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Los principales riesgos son el atragantamiento y las quemaduras internas

Pilas de botón: qué pasa si tu hijo se traga una

Las pilas de botón son uno de los objetos que pueden acabar en el estómago de un niño. ¿Cuáles son los riesgos y qué podemos hacer?

Por muy a prueba de niños que sean algunos juguetes, la habilidad que tienen estos de destriparlos y reducirlos a las piezas más pequeñas sólo es comparable a su afición por metérselas luego en la boca. Ahora que la inmensa mayoría de los juguetes son electrónicos, la posibilidad de que una pila acabe en el estómago de un niño es mayor.

El tamaño de las pilas tradicionales hace que sea menos probable (aunque no imposible si de niños se trata), que se las puedan tragar. Son las pilas de botón las que suponen un riesgo más serio, ya sea de asfixia al intentar tragarlas o de intoxicación. ¿Qué pasa y qué podemos hacer si un niño se traga una? Porque a menos que sea una de estas baterías a prueba de niños, su salud podría correr peligro.

¿Qué hacer cuando un niño se traga una pila de botón?

Como comentábamos antes, el primer riesgo es el de asfixia. Así que si al pequeño le cuesta respirar hay que actuar cuanto antes y practicarle la maniobra de Heimlich. Aquí os dejamos un par de vídeos bastante ilustrativos y buenos, que están disponibles en YouTube, sobre cómo hacer la maniobra a un niño mayor de un año.

Y este vídeo en el caso de que se trate de un bebé.

Saber bien cómo hacer la maniobra es esencial, y puede salvarle la vida al niño. Si estás solo es esencial que la practiques primero e intentes pedir ayuda como buenamente puedas, porque la falta de oxígeno durante más tiempo del que el cerebro aguanta puede ocasionar lesiones permanentes. Si no estás solo, hay que practicar la maniobra mientras otra persona pide ayuda a los servicios de emergencias.

Si en lugar de por la boca se ha metido la pila por la nariz o el oído, también es imperativo llevar al niño a Urgencias cuanto antes, ya que la pila puede desplazarse por el canal auditivo o por las fosas nasales y llegar a lugares comprometidos.

Si finalmente el niño no logra expulsar el objeto y este se desplaza llegando al estómago, el riesgo al que nos enfrentamos ahora es otro. Si hay dudas sobre lo que hacer se puede llamar al Servicio 24h de Información Toxicológica (915 620 420) antes de intentar provocar el vómito, no sea que al volver a hacer pasar la pila por el tubo digestivo se produzcan más lesiones, pero lo mejor es acudir a Urgencias y explicar lo sucedido. Allí valorarán cómo actuar y si es preciso extraerla, ya sea mediante una endoscopia o por vía quirúrgica.

¿Qué puede pasar?

Los componentes de las pilas son muy variados (cadmio, mercurio, litio, plomo, zinc, manganeso, plata…), pero todos tienen como característica principal que su misión es conducir la electricidad. Lo habitual es que. al interactuar con la saliva, comience a producirse la electrolisis o descomposición de la pila, que puede ocasionar quemaduras y ulceraciones a lo largo del tracto digestivo, más concretamente en el esófago, dado que la sustancia alcalina es corrosiva.

Lo habitual es que las soluciones de electrolitos de las pilas sean muy alcalinas, con pH de hasta más de 12 y 8 según sean baterías nuevas o usadas. Cuando la pila de botón entra en contacto con las mucosas su sellamiento empieza a fallar, y comienza a liberar los compuestos que tiene dentro, dando lugar a quemaduras químicas en los tejidos con los que tome contacto la sustancia fugada. Si la corrosión es muy fuerte el tejido puede llegar a necrosarse, causando daños muy graves.

En el caso de las pilas no alcalinas los efectos no son muy diferentes, aunque la reacción química que los cause sea distinta.

Luego están los efectos tóxicos particulares de cada elemento al liberarse dentro del organismo. Sin embargo, la cantidad de producto que presenta una pila de botón no siempre es suficiente para ocasionar un cuadro tóxico. Dependerá de cada persona (edad, peso, sensibilidad, estado de salud, exposición previa…) el que la ingesta de una pila de lugar, además, a una intoxicación.

Algunos datos sobre los componentes de las pilas de botón

Mercurio: cuando las pilas lo contienen está en forma de óxido de mercurio, una sal que daña principalmente el tracto gastrointestinal y los riñones. Al ser muy solubles en agua, las sales de mercurio se absorben fácilmente por el organismo, lo que aumenta y expande su toxicidad; aunque difícilmente logran atravesar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro, por lo que son raros los efectos neurolgicos, y son más frecuentes los digestivos y renales.

Dada la toxicidad y poder contaminante del mercurio, se han ido buscando soluciones para sustituir este elemento por otros menos agresivos en las pilas.

Los síntomas más frecuentes serán:

  • Fuerte dolor abdominal
  • Vómitos
  • Diarreas (puede aparecer sangre)
  • Dificultad para respirar
  • Sudoración y salivación
  • Garganta inflamada
  • Oliguria o anuria
  • Boca con sabor metálico
  • Shock

Plata: también en forma de óxido de plata, como sal se absorbe más fácilmente a través de las mucosas y produce una reacción muy característica en el organismo cuando la exposición es muy alta y de forma prolongada, y es que la pigmentación de la piel cambia a un color gris oscuro, azulado o metálico. Es, quizá, el efecto más llamativo de la argiria o intoxicación por plata, que no tiene vuelta atrás, porque una vez depositado en los tejidos no se elimina. Claro que es necesaria una ingesta de al menos 4 gramos para que se produzca argiria, y de más de 50 mg por kilo de peso para que la toxicidad pueda a ser mortal.

Generalmente la plata en sí no es tóxica para el organismo, salvo una ingesta muy grande, pero sí cuando reacciona con otros elementos como el selenio o el azufre. Por esto mismo es difícil que el óxido de plata de una única pila de botón ocasiones daños serios en el organismo.

Litio: curiosamente las sales de litio se emplean todavía como medicamento para tratar el trastorno bipolar, la depresión o las crisis maníacas. Se absorbe rápidamente a través del sistema digestivo, y tiene la ventaja, por decirlo de alguna forma, de no se metaboliza y se elimina por la orina, siempre que no haya problemas renales.

Aunque se usa médicamente, lo cierto es que el litio es tóxico y una dosis mayor de lo “normal” puede dar clínica. Las cantidades que se suelen administrar de forma terapéutica suelen estar entre los 0,7 mEq/l y los 1,2 mEq/l (miliequivalentes por litro), aunque las puede haber mayores. Eso quiere decir que para que se produzcan síntomas por intoxicación aguda, la ingesta debe estar por encima de los 3 mEq/l, y aún así con el tratamiento adecuado el organismo lo puede eliminar con relativa facilidad.

Entre los síntomas de una intoxicación por litio están:

  • Fatiga
  • Desorientación
  • Nistagmo
  • Temblor
  • Movimientos parkinsonianos
  • Náuseas, vómitos
  • Diarrea
  • Síncope
  • Insuficiencia renal, poliuria
  • Hipotermia / hipertermia

Níquel: El níquel es un elemento necesario para el buen funcionamiento del páncreas, así como de otras reacciones metabólicas del organismo, pero un exceso puede provocar problemas. Este metal suele estar presente en piezas de bisutería, razón por la que las personas sensibles al níquel experimentan una reacción alérgica local en la zona donde la piel roza con la joya. Por eso también, dependiendo del grado de sensibilidad de la persona, puede tardar más o menos en presentar síntomas visibles.

La mayoría de los problemas de salud ocasionados por el níquel se deben a la inhalación del metal a través del aire en forma de níquel carbonilo, un compuesto volátil a temperatura ambiente y de alta toxicidad.

Si la descomposición de la pila libera níquel, que será absorbido a través de la mucosa intestinal y metabolizado, para luego expulsarse por la orina. Se considera que una concentración de níquel en la orina por encima de 40 μg/g creatinina o de níquel en suero de 5 μg/l son el umbral para valorar un posible riesgo para la salud (en caso de trabajadores expuestos al níquel).

  • Tos, rinitis, sinusitis
  • Bronquitis
  • Fuerte fatiga / depresión
  • Disnea

Zinc: Este es otro elemento que el organismo necesita ingerir para funcionar adecuadamente, lo que se dice un nutriente esencial, pero que en exceso puede dar lugar a un cuadro tóxico. Dado que el zinc no se acumula en el organismo, es necesario tomarlo externamente, bien en los alimentos bien en suplementos dietéticos, pero un exceso de zinc puede ser perjudicial.

Las sales de zinc no suelen revestir toxicidad, pero algunos compuestos pueden reaccionar con los elementos del medio, mostrando un efecto corrosivo.

Entre los síntomas que pueden llegar a observarse cuando se produce un exceso de zinc (teniendo en cuenta que la dosis máxima de ingesta recomendable de este metal es de 40 mg/día para un adulto) están:

  • Tos
  • Convulsiones
  • Fiebre
  • Tensión baja
  • Anuria
  • Erupción cutánea
  • Sabor metálico en la boca
  • Vómitos, diarrea
  • Problemas para respirar
  • Dolor corporal

Cadmio: Es un elemento altamente tóxico y contaminante, razón por la que poco a poco muchos países están estableciendo normas para reducir el uso de este metal, incluido en las pilas. Cuando se ingiere cadmio este pasa rápidamente al hígado, donde se produce una proteína llamada metalotioneina, a la que se une, lo que minimiza los riesgos tóxicos de los iones de cadmio libres. Sin embargo, cuando el organismo rebasa su capacidad para producir metalotioneina, la acumulación de este metal produce insuficiencia renal y hepática. Para que empiecen a producirse lesiones en los riñones, la concentración de cadmio aquí debe ser 15 veces superior a la que haya en el hígado.

El cadmio se elimina muy lentamente del organismo, por lo que según la concentración y la edad de la persona puede tardar entre 7 y 30 años. Para que la ingestión de cadmio sea peligrosa para la salud debe estar en una concentración superior a 15 mg Cd/l, en cuyo caso produciría esta sintomatología:

  • Náuseas
  • Vómitos
  • Dolor abdominal
  • Diarrea

Plomo: Hasta un 50% del plomo que llega a tracto gastrointestinal puede ser absorbido en el caso de los niños y las mujeres embarazadas (un 10-15% en el caso de los adultos). Una vez que llega a la sangre comienza a depositarse en la misma sangre, los riñones, la médula ósea, el hígado, el cerebro, los huesos y los dientes (es en los huesos y en los dientes donde se acumula el 95% del plomo del organismo). Luego, en situaciones de estrés, ese plomo sale de su estado de “latencia” y pasa de nuevo a la sangre, y de ahí a los tejidos.

Aunque es muy tóxico, para desarrollar una intoxicación a causa del plomo no hace falta una ingesta o exposición alta puntual. Es un metal que se va acumulando durante toda la vida y liberándose poco a poco, por lo que puede que una dosis pequeña desencadene una intoxicación, sólo porque ya llevaba mucho tiempo acumulándose previamente. Sin embargo, en los niños es especialmente perjudicial, ya que sus efectos, en especial los neurológicos, pueden ser permanentes.

Entre los efectos adversos de una intoxicación leve o moderada por plomo están:

  • Mialgia
  • Irritabilidad
  • Fatiga, aletargamiento
  • molestias abdominales
  • Falta de concentración
  • Cefalea
  • Temblores
  • Pérdida de peso
  • Estreñimiento
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