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Cómo el deporte de élite está matando el deporte para todos

La dura agonía del deporte de base

Durante más de una semana, tanto la madrileña Puerta del Sol como el Ayuntamiento de la capital, desplegaron enormes pancartas de orgulloso ánimo para las aficiones tanto del Real Madrid como del Atlético de Madrid, destinados a jugar la final de la Champions y a traer, en cualquiera de los casos, interesantes prebendas a la ciudad. El fútbol es el deporte rey, pero España hace alarde de grandes nombres en muchos otros deportes: Nadal, Gasol, Indurain, Contador, Ballesteros, Meca, Deferr, Pasaban, Cid, Cacho, Lamela, Estévez… La lista de estrellas en nuestro firmamento deportivo choca de frente con las cifras más bajas de Europa en cuanto a personas que practican algún tipo de deporte. Sólo un 22% de los españoles practican deporte al menos dos o tres veces en semana. En el resto de Europa ese número es de entre el 60 y el 70%. ¿Por qué?

No deja de ser paradójico que un país que se vuelca tanto con los deportes, y con tanto respaldo estatal, no tenga un reflejo en la actividad física de su sociedad. La idea transmitida por la clase política de que el apoyo al deporte de competición contribuye a crear el hábito de hacer deporte en la sociedad española, choca de frente con los datos y la evolución de la práctica deportiva en nuestro país. La realidad es que no sólo no contribuye, sino que lo perjudica. Pero antes de linchar a nadie, es necesario analizar cómo y por qué pasa eso ahora, ya que no ha sido así siempre, sino que se trata de una tendencia de las dos últimas décadas.

Puerta del Sol en Madrid

Historia de un éxito agridulce

La práctica del deporte está vinculada a las circunstancias de la propia sociedad. En 1975, en España apenas dos de cada diez personas practicaban deporte, en buena medida a causa de las desigualdades sociales, que dificultaban el acceso al mismo de todos los ciudadanos. Sin embargo, en 1978 las cosas comenzaron a cambiar. La Constitución especificaba (Capítulo Tercero del Título I, artículo 43.3): “los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte”. A partir de este momento se instituye la Educación física en los colegios y comienza a crecer el número de instalaciones deportivas y de deportistas.

En 1975 también aparece la “Carta Europea del Deporte para todos”, que abogaba por la promoción y estimulación del deporte

En 1980 se legisla (Ley 13/1980) a favor de dar “el impulso, la orientación y la coordinación de la educación física y del deporte, como factores imprescindibles en la formación y el desarrollo integral de la persona”, y “se reconoce el derecho de todo ciudadano a su conocimiento y práctica”. A partir de este momento comienzan a desarrollarse las infraestructuras deportivas necesarias para el desarrollo de la actividad física dentro de los centros educativos, y el número de instalaciones deportivas se incrementa en un 60%. Si en 1975 había 19.418 instalaciones, en 1986 el número pasó a ser de 48.723 y el 32% de los centros educativos disponía de esas instalaciones. En 1997 eran ya 66.670 instalaciones.

La ley reconoce el derecho de los ciudadanos a practicar deporte

El resultado no sólo se vio en las edificaciones. Entre 1980 y 1985 el número de personas que practicaban deporte pasó del 25% al 34%. Al mismo tiempo que crecían los aficionados, también lo hacían los atletas. Entre 1980 y 1995 el aumento fue del 11%, pero entre 1995 y 2010 sólo fue del 1%. También se redujeron las nuevas instalaciones construidas entre 1996 y 2005, con sólo 12.389, a pesar del crecimiento de la población española, de manera que la ratio de instalaciones deportivas por cada mil habitantes era prácticamente la misma en 1995 (1,73) y 2010 (1,76).

La causa de este cambio hay que buscarla en el nuevo enfoque que tomó la política de nuestro país respecto al deporte. En 1990, dos años antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se deroga la ley de 1980, cambiando el orden de las prioridades deportivas hasta la fecha. A partir de ese momento, el foco central de los recursos público se pone en la regulación profesional y la consolidación del deporte de alta competición. En la actualidad ese modelo es el que se sigue aplicando.

Gimnasio del centro de la capital de España.Gimnasio del centro de la capital de España.

Según fuentes del INE, el 92% del presupuesto público destinado al deporte se dirige al deporte federado y al de alta competición. El 8% restante queda para la promoción del deporte para todos, pero con un tinte de competitividad (por medio de campeonatos escolares y universitarias) que no ayuda a fomentar ese deporte de base.

La amortización política del éxito deportivo

Así define el sociólogo y antropólogo francés Jean Marie Brohm la rentabilidad que tiene, para la clase política, el apoyo a los grandes acontecimientos deportivos. De hecho, el deporte ha entrado a formar parte del sistema económico, con un proceso de producción propio, que pasa por sus fases de captación de materias primas, montaje, distribución y consumo. Es posible incluso que el proceso de gestión y reutilización de los “desechos” deportivos (lo que queda tras el consumo del producto elaborado, como explica P. Georges “El campeón es, por definición, un ser meteorito, revelado ayer, lanzado hoy, acabado mañana”) sea mucho más eficaz y provechoso que el correspondiente a las basuras. Según explica Brohm en su libro Sociología política del deporte, “el papel de la institución deportiva es producir, en cantidad y en calidad, campeones, deportistas competidores para el mercado o para la escena de la competición internacional (olímpica)”.

Mientras el trabajo genera productos tangibles, el deporte produce otro tipo de elementos explotables como marcas, récords, premios y trofeos. Y tiene la ventaja, según Brohm, de que la crisis no existe en este ámbito. El estructuralista francés Louis Althusser consideraba que el deporte como institución debía estudiarse y considerarse como una parte más del aparato ideológico de cada Estado. Para Antonio Gramsci, la función principal y última del deporte es “proteger la dominación de la clase dominante”. Pan y circo.

El deporte se ha convertido en un producto más de consumo

Para ser justos, hay que distinguir entre el uso mediático y electoralista que se hace habitualmente de cualquier cosa, el negocio millonario que supone el deporte de élite para los empresarios y la práctica deportiva en sí. Lejos de condenar el deporte, es toda la parafernalia que lo rodea lo que aleja la propia práctica y a la sociedad, del sentido y valor de la actividad física per sé.

Los eventos deportivos, especialmente si van acompañados de éxitos, son de gran influencia en los todos los medios de comunicación, no sólo en los deportivos. La vida personal de los deportistas y su marca personal es parte de la explotación mediática y comercial del mercado. Los Juegos Olímpicos de Londres fueron seguidos por más de 36 millones de españoles. La Copa del Mundo de Fútbol de Sudáfrica, por 15 millones. El deporte como espectáculo tiene un impacto económico de varios miles de millones de euros al año. Sólo el fútbol supone en España 10.000 millones de euros anuales, un 1% del PIB. Evidentemente, los presidentes de los clubes más importantes no son deportistas, sino grandes empresarios de la construcción o las finanzas. A todo lo anterior hay que sumarle las firmas de emisiones exclusivas, el merchandising y las esponsorizaciones.

Volviendo a las razones del descenso de personas que realizan actividad física en un país tan marcado por el deporte, la respuesta parece estar en dos cosas: el cambio de cultura y el cambio en los valores transmitidos por el propio deporte.

Otra cultura, otro deporte

Profesión y afición

Profesión y aficiónDavid Moscoso es docente e investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), en Sevilla, y del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA), así como del centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Córdoba.

Está doctorado en Sociología (UNED) y Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (Universidad de Granada, entre otras muchas cosas. Ha impartido clases, seminarios y realizado numerosas publicaciones sobre temas relacionados con el deporte y la sociedad.

Pero además de profesional, es también aficionado y practicante de deporte desde la infancia. Ha competido en ciclismo, deportes de montaña y triatlón.

Según una encuesta del CIS sobre hábitos deportivos en España, realizada en 2010, un 27% de la población ve deportes por la tele en su tiempo libre, un 47% asiste asidua o esporádicamente a eventos deportivos, y un 63% manifiesta su interés por el deporte y su admiración por los grandes deportistas. Pero como decíamos al inicio de este artículo, ese interés no se traduce en práctica. Sólo un 22% practica habitualmente algún deporte. ¿Por qué ese deseo de emular a los grandes deportistas no se consuma en hacer más deporte? Porque lo que se intenta imitar no es la hazaña deportiva, sino el éxito social, el triunfo económico y el poder personal. Efectivamente, entre los grandes ídolos de la juventud se encuentra un surtido plantel de deportistas, pero el sueño de estos chicos no es batir récords o ganar medallas, sino ser igual de famosos, atractivos y ricos que ellos. 

El deporte como espectáculo ha puesto el valor del triunfo en la fama y el dinero

Entre otras cosas, este cambio cultural ha dado como consecuencia una modificación en el estilo de vida de los españoles. La tendencia actual entre la juventud es hacia el sedentarismo activo, que perciben las relaciones y acciones en el mundo digital como “actividad”, a pesar de que no requieran apenas movimiento físico, tal y como se describe en un estudio titulado “Sedentarismo activo. Ocio, actividad física y estilos de vida de la juventud española”, realizado por David Moscoso, María Martín, Natalia Pedrajas y Raúl Sánchez. En él se señala la importancia que la juventud otorga a su tiempo libre como parte fundamental de sus vidas. Un rasgo común es el de considerarse personas “muy activas”, aunque a la hora de definir cuáles son las actividades a las que dedican su tiempo, la mayor parte de ellas giran en torno a las relaciones sociales, incluyendo las que se realizan a través de Internet, la visita a centros comerciales o ver la televisión. Mucha actividad se convierte, en muchos casos, en sinónimo de muchos perfiles sociales. “Los jóvenes que no hacen actividades físicas deportivas, aunque se consideran activos por tener una vida plagada de actividades, en realidad son sedentarios”, concluye el estudio, que remarca además la inactividad física como algo normalizado dentro de la juventud.

Para profundizar en esta atípica tendencia, nos pusimos en contacto con David Moscoso, sociólogo del deporte y uno de los autores del estudio, quien nos confesó que también ellos, como autores del estudio, se vieron sorprendidos por estos datos: estaban tratando de explicar los factores de más peso en el marco del cambio cultural en la población joven, y se encontraron con la influencia del estilo de vida en el abandono de las prácticas deportivas. Una de las curiosidades que se encontraron en el estudio fue que la media de horas que pasa un adolescente en las redes sociales puede llegar a alas siete horas diarias, la más alta de Europa, además de que muchos de ellos llegaban a afirmar que no caminan nunca y nunca hacen deporte.

Los hábitos de ocio se han vuelto más sedentarios.

La mayor parte de los trabajos y ocupaciones actuales se desarrollan sentados o de pie. Incluso, buena parte de las opciones de ocio son sedentarias. Según un informe sobre “Obesidad y sedentarismo en niños y adolescentes”, el aumento de las las actividades digitales han dado lugar a un descenso de la actividad física. Un hecho que no tiene un único culpable. Si bien la irrupción del ocio digital en nuestras vidas ha sido generalizada, no deja de ser responsabilidad de las personas tomar la decisión de en qué invierten su tiempo libre o cómo forman en ello a los jóvenes. Con cifras de cerca de un 42% de los niños españoles con problemas de sobrepeso, no se puede abandonar en manos de la educación pública (con dos horas semanales de Educación Física, una de ellas teórica) la total responsabilidad de la actividad física de los jóvenes.

Para Moscoso se trata de una “disfunción”, “un problema cultural y, por ende, de un problema público, un hábito con graves perjuicios sobre las finanzas públicas y la calidad de vida de los ciudadanos”. Pero, ¿cómo cambias el hábito de alguien que se siente bien y que no entiende la necesidad de la actividad física? Moscoso habla desde el aspecto profesional como sociólogo del deporte, pero también desde el personal, como persona que practica deporte desde pequeño y que reconoce la importancia de que el ambiente familiar favorezca y fomente la actividad física para afianzar el hábito desde una edad temprana.

La generación que enterrará a sus hijos

Lo cierto es que lo normal es que un chico de 20 años se sienta bien de salud aunque no realicen deporte. El problema llegará después. Felipe Casanueva, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela, llegó a afirmar en una entrevista a El correo gallego, que esta podría ser la primera generación que enterrara a sus hijos, a causa precisamente del aumento de las enfermedades relacionadas con la obesidad. Entre las claves señaladas por Casanueva como determinantes en ese aumento de la obesidad están que hay una mayor ingesta de calorías que no va acompañada de una mayor actividad física, el hecho constatado de que estar viendo la televisión hace que comamos más y, además, la disminución de las horas dedicadas a la actividad física en los colegios.

Según señala Moscoso, “hay un problema con la organización del sistema deportivo y la financiación pública”. Son las entidades privadas las que manejan los fondos públicos, “financiamos el COE, los clubes de fútbol, el Plan ADO… pero lo recaudado por ellos no se devuelve a las arcas públicas, ni revierte en la sociedad en forma de incentivación de la actividad física, sólo del espectáculo”. Moscoso explica que estas entidades de deporte elitista se fundamentan en la percepción del deporte como competición, y es eso lo que fomentan, y eso “no encaja con la actividad deportiva como salud”. De hecho insiste en que es un enfoque del deporte que resulta discriminatorio, porque si un niño despunta como deportista, hay canales para que llegue a formar parte de algún club del circuito de deportes organizados, pero si no, no existen otros incentivos para motivar a ese niño a incluir la actividad deportiva como parte de sus hábitos de vida.

En un artículo publicado en el European Journal of Sport Science, “el deporte como espectáculo disuade y agravia al deporte para todos”. La razón aducida es que, si bien el deporte de espectáculo “podría contribuir a incrementar el hábito deportivo en la ciudadanía”, lo que sucede es justo lo contrario y, “de alguna manera sirve para desalentar su práctica” y se afirma que hay estudios en España que demuestran que “no tiene ninguna influencia positiva”.

En este sentido comenta Moscoso que “al generarse una imagen por la que el deporte es entendido como sinónimo de competición, se puede caer en la inconveniencia de disuadir a muchas personas hacia su práctica, quizá por no tener expectativas o intereses en convertirse en campeones y, por tanto, no cumplir con el cometido que se espera del deporte”. Para él y el resto del equipo investigador, “la política oficial española, caracterizada por centrar sus esfuerzos en el apoyo al deporte de competición, no sirve para reproducir el hábito deportivo”.

Es más, es una política que, por su propia línea de tiempo, está destinada a futuro a acabar también con el deporte de alto rendimiento. Durante los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, España ganó menos medallas que en los juegos de Barcelona en 1992, “menos por número de habitantes y menos por número de atletas”. En el 92, la ratio de medallas por atleta fue de una por cada 618.409 y de una por cada 1.769.000 habitantes, en 2012 fue de una por cada 1.084.000 atletas y por cada 2.780.000 habitantes. La conclusión para los investigadores es que “apostar por el deporte de alto rendimiento sin pensar en el deporte de base genera peores resultados olímpicos que hace dos décadas”, de manera que se dificulta la generación de nuevas canteras de atletas.

sin deporte de base no hay cantera

Como paradoja, puede verse que, quitando el fútbol, los deportes que mayor presencia han tenido en los medios en los últimos años como el tenis, el baloncesto, el balonmano y el atletismo, son los que más practicantes han ido perdiendo. Como muestra, si en 1990 había un 23% de practicantes de baloncesto, el 2010 la cifra se ha reducido al 8%. “Las organizaciones deportivas centran su labor en la competición y no en la promoción, generando a edades tempranas una brecha en el acceso a la práctica deportiva”, señala Moscoso.

Afortunadamente, hay un tipo de actividad que ha comenzado a incrementar su número de practicantes. Se trata fundamentalmente de actividades relacionadas con la mejora de la salud y su vinculación con el esparcimiento como el aerobic, el senderismo, la bicicleta, la danza, etc. Según los investigadores la razón de este auge es que lo que ofrecen está mucho más cercano a las necesidades reales de la sociedad española. Actividades que se pueden hacer con la familia, con amigos o en solitario, y que no implican la obligación de la competencia, los resultados o la profesionalización sino, simplemente, la oportunidad de desarrollar una actividad saludable y divertida en su tiempo libre.

Deporte saludable y cercano

No deja de ser triste que haya que acudir a los argumentos económicos para defender la práctica del deporte. Pero incluso por esta vía los datos son contundentes: por cada 1 euro invertido en actividad física, la Sanidad pública se ahorra 10 euros. El riesgo de padecer algún problema cardiovascular es más alto en la gente que come sano pero no hace ningún tipo de actividad física, que en los “rellenitos” que sí hacen algo de deporte. Así de importante es. Y teniendo en cuenta que 6 de cada 10 ciudadanos pueden ser considerados sedentarios, también es preocupante.

La actividad física en sentido amplio añade, a las prácticas deportivas moderadas o intensas, acciones como salir a caminar de forma más o menos habitual. De cualquier manera, hay una sustancial diferencia entre las personas físicamente activas y las que ni siquiera salen a caminar. Resulta curioso comprobar que mientras que un 70% de los jóvenes españoles tienen un estilo de vida sedentario, sólo el 50% de las personas mayores lo son. Organizaciones como el American College of Sports Medicine (ACSM) o el United States Department of Health and Human Services, afirman que, para que la actividad física y el deporte proporcione beneficios significativos para la salud, debe realizarse como mínimo durante 30 minutos casi todos los días de la semana.

Mujer corriendo en el parque de El Retiro.

Los principales argumentos de los más activos para practicar algún tipo de deporte son el mantenimiento y la mejora de la salud, el bienestar físico y psíquico o los consejos del médico. Hacer o no hacer deporte se convierte en parte de un ciclo que se alimenta a sí mismo para lo bueno y para lo malo. Sin embargo no se puede ignorar el componente social de la práctica del deporte, ya que sólo un tercio de las personas que ganan menos de 1.000 euros al mes realizan actividades deportivas.

En el caso del sedentarismo activo, la falta de actividad física genera una alteración del equilibrio psicofisiológico, así como desequilibrios biológicos, una peor capacidad física y, por ende, un peor estado de ánimo. Esto deriva en una menor capacidad psicofisiológica, menos energía, menos salud, peor percepción de uno mismo y peor actitud ante la vida. Lo que lleva a reforzar el hábito del sedentarismo. Al contrario, la actividad física genera no sólo bienestar emocional y psicofísicos, los practicantes se sienten más activos, con más energía, con mejor salud, tienen mejor imagen de sí mismos y mejor actitud ante la vida. Eso consolida su deseo de mantener y potenciar su actividad deportiva. Básicamente, la inactividad genera más inactividad, y al contrario. La actividad potencia la actividad.

cuanto más sedentario es uno, más sedentario se vuelve

El propio sedentarismo se convierte la mayor barrera para combatir el sendentarismo. El cambio de hábito pasa por la incorporación paulatina a la práctica de algún tipo de actividad y al cambio de cultura. Moscoso avanzaba que para realizar este cambio es necesario intervenir en el sistema educativo, el sistema deportivo y en la misma imagen del deporte. “La imagen pública del deporte no pueden ser ni los gestos de un futbolista ni las palabras del presidente de un club o la emoción de la gente. El deporte se asocia con el éxito y el triunfo. Si se piensa en el deporte como competencia, la realidad es que todos no podemos ser número uno, y eso desalienta a la gente. Hay que cambiar esa imagen”, señala.

La mejor imagen para el deporte sería la de la autosuperación, la competencia con uno mismo, el vencer las barreras (sobre todo psicológicas) que se nos presentan en nuestro día a día. Como práctica, esta idea del deporte es la que mejor prepara para enfrentarse a las dificultades cotidianas con ese mismo espíritu de superación. Todos las investigaciones señalan que las personas que practican deporte tienen, efectivamente, una actitud más positiva ante la vida, y menos dramática. Muchos usan el deporte como evasión momentánea, lo que les sirve para, después, ver las cosas de otra manera, más vitalista.

Si no tienes otra cosa, usa la calle

Aunque antes hemos hablado de instalaciones deportivas, lo cierto es que, para hacer deporte, no se necesitan gimnasios, ni canchas, ni pistas. La gran ventaja de la actividad física es que la puedes realizar prácticamente en cualquier lugar, aprovechando los elementos que hay a nuestro alcance, especialmente cuando el ritmo de vida en las grandes ciudades dificulta enormemente la normalización de horarios y de acceso a las instalaciones. Una forma sencilla sería acostumbrarse a tomar las escaleras en lugar del ascensor, ir caminando a buen paso a los sitios que sea posible y aprovechar los fines de semana para hacer actividades exteriores. Incluso limpiando o bailando (o las dos cosas a un tiempo), si se hace de forma activa, ayudan a tonificar el corazón.

En esto precisamente se basa el famoso método Osmin, en usar la calle como gimnasio, aprovechando el mismo mobiliario urbano para hacer flexiones, circuitos o musculación. Pero no hay que irse tan lejos. Las ciudades son, precisamente por sus complejidades, el lugar ideal para practicar dos actividades para las que no se necesita gran cosa: salir a correr e ir en bicicleta. Aquí tienes dos casos reales.

Jesús Lens (responsable de Comunicación de CajaGRANADA-BMN, articulista y escritor, especialista en cine)

Jesús LensJesús LensTNL: ¿Cuánto tiempo hace que corres y cómo empezaste?

Más tiempo del que soy capaz de recordar. Empecé por eso que se ha dado en llamar “hacer deporte”, es decir, para moverme y quemar grasa, tratando de no perder del todo una línea con propensión a las curvas, dado mi amor por las mesas y las barras.

TNL: ¿Es más fácil para ti correr en la ciudad que hacer otro tipo de actividad física?

Sí. Te permite planificar la actividad física sin depender de nada ni de nadie, excepción hecha de unas zapatillas y de alguien llamado “fuerza de voluntad”

TNL: ¿Es un hobby, algo para pasar el tiempo o supone para ti algo más serio?

Si por serio quieres decir que me planteo batir algún récord, por supuesto que no. Ahora bien, si haber incorporado una disciplina como el correr a mi día a día se puede considerar serio… ¡es ciertamente capital y esencial!: corriendo es cuando se me ocurren las mejores ideas para mis artículos y relatos y es una pieza imprescindible para potenciar mi vena creativa. Dos días seguidos sin correr y no me aguanto ni yo.

TNL: ¿Sales todos los días, con lluvia, sol y nieve?

No corro todos los días, pero cuando me toca correr, no me paran ni las ciclogénesis explosivas, ahora tan de moda.

TNL: Horarios y rutas favoritos

A mediodía, antes de comer. Entre las tres y las cuatro o cuatro y media de la tarde, en España, nadie cuenta contigo ni espera que estés operativo. Por la ribera del río Genil, escuchando el murmullo del agua y el crujir de la tierra bajo las suelas de las zapatillas.

TNL: ¿Qué te aporta física y psicológicamente?

Correr 12 o 14 kilómetros sirve para recordarnos que somos humanos y que, como tales, hay que cultivar el cuerpo y la mente. Psicológicamente, me permite destensionar y, sobre todo, hacer conexiones neuronales que, en reposo, nunca llegan a producirse.

TNL: ¿Te has metido en el mundo de las maratones y las carreras populares?

He corrido una. La de Sevilla. Hace ya cuatro o cinco años. Extraordinaria. Terminé. Lesionado. Sufrí. Excesivamente. Cuando me olvide de lo mal que lo pasé, repetiré, pero en algún lugar especial y diferente: un desierto, África… algo que le aporte a la experiencia un valor añadido.

TNL: En ese momento ¿pensabas en correr o en competir?

En correr. Mi lema es que, corriendo, siempre ganas. Solo con calzarte las zapatillas y romper a sudar, ya le has ganado a la pereza, la molicie, la vaguería…

TNL: ¿Mides tus tiempos para compararte con otros o sólo contigo mismo? 

Sí. Me mido a mí mismo y, aunque me gusta mejorar, no me obsesiono. El componente mental de correr es tan importante como el físico así que en demasiadas ocasiones me encuentro corriendo a seis minutos el kilómetro, con la cabeza divagando entre cuentos, relatos e historias. Otras veces, mandan el reloj y el pulsímetro y trato de forzarme.

TNL: ¿Solo o en compañía?

Casi siempre solo. Pero me gusta salir una vez a la semana con mi hermano e ir charlando de nuestras cosas, sin molestias ni interferencias. Hasta que uno de los dos rompe las hostilidades y nuestro gen competitivo y sufridor sale a relucir. Se puede correr en cualquier parte, pero es mejor buscar recorridos que te lleven a la naturaleza. Correr por el campo o la montaña hace la experiencia más plena y satisfactoria.

TNL: ¿Crees que hay cultura de correr? 

Cada vez más. Abren tiendas especializadas, se crean clubes y se baten récords de participación en carreras populares. No creo que sea una moda pasajera. El que prueba y persevera, se aficiona. Y ya es para siempre. Mucha parte de responsabilidad en esta explosión del correr en Granada la tiene el Circuito de Fondo de Diputación, que lleva cerca de veinte carreras por pueblos de toda la provincia, excelentemente organizadas, fidelizando a los corredores.

TNL: ¿Qué necesitas para salir a correr? ¿Consejos para principiantes?

Unas zapatillas adecuadas (no tienen que ser carísimas y último modelo, sino adecuadas al perfil del corredor) un poquito de paciencia, una pizca de constancia y la fuerza de voluntad suficiente para no hacer caso a esa vocecilla que te dice: “para, para, para” cuando empiezas a correr.

Alberto Sacristán (médico)

Alberto SacristánAlberto SacristánTNL: ¿Cómo entró la bici a formar parte de tu vida?

A los 4 años mi padre me enseñó a montar en bici. Todavía recuerdo cómo iba mi padre corriendo a mi lado, mientras temblaba el manillar y me palpitaba el corazón. A los 8 años mi padre me compró otra bici, en este caso, de la tienda de Bamontes. Mi padre siempre me ha contado hazañas de grandes ciclistas, Fausto Copi, Charlie Gold, Bamontes, Anquetil,… y cuando empecé a ver la vuelta, el Tour,… los nombres, las historias, no me eran ajenas. En mi comunión, mis abuelos y mi tía me regalaron una bicicross, y fue el regalo más apreciado. A los 13 años me compré mi primera bici de carretera con mis ahorros. Con mi primer sueldo volví a comprarme otra bici de carretera que todavía conservo. La última ha sido un regalo de mi mujer.

TNL: ¿Has usado la bici para ir a trabajar? 

Sí, durante 4 años he usado la bici como transporte en bici al trabajo. Iba al centro salud en bici. Inicialmente en el primer centro de salud en el que trabajé me hacía 12 km de ida y otros 12 de vuelta, en el segundo sólo eran 3 de ida y otros 3 de vueltas. Ahora no llega al kilómetro. La uso como elemento para hacer ejercicio, en primer lugar y lo hago porque me gusta, me divierte. En los últimos 3 años, además, para hacer triatlón.

TNL: ¿Hay algo que no te guste de la bici?

Nada. En bici me siento más libre, disfruto de los paisajes, de las cuestas, de los retos personales, de los relevos con los amigos, de las sensaciones musculares. Además, me ayuda a despejar la mente, la cabeza, cosa que no me ha sucedido otros deportes. La uso para entrenar, para hacer triatlones, para ver sitios nuevos. Recientemente he conocido la Sierra de la Demanda en Burgos, con mi mujer,

TNL: ¿Qué tal la experiencia de pedalear por la ciudad?

En principio positiva, no recuerdo percances, aunque mi mujer si que ha tenido alguno. Creo que no es muy seguro, principalmente por que la sociedad (conductores y viandantes) no están mentalizados para tener una bici en el carril.

TNL: ¿Qué echas de menos en la relación del ciclista con la ciudad?

El respeto por ambas partes. Últimamente he visto cómo algún ciclista iba incluso en dirección contraria, y eso no ayuda.

TNL: Eres médico, los beneficios saludables de la actividad física los conoces, pero, ¿cuáles has notado personalmente en el uso de la bici?

Mejora la capacidad respiratoria, la fuerza muscular de las piernas, como te comentaba, me despeja la cabeza, y el peso corporal se controla mejor. No hago ningún tipo de dieta, intento comer sano, pero como de todo y mucho, y con la bici y un poco de carrera, el peso está controlado.

TNL: ¿Fixie, montaña, clásica, carreras…?

En mi casa todos tenemos bicis. Hay cinco bicis, una para cada hija de montaña (9 y 19 años) otra de montaña de mi mujer. Además hay una sexta bici, que es Dahon, plegable que usaba estos años mi mujer en la ciudad. Yo tengo una de montaña y una de carretera. En el pueblo de mi padre tengo otra de carretera, la que me compré con 15 años, con mi primer sueldo. En el pueblo de los padres de mi mujer hay otra que es de 27 pulgadas.

TNL: Como médico, ¿la bici es apta para todos los públicos, todas las edades y todas las condiciones físicas? 

Efectivamente, es un ejercicio de lo más recomendable en cualquier edad.

TNL: ¿Bicicleta o running? 

Practico ambas disciplinas. Por tiempo entre semana correr, el finde, bici. Mi recomendación es que se haga como hobby.

Referencias: Panorama Social 14, segundo semestre 2011(FUNCAS); Colección Estudios Sociales nº 26, Deporte, salud y calidad de vida (Obra social, Fundación “La Caixa”); Revista de ciencias sociales Methaodos. Estudio sobre Ciudadanía sedentaria versus ciudadanía activa. El nuevo canon social en el acceso a la salud y el bienestar. David Moscoso, Rafael Serrano, Lourdes Biedma y María Martín; Revista Arch Med Deporte 2013. Sedentarismo activo. Ocio, actividad física y estilos de vida en la juventud española. David Moscoso, María Martín, Natalia Pedrajas y Raúl Sánchez; Revista de Estudios Juventud. Marzo 12. Los ídolos del deporte: de Coubertin a Beckham. David Moscoso y Antonio M. Pérez; Sociología política del deporte. Jean-Marie Brohm.

Agradecimientos: David Moscoso. Jesús Lens, Alberto Sacristán, Pedro Delgado, Roberto Díaz.

Imágenes: TnL

 

One Response to La dura agonía del deporte de base

  1. AMORAL 26 abril, 2015 at 13:49 #

    Felicidades por tan atinado artículo, lamentablemente la mayoría silenciosa no procesa las verdades que aquí se exponen y actúa en consecuencia. La imagen del deporte, el ver deporte se está imponiendo a practicar deporte y así nos va,\r\nGracias por escribir y advertir de la manipulación a la que nos someten los poderes públicos en el ámbito deportivo.

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