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La Ampliadora
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Se basa en la educación, los proyectos sociales y el apoyo a fotógrafos emergentes

La Ampliadora: una escuela de fotografía para transformar la sociedad

«Roma no se hizo en un día», lema que preside la entrada a La Ampliadora.No te será fácil encontrarla en redes sociales (de momento). Como mucho una página en Facebook y una escueta web. Apenas llevan unas semanas funcionando, pero ya han empezado a cambiar el mundo. Tal vez suene pretencioso, pero los grandes cambios comienzan en lugares pequeños. Lo único que se necesita es el deseo de hacer algo diferente… y ponerse en marcha para hacerlo. Sólo unas semanas, pero ya han empezado.

Tras La Ampliadora están el fotógrafo Cecilio Puertas Herrero y la arquitecta Carmen Otero Benet. Dos personas con dos historias distintas detrás que han confluido en una misma idea: crear una escuela que no sea sólo una escuela al estilo tradicional, sino una escuela que enseñe a usar la fotografía como herramienta de transformación social. Para esto han establecido tres pilares fundamentales:

  • Educación. Desde niños a jubilados. La edad da igual porque todos y cada uno, a su nivel, puede aprender algo. La edad no es un límite. Educación porque más allá del manejo de la cámara, es importante saber cómo acercarse visualmente a la realidad y modificarla.
  • Desarrollo de proyectos sociales. Para eso trabajan con colectivos concretos, no necesariamente desfavorecidos. El objetivo es que sean capaces de explicar la realidad que les rodea y cambiarla, mejorar la autoestima, dar visibilidad a los que no la tienen, dinamizar los espacios. Por eso, igual trabajan con niños de zonas deprimidas que con los comerciantes del centro de la ciudad.
  • Dar visibilidad a fotógrafos emergentes. Emergente no quiere decir que sea joven, sino que está comenzado a despuntar en la fotografía, que se lanzar a plasmar proyectos nuevos, a mostrar cosas desde un objetivo diferente… tenga la edad que tenga.

En los principios están los fines

Personalmente tengo una impresión. No tengo estudios que la avalen ni datos que me respalden. Sólo es una impresión producida por unos cuantos años asistiendo a ruedas de prensa, inauguraciones, presentaciones y clausuras. Años de hacer entrevistas, reportajes y noticias, escuchando los discursos y argumentos de unos y de otros. Esa impresión es la de que algo está cambiando, sutil y profundamente, en las personas que se lanzan a emprender su propio proyecto. No sé si es la crisis (recuerdo esa frase que dice que Dios escribe derecho con renglones torcidos) la causante de este cambio, pero lo percibo, y me gusta.

Equipo de trabajo de La Ampliadora.

Hace algunos años las empresas adoptaron la idea de la responsabilidad social corporativa. Lamentablemente, en la mayoría de los casos se ha tratado sólo de un caro maquillaje que disfraza o distrae de los reales intereses de la empresa que, en el 99% de los casos es, evidentemente, ganar dinero. En el lado bueno, ser despedido a veces supone el empujón necesario para emprender aquello con lo que se sueña.En el lado bueno, ser despedido a veces supone el empujón necesario para emprender aquello con lo que se sueña.De no haber cambiado la mentalidad social, pasando a no ser tan justificable hacer cualquier cosa por dinero y tener que responsabilizarse de las consecuencias de su lucro, muy pocas corporaciones invertirían en ese lavado de cara. Dentro de esas empresas, algunas de las personas que trabajan para las grandes corporaciones se han sentido divididos entre lo suculento de las grandes ganancias y la acción contra sus valores interiores. Cuando ha ganado lo segundo, el resultado ha revertido positivamente no sólo en la persona, sino también en su entorno. Algo se ha movido. Gente que se ha sentido «cobarde» durante los años que ha trabajado en contra de sus principios y que, al verse en la calle, el alivio ha sido más fuerte que el miedo y la incertidumbre. De alguna forma, ha sido el empujón que necesitaban para lanzarse a hacer lo que siempre quisieron y como siempre quisieron.

Como arquitecta, Carmen trabajó durante muchos años para una constructora. Aunque de siempre le habían gustado tanto la fotografía como las artes visuales, el ritmo del trabajo en la construcción es una vorágine que no deja tiempo para dedicarse a otras cosas. «Tenía el bolsillo lleno pero el alma vacía«, explica Carmen. La crisis y su consecuente despido hace unos años le hicieron ver que ese era el momento para hacer algo diferente, algo que le llenara. «¿Que si estoy satisfecha del cambio?, ahora estoy satisfecha de más«, dice muy tranquila.

El paso de la arquitectura a la fotografía le parecía lo más natural. «Le Corbusier decía que la arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los objetos bajo la luz, igual que la fotografía», dice Carmen.

Por su parte, Cecilio estudió Fotografía e Imagen digital en la UPC y luego pasó un tiempo de intercambio en México. Al regreso creó 4milflores, germen y, de alguna manera progenitora, de La Ampliadora. 4milflores se dedica a la gestión cultural, pero sin perder de vista la proyección social de las artes visuales y, en especial, de la fotografía. Herencia recibida en vida por La Ampliadora.

Festival de Fotografía Emergente de Granada, Pa-ta-ta.

De esta misma rama nació, hace cinco años, Pa-ta-ta, el Festival Internacional de Fotografía Emergente de Granada, que cada año está contando con una mayor implicación tanto del público como de los ámbitos profesionales e institucionales. Es un festival de larga duración. Durante 2 o 3 semanas la misma ciudad se convierte en la sala de exposiciones, en las aulas y en los centros de debate.

Tras el festival, los paneles con los trabajos expuestos permanecen en el patio de La Ampliadora hasta el siguiente festival.Tras el festival, los paneles con los trabajos expuestos permanecen en el patio de La Ampliadora hasta el siguiente festival.El objetivo de este festival es que viva y respire donde vive y respira la gente. Por eso las exposiciones de los trabajos se montan en la calle, las proyecciones se hacen en la calle, los talleres se realizan en la calle, los encuentros entre fotógrafos, sean aficionados, profesionales o de los que cogen por primera vez una cámara (a veces incluso se suma la gente que simplemente pasaba por allí, o extranjeros de vacaciones), se hacen en la calle. Todos pueden participar y aprender. «No buscamos grandes exposiciones, eso ya lo hacen otros y lo hacen muy bien, no tenemos por qué repetirlo«, explica Cecilio.

Pa-ta-ta es una puerta abierta para que fotógrafos de muy buena calidad, con proyectos personales interesantes que no tienen el nombre para formar parte de las grandes exposiciones, sean vistos. Cecilio apunta que en sus tiernos cinco años de existencia, Pa-ta-ta está contando rápidamente con el respaldo de profesionales y la asistencia de mucha gente de fuera. «Es un festival muy honesto con la fotografía y con los trabajos«, todo tiene que ser accesible a todos y comprometerse con el entorno social, y a que todos puedan aprender de la fotografía. Esos son los principios. Esos son los fines.

En la escuela

Aunque desde 2008 venían aprovechando diferentes marcos para desarrollar talleres de fotografía para niños, ha sido ahora cuando el proyecto se ha plasmado finalmente en La Ampliadora como escuela. Y como tal acaban de echar a andar con una programación de talleres de verano para niños y jóvenes de entre 6 y 16 años.

Cecilio y Carmen cuentan, dentro de la escuela, con la colaboración de profesionales de distintos ámbitos. Entre todos son el cuerpo docente del centro. Se pide que sepan de fotografía, pero lo fundamental es que tengan experiencia en la materia que enseñan. Un ejemplo es Mónica. Ella lleva más de 14 años dedicada a la enmarcación. Es especialista en montar exposiciones, desde preparar los marcos más adecuados para cada trabajo a pensar la mejor iluminación, la conservación de los grabados o las fotos, los vinilos o la correcta manipulación de los objetos de la exposición. Eso será lo que enseñe a los alumnos de la escuela. También hay pedagogos, educadores sociales, historiadores del arte, diseñadores gráficos… más que el conocimiento teórico cuenta la experiencia en lo suyo, que conozcan los entresijos de su profesión y que, mucho o poco, todos sepan algo de fotografía.

El verano será de los niños pero, después, la escuela funcionará todo el año ofreciendo todos los niveles y opciones formativas dentro de la fotografía. «Desde el punto cero hasta donde cada uno quiera llegar. Entendemos la formación como algo continuo que no se para nunca«, explica Carmen. En el trabajo que se está haciendo entre tanto con los niños «la fotografía es una excusa«. En contra de lo que podría pensarse, juntar en un taller a niños de edades tan dispares como de 6 a 16 años, no perjudica el desarrollo de las clases. Lo que podría ser un problema lo han sabido convertir en una ventaja. Así es que, en lugar de dividirlos por grupos de edades más homogéneos, lo que han hecho es contar con más docentes, de manera que cada uno se ocupe de tutelar a unos chicos con la atención específica que cada uno necesite, pero para trabajar de forma colectiva dentro del grupo.

Durante una de las clases del taller de verano los chicos hicieron de fotoperiodistas. Crearon sus propias acreditaciones y salieron a la calle a buscar la imagen de la noticia.Durante una de las clases del taller de verano los chicos hicieron de fotoperiodistas. Crearon sus propias acreditaciones y salieron a la calle a buscar la imagen de la noticia.

Cecilio nos cuenta que esta semana los chicos son una agencia de fotografía, así que se reúnen, se plantean un tema y salen a la calle a buscar las fotos de ese tema. La semana que viene serán fotoperiodistas, y tendrán que buscar la noticia en la foto. «Deben aprender a indagar, a ponerse en la piel de otros. Tienen que mirar fotos antiguas, ver el significado de esas fotos, su composición, e intentar imitarlas con los los medios actuales de que disponen«, explica. Otra característica de estos talleres de verano es que los padres, si quieren quedarse, no pueden hacerlo mirando, tienen que participar en el taller, «porque eso también es parte del trabajo, ser capaces de trabajar en familia, lograr ese importante punto social«, dice Cecilio.

Aunque las opciones serán muy amplias, es necesario empezar por el principio. Cecilio cuenta que lo primero tiene que ser conocer el proceso analógico para tener las bases que permitan manejar el digital. Se fomenta un aprendizaje, para los que se inician, desde la cámara analógica hasta el proceso digital. No se puede entender lo segundo sin lo primero. De hecho, en La Ampliadora cuentan con los dos laboratorios, el analógico y el digital, y trabajan sin poner limitaciones a ningún soporte, incluido el móvil: «todos tienen sus limitaciones y sus ventajas«, dice. Depende del proyecto que se quiera emprender que será mejor uno que otro, pero de todos se pueden sacar cosas interesantes.

LA fotografía puede convertirse en una herramienta que muestre la sociedad y la transforme

En fotografía, explican, no se trata de tomar una foto bonita o bien hecha, sino de saber contar una historia. «Puedes tener un gran equipo y saber manejarlo a la perfección, pero no saber contar nada con él«, añade Cecilio. «Hay conocimientos técnicos, pero los conceptuales y los de proceso creativo no se suelen tener en cuenta«, señala, «y eso es lo que enseñamos en la escuela«. La diferencia de esta escuela con otras está en emplear la foto para el cambio social, que los proyectos fotográficos ayuden a cambiar o a facilitar el día a día. Tanto la escuela como el festival quieren lograr una fotografía accesible, que llegue a todo el mundo, no sólo a los que puedan permitírselo, con lo que tienen planteado un programa de becas para alumnos en determinadas condiciones. Igualmente, al ser una escuela pequeña, el trato personal con los alumnos puede mantenerse, algo que consideran fundamental para lograr los objetivos formativos de la misma.

La fotografía es una herramienta. No puede cambiar las cosas por sí sola, pero sí que puede mostrar lo que otros ven, captar lo que otros viven y trasmitirlo a los que, de otra forma, nunca hubieran conocido esas vivencias. En un medio para crear empatía, para ponerse en la piel de otro y entenderlo. Para acercar personas. Para cambiar la sociedad. Para cambiar el mundo.

Foto de portada: Autora: Rocío Gallego Puertas, alumna del primer taller de fotografía para niños y jóvenes de La Ampliadora. En la foto, Cecilio y Carmen, responsables de La Ampliadora.

La Ampliadora está en la calle Verónica de la Magdalena, 31 de Granada

One Response to La Ampliadora: una escuela de fotografía para transformar la sociedad

  1. Carmen 30 junio, 2014 at 14:28 #

    «Una imagen vale más que mil palabras»\r\nComo dijo G.Didi-Huberman «para saber hay que IMAGINARSE» La IMAGEN siempre genera conocimiento\r\ny en La Ampliadora hay proyectos muy IMAGINATIVOS.\r\n¡MUCHíSIMA SUERTE!

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