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Los ordenadores pueden volver a ser sencillos y fáciles de entender

¿Qué es Raspberry Pi?

MUCHO MÁS QUE FRAMBUESAS

Raspberry Pi puede ser el desarrollo más conocido, pero hay una gran tradición de ordenadores todo-en-una-placa baratos desde hace casi 10 años.

  • 2005 Se anuncia la plataforma Arduino para hacer desarrollos de hardware abierto.
  • 2008 Sale a la venta la primera placa Beagle Board también de hardware abierto para experimentar con ella.
  • 2009 Aparece Sheeva Plug como opción para disponer de mini-servidores de bajo coste
  • 2011 Empieza la andadura de Raspberry Pi, un ordenador de 25$ que promete cambiarlo todo.
  • 2013 En diciembre aparece Intel Galileo, un desarrollo que mezcla lo bueno de Arduino con la arquitectura Intel x86.
  • 2014 ParalellaBoard, un súper ordenador paralelo de 99$ empezará a venderse este mismo año.

Los ordenadores y los niños… ¿no es increíble lo bien que manejan esos endiablados aparatos? Se diría que no tienen secretos para ellos. Pues no es así. Usan los ordenadores con mucha habilidad, pero no saben cómo funcionan por dentro. Y esto va a ser un problema muy grande. Por suerte, 25$ lo cambiarán todo.

Ahora llega el momento de presentar a Juan Usuario, que nos va a ayudar a entender qué es Raspberry Pi (en adelante, también RPi). Juan es un tipo inquieto que, después de mucho buscar y revisar catálogos por Internet, eligió el modelo que más le gustaba. Ese sábado por la mañana fue a comprar los elementos necesarios y, de vuelta a casa, empezó a montarlo.

Le habían dicho que las instrucciones estaban muy claras “verás que explican cada paso”. Y que incluso había foros en los que le podían ayudar con sus dudas. Aún así le estaba costando lo suyo montarlo bien pero, poco a poco, veía cómo iba tomando forma y se acercaba el resultado final. Tras unas horas de entretenido trabajo, por fin lo tuvo listo. Había montado… ¿un mueble de Ikea? No, algo bien distinto. Sobre la mesa había un pequeño circuito impreso conectado a varios cables, un teclado, un ratón, una tarjeta de memoria y un viejo televisor.

En la pantalla le esperaba, sugerente, el menú principal de un emulador de ordenadores antiguos. El televisor iba mostrando fotos de primitivos equipos de los 80 que su nueva Raspberry Pi podía emular. Sólo con hacer click sobre uno de ellos, se cargaría el código adecuado de ese emulador que reproduciría, hasta en los menores detalles, la retro-experiencia de un ordenador o consola y sus juegos de hace 30 años. Ese era un posible camino. Otra opción era lanzarse a programar. Desde la estantería le contemplaban sus libros de C++ y Python, que ahora podría volver a abrir para desempolvar sus habilidades picando código. Y si le daba la locura completa, podía rescatar el soldador con su rollo de estaño del fondo del cajón para conectar la Raspberry Pi a una pantalla LCD o a cualquier otro dispositivo. Todo esto con un aparatito que cuesta sólo 25€ en su versión más básica.

Lo mejor es que esto era sólo el principio. Después de tantos años de ordenadores con Windows y Mac OS X y demasiadas capas que alejan al usuario de lo que hay debajo, de demasiados megas y gigas de software, su Raspberry traía de vuelta la sencillez y la agradable sensación de que todo es posible, si le dedicas el tiempo necesario. Que además lo puedes hacer tú con tus dos manos, pensando un poco y con tiempo. El único requisito es remangarte y hacerlo. Y eso es lo que iba a hacer. Aunque antes tenía que ajustar cuentas con ese Pac-Man que le estaba mirando guasón desde el televisor…

Back to basics

El otro Raspberry Pi

El otro Raspberry PiHay un conocido precedente de RPi, Arduino, que también ha llegado a ser bastante conocido. La diferencia fundamental es que Arduino es una plataforma de hardware abierto, y está pensado para que se use como base de un montaje electrónico más grande, y no como un ordenador ya cerrado, que es para lo que se pensó y para lo que se usa Raspberry Pi.

¿Y qué es esto de Raspberry Pi? Bueno, lo mejor para comprenderlo es conocer sus peculiares orígenes y las motivaciones que hay detrás de este minúsculo ordenador. Su creador es Eben Upton, antiguo Director de Estudios de Informática en el St. John’s College de la Universidad de Cambridge. A mediados de los 90, los aspirantes a entrar en los estudios de informática que él dirigía venían con una buena cantidad de conocimientos, programaban en varios lenguajes y algunos hasta trasteaban con la electrónica. Muchos, si no todos, habían experimentado ya mucho por su cuenta. Y este es un campo en el que lo que avanza cada uno como autodidacta es una excelente base sobre la que seguir progresando.

Eben fue viendo que, año tras año, los nuevos alumnos que llegaban a la universidad tenían cada vez menos conocimientos sobre el funcionamiento interno de los ordenadores. Esta pérdida de nivel, casualmente, se produjo a medida que la informática se popularizaba. Sus nuevos alumnos sabían usar sus PCs, de eso no había duda. La mayoría de aplicaciones y servicios, hasta los más avanzados, no tenían secretos para ellos, pero cada año estaban más alejados de la magia que lo hace funcionar todo. Y si no estás en posesión de los secretos de la magia, no puedes hacer nuevos trucos, sólo repetir los ya conocidos.

Podría decirse… ¿y cuál es el gran problema? La inmensa mayoría de la gente no necesita conocer qué sucede en el interior de su PC. Bastante tienen con manejar Word, encontrar lo que buscan en Google y poco más. Cierto, pero ¿quién creó los programas que usan? ¿quién está detrás de Windows? ¿y quién diseñará el próximo software revolucionario? Durante años, décadas casi, la industria del software ha visto como miles y miles de jóvenes entraban a trabajar en ella, ampliando los límites de lo que era posible. Si esta aportación de talento no sigue dándose, quedarán miles de puestos por cubrir y la innovación se frenará. Y mucho.

Damos por hecho que el software está ahí y parece que lo importante es la máquina, el hardware, el aparato, cuando lo realmente vital y útil es el software. El software es el que marca la diferencia, el hardware se limita a hacerlo posible. Y la gente que crea software debe conocer muy de cerca cómo fluye la información por un ordenador. Los programadores imprescindibles, son los protagonistas esenciales de la informática. Sin ellos ningún PC valdría para nada.

Los ordenadores no (deben) morder

Los PCs y consolas modernos no hacen fácil que un chaval se ponga a trastear con ellos para encontrar sus límites. Todo está escondido bajo capas y capas de software y, además, seguramente sus padres no le dejen hacerle perrerías al PC, en parte también porque necesitan que esté operativo para acceder a Internet. Cualquier smartphone o consola tiene juegos espectaculares, pero los disfrutarás como espectador, no es nada fácil conectarlo a otros dispositivos o averiguar cómo funcionan por dentro. Y las herramientas de programación son algo desconocido para casi cualquiera y muy poco accesibles como para que un niño se acerque a ellas. Los chavales que se ponen a programar en un PC son, literalmente, unos valientes. Y son muy, muy pocos. Y cada día son menos todavía.

Para el bueno de Eben la clave de todo estaba en recuperar el espíritu de los 80. En aquel momento, en millones de casas había un ordenador ZX Spectrum, Commodore 64, Amstrad CPC o MSX. Estos ordenadores, sin ser baratos, sí que eran coto exclusivo de los chavales, que sin duda espoleados por lo poco que permitían hacer tal cual los compraban, y con la tranquilidad que da la inconsciencia, entraron en contacto con la programación de forma completamente estusiasta y casi, casi alocada. Alocada pero que dió frutos geniales, como se pudo ver a lo largo de los 10-15 años siguientes.

El panorama de la industria del software en Reino Unido y, también, en el resto de Europa, España incluida, le debe mucho a estos pequeños ordenadores y a su increíble éxito en un par de generaciones de jóvenes. Desde luego, si tuviste entre 10 y 18 años en la decada de los 80 y una situación familiar razonablemente normal, seguro que tú, o alguien de tu círculo más cercano, tuvisteis un ordenador de aquellos en casa. Y si tenías la menor aptitud para programar, pudiste descubrirlo.

Eso fue lo que pasó, con especial intensidad en el Reino Unido, que fue la cuna de la microinformática europea del momento. Los chavales con algún talento para la informática lo descubrieron antes de terminar el colegio. Quizá no todos pudieron dedicarse después a lo que se les daba tan bien, pero sí muchísimos más de los que hubieran recalado en la informática sin esta exposición masiva y temprana a los ordenadores. Y todos se llevaron consigo las ventajas en cuanto a organización mental y claridad de ideas que trae consigo aprender a programar. Aprender a resolver problemas con la ayuda de un ordenador les ayudó a pensar como ingenieros. Les hizo crecer.

Cada vez peor

Eben se asustó definitivamente en torno a 2005, cuando vio que la última hornada de alumnos de primero estaban capacitados de sobra para usar ordenadores y que incluso eran capaces de crear páginas web pero que, en cambio, desconocían cómo crear sus propios programas. No sabían prácticamente nada sobre lo que hace latir a los ordenadores. Estaban muy, muy por detrás de las generaciones anteriores. Casi todos estos alumnos se limitaban a programar durante el curso sólo cuando tenían que hacer las prácticas. Y nada más. Pero una pequeña minoría sí programaba en sus ratos libres. Aprendían y desarrollaban sus propios proyectos a lo largo de los tres cursos. Esos eran los únicos que al acabar sus estudios tenían un nivel alto de programación. ¡Oh, sorpresa!

La pérdida de nivel de los recién llegados a la universidad no era nada bueno para la industria, ni para su país ni, obviamente, para cada uno de ellos individualmente. Y como persona extremadamente comprometida que ha demostrado ser, decidió hacer algo. Algo que facilitara que los nuevos chavales llegasen con más experiencia a su universidad. Ese era el nada ambicioso objetivo que se planteó. Mejorar la formación de los nuevos alumnos de informática del St. John’s College de la Universidad de Cambridge. La cosa, como verás en breve, se le fue un poco de las manos.

Eben tiene una idea…

Si nuestra historia tiene una protagonista clara, la Raspberry Pi, el coprotagonista evidente es Eben Upton, quien empezó a soñar con la idea de crear una plataforma sencilla para que cualquiera pudiera acercarse a la programación. De este modo se propuso crear un ordenador muy barato y fácil de usar para intentar reproducir lo que pasó hace treinta años, pero diseñado con la tecnología de hoy. Quería poner ordenadores baratos en las manos de tanta gente como fuera posible. Eso podía darle un vuelco a la situación.

A ratos libres fue llevando sus ideas a un prototipo que ensambló en su cocina. Para ello compró componentes electrónicos en tiendas para aficionados. Estos no son especialmente baratos y, sobre todo, tienen una potencia muy limitada. Este montaje demostró ser viable, aunque le surgieron muchas dudas de que algo tan limitado fuera atractivo para la generación de chavales acostumbrados a sus iPhones y Playstations. Estaba muy orgulloso de su criatura, pero no corría lo suficiente. Algo había que hacer antes de llegar más lejos.

…Y quien le ayude

Eben Upton compartía sus preocupaciones con amigos y colegas, que pensaban lo mismo que él. Y entre todos crearon la Raspberry Pi Foundation para promover estos fines, una asociación sin ánimo de lucro para difundir la informática sencilla. Aproximadamente por esta época, nuestro amigo dejó la universidad y pasó a trabajar en Broadcom, un enorme fabricante de semiconductores (de chips) como diseñador de chips. Aquí vio que los componentes utilizados por los grandes fabricantes de smartphones y similares, que aún siendo mucho más potentes que los que empleó él en su prototipo, si se compraban a la escala adecuada, tenían precios muy competitivos. Su montaje podía crecer en potencia y subir a la primera división. Además, la falta de nivel que había detectado en los recién llegados al mundo académico se repetía aquí con los candidatos a ocupar un puesto de trabajo, que estaban muy por debajo de sus expectativas.

Una vez más la realidad le decía (¡le gritaba!) que todo se estaba yendo al carajo. Y desde la fundación siguieron perfeccionando el concepto de la Raspberry Pi. Soñó con crear un dispositivo con el que cualquiera, por un precio muy bajo que acabó siendo de 25$ (aquí 25€) y algunos componentes viejos, pudiera experimentar, literalmente, con el bricolaje en versión informática. Si la idea que tenía Eben con Raspberry Pi conseguía su objetivo, las futuras generaciones de estudiantes que llegasen a la Universidad de Cambridge habrían estado expuestas a un concepto fácil, a prueba de torpes y muy, muy barato. Ya no habría barreras para experimentar. Pero se equivocó. Y mucho.

Eben y sus amigos de la Raspberry Pi Foundation Intentaron buscar apoyos de instituciones como la BBC que en el pasado tanto habían hecho por la iniciativas educativas en informática en el Reino Unido. Querían apoyos para dar a conocer a su criatura, pero no conseguían avanzar prácticamente nada. Hasta el día en el que todo se desmadró. Uno de los miembros de la Fundación, David Braben (sí, el mismo David Braben que creó el mítico videojuego Elite en 1984) está muy bien relacionado, y uno de sus contactos es un tal Rory Cellan-Jones, un conocido periodista tecnológico en UK. Cuando se vieron, en mayo de 2011, éste les dijo que no veía nada claro que pudieran conseguir el apoyo de organismos como la BBC, pero que podía grabar un vídeo y colgarlo en su blog. Improvisaron bastante con lo que dijeron en ese vídeo e incluso Eben dijo, sin ninguna base real, que Raspberry Pi costaría unos 25$, como un libro de texto. Por cierto, ¡ójala costasen sólo 25$ los libros!. El caso es que Rory Cellan-Jones cumplió con lo prometido y colgó el vídeo en su web.

Al día siguiente, todo el mundo se volvió loco. Como dice el propio Eben “el vídeo se había viralizado y me di cuenta de que le habíamos prometido al mundo, sin querer, que fabricaríamos ordenadores a 25$”. Gulp. Recibieron infinidad de correos de gente interesada. Dedicaron el resto de 2011 a mejorar el concepto de Raspberry Pi y hacerlo realmente viable como producto. Tuvieron que hacer malabarismos y rediseñarlo de arriba a abajo para poder mantener casi todo lo que se mostraba en el vídeo a ese precio. Que, como descubrieron a lo largo de ese intenso año, era casi imposible de mantener si querían dar tantas cosas.

Decidieron que si Raspberry Pi tenía éxito, sería porque cualquiera podría usarlo, y para ello tenía que poder usar un TV antiguo o moderno, por lo que necesitaba una conexión HDMI y también de Vídeo compuesto. También decidieron que usaría tarjetas SD y que se alimentaría con un cable micro-USB como los móviles modernos. A finales de 2011 tenían un diseño listo, una versión de Linux modificada por la comunidad de código libre, capacidad de producción para entregar 10.000 unidades y los fondos para pagarlo todo. Y ese último e intenso año habían pensado en casi todo, salvo en alguna cosa. El problema fue de escala. Y gordo. El primer día que se pudo hacer un pedido directamente a la Raspberry Pi Foundation, se hicieron ¡100.000 reservas!

Entran los profesionales

Habían pensado en fabricarlos en tandas de 2.000 unidades y, sólo con el primer aluvión de pedidos, si nadie más hubiera comprado uno, ya hubieran tardado tanto en entregarlos que los últimos pedidos servidos habrían llegado cuando toda esta tecnología estuviera ya obsoleto. Evidentemente tenían que hacer algo a una escala mucho mayor. Y de paso dejar toda la logística de una operación así en manos de especialistas, para poder concentrarse ellos en la difusión del proyecto desde la Fundación, y no en meter Raspberry Pi en cajas y enviarlas por correo. Llegaron a un acuerdo con dos gigantes de la fabricación y distribución de componentes electrónicos: element14 y RS Components.

El primer día que estas dos empresas de distribución pusieron a la venta unidades de Raspberry Pi, sus servidores estuvieron colapsados prácticamente esas 24 horas. Un ejemplo espectacular de lo que pasó en ese momento es el siguiente: durante unas horas del 29 de febrero de 2012, en Google se estaban realizando más búsquedas por las palabras “Raspberry Pi” que por “Lady Gaga”. Casi nada. Evidentemente, aquel concepto que había pergeñado Eben Upton para su pequeño problema había tenido eco en miles y miles de personas de todo el mundo. En el momento de escribir esto, a comienzos de octubre de 2013, se han vendido 1,75 millones de Raspberry Pi. Prácticamente 100.000 unidades al mes desde el día del lanzamiento. Y se están usando para todo tipo de montajes, desde los más lógicos a los más peregrinos.

Aficionados de todo el mundo están usando Raspberry Pi para crear cualquier dispositivo electrónico imaginable, como esta micro máquina de videojuegos arcade. Y no sólo eso, también cuentan cómo lo han hecho en su web.Aficionados de todo el mundo están usando Raspberry Pi para crear cualquier dispositivo electrónico imaginable, como esta micro máquina de videojuegos arcade. Y no sólo eso, también cuentan cómo lo han hecho en su web.

Sirven para todo

Si alguien se planteó qué podía pasar cuando ponías en manos de miles de usuarios inquietos, como nuestro amigo Juan Usuario, un ordenador de cierta potencia con bajo consumo y fácil de conectar con otros dispositivos electrónicos, lo que ha pasado con Raspberry Pi es el mejor ejemplo.

Hay gente que ha optado por la portabilidad y han construido alrededor del RPi un curioso portátil (Pi-to-go), o un equipo montado en una tabla y fácil de transportar (SK Pang). Otros se han decantado por montar un cluster para tener un pequeño supercomputador a un precio bajísimo como el Clúster de Nvidia o uno creado por un profesor universitario con la ayuda de se hijo y muchas piezas de Lego (Clúster de Southampton).

Se han desarrollado Media Centers para emplear un RPi como OpenElec, Raspbmc o Xbian; desarrollos para juegos como el súper-emulador de máquinas clásicas de videojuegos PiArcade, un emulador de Nintendo NES que emplea los mandos originales (SNESDev) o adaptaciones de juegos legendarios de PC. Otros usuarios han creado robots, como el humanoide Rapiro, el robot acuático Ziphius o la familia de componentes para robótica PiBorg. También se han creado sistemas de domótica somo SiriProxy + wiringPI, un sistema para automatizar la entrega de comida a un gato, un proyecto para colocar un RPi en el espacio o diversas iniciativas educativas en Camerún, Ghana o el repositorio de contenidos educativos Rachel-Pi para lugares sin conectividad a Internet.

Y cada día surgen nuevas ideas en cualquier lugar del mundo. Raspberry Pi está haciendo justo lo que quería Eben Upton, poner en manos de gente inquieta, pero sin los conocimientos para crearlo ellos mismos, el elemento necesario para montar proyectos informáticos ambiciosos con facilidad y por muy poco dinero. Y claro, también está solventando el problema de falta de experiencia de los jóvenes con la informática real que le preocupaba a Eben. La “sutil” diferencia con sus planes originales es que todo esto ha excedido los límites de la Universidad de Cambridge y ha llegado ¡hasta a los más alejados rincones del mundo!

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