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¿Se dirigen las startup hacia un nuevo crack?

La segunda burbuja punto-com

10 de marzo de 2000. El índice NASDAQ, que incluye a las empresas tecnológicas, marca un máximo histórico al alcanzar los 5.132,52 puntos. Las compañías que operan en Internet parecen llamadas a dominar el mundo. Es un sector que no conoce fronteras: la española Terra, con capital de Telefónica, ha salido a bolsa en noviembre de 1999 (a un precio de 11,81 € por acción) y las acciones valen ya 157,60 €, casi 14 veces su precio de salida. Terra es, de hecho, la tercera empresa del país en valor.

Sólo dos años más tarde, el valor de los títulos listados en el NASDAQ es de unos 1.500 puntos. Por el camino, muchas de las empresas surgidas al calor del despegue de Internet han desaparecido, han sido absorbidas por una fracción de su supuesto valor o están en serios problemas. La burbuja de las puntocom ha pinchado y las consecuencias han sido catastróficas. Terra, por su parte, pierde valor a pasos agigantados y, en 2005, se convierte en una filial de Telefónica con las acciones cotizando a 2,75 €.

Agosto de 2013. En plena crisis económica, con medio mundo en recesión y el otro medio preparándose para afrontar las consecuencias a medio plazo del empacho financiero, las compañías tecnológicas parecen gozar de buena salud a pesar de que la inversión en el sector ha descendido.

Marissa Mayer, CEO de Yahoo!Marissa Mayer, CEO de Yahoo! ha realizado inversiones de hasta 1.100 millones de dólaresAsí, Microsoft ha comprado Yammer, una red social para uso interno en organizaciones, por 1.000 millones de dólares. Yahoo!, en medio de una espiral de adquisiciones puesta en marcha por la CEO de la compañía, Marissa Mayer, compra Tumblr, una red de microblogging basada en fotos, por 1.100 millones. Meg Whitman, CEO de HP, asegura que comprará varias compañías y, entre ellas, se plantea una misteriosa compra valorada entre 1.000 y 1.500 millones.

Por su parte, empresas como Twitter están valoradas en 9.800 millones de dólares (GSV Capital). Sin duda, más por el valor del producto y su marca que por haber encontrado una vía para la monetización que lo haga rentable. ¿Se trata de precios ajustados a las expectativas, o estamos ante una segunda burbuja en Internet?

Así funciona una startup

Es inevitable, al hablar de startups, pensar en jóvenes melenudos con gafas encerrados en un garaje, entre ordenadores y cajas de pizza vacía, creando la nueva revolución tecnológica. Un cliché tan extendido como falso, ya que, aunque empresas como HP, Apple y Microsoft empezaron de forma muy parecida, no se corresponde con los comienzos de una startup en nuestros días.

En primer lugar, hay que aclarar que una startup no es necesariamente una empresa tecnológica. Se trata de cualquier empresa que tiene potencial de crecer muy rápidamente en sus primeros años de vida. Tecnología e innovación van de la mano, por lo que muchas startups están desarrollan o adoptan tecnología para innovar en algún área.

Para que ese crecimiento rápido se pueda dar es necesario que la empresa cuente con los recursos económicos para no quedarse estancada. Twitter no habría alcanzado el éxito en cuanto a número de usuarios que tiene de no sumar más de 1.300 empleados (Crunchbase). Para una empresa con poco más de 7 años de vida, que todavía no genera un gran volumen de ingresos, es imprescindible obtener financiación externa para llegar al punto de rentabilidad.

Como es de esperar, esta financiación no se obtiene de la noche a la mañana. La primera fuente de ingresos son los recursos propios. Los emprendedores recurren a sus ahorros, a familiares y amigos que están dispuestos a formar parte del capital social de la nueva empresa y a los que, a menudo, se hace referencia con el acrónimo FFF: Friends, Family and Fools o, lo que es lo mismo, amigos, familia e insensatos (o tontos, según la traducción).

La inversión inicial son recursos propios y de personas cercanas

En no pocas ocasiones, esta inversión inicial partiendo de las propias fuerzas no es suficiente para terminar de desarrollar el producto, por lo que es necesario buscar otros inversores. Imaginemos por un momento la siguiente escena: Mark Zuckerberg entra en un banco y se sienta en el despacho del director para pedirle un crédito. “He creado una web para estar conectado con tus amigos y familiares [en 2004 el término red social todavía no se ha popularizado] y necesito medio millón de dólares”.

No, no se trata de un chiste sobre startups, pero seguro que el director del banco se hubiese reído a carcajada limpia si un chaval de 20 años con aspecto de despistado se hubiese atrevido a pedirle algo así. Hoy se lamentaría de no haberle ofrecido, además del préstamo, sus ahorros para sacar adelante algo que en sólo unos años revolucionaría el mundo y haría multimillonarios a sus creadores.

En lugar de acudir a un banco, el fundador de Facebook buscó financiación de manos privadas. Los 500.000 dólares los invirtieron Peter Thiel y Reid Hoffman, co-fundadores de PayPal y Linkedin, respectivamente. Esta figura, que en Europa es mucho más escasa que en EEUU, se conoce por Angel Investor o Business Angel. Invierten en un proyecto cuando muy pocas personas creen en él y, con frecuencia, ofrecen también sus consejos y apoyo a las empresas en las que arriesgan su dinero.

Pero, aunque parezca una gran cantidad de dinero, una startup que se precie es una máquina de gastar: en pocos años hay que tener una nueva sede mucho más cool, miles de empleados y, si es necesario, desembolsar fuertes sumas en marketing de producto o incluso en fagocitar a otras startups más pequeñas que puedan aportar algo a nuestro producto. Para ello, empieza el festival de las rondas de financiación.

Las rondas de financiación son ampliaciones de capital que permiten a particulares y empresas de capital riesgo formar parte del accionariado de la compañía. Como el proyecto ha alcanzado ya algún grado de madurez y el riesgo es menor, también lo es la inversión a hacer para llevarse un trozo de la tarta. La primera ronda de financiación se denomina serie A, la segunda será la serie B y así sucesivamente.

Facebook consiguió por este método, entre 2005 y 2012 (año de su salida a bolsa), 2.330 millones de dólares. Ni que decir tiene que las participaciones de los fundadores y de los primeros inversores multiplicaron su valor notablemente.

Por el camino, Facebook también gastó mucho en adquirir casi 40 compañías, cuyos precios (en los casos en que se conocen) van desde 2,5 millones de dólares (Nextstop, un sistema de recomendaciones móviles) hasta los 1.010 millones de dólares que invirtió en Instagram el pasado año. En el término medio, destacan los casi 48 millones que le costó en 2009 FriendFeed, gran parte de los cuáles se pagaron en acciones de Facebook.

Así, el dinero invertido por los fondos de capital riesgo y los inversores particulares, alimentan a todo el ecosistema del emprendimiento, que tiende a aglutinarse en torno a las marcas más fuertes. De hecho, muchas empresas tienen un plan de salida que establece cómo pueden hacer su producto atractivo para ser adquirido por otras empresas si no alcanza sus objetivos. Desde hace algunos años incluso hay eventos como Startup Exits a los que los emprendedores acuden para aprender de las experiencias de fundadores de startups e inversores que vendieron sus compañías.

Dos formas de ganar con una inversión

Mientras estas empresas están creciendo, los ingresos están en un segundo plano. Lo principal es el crecimiento, lo que casi siempre se traduce en conseguir suficientes usuarios para alcanzar la masa crítica necesaria para elevar la barrera de entrada a potenciales imitadores. La financiación llega por medio de los inversores que esperan, eventualmente, que el valor de su participación se multiplique.

Los beneficios de estos inversores aparecen cuando la empresa es comprada por algún gigante, o bien mediante una exitosa salida a bolsa.

Si las cifras de inversión a veces impresionan, las de compra pueden dar miedo: Tumblr, cuya situación económica no era especialmente boyante, fue comprado por 1.100 millones de dólares. Los inversores vieron así cómo su capital se multiplicaba, a pesar de que la compañía no era rentable. De los 125 millones de dólares invertidos en Tumblr, sólo les quedaban ya 16 millones.

Los motivos que llevan a una gran compañía a adquirir un producto por ese precio, en vez de desarrollarlo por si mismos bastante más barato, pueden ser varios. El objetivo puede ser ahorrar el tiempo necesario para tener un producto competitivo, conseguir la base de usuarios creada por la empresa comprada e, incluso, conseguir una combinación de talento y conocimiento del sector que pasa a formar parte de la estrategia del comprador. EL inversor gana por anticiparse, por contar con la confianza de los usuarios o por haber apostado por las personas adecuadas.

El otro mecanismo, el de la salida a bolsa, lo eligen menos compañías. El gran antecedente es Apple. En 1980, la compañía de Cupertino hizo una oferta pública de acciones récord para la época, en la que los trabajadores que poseían acciones de la compañía se convirtieron en millonarios.

En general, se trata de empresas que ya han desarrollado su modelo de negocio y están generando beneficios. En 2004 fue Google la que protagonizó una salida muy exitosa, que ocupó portadas. El año pasado fue Facebook la que protagonizó una salida no tan exitosa como se esperaba. Sin embargo, a fuerza de buenos resultados, se ha ganado la confianza del mercado y, por fin, sus inversores están ganando dinero.

Pero incluso compañías que no han demostrado ser una buena inversión han conseguido éxito por este camino. Twitter, de la que Jack Dorsey dijo en su día que «no tenía por qué contestar» a la pregunta de si es rentable. El pequeño impacto que tiene todavía su negocio publicitario contrasta con la popularidad de un medio que ha cambiado la sociedad de forma irreversible. Aún así, en noviembre protagonizó una salida a bolsa que se cuenta entre las más exitosas de la historia. Dick Costolo, Evan Williams y el propio Dorsey, fundadores de la red social, vieron como en sólo una hora y media su fortuna personal aumentaba en unos 4.000 millones de dólares gracias a las acciones que salieron a bolsa. Para situarlo en contexto, Jeff Bezos compró unos meses antes The Washington Post por 250 millones.

¿Es sostenible?

Que los inversores apuesten por la popularidad de compañías construidas a golpe de grandes inversiones financieras y que consiguen el éxito sin haber desarrollado, necesariamente, un modelo de negocio viable puede interpretarse de dos formas. Para algunos, puede deberse a que éxitos como el de Twitter conducen irremediablemente a encontrar una forma de monetizar la ingente cantidad de tráfico que obtienen. Sin embargo, también cabe la posibilidad de que los inversores se estén dejando arrastrar a un juego de azar en el que invierten cantidades millonarias en empresas que prometen revolucionar el mercado. La inversión de algunas de ellas se recupera gracias a la posterior venta o salida a bolsa de la compañía, con lo que se compensa la pérdida del resto de inversiones y se consiguen beneficios.

Sin duda es un modelo envidiable en tanto que permite que numerosas compañías puedan ponerse en marcha y que las mejores sigan en pie. Sin embargo, esta ruleta depende del estado de ánimo de empresas e inversores privados. No cabe duda de que parte del éxito de Apple y Google consiste en comprar talento, aunque en el caso de otras compañías como Yahoo! y Microsoft estas adquisiciones vienen forzadas por la necesidad de cambios importantes en sus respectivos negocios. Si este momento «mágico» pasa y los precios de compra se reducen, es posible que las firmas de capital-riesgo empiecen a mirar hacia otro lado, a ser más conservadoras a la hora de invertir o, simplemente, que recojan beneficios y se mantengan a la espera de buenas oportunidades. Los pequeños inversores van allí donde está el dinero, por lo que las posibles salidas a bolsa sean menos atractivas para ellos.

No quiere decir que esto vaya a suceder, y mucho menos de forma inminente. Algunos estudios económicos sobre el crecimiento y estallido de burbujas precedentes llegan a la conclusión de que… es imposible predecir cuando estallarán e, incluso, saber si nos encontramos ante una. La reducción de la inversión en primeras rondas de financiación (Series A) en los últimos años ha sido un tema de debate recurrente que, según la consultora CB Insights, se ha llevado por delante unas 1.000 startup sólo en 2013.

Signos de un aterrizaje suave que estabilice el sector de las startup tecnológicas o el principio de un desplome de los precios y valoraciones similar al de 2000, 2014 sigue siendo un año en el que sucederán cosas interesantes. Este año saldrán a bolsa algunas de las startup de innovación relacionadas con energías sostenibles y ahorro energético, aunque no se esperan grandes ofertas de acciones de compañías de Internet. Probablemente hay buenas oportunidades, pero habrá que esperar al siguiente gran lanzamiento para sacar conclusiones.

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