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Así trabaja unos de los diseñadores de robots humanoides más importantes del mundo

Tomotaka Takahashi: “No se puede crear un buen robot si sólo buscamos el lado práctico”

En el futuro que imaginamos hay robots. Están ayudándonos en las tareas más pesadas, asistiéndonos en trabajos especializados o resolviendo cálculos infinitos. Compartiremos nuestra vida con ellos, pero somos nosotros quienes decidiremos cómo será esa relación. Para Tomotaka Takahashi esa convivencia será cada vez más parte del presente.

A Takahashi tuvimos el placer de conocerle hace unos días en una conferencia organizada por la Embajada de Japón que se celebró en The Robot Museum, uno de los lugares de referencia en nuestro país para acercar la robótica a todos los públicos. Sin duda era una buena simbiosis, de hecho Takahashi se mostró encantado con el sitio, el único que había conocido que no estaba enfocado al público profesional.

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Para quien no le conozca, Tomotaka Takahashi es el padre de algunos de los robots humanoides más importantes que se han creado hasta el momento. No tienen, quizá, la espectacularidad y fiereza del Atlas de Google, pero sí algo más difícil de conseguir: el vínculo emocional con los humanos. Precisamente es uno de los aspecto en los que Takahashi trabaja con más mimo. Sus robots son pequeños, cercanos, casi infantiles… son prodigiosos, pero no por hacer proezas sobrehumanas, sino por emular nuestra propia forma de movernos, de ladear la cabeza al escuchar o de hacer flexiones. Los robots de Takahashi logran con facilidad meterse dentro del corazón humano.

En cierta ocasión, durante una entrevista, Takahashi comentó que en el hipotético caso de que el futuro contemplase la insurrección de los robots, los suyos nunca serían un peligro para nadie: no tenían armas, no tenían fuerza extraordinaria y, sobre todo, eran tan pequeños que el daño que pudieran causar sería igualmente pequeño. Toda una filosofía de vida y de trabajo que viene de cuando era un niño pequeño, un fan de Astroboy. Y ahí está, decía, la diferencia fundamental en la forma como se conciben los robots en Occidente y cómo se ven en Japón. Aquí tenemos a Terminator, HAL 9000, Joshua, Roy Batty… también está C3PO claro… pero lo habitual es que desees desconectarlo a toda costa. En Japón están Astroboy o Doraemon, son robots pero son compañeros de juegos, amigos y están dotados de sentido ético.

Los robots de Takahashi

Kirobo es un robot comunicativo, y fue el primero, en 2013, en viajar al espacio. Durante un año y medio convivió en la Estación Espacial Internacional con los astronautas, en un primer paso de lo que se espera, sea, la presencia futura de los robots en el espacio. Toyota diseñó el sistema de comunicación y Takahashi la estructura. Después de regresar de su misión, en la primavera de 2015, Kirobo puede verse en el museo de la ciencia de Japón.

https://www.youtube.com/watch?v=xqShesZ3v-g

La historia de Evolta es realmente curiosa. Es un pequeño robot de apenas 17 centímetros desarrollado para las pilas de Panasonic. La idea era hacer que el robot fuese capaz de trepar por una cuerda y subir hasta lo alto del Gran Cañón para batir un récord Guinness. El día de la prueba el tiempo era nefasto, hubo lluvia, granizo y unas condiciones complicadas para llevar a cabo el reto. Takahashi llevaba tres robots Evolta pensando en la posibilidad de que surgiera cualquier imprevisto.

El primer Evolta iba avanzando bien por la cuerda, pero a mitad del recorrido se rompió una pieza de la rodilla. Se cogió el segundo Evolta. Se tuvo que ir con un helicóptero a rescatar al primero de la cuerda para que el siguiente pudiera empezar desde cero. Entonces llovió y se volvió a estropear. El tercero también sufrió un percance y no pudo completar la prueba. Así es que cogieron los tres robots rotos y con sus piezas útiles hicieron, allí mismo, un cuarto Evolta. Falló el cuarto y falló también el quinto. Finalmente el sexto Evolta fue el que consiguió completar la prueba en 6 horas y 46 minutos, y todavía le quedaba energía a las pilas cuando llegó a la cima.

https://www.youtube.com/watch?v=wrZqR2ZGglk

Ese sexto robot es, como dice Takahashi, “un robot importante” que Panasonic quiso conservar. Takahashi cuenta divertido que la compañía se lo devolvió para hacerle mantenimiento, pero se lo reclamaron antes de tiempo para mostrarlo en un evento, así que en lugar de devolverles el original les dejó uno de los que él tenía “y ellos nunca se dieron cuenta del cambio”.

Viendo el vídeo de la hazaña de Evolta uno podría preguntarse por qué es tan lento. Su creador explica que sin duda, si se trabaja en ello podría conseguirse que fuese bastante más rápido, pero está hecho así a propósito. Takahashi quería que tuviera un movimiento más cercano al humano, por eso, cuenta, “cuando la gente lo ve trepar a ese ritmo todo el mundo quiere animarle”.

Panasonic quiso que Evolta pasara una prueba más larga, para ver si de esa manera llevaban la carga de sus pilas al extremo; así que lo siguiente que se plantearon fue hacer que Evolta corriera las 24 horas de Le Mans con un triciclo. Reservaron en exclusiva todo el circuito para un equipo de más de 50 personas. Para que el robot se orientara durante todo el recorrido iba equipado con un sensor infrarrojo, porque una vez que comenzaba la carrera nadie podía tocarlo.

https://www.youtube.com/watch?v=PlAGuDm2DiU

“Se hizo de noche y el robot seguía. Yo tenía sueño, así que me dormí”, contaba Takahashi; “Aquello le costó más de un millón de dólares a Panasonic, así que sentí mucha presión”.

Vision, del equipo de Osaka, ganó la Robocup desde 2004 hasta 2008. Es una competición importante a nivel mundial donde participan más de 50 países y se pueden ver hasta 300 tipos de robots. En este caso son autómatas, cuentan con una inteligencia que les permite moverse por sí mismos y tomar decisiones. El cuerpo está compuesto por más de 50 unidades, y la parte correspondiente a la cabeza es una especie de casco transparente, porque ahí dentro no está el “cerebro”, sino los “ojos”: una cámara con visibilidad 360º.

https://www.youtube.com/watch?v=ICgL1OWsn58

“Los robots se mueven por sí mismos, y parece que nuestra labor es sencilla porque nosotros estábamos sólo mirando, pero en realidad tuvimos muchos problemas”, contaba Takahashi. Los robots son capaces de identificar objetos por la forma y el color. Memoriza que en la parte central del campo hay un círculo y el rectángulo azul de la portería. También son capaces de memorizar los colores de su propio equipo y del contrario, y se les enseña que algo pequeño, redondo y naranja es la pelota. Tuvimos un imprevisto porque entre el público había una vez un niño con un globo naranja, y los robots de los dos equipos “vieron una pelota mejor”  y salieron todos del campo en dirección al globo.

Takahashi también es responsable del primer robot femenino bípedo: FT. Según cuenta Takahashi en cierta ocasión fue a entrevistarse con la gente de Mattel en Los Ángeles, y le preguntaron si podría hacer un robot de Barbie. “Es muy esbelta y fina, y era imposible meter los componentes de un robot en ese cuerpo, así que les dije que no se podía y tuve que volver, pero seguí dándole vueltas”, explicaba, “en principio era sólo una cuestión de tecnología”.

Lo primero que tenía que hacer Takahashi era “aprender sobre las mujeres!” con ayuda de una amiga suya que era modelo de pasarela, tras lo cual desarrolló un programa para hacer movimientos femeninos. Hasta el momento la imagen que había era de “robots muy machos, muy grandes, con la impresión de dedicarse a coger cosas pesadas, pero con FT cambiamos el concepto de alguna manera”.

https://www.youtube.com/watch?v=NIhunkYMdbw

Robots de artesanía

Takahashi diseña los robots, crea los prototipos y programa. Como comentábamos antes, para él en importante no sólo la tecnología, sino también la cultura. La imagen que hay en Japón sobre los robots contribuye a crear androides con cierto aire humano, diseñados para ser amigos del hombre, no para conquistar el mundo, “ese equilibrio es importante”, dice Takahashi.

Para el desarrollo de los robots Takahashi no usa CAD, sino un sencillo cuaderno en el que dibuja el aspecto y las piezas que tendrá el robot. Conforme va dibujándolo va pensando en el diseño, en la apariencia, en los componentes y en la forma en la que se quiere desarrollarlo.

Luego, para crear los componentes hace a mano un molde de madera, y de ahí vacía el molde en plástico. Según Takahashi prefiere no usar CAD porque le resulta más rápido hacerlo así, y porque el resultado con CAD es “más artificial y cuadriculado”.

El siguiente paso es ir cubriendo las piezas de plástico con fibra de carbono. Un solo robot puede necesitar más de 10 moldes de madera, pero dadas las características de estos robots, las piezas son tanto el esqueleto como la piel, como los cangrejos o los insectos. En algunos de los robots que se exponen se pueden ver los componentes metálicos recubiertos por la “piel”, sin embargo también tienen sus articulaciones y necesitan moverse, por lo que a veces chocan entre ellas. Por eso, explica Takahashi, “no se pueden cubrir todas las partes con esa capa”.

A pesar de eso, el exoesqueleto logra darle al humanoide una apariencia más cuidada y elegante. Después de tener las piezas llega el momento de meter todos esos componentes dentro y conectarlos y, finalmente, llega el momento de la programación. Aquí no se usa un lenguaje de programación como tal, sino algo más específico y elaborado. Digamos que esta es la forma en la que se crean los prototipos, sin embargo, cuando hay que producir robots en masa se desmonta un prototipo, se escanean las piezas y se hacen otro tipo de moldes para hacer muchas piezas al mismo tiempo. Ese fue el caso de Robi.

Robi

Sólo en Japón se han vendido más de 150.000 unidades de este robot, y es el robot humanoide más vendido del mundo. Incluso DeAgostini sacó una colección en 75 fascículos para que quien se animara pudiera montar en casa su propio Robi. Al final podía salir todo por algo más de 1.000 euros.

https://www.youtube.com/watch?v=RPjlJKRa7Uw

Robi tiene 20 motores y se mueve e interactúa por reconocimiento de voz (reconoce hasta 250 comandos de voz). Baila, hace abdominales, enciende la tele y te mide el tiempo de cocción de los espaguetis si se lo pides. En opinión de Takahashi, “los robots de aquí a futuro serán de comunicación con los usuarios y con otro tipo de dispositivos que haya en la vivienda o en el trabajo… “pero ya contamos con un dispositivo que hace eso”. Ese dispositivo es el smartphone.

Robohon, el smartphone llevado más allá

Prácticamente todo el mundo en todos los rincones del planeta tiene ya un smartphone. Estamos ante un producto muy elaborado y un mercado bastante maduro, por lo que las últimas cifras conocidas indican que las ventas de estos dispositivos está disminuyendo y, posiblemente, seguirá esa tendencia porque los móviles de última generación que van apareciendo “aburren”.

Para disminuir la tendencia las compañías han creado cosas como los smartwhatches o las Google Glass, pero no son cosas que estén teniendo un gran éxito, según Takahashi. Una de las razones por la que los teléfonos móviles inteligentes triunfaron fue por la pantalla táctil o sus sistemas de reconocimiento, como el de reconocimiento de voz, sin embargo es una función que no se usa tanto como pensamos o como cabría esperar.

Los asistentes personales como Siri o Cortana necesitan de la interacción humana para ir aprendiendo y ofreciendo cada vez resultados más precisos y personalizados. “En casa le hablamos a nuestras mascotas aunque no nos entiendan, pero al smartphone que sí que puede entendernos no le hablamos, porque nos da algo de vergüenza hablarle a una cosa rectangular y creo que ahí es donde puede entrar un robot humanoide.

https://www.youtube.com/watch?v=DNi4ZraX0Bk

En un principio Takahashi pensó en crear un Robi con las dimensiones de un Evolta y las funciones de un smartphone, de manera que fuese fácil de llevar en el bolsillo, “de la misma manera que Pinocho lleva a su Pepito Grillo”. Robohon fue desarrollado con Sharp con una pantalla táctil que se usa exactamente igual que la de un smartphone, pero también actúa como un robot. Habla, baila, hace búsquedas, fotos, proyecciones láser, llama a un taxi, ubicación por mapa.

En unos meses saldrá a la venta en Japón en los establecimientos de telefonía, “y como es un teléfono no es probable que nos diga algo la novia o nuestra madre sobre por qué lo hemos comprado, y podremos llevarlo con nosotros cuando salgamos fuera”, dice riendo. En este caso Robohon es un dispositivo muy personal. Quizá los robots más grandes están pensados para su uso en interiores, pero este es para llevarlo siempre con nosotros, comunicarnos con él. “Las personas esperamos un uso práctico de los robots, pero muchas de sus funciones no buscan un uso práctico”. Es el caso también de servicios como Facebook, Twitter o YouTube, que no son de uso práctico, y no tenían una función dirigida, pero con su uso se han ido desarrollando nuevas salidas. Así que, para Takahashi, todos esperamos que los robots tengan un uso práctico, “pero no se puede crear un buen robot si sólo estamos buscando eso, la idea principal es buscar el lado divertido y así ir descubriendo el lado práctico que tienen”.

Para Takahashi, los robots fusionan la tecnología con la cultura Pop y, en ese sentido, opina que en Japón se han creado robots muy interesantes. Sin duda su deseo es que Robohon sea el siguiente paso: un dispositivo para la gente, que con el software que algunas empresas están desarrollando ya para él, será cada vez más inteligente y con más posibilidades. “Me gustaría que fuese una buena plataforma para poder usar, porque tenemos que divertirnos y ser curiosos”

Desde niños, cuenta Takahashi, tenemos que ir eligiendo muchas cosas conforme crecemos, y si elegimos o tomamos las mismas decisiones en todo que el resto de las personas no vamos a llegar nunca a un punto de innovación; “tomen decisiones no habituales, si lo hacen pueden ocurrir cosas inesperadas y problemáticas también, pero conforme las resolvemos vamos aprendiendo a resolverlos, y así, dentro de eso podemos llegar a crear algo muy novedoso.

Fotos: Cortesía de The Robot Museum

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