ahora la acción antes de crearla y activarla definitivamente. En este ejemplo la descripción es: “If new item tagged Teknlife, then send me an email at marcos.sagrado@email.com”, esto es, “Si un elemento recibe la etiqueta ‘Teknlife’, entonces envíame un email a la dirección marcos.sagrado@email.com“. Haz click en el botón “Create recipe” (Crear receta) y habrás terminado.

Paso 7

 

Esto es lo que verás al terminar. La nueva receta aparece junto a las anteriores y dispones de opciones para desactivarla, comprobarla, compartirla, editarla, borrarla o ver el histórico de actividad de esa receta.

Paso final

 

Creo que se ve que es un proceso sencillo, pero cuando lo repitas por tu cuenta verás que es todavía mucho menos complejo de lo que pudira parecer aquí. Todos estos pasos se suceden con rapidez y, literalmente, en menos de un minuto lo habrás hecho todo si no configuras comportamientos un poco más complicados. Ahora lo mejor que puedes hacer es probar, probar y probar esto hasta conseguir dominarlo y, lo mejor, obtener de la nube un comportamiento mucho más inteligente y adaptado a lo que tú y solamente tú quieres de lo que podrías conseguir ahora sin recurrir a iFTTT. ¡Felices recetas!

Imagen principal: Kevin Utting

3 Responses to iFTTT, haz que la web trabaje para ti

  1. Alberto Algarra 24 Febrero, 2014 at 15:26 #

    Muy bueno esto del iFTTT. La referencia histórica me ha encantado y las metáforas son muy acertadas. \r\nTengo que probarlo. Creo que puede ahorrar bastante tiempo en consultar información ya que sin dedicar mucho tiempo puedes exprimir o mejor dicho adaptar aplicaciones más cotidianas a tu conveniencia. \r\nUn saludo.

  2. Carlos 13 Noviembre, 2014 at 14:00 #

    Muy interesante y acertado el enfoque que le das a este asunto.\r\nSaludos de un viejo amigo.

    • Marcos Sagrado
      Marcos Sagrado 16 Noviembre, 2014 at 15:12 #

      Hola Carlos,\n\n ¡menuda sorpresa! Muchas gracias por tus palabras.\n\n Un saludo enorme de otro viejo amigo ¡tenemos que vernos!

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