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Distintas caras creadas con impresión 3D para el personaje ParaNorman
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¿Comprar el tornillo en la ferretería o imprimirlo en casa?

Impresión 3D: otra tecnología que cambiará el mundo

Sábado a las 10 de la noche. Paco mira impertérrito la cisterna del WC, que no para de soltar agua. En otras circunstancias la molestia sería considerable. Mantener cortada la llave de paso cada vez que la cisterna se llene para que el agua no desborde, y esperar a que abran las tiendas el lunes para comprar un nuevo flotador. Pero eso sería en otras circunstancias. Paco enciende el ordenador, se descarga un archivo y empieza a imprimirse el flotador que necesita desde casa. En poco más de una hora el problema está resuelto.

La impresión 3D no es cosa del futuro, sino del ya. Aunque su salto a la fama es relativamente reciente, hablamos de una tecnología que lleva viva más de 20 años, especialmente en el ámbito científico e industrial, como forma de obtener rápida y económicamente prototipos con los que estudiar y resolver posibles problemas técnicos, antes de proceder a la fabricación definitiva de un producto. Con el tiempo, este tipo de impresión ha evolucionado discretamente de cara al gran público. Los materiales empleados son mucho más avanzados, los costes se han ido reduciendo (de unos 130.000 euros a finales de los 80 hasta unos 1.500 euros actualmente, según el tipo de máquina) y el momento de hacer que esta tecnología se cuele dentro de los hogares de medio mundo es ahora. En estos momentos, cualquier usuario puede comprar por Internet una impresora 3D “doméstica”. Aunque los precios son más elevados que los de una impresora convencional, no lo son más que los de un ordenador de sobremesa de gama media-alta. Una empresa taiwanesa ha anunciado el lanzamiento de un modelo low cost, por menos de 400 euros. La estadounidense HP también ha anunciado recientemente que volverá a meterse en el mundo de la impresión 3D después de su fallido intento de 2010. También la española Bq se ha lanzado a fabricar impresoras 3D para filamentos PLA destinadas principalmente al ámbito doméstico. Posiblemente, ahora el mercado esté mucho más maduro para recibir y aprovechar en casa las posibilidades de este tipo de tecnología. 

El precio no es la única razón por el que la impresión 3D podría convertirse en un nuevo electrodoméstico. Ahora, buena parte de los hogares cuentan con ordenador y conexión a Internet, y el conocimiento más o menos básico de las herramientas de diseño es bastante más accesible que hace unos años. La tan mentada revolución 3D ya está en marcha. Por un lado cambiará la forma de entender la producción industrial y, por otro, nuestra manera de acceder a los más diversos objetos. ¿Veremos dentro de poco establecimientos donde “fotocopiar” objetos, capaces de escanearlos e imprimirlos en 3D? ¿se filtrarán los procesos de producción a los propios hogares o a pequeñas empresas en un nuevo concepto de “Do it yourself”?

La impresión 3D en plena acción

 

¿Mecanismos articulados?

¿Mecanismos articulados?¿Sería posible imprimir mecanismos articulados que salgan ya ensamblados? Este es uno de los ámbitos en los que trabaja la industria, junto con la impresión simultánea de varios materiales, por medio de diferentes cabezales de extrusión. Autor de la imagen: Zorro2212. Fuente: Wikimedia.

En realidad la idea es bastante sencilla. Ir añadiendo, una sobre otra, capas de material, según un diseño digital previo, hasta obtener un objeto tridimensional. Exactamente igual que lo hacen las impresoras de inyección de tinta sólo que, en lugar de tinta, van depositando capas de material sólido. Lo complicado, por así decirlo, está en la precisión de las máquinas o, lo que es lo mismo, su resolución. Poder obtener un modelo prácticamente acabado o, por el contrario, necesitar pasar por un proceso posterior de desbastado y pulido. También intervienen en el producto final el material empleado, que otorga mayor o menor resistencia y más o menos flexibilidad, el sistema de impresión y el tiempo que tarda en acabar de imprimir cada pieza. Precisamente por esto último, todavía no es posible emplear la impresión 3D para producción industrial de objetos finales. Se tarda demasiado en fabricar una sola pieza. El tiempo de impresión es una de las dificultades a vencer. Otra es la posibilidad de imprimir varios materiales, con propiedades diferentes, a la vez en cada capa.

Los sistemas de impresión por Estereolitografía (SLA) lo que hacen es incidir un haz de luz ultravioleta sobre una bandeja con resina líquida fotopolimérica. La bandeja está situada sobre una plataforma elevadora que va exponiendo al haz de luz el fotopolímero, de manera que va solidificando la resina impactada capa a capa y creando la pieza. Es un sistema bastante preciso, relativamente rápido (según tamaño, una pieza funcional al día) y el producto resultante es resistente y sólido.

El Sinterizado Selectivo por Láser (SLS) actúa sobre una capa muy fina de polvo, depositado sobre una cuba. Esta se calienta hasta un punto ligeramente inferior al punto de fusión del polvo. Luego, un láser de alta potencia incide sobre los lugares correspondientes a la forma, sinterizando el polvo, o lo que es lo mismo, lo fusiona y convierte en sólido. Esta técnica permite sinterizar partículas finas de metales como el hierro o el titanio; plásticos como el poliestireno, cerámicas e, incluso, cristales. El SLS es capaz de obtener piezas de una densidad casi idéntica a las de las piezas fabricadas por métodos tradicionales.

Las siglas MDF se refieren al sistema de Modelado por Deposición Fundida. Mediante un filamento termoplástico que se hace pasar por una boquilla fusora, se van adicionando capas de material fundido que se solidifica casi instantáneamente. Es la boquilla la que se va desplazando y depositando el material capa sobre capa. Lo interesante de esta técnica es que no sólo permite usar diversos termoplásticos, también es posible imprimir figuras de chocolate comestibles.

Todas estas técnicas se emplean para realizar prototipado rápido, aunque dependiendo de las características de las piezas que se quieran imprimir, será más recomendable uno u otro. En algunos casos, la precisión y la solidez del sistema ha hecho que se use directamente para la creación de piezas definitivas, como es el caso de puentes y coronas dentales.

Cómo imprimir cuando la materia prima está viva

Posiblemente sea la salud uno de los campos donde la impresión 3D tiene más camino que recorrer, y donde los futuros avances tendrán más repercusión en la sociedad. Hay que decir que, a pesar de las noticias que han ido saltando a la prensa de medio mundo acerca de los avances en bioimpresión de tejidos, lo cierto es que no hay, aún, nada realmente funcional.

La bioimpresión se enfrenta a varios retos importantes. Uno de ellos es que, cuando hablamos del material de impresión de lo que hablamos realmente es de células. Y trabajar con células no es lo mismo que trabajar con polvo de hierro, termoplástico, papel o chocolate. Las condiciones que precisa una célula viva para desarrollarse, adoptar una forma y función determinadas y seguir viva después pasar por el proceso de impresión o que no se deshaga después de implantado el tejido impreso, van a requerir un tiempo para poder decir que existe la tecnología de la bioimpresión. Los tejidos no suelen estar compuestos de una gran variedad de células, pero los órganos son mucho más complejos. Estos cuentan con varios de ellos, organizados y relacionados de una forma muy específica. Al mismo tiempo, tanto órganos como tejidos deben asegurar el aporte de oxígeno y nutrientes a cada una de sus células a través de vasos y capilares, y la llegada del impulso nervioso a través de los nervios. Los tejidos vivos tienen, además, la particularidad de mantener cierta capacidad de autoregeneración, o de reemplazo de células muertas por otras nuevas. ¿Cómo se puede imprimir todo eso? Por ahora sigue siendo una pregunta con tímidas respuestas que científicos de medio mundo tratan de resolver.

Las células del tejido cartilaginoso están rodeadas de una matriz hialina. Una de sus ventajas como materia prima de impresión biológica es que prácticamente no está ni enervado ni vascularizado.Las células del tejido cartilaginoso están rodeadas de una matriz extracelular que le da soporte. Una de sus ventajas como materia prima de impresión biológica es que no está vascularizado. Autor de la imagen: Emmanuelm. Fuente: Wikimedia.

En la Scripp Clinic de San Diego, un equipo de investigación ortopédica liderado por el doctor Darryl D’Lima, está trabajado en la impresión 3D de cartílago. En este caso se trata de un tejido relativamente sencillo, sin la complejidad de otras células como las nerviosas o las cardíacas. Pero tiene el mismo hándicap que en el resto de los “consumibles” biológicos: mantener viva la célula durante el proceso de impresión. Las particulares características de los condrocitos (las células que conforman el tejido cartilaginoso) han hecho posible en este caso una primera impresión de cartílago, gracias fundamentalmente a que es un tejido que no tiene ni nervios ni vasos sanguíneos. A partir de que el proceso sea completamente funcional, el último obstáculo a salvar podría ser burocrático, cuando haya que demostrar que los tejidos obtenidos mediante este sistema son seguros para los pacientes receptores.

Actualmente se trabaja en el cultivo de tejidos desde células madre para obtener órganos completos para trasplantes, con la ventaja de que al obtener las células para cultivo del propio paciente, se elimina el problema del rechazo. La impresión 3D de tejidos se usaría para apoyar estos desarrollos, ayudando a construir las formas de los tejidos.

EE.UU., Alemania, China, Rusia y España son algunos de los países que han saltado a los medios por su apuesta por la investigación en el campo de la bioimpresión 3D. En nuestro país es una empresa asturiana, Prodintec, la que está invirtiendo en este campo. Su intención es crear un equipo multidisciplinar de ingenieros, biólogos, bioquímicos y químicos para desarrollar la tecnología capaz de realizar una impresión efectiva de tejidos. Su intención es comenzar primero con el tejido conjuntivo cartilaginoso y, más concretamente, en su aplicación oftalmológica.

Existen otros casos de empleo de la impresión 3D en el campo de la medicina, como el caso del bebé estadounidense Kaiba Gionfriddo. El niño nació con una malformación llamada traqueobroncomalacia, en su manifestación más grave. Se trataba de una patología que causa un malfuncionamiento de tráquea y bronquios, hasta el punto de hacerlos totalmente inoperativos y poder causar la muerte del niño por asfixia. En este caso la impresión 3D no generó una nueva tráquea a partir del propio tejido de Kaiba, sino un tubo traqueal artificial a medida, construido a partir de la imagen tridimensional de la tráquea y los bronquios del niño obtenida tras un TAC. El material empleado, policaprolactona, será reabsorbido por el organismo de Kaiba en unos dos o tres años, el tiempo que tarda su propia tráquea en regenerarse y ser completamente normales.

Más rápidas y baratas

Ese es el objetivo. Una reducción de costes y una aceleración del tiempo de impresión sin merma de la calidad. Eso abriría las puertas a la generalización de esta tecnología tanto para la producción industrial a gran escala como a la llegada al ámbito doméstico. De momento no se pueden dar cifras exactas del ahorro, si es que lo hay, que tendría la posibilidad de imprimir objetos y piezas de reemplazo desde casa. Un estudio de la Michigan Technical University aventura que el ahorro medio en mantenimiento para un hogar podría ser de casi 1.500 euros al año. Lo que está por ver es cómo afectaría eso a la propia industria y qué vías de reconversión tendría. ¿Podrían aparecer miles de pequeños canales de fabricación y distribución caseros?

Según la MTU, después de ponerse seriamente a echar cuentas sobre los costes de imprimir en casa versus comprar las piezas, teniendo en cuenta costes de envío, el precio de los componentes y un 20% de fallos en la impresión, lo que obligaría a imprimir la pieza de nuevo, al final la impresión de objetos varios, que en tienda les hubiese salido por entre 312 y 1.943 dólares, desde “casa” les costó sólo unos 18 dólares. Básicamente, en menos de un año la impresora estaría más que amortizada.

Pero a la hora de valorar cómo de rentable puede resultar una impresora 3D, es necesario echar cuentas con el valor de los consumibles. Los materiales plásticos (dependiendo de las características) resultarían relativamente baratos en comparación con los metálicos, que pueden llegar a ser hasta 100 veces más caros. Una bobina de filamento ABS, por ejemplo, puede rondar los 30 euros, y una de filamento PLA, los 25 euros.

La startup Peachy Printer usa el crowdfunding para hacer llegar a los hogares del mundo impresoras 3D de bajo coste.La startup Peachy Printer usa el crowdfunding para hacer llegar a los hogares del mundo impresoras 3D de bajo coste.Los fabricantes prefieren no esperar a que todo esté perfecto. Para eso están las actualizaciones y los lanzamientos de nueva gama. Esperar supondría perder la oportunidad de estar entre las marcas pioneras, las que acaban grabándose en la mente de los usuarios como “los de las impresoras 3D”. Por eso, aunque lo más seguro es que el precio tanto de las impresoras como de los insumos baje, y los modelos existentes mejoren sustancialmente su resolución, empiezan a verse propuestas pensadas para el mercado doméstico. El grupo taiwanés Kinpo fue uno de los primeros en anunciar el lanzamiento de impresoras 3D low cost para 2014. El precio, 363,2 euros, estaría muy por debajo de los más de 1.000 euros que cuestan ahora estos dispositivos y, por lo tanto, muy al alcance de muchos hogares. Por su parte, la startup Peachy Printer está moviendo con éxito su idea a través de crowdfunding, para crear y comercializar impresoras fotolitográficas 3D domésticas por menos de 100 dólares.

En la otra cara de la moneda, tener una de estas impresoras en casa puede suponer exponerse a cierta cantidad de partículas no muy sanas en el aire. Según una investigación del Instituto de Tecnología de Illinois, las impresoras 3D “de sobremesa” emiten al aire nanopartículas potencialmente dañinas, dependiendo del insumo empleado. El nivel de toxicidad en ambientes cerrados será, evidentemente, mucho más alto, por lo que cualquiera que se esté planteando adquirir una de estas impresoras para casa, deberá estudiar bien antes en qué parte la ubicará y cómo de bien ventilada estará dicha habitación, ya que las impresoras que se se venden en estos momentos no disponen de ningún sistema de filtración o captación de partículas. Según el estudio, el nivel de emisión de estas partículas a la atmósfera es comparable al de una estufa de gas, una vela perfumada, una impresora láser o un cigarrillo. Además de resultar tóxicas, al ser tan pequeñas se depositan fácilmente en las regiones alveolares de los pulmones y en las vías respiratorias altas, pudiendo ocasionar serios problemas cardíacos y respiratorios. Así es que, una cuestión más a tener en cuenta a la hora de perfeccionar los modelos domésticos.

En cuanto a la velocidad de impresión, hay tecnologías más rápidas que otras. Una impresora de extrusión con filamento ABS puede tardar una hora en imprimir una pieza pequeña, y entre 6 y 8 en terminar una pieza algo más compleja. Existen máquinas capaces de lograr piezas de considerable tamaño (entre 10 y 20 kilos) en sólo una hora. El precio a pagar por esta rapidez, de momento, es la calidad, ya que no es posible obtener piezas “finas” en el mismo proceso. Es necesario realizar un trabajo posterior de pulido de las piezas para terminarlas.

Materiales: casi lo que quieras

Posiblemente, una de las potencialidades de la impresión 3D es el avance en el desarrollo de materiales con los que imprimir. Los filamentos de derivados plásticos son los más abundantes y empleados en ámbitos domésticos, pero poco a poco se va haciendo posible trabajar con otro tipo de elementos, como metales, células o comestibles. Cada producto tiene sus propias particularidades a tener en cuenta en el proceso de impresión. Los filamentos más populares en el ámbito doméstico son el PLA (muy flexible y derivado del almidón de maíz, empleado para piezas de gran tamaño) y el ABS (más duro y resistente se emplea para piezas semejantes a las de Lego). Ninguno de los dos se recomienda para fabricar elementos relacionados con la alimentación, como vasos o platos a causa, entre otras cosas, a su porosidad.

El mercado ya dispone de otros filamentos que suplen las deficiencias de estos para según qué trabajos. Aún a riesgo de parecer un catálogo mencionaremos el BenLay, que aporta al mismo tiempo flexibilidad, dureza y fijación. El Poliamida 6, a base de nylon, no es tan flexible como otros, pero sí es altamente resistente a las cargas. Si lo que se quiere es un material altamente flexible, el TPU 92A-1 ha sido desarrollado para, por ejemplo, creaciones en el mundo de la moda (sí, ropa), pero también está aportando grandes posibilidades a diversos campos de la medicina por su capacidad de recuperar su forma original sin sufrir deformaciones. Laywood D3 es un filamento compuesto en un 60% por un polímero y en un 40% por reciclado de madera, y los objetos impresos con él pueden trabajarse con herramientas de carpintería. Y la lista podría hacerse mucho más larga para cuando termines de leer este artículo.

Pero donde realmente puede estar el punto de inflexión para dar el sobrenombre de “revolucionaria” a la impresión 3D es en los materiales metálicos y minerales. Lograr máquinas que impriman varios materiales a un tiempo no es, técnicamente, tan complicado como adaptar todos los materiales de, por ejemplo, un móvil, al proceso de impresión para obtenerlos de una sola vez, ¿podría lograrse el nivel de precisión y estabilidad necesarios para imprimir también los procesadores? De ser así, sería posible crear dispositivos electrónicos ya ensamblados dentro de los dispositivos electrónicos. De hecho, hay varios lugares en el planeta, entre ellos el Centro W.M. Kerk de la Universidad de Texas, donde están trabajando en la posibilidad de imprimir circuitos con la esperanza de que los resultados de esto puedan verse en el mercado antes de 10 años. Adelantándose unos cuantos pasos a esto, una startup bastante joven a través de Kickstarter, Cartesian Co. ha logrado adaptar una impresora convencional para que, en lugar de tinta, imprima un material conductor. La máquina en cuestión se llama EX, y es capaz de imprimir la “tinta” conductora sobre todo tipo de materiales como tela, plástico, papel o cerámica, entre otros. 

La impresión con metal, forzosamente, requiere un sistema diferente de impresión, más parecido al de inyección de tinta, pero con metal líquido. A la hora de trabajar con este tipo de material, es preferible el metal líquido al polvo porque se necesita menos cantidad de material para crear una misma pieza. La investigación en este sentido va dando sus pasos. Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte lograron recientemente imprimir con una aleación de Galio e Indio, líquidos a temperatura ambiente, que crea una película a su alrededor capaz de aislar el conjunto de otros líquidos. El Galio sufre cierta oxidación al contacto con el aire y se endurece, y gracias a esa capa se mantiene estable, a la vez que flexible. Así lograron adicionar gota sobre gota hasta crear una figura. El campo de aplicación en el que se piensa ya con este descubrimiento es el de los dispositivos electrónicos flexibles. La Agencia Espacial Europea es otra de la entidades que está invirtiendo en la investigación de la impresión con metal. El problema, de momento, es el alto coste de este insumo.

En la búsqueda de un material de impresión resistente, flexible y moldeable, los investigadores están dirigiendo su mirada al grafeno. Uno de los materiales más duros que se conocen, hasta 200 veces por encima de la del acero. Pero además, es extremadamente fino (si es que se puede llamar sólo fino algo con el espesor de un átomo), muy flexible, transparente y conductor de la electricidad. El problema con el que se encuentran aquí vuelve a ser el mismo: todavía, el proceso de fabricación del grafeno es carísimo.

Luego están los “otros” materiales. Sustancias difíciles de imaginar dentro de un cartucho de impresión, pero que ya se han usado con éxito. Ejemplos de esto son el chocolate, el azúcar, la madera, el papel, el hormigón, la sal, hamburguesas, fruta, cerámica, silicona y hasta sugru, algo que, si aún no conoces, merece la pena que conozcas.

Página web de Sugru.

Autocreación e investigación, entre la genialidad y la estulticia

Tras años de desarrollo e investigación, el salto mediático de las impresoras 3D se produjo tras la noticia de que se había creado una pistola totalmente funcional (e indetectable para los escáneres) con una de estas impresoras y se habían colgado en la red los planos para que cualquiera pudiera fabricarla. El arma en cuestión recibió el nombre de Liberator, y ahora se exhiben las piezas originales en el museo de Londres. En apenas unas horas, el diseño creado por Cody Wilson (que parece que padece idiocia) se convirtió en el más descargado de Internet, con España a la cabeza de bajadas. Ahora, el señor Wilson está, lamentablemente, en la lista de las 15 personas vivas más peligrosas del mundo. Cualquiera puede, teniendo una impresora de extrusión, fabricar un arma de fuego. ¿El precio? Lo que cuesten las bobinas de filamento ABS necesarias para ello. ¿30 euros? ¿60? no mucho más. Cierto es que la inmensa mayoría de las personas que se descargaron el fichero, con los planos de fabricación de la Liberator, no tienen, y no tendrán a medio plazo, la impresora con la que crear su arsenal particular. Sin embargo, si se dispone de una la cosa cambia, porque fabricarlo es una de las cosas más sencillas del mundo.

Lo que atemoriza a gobiernos y sociedad no es sólo eso, también la incapacidad para detener la propagación mundial de los archivos a través de la red. No olvidemos tampoco que la fabricación, posesión y uso de armas de fuego, sean de plástico o no, es un delito en buena parte del mundo, y no faltan, aún con más dificultades que las que ahora parece haber, quienes trafican, comercian y matan con ellas. Temor que tiene, sin duda, fundamento, a tenor de las noticias de incautación, por parte de la policía británica, de una impresora 3D con la que, al parecer, el crimen organizado de la zona estaba imprimiendo componentes para fabricar armas de fuego.

Bajo la particular filosofía del señor Wilson de lograr que todo el mundo tenga un arma en casa para que el gobierno “no monopolice la violencia” y esta pueda estar al alcance de todo el mundo, se encuentra el peligro de las mentes que estudian y sacan títulos, pero no piensan. No será Wilson ni el primero ni el último. De hecho, Matthew Plummer-Fernandez, del Goldsmith College de Londres, hondamente preocupado “por los tabúes del 3D” (y la repercusión que eso tenía en su propio trabajo), decidió crear un sistema de encriptación de archivos 3D y difundirlo. El programa distorsiona la forma del objeto 3D para que no sea reconocible, y sólo el que tiene la clave para descifrar el archivo puede ver la imagen real que se esconde tras la distorsión. Si los gobiernos y agencias ya tenía problemas para reaccionar con rapidez ante la distribución de diseños que rayan directamente lo amoral, gracias al invento de Plummer-Fernandez será aún más difícil detenerlos. ¿Necedad vestida de transgresión? Sin duda.

Todo esto abre las puertas a otras cuestiones. Si la delincuencia y la piratería amplían su mercado con los modelos de impresión 3D, la industria y los comerciantes también se sumarán a los sectores afectados, el copyright y todo lo que viene con esto. Pero la autocreación compartida tiene un lado amable, y así lo demuestra la sencilla historia de un hombre que fabricó una mano mecánica para su hijo, que había nacido sin la mano izquierda. Con un total de 16 piezas impresas y otras tantas de venta en ferreterías con un valor de 150 dólares, el padre de Leon McCarthy fabricó para su hijo una extremidad articulada, que permite que el niño pueda asir objetos con el impulso de su propia muñeca. Según las piezas a imprimir, el precio de la prótesis 3D puede llegar a unos 500 dólares. En cualquier caso, muchísimo más accesibles que los 15.000 o 20.000 dólares que puede costar una prótesis tradicional.

nullRobohand ilustra a la perfección los diferentes procesos hasta lograr fabricar una prótesis funcional y adaptada a las singularidades de cada persona. Un trabajo artesanal y desinteresado que ayuda a cientos de personas a vivir y manejarse con mayor independencia. Imagen tomada de la página de Facebook de Robohand

Este diseño es Open Source y fue creado por Ivan Owen y Richard Van As. Está colgado en la web de Robohand y permite modificar el archivo para que cada cual pueda adaptarlo a las diferentes características de las falanges y articulaciones de las personas con amputaciones o malformaciones de nacimiento. Richard Van As, un carpintero sudafricano, se metió en la fabricación de manos protésicas con impresoras 3D tras perder varios dedos de una mano. Más de 170 personas (niños y adultos) se han beneficiado, gracias a diversas donaciones, del invento de Van As y Owen, mejorando su vida en lugar de perderla o hacer que la pierdan otros. Una mano barata, funcional y sencilla. No pretende pasar desapercibida, pero funciona, y mucha gente que no podría permitirse una de las otras ahora, finalmente, tiene mano. En este caso, también tras una mala experiencia, en lugar del producto de un mal cortocircuito cerebral, sale algo bueno. Esa es la única cuestión que importa.

¿Un futuro que se intuye?

No basta con tener una idea genial y saber hacerla realidad para que un producto acabe consiguiendo su propio hueco en el mercado. También tiene que llegar en el momento adecuado. Y parece que, realmente, este es finalmente el momento propicio para que la impresión 3D pase al ámbito doméstico. A partir de ahí, el futuro se vislumbra esperanzador en algunos sentidos y llamado a la prudencia en otros.

El interés social de esta tecnología contribuirá al abaratamiento de la misma. Su aplicación en prototipados podría ampliarse a la producción final si, además de abaratar costes, se reducen los tiempos de impresión. En el ámbito de la salud es, posiblemente, donde más ilusiones se depositan. La futura revolución de los trasplantes, las prótesis y la mejora de las condiciones de vida de millones de personas, justifica las inversiones en investigación.

El rumbo que tomará la industria en el caso de que las personas dispongan de los recursos necesarios para imprimir pequeñas y medianas piezas, recambios, etc. desde su propio hogar, es algo más incierto. Existe la posibilidad de que estas empresas se “reciclen” ofreciendo vender la descarga de diversos productos, o bien que esta forme parte de la propia garantía de mantenimiento. Sería ingenuo creer que, paralelo a esto no surgiría un mercado pirata con los archivos oficiales de los fabricantes o con copias de los mismos.

Otra de las caras de este interesante prisma es la universalidad del acceso a la creación final. A la producción de objetos. Con sus luces y sus sombras. Tal vez fuese una buena oportunidad para hacer las cosas bien desde el principio, no como ha ocurrido en otros ámbitos que han pasado a formar parte del mundo digital, como la música, los libros o el cine. Crear las infraestructuras necesarias en la red para detectar y bloquear abusos e ilegalidades, pensar los modelos racionales de negocio y las posibilidades de libre circulación de archivos 3D sin los estigmas de las banderas de calaveras. En cualquier caso, la tecnología ha cambiando la forma de entender el mundo, y la tecnología 3D, además, está llamada a cambiará la forma de relacionarnos y entender la propia tecnología.

 

Imagen de portada: Wikimedia. Autor Jane Rahman. Distintas caras creadas mediante impresión 3D para la película “El alucinante mundo de Norman”

2 Responses to Impresión 3D: otra tecnología que cambiará el mundo

  1. Ricardo 24 Enero, 2014 at 22:27 #

    Está claro que la impresión 3D va a dar para mucho. Al final, acabaremos como en Star Trek, con una maquinita en casa que nos materializará todos nuestros caprichos. Pero, ¿lo veremos nosotros o nuestros nietos? Lastima de vida breve, pensamos los vagos.\r\nGran artículo, Fatima.

  2. Wilfredo Vizcarra De La Fuente 8 Diciembre, 2014 at 17:18 #

    El Futuro ya no es el mañana\r\nEl Futuro es ahora, vivimos un nuevo renacimiento, donde las posibilidades van de la mano de la imaginación!\r\n\r\nVida larga y prospera!

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