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¿Qué tienen en común las personas que viven mucho?

El secreto de la longevidad lo tienen las zonas azules

A lo largo del siglo pasado la esperanza de vida humana a nivel mundial se ha duplicado. Los científicos se afanan por descubrir los secretos de la longevidad, ya que no todas las personas se comportan de igual forma ante la vejez.
Las zonas azules son los cinco lugares en los que existe la mayor concentración de personas longevas y sanas del mundo. La popularización del término se debe al periodista Dan Buettner, del National Geographic, que estudió durante años esos lugares, intentado identificar los secretos de la buena longevidad. Sus hallazgos fueron publicados en el libro “Blue Zones: lessons for living longer from the People who have lived the longest”.

Después de años de investigación llegó a la conclusión que la expectativa de vida está por encima del promedio mundial en: Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica). En todos estos lugares hay nueve características comunes, a las que Buettner denominó “power 9”.

Okinawa (Japón)

Okinawa es una isla japonesa que alberga a las mujeres más longevas del planeta. Los habitantes de esta región gestionan muy bien su tiempo, saben cómo reducir el estrés, consumen alcohol con moderación y han reducido de forma importante la ingesta de carne procesada. Su dieta es rica en alimentos derivados de la soja, como el tofu, en pescado –lo consumen tres veces a la semana-, hortalizas, verdura y especias como la cúrcuma. Además, su consumo de arroz es inferior al del resto de los japoneses.

A estos ingredientes culinarios hay que añadir un elemento clave en la alimentación, la moderación. Los habitantes de Okinawa evitan saciarse, siguen una de las máximas de Confucio, que rezaba: “levántate de la mesa sin estar lleno”. Esta sabiduría se resume en la consabida frase “Hara hachi bu”, que se podría traducir como “para de comer cuando estés saciado al 80%”. Han sido muchos los estudios que han demostrado que disminuir la ingesta de calorías supone un incremento de la esperanza de vida en todas las especies animales analizadas.

Además los longevos okinaweses practican ejercicio diariamente, pasean y llevan a cabo prácticas de jardinería. ¿Esto es todo o, por el contrario, hay algo más? Parece ser que además de estos cambios en el estilo de vida hay otros dos aspectos que son cruciales para explicar la longevidad: la actitud ikigai y la “conexión” moai.

Ikigai es una palabra japonesa enigmática que no tiene un equivalente directo en español pero que podríamos traducirla por “vale la pena”. Ikigai es una motivación, una razón para vivir, es el motivo por el cual nos levantamos cada mañana. El ikigai es un concepto motivacional, que va más allá de los horarios impuestos o de los deberes a los cuales no podemos renunciar. El ikigai no es siempre igual, puede cambiar a lo largo del tiempo y es posible, incluso, que evolucione. Además, es diferente para cada persona y algunas tienen la suerte de tener más de un ikigai, el nexo común siempre es el placer que se experimenta al realizar esa tarea. El principal problema es que está escondido en nuestro interior y tenemos que encontrarlo, para llegar a él necesitamos la ayuda de la reflexión y el análisis personal. Tener un ikigai claro y definido proporciona satisfacción, felicidad y da significado a la vida, y todo esto redunda en una mayor salud física y psíquica. Todos los japoneses tienen su ikigai, algunos ya lo han encontrado y otros son conscientes de que les falta, pero lo están buscando.

Una de las tradiciones ancestrales de Okinawa es crear lazos fuertes entre las comunidades locales, grupos de personas que tienen intereses comunes tratan de ayudarse entre sí. A esta forma de entender la sociedad es lo que se conoce como “moai”. Estos grupos sociales contribuyen a sentirse aceptados, útiles y seguros frente a las adversidades, puesto que aporta bienestar, mantiene su estabilidad emocional y, además, la financiera, ya que si un miembro tiene problemas económicos se le puede ayudar mediante los ahorros generados por el grupo. Al parecer el origen del moai se remonta a la época que la que era preciso que los agricultores compartieran información para mejorar los cultivos. Las personas que forman parte de un moai pagan una cantidad mensual establecida, la cual les permite acudir a cenas, reuniones, partidas de shogi (el ajedrez japonés) o simplemente disfrutar de alguna afición común al grupo.

Además, los habitantes de Okinawa se toman diariamente unos minutos para recordar a sus ancestros.

Icaria (Grecia)

Los habitantes de la isla griega de Icaria, ubicada en el mar Egeo a tan sólo 13 Km de la costa turca, tienen uno de los índices más bajos de mortalidad en la mediana de la vida y uno de los porcentajes más bajos de demencia. Su alimentación se basa en la dieta Mediterránea con una pequeña variante, tienen un elevado consumo de patatas y legumbres.

Además los icariotes practican la siesta, son muy sociables, permanecen sexualmente activos hasta el final de su vida y no usan ni despertador ni reloj. Se dice que en la isla “nadie lleva reloj y los pocos que hay no están en hora”. Con todas estas prácticas consiguen vivir 10 años más que el resto de los europeos y americanos.

Cerdeña (Italia)

En esta isla italiana los hombres tienden a sobrevivir a las mujeres. Entre las claves de su estilo de vida se encuentra el consumo de una copa de vino por la mañana (elaborado con uvas Cannonau), rico en polifenoles, dieta con alimentos de cosecha propia (berenjenas, tomates, habas) y comer carne sólo los domingos. Además de ostentar una buena alimentación, realizan diariamente actividad física y tiene una fuerte relación con familiares y amigos.

Loma Linda (Estados Unidos)

En Loma Linda vive una de las comunidades más longevas del planeta, además de ser el lugar con mayor concentración de miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Los habitantes de esta región viven una década más que el resto de los estadounidenses y las características que los diferencian con ellos es que son veganos, deportistas, cenan temprano, duermen muchas horas y, lo más importante, socializan mucho. Se estima que dedican unas siete horas diarias a intercambiar opiniones con el resto de sus conciudadanos.

Nicoya (Costa Rica)

En este punto de América se concentra la mayor zona azul del mundo, sus habitantes cultivan cereales ricos en antioxidantes, llevan a cabo un estilo de vida sin estrés, realizan actividad física de forma constante y viven rodeados de amigos y familiares. Los habitantes de Nicoya son famosos por llevar un modo de vida relajado y reírse de casi todo.

¿Qué tienen todos estos lugares en común?

Los “power 9” que tienen en común las cinco zonas azules son:

  1. Movimiento: hay un estilo de vida que les hace moverse de forma natural
  2. Alimentación: sana y poco abundante
  3. Dieta rica en leguminosas y sin excesivos productos cárnicos
  4. Consumo moderado de alcohol
  5. Estilo de vida que limite el estrés
  6. La vida debe tener un propósito, algo que de sentido a levantarse por las mañanas
  7. Compartir una práctica espiritual con una comunidad
  8. Compromiso con la familia
  9. Pertenecer a un círculo social

En definitiva, las zonas azules son los “bolsones de la longevidad”, en los que son tan importantes los aspectos nutricionales como los sociales y espirituales. No es que a los habitantes de las zonas azules no les guste la comida basura, los azúcares y las comidas gaseosas, simplemente es que estos “gustos” son algo excepcional que consumen en celebraciones muy puntuales.

Mientras que la edad cronológica depende del tiempo la edad biológica depende de cinco aspectos básicos: la salud, el movimiento, el alimento, el pensamiento y el sentimiento.

¿Se puede replicar el modo de vida de los habitantes de las zonas azules en otros lugares del planeta? Sí, podemos crear “hogares azules”, es decir, cada uno de nosotros podemos hacer que nuestro entorno sea un pequeño oasis saludable en medio de una gran ciudad. La receta es simple, consta tan sólo de cuatro ingredientes: comer bien, estresarse pocos, caminar más y socializar mucho.

 

El Dr. Pedro Gargantilla (Universidad Francisco de Vitoria) es Jefe Medicina Interna en el Hospital de El Escorial de Madrid. 

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