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Niños de entre 7 y 16 años han podido aprender sobre robótica, programación y electrónica

Innovae e Interxion celebran un campus tecnológico para niños

Antes de que existieran los ordenadores, Google Play o el robot Asimo, alguien se dedicó a desmontar la radio de casa, desvalijar la caja de herramientas de su padre o empezar a teclear ceros y unos en una pantalla de fósforo. Antes de todo lo que hay ahora, alguien tuvo que dar los primeros pasos con los recursos que tenía a la mano. Ahora, sin embargo, es cuando todas las opciones que hay disponibles pueden ser el futuro de otras cosas. Los mecanismos y piezas con los que se construya una tecnología que ahora, tal vez, ni siquiera somos capaces de imaginar. Lo que sí es posible intuir es, que serán las manos de los jóvenes de ahora las que construyan esa tecnología.

La rapidez a la que todo sucede dentro de la tecnología puede ser, a la vez, su mayor ventaja y su mayor inconveniente. Comenzar a entender cuanto antes cómo funcionan y se manejan todos los recursos que existen, a disposición del que sepa entenderlos, puede ser clave para formar parte, a futuro, de ese conjunto de personas que cambiarán la relación de las personas con el entorno computacional.

Por esta razón, durante tres días, varios chicos de entre 7 y 16 años han participado en un taller, organizado por Campus Tecnológico Innovae, en colaboración con Interxion, donde han podido aprender los principios básicos de la robótica, la creación de apps y el trabajo con Arduino. En TnL hemos pasado una mañana viendo cómo funcionan estos talleres y visitando el centro de datos de Interxión, junto con los chicos y sus monitores.

Trabajando durante el desarrollo de los talleres. En este caso, están aprendiendo electrónica con Arduino.Trabajando durante el desarrollo de los talleres. En este caso, están aprendiendo electrónica con Arduino.

Se trata, a todas luces, de una buena oportunidad para que los más jóvenes tomen contacto con la tecnología no sólo como usuarios, sino también para que conozcan su funcionamiento y entiendan mejor el mundo que les rodea. El campus es uno de los once que están organizando a lo largo de este año y se ha celebrado en el centro de datos que Interxion tiene en Madrid.

¿En qué consiste un campus tecnológico?

Durante tres jornadas los asistentes trabajan para conseguir completar la tarea encomendada, que varía según su edad. Para ello, el primer día reciben una formación que les ayuda a comenzar con la tecnología elegida y, por equipos, aplicarán esos conocimientos y la ayuda de los formadores a cargo de cada grupo para resolver su desafío. Los grupos se crean según la edad, dado que las capacidades y atención necesarias para trabajar con niños de 7 u 8 años no tienen mucho que ver con las de jóvenes de 16. A cada grupo se le asigna un taller, dirigido por formadores especializados.

En esta edición, los talleres organizados han sido cuatro. El taller creado para los niños de 7 a 11 años, ha estado orientado a la construcción y programación de robots. Utilizando algunos de los kits Lego Mindstorm, los más pequeños han disfrutado de lo lindo creando y programando su propio robot que, en más de una ocasión, estaban deseando enseñar a todo el que pasaba por allí. Esta tarea es la más apta para niños de esta edad, porque el sistema de programación empleado por los kits de Lego es visual.

Entre las actividades del campus, los participantes han podido conocer el funcionamiento del centro de datos de Interxion.Entre las actividades del campus, los participantes han podido conocer el funcionamiento del centro de datos de Interxion.Los chicos y chicas de 12 o más años han podido participar en los talleres de desarrollo de software, que eran dos. Por un lado, un taller de desarrollo web, en el que se emplea Joomla como CMS, y otro de desarrollo de aplicaciones Android. En el primero de ellos, al finalizar el curso tendrán la posibilidad de salir con su página web online, mientras que en el segundo podrán probar sus aplicaciones en dispositivos Android reales. Quien sabe si esta experiencia será la semilla del próximo Foursquare o Whatsapp.

Por fin, los jóvenes de más edad y, en algún caso, experiencia previa en otros campus, han trabajado con Arduino. El microordenador es la base para introducir a los usuarios en el mundo de la electrónica, y han trabajado programando diferentes ejercicios para controlar LEDs y otros sistemas electrónicos.

Las jornadas también incluyen una visita al centro de datos de Interxion, donde se alojan los servidores de diferentes servicios como empresas de hosting. Además, se aprovechan estos campus para cumplir con una tarea muy importante al hablar de menores: fomentar un uso seguro de Internet y las redes sociales.

Desarrollo del campus

Según nos explicaba Irene Fuente, la monitora encargada del grupo de Arduino, los talleres permiten “agilizar el proceso de aprendizaje”, ya que lo que hacen fundamentalmente es poner en contacto a los chicos con las herramientas libres que existen. “Si alguno quiere seguir investigando después del taller, sabe dónde mirar”, señala. Luego, para desarrollar apps es sólo necesario saber reconocer los componentes que necesitan y cómo buscar el material preciso. “Es algo que podrían aprender a hacer totalmente solos, de forma autodidacta, pero tardarían cinco veces más en llegar a hacer lo mismo que aquí aprenden a hacer en tres días”, apunta Fuente.

Los chicos más jóvenes, de entre 7 y 11 años, han participado en el taller de robótica y, aunque los monitores señalaban que el porcentaje de chicas que se anotan a estos talleres no suele superar el 8% del total, a la hora de entusiasmarse con este tipo de actividad no hay diferencia alguna, y menos aún en los resultados de los trabajos, evidentemente. En ambos casos era posible encontrar chicos con cierta veteranía en los talleres organizados por Innovae.

Los más pequeños nos muestran ilusionados sus avances con el robot de Lego que han construido y programado.Los más pequeños nos muestran ilusionados sus avances con el robot que han construido y programado.Robótica se desarrolla empleando Lego MindStorm ev3, de manera que primero aprenden a montar el robot siguiendo las instrucciones del fabricante, y luego a programarle los sensores y el resto de componentes que integran para que el robot sea capaz, por ejemplo, de desplazarse por el suelo de una habitación sin chocar contra ningún obstáculo. Irene Fuente nos explica que el sistema de programación de estos kits, basado en iconos en vez de instrucciones, es más apto para niños de esta edad, que pueden centrarse en la lógica de la programación, sin la complejidad de la sintaxis del lenguaje.

En el taller de Arduino el aprendizaje básico permitía saber cómo acceder a las wikis abiertas, en las que se explica cómo desarrollar toda la electrónica que permite este sistema libre y, al mismo tiempo, económicamente muy accesible. Después de eso ya comenzaron a preparar y montar sus propias placas con circuitería, resistencias y conmutadores y a hacerlas interaccionar con sus ordenadores. Como ellos mismos explicaban, después de saber cómo se hace, sería más fácil idear cualquier otra cosa y montarla.

El taller de apps requiere una edad algo mayor, a partir de 12-13 años, ya que se explican y aplican variables que ya deben saber manejar. Para el desarrollo de aplicaciones usan una herramienta libre que ha puesto a disposición de quien lo desee el MIT. Con ella los chicos aprenden a programar de forma muy sencilla cosas también muy sencillas, a crearse sus propias apps, a meterlas en sus teléfonos y, luego, a subirlas a Google Play si quieren probar suerte.

Durante los dos primeros días aprenden los conceptos básicos de forma práctica, y creando apps siguiendo las indicaciones del monitor, pero el último día ellos deben poner en juego lo aprendido ideando un proyecto de app y creándola por ellos mismos, según explica Ana González, monitora del taller de apps. Sobre juegos ya existentes, como Arkanoid o Pong, aprenden a añadir vidas o puntuaciones según lo que ellos prefieran del programa. Lo importante, en este caso, es tomar la práctica necesaria para saber cómo manejar todos estos recursos y herramientas.

La mayor parte de los chicos buscan ser capaces de crear su propio juego, algo nuevo, original, que no sea una copia de algo que ya exista, o desarrollar eficazmente ideas curiosas y prácticas, como controlar los sensores del teléfono o el GPS para que el teléfono te avise cuando pases cerca de un lugar donde necesitas acordarte de comprar algo. Ideas que nacen de la creatividad de estos chicos y que, además, ya tienen los conocimientos necesarios para saber cómo convertirlos en una realidad.

Entrevista Raquel Figueruelo

Raquel Figueruela, Marketing Manager de Interxion. Raquel Figueruelo, Marketing Manager de Interxion. “Esperamos que este año asistan 300 niños a estos campus”.Hemos hablado con Raquel Figueruelo, Marketing Manager de Interxion, que nos explica que “es el tercer año que lo organizamos. Apoyamos a Innovae cediendo el espacio, participando activamente en la promoción y utilizamos algunas de las plazas para que los hijos de clientes o colaboradores acudan al curso. Estamos contentos con la experiencia, este año va a haber once ediciones. En julio los campamentos son de cinco días, en vez de tres y en navidades hacemos tres turnos. Tiene un gran éxito, el año pasado pasaron por los campus 150 niños y este año esperamos que sean 300.”

Figueruelo nos explica que no es necesario que los participantes tengan conocimientos previos, aunque aclara que “hay niños que repiten, o que empiezan en robótica porque son pequeños y luego se incorporan a talleres más avanzados. Por eso este año hemos incorporado la parte de Arduino.”

En cuanto a los motivos, nos explica que Interxion es “una empresa tecnológica y queremos contribuir a hacer las cosas de manera diferente. Que no todo sea memorizar y estudiar. Creemos que estos cursos son una buena manera de aprender”. Algo que, como madre, le encantaría que sucediese en los centros educativos: “de hecho, mis hijos están participando en esta edición. Dicen que esta generación es de niños muy tecnólogos, pero lo son como usuarios avanzados. Es interesante que aprendan a dar un paso atrás, que lo vean desde la perspectiva de aprender y luego que decidan ellos.”

En materia educativa, Raquel Figueruelo considera que es necesario un cambio: “todo el conocimiento está en Google, memorizar está bien para tener una cultura general básica, pero sobre todo [los niños] tienen que aprender a estructurar la mente. Estos cursos les ayudan: para montar un robot tienes que pensar cuál es el objetivo, qué piezas necesito, luego cómo lo monto… y esto es prueba y error. Es algo que creo que en los colegios no se enseña, sólo se memoriza sin un principio y sin un fin.”

Nos llama la atención que, mientras que los más pequeños emplean un sistema de programación visual, donde el pensamiento lógico prima sobre las habilidades técnicas para dar vida a los robots, para los más mayores se utilizan lenguajes de programación de uso corriente. Sin embargo, esto no resulta una barrera para los adolescentes: “todos terminan aprendiendo porque el taller es muy práctico. Las profesoras tienen mucha experiencia y saben cómo guiar a los niños cuando se quedan sin ideas.”

En cuanto a la visita al centro de datos, nos explica que interesa a los niños porque “somos un hotel para máquinas. Mucha gente no sabe que las aplicaciones móviles tienen un sitio físico donde se almacena la información, un centro de datos. La información se guarda en un sitio que tiene unas condiciones de seguridad, que necesita mucha energía eléctrica, así que les enseñamos cosas que ellos hacen cuando suben una foto, o mandan un email, todo eso llega o parte de un centro de datos.”

Conclusión

Los campus tecnológicos son una buena propuesta de ocio alternativo para niños de casi todas las edades donde se puede aprender de manera divertida cómo funciona la tecnología. Quizá en ello se siembra la semilla de futuros ingenieros e inventores. Incluso si no es así, el interés por cómo funciona el mundo que nos rodea y el desarrollar un sentido analítico son grandes motivos para apuntarse, o apuntar a un hijo, a próximas ediciones. Además de aprender, pasará unos días muy divertidos.

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