" />
ZOOM
GALERÍA
0 COMENTARIOS

Así ha sido el encuentro TEDx más veterano del país

TRUST: Crónica de TEDxMadrid 2016

Hay una idea que se repite permanentemente en el discurso de la sociedad: “El mundo está mal”. Vemos las corruptelas políticas, las ambiciones desmedidas de los grandes empresarios, el fanatismo salvaje de los dogmáticos, la falta de cultura en los jóvenes, los abusos hacia los más débiles, los horrores de la guerra, y nos repetimos unos a otros convencidos: “El mundo está mal”. Pero es mentira. Es una falsa percepción que opaca las cosas y no permite ver correctamente la realidad del mundo.

Quizá los medios tengamos parte de la responsabilidad. No se puede explicar la objetividad periodística y acto seguido justificar los sesgos con el argumento del “enfoque”, aplicar la Ley de McLurg o gritar en las redacciones que hay que darle al público lo que el público quiere (refiriéndose, cómo no, a la sangre, el morbo y el escándalo). Cuando la educación no ayuda a pensar a los individuos por sí mismos, darle al púbico la porquería que demanda es como alimentar a un niño a base de golosinas porque eso es lo que le gusta.

No es que el mundo esté muy mal, es que las cosas buenas no tienen tanta repercusión como las malas. Es que las acciones de los generosos son más calladas que las de los egoístas, quizá porque están más ocupados en hacer que en parecer. Estoy convencida de que si se diese la misma voz y el mismo interés a las millones de personas que cada día trabajan, cuidan, protegen, atienden, ayudan, investigan, educan, enseñan y salvan a otros por encima de lo que sus propias responsabilidades les demandan, sin esperar nada a cambio, si se diese a estas personas la misma voz que a los que roba, matan, estafan, denigran humillan y aplastan, serían mucho más poderosos, porque son mucho más numerosos.

De TED a TEDx

En el mundo hay mucha gente que lucha por mejorar las cosas, en muchos ámbitos, haciendo cosas de lo más diversas, con más o menos recursos, y todas ellas merecen que su voz resuene hasta aplastar la infame mentira que afirma que todo está mal, que no hay esperanza, que hay que entrar en la corriente de los malvados, porque los buenos nunca vencerán a tantos y terribles enemigos. Esa es la perversa venda que hay que arrancar, porque no sólo somos más, somos mejores. Por eso, cuando conocí por primera vez las charlas TED me hice inmediatamente fan de ellas.

Para quien no las conozca, las TED (Technology, Entertainment and Design) Talks son unos eventos donde participa una comunidad global de personas de todas las disciplinas y culturas. En estos encuentros se ponen en común conocimientos, experiencias, inspiraciones y todo tipo de cuestiones que ayuden a desarrollar un pensamiento global, escéptico y, en cierto modo, ecléctico también. Tienen un amplio recorrido a sus espaldas. Nacidas  en 1984 como entidad sin ánimo de lucro donde colabora un gran equipo de voluntarios. Estas conferencias, que por sistema no pueden durar más de 18 minutos, se han extendido con el tiempo dando lugar a otras muchas iniciativas recogidas bajo el sello TED. Una de ellas es TEDx, organizadas y gestionadas a nivel local en casi todos los rincones el mundo.

Este año la TEDxMadrid ha cumplido 8 años lo que lo convierte en el evento TEDX más veterano de nuestro país. El lema elegido para articular las 22 intervenciones del día (entre charlas, conversaciones y vídeos) en su octava edición (realizado el pasado 10 de septiembre, en Matadero Madrid) fue TRUST, y tuvimos la fortuna de estar allí para contaros cómo fue.

Ver es una imposibilidad matemática

El encargado de romper el hielo con la primera intervención del día fue Luis Miguel Martínez, investigador del Instituto de neurociencias del CSIC en la Universidad Miguel Hernández de Alicante. Sus estudios se centran en la neurociencia visual. Dado que el lema giró en torno a la confianza, ¿podemos fiarnos de lo que vemos? La respuesta clara es que no. Martínez demostró ante los ojos de todos que nuestro cerebro cuenta con una serie de limitaciones a la hora de percibir e interpretar lo que hay alrededor, y lo que no puede ver, de alguna manera se lo inventa, lo rellena con las cosas que conoce.

Cuanto más cerrado es nuestro entorno de conocimientos menos herramientas tiene el cerebro para encontrar los elementos más afines a lo que necesita completar. Sin embargo, cuantas más cosas sabemos, más posibilidades le damos al cerebro de encontrar las piezas adecuadas para rellenar los huecos que le faltan. Una más que interesante idea que me hizo asociarla inmediatamente con el mecanismo por el que creamos los prejuicios y, por ende, la forma de curarlos: educación.

…Y de repente, unas manos te cogen

El 3 de abril de 2016 los periódicos de medio mundo publicaron, casi simultáneamente, los resultados de una investigación colectiva que implicó, durante cerca de un año, a más de 400 periodistas de diversas nacionalidades. La investigación se conoce como los papeles de Panamá. Mar Cabra, miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, contó cómo pudo llevarse a cabo un trabajo de tal calibre, que implicaba a tantas personas, sin que ninguna de ellas sacara partido personal o se guardase para sí los resultados de su parte del trabajo.

La palabra para definirlo es confianza, y la imagen para definirlo estuvo en una de las aficiones de Cabra: el trapecio. Cuando el trabajo implica cierto riesgo, la única forma de obtener el éxito es depositar tu confianza en el otro. Así, cuando te lanzas al vacío, tu única preocupación es hacer tu parte, colocarte bien y extender los brazos porque sabes que, al otro lado hay unas manos que te van a coger. Quizá la lección más valiosa de esta experiencia fue demostrar que en un mundo que fomenta la incertidumbre, la duda y que nos ha enseñado que no puedes fiarte de nadie, desafiar la desconfianza con confianza es toda una revolución.

La confianza debe ser educada

La historia de Vicki Bernadet no es fácil, y aunque comienza con una de las experiencias más terribles que puede vivir una persona, llega al presente con la voz y la palabra de aquellos a quienes los golpes han vuelto fuertes, pero no duros. Vicki Bernadet sufrió abusos sexuales durante su infancia por parte de una persona de su familia. Las cifras son estremecedoras: uno de cada cinco niños sufre o sufrirá abusos antes de los 17, y en la inmensa mayoría de los casos se producen dentro del entorno de confianza del niño, esto es, su familia, sus amigos, su colegio, sus cuidadores. Eso supone que, queramos verlo o no, el problema convive con nosotros, dentro de nuestro círculo, más cerca de lo que creemos y queremos admitir.

Del hablar suave y firme de Bernadet aprendes una cosa, que hay que educar a los niños en la confianza, enseñarles que los secretos son buenos si son divertidos y les hacen sentir bien, pero que si no es así, deben hablar. Generar confianza en el niño no es sólo hacerles saber que pueden contar con nosotros, es hacerles fuertes, darles poder, enseñarles desde pequeños que tienen derecho a su propio espacio y a su propia intimidad, y respetarlo. La evolución en los derechos del niño camina paralelo a un cambio de la sociedad, que ha pasado de tratar a los niños como objetos, posesiones de los padres, a ser considerados como seres con derechos y necesidad de protección. El trabajo de Bernadet incide, una vez más en la raíz de todo: la imperiosa necesidad de una educación integral de los seres humanos. Por algo decía Pitágoras que “si educamos a los niños no habrá que castigar a los hombres”.

Come lo que te apetezca, lo que importa son tus bacterias

Hay textos médicos de la antigua China que explican cómo curar la diarrea a base de sopa amarilla: un caldo que cuenta, como ingrediente fundamental, con la caca de una persona sana. No lo vamos a negar, el primer gesto ante la sola idea de beber sopa de caca es una mueca de asco, pero la ciencia está demostrando que tras esta curiosidad médico-culinaria hay una sorprendente y sólida razón. Rosa del Campo es investigadora del Hospital Universitario Ramón y Cajal, y trabaja desde hace tiempo en una nueva forma de tratar graves dolencias; se trata del trasplante de heces.

En realidad no es un transplante como podemos entender con órganos como el corazón o los riñones, pero requiere igualmente de un donante sano y de un paciente dispuesto a recibir, vía rectal, un batido de agua y excrementos con los que regenerar o cambiar la microbiota intestinal. Hoy los estudios están probando la relación de las bacterias intestinales con diversas patologías, y se las considera responsables probables de la obesidad y de enfermedades que cursan con diarreas severas como la de Crohn. Incluso se baraja la posibilidad, aún tímida, de que estén relacionadas con algunos casos de depresión. Si aceptar un transplante de heces de un extraño no es un acto de suprema confianza, que baje dios y lo vea.

La historia nos recuerda nuestros valores

Los arqueólogos que trabajan desde hace años en las excavaciones de Cástulo saben lo que es lidiar con la incomprensión de las instituciones, conocen lo que es pelear para arañar presupuestos, conseguir patrocinadores y lograr que el dinero llegue a tiempo para pagar a las personas que, de sol a sol excavan en la tierra para sacar a la luz nuestra historia. ¿Será que a la gente eso no le interesa? Javier Olivares, y el equipo que hace posible El Ministerio del Tiempo, demostraron que la historia interesa, y mucho. El Ministerio se ha convertido en una serie de culto seguida por millones de personas en nuestro país, y su secreto no parece estar sólo en un buen guión o en una excelente interpretación, ni siquiera en los temas elegidos el secreto está en que la historia, como muy bien dijo Olivares, nos recuerda nuestros valores.

Quizá pensemos que lo pasado, pasado está, y que poco puede afectarnos a nosotros lo que hicieran o dijeran personas que llevan muertas más de 3.000 años Es un error pensar que el pasado no nos afecta, y mayor error suponer que la historia no tiene poder para cambiar nuestro futuro. ¿Qué tenemos que ver nosotros, seres de la era digital, con aquella gente que adoraba al fuego en la antigua Persia? Quizá las épocas y las circunstancias sean distintas, pero la naturaleza de las personas es la misma desde el principio de los tiempos. Por eso, cuando Olivares habla del recuerdo de los valores es importante darse cuenta de que aunque ahora vistamos con traje y corbata en lugar de llevar túnica, el honor, el valor, la lealtad, la generosidad y la confianza, han sido, y seguirán siendo, la seña de identidad de las personas que más valoramos.

Find what you love and let it kill you

¿Se puede creer en Dios escuchando a Bach? Bueno, depende de lo que entendamos por Dios, pero si somos capaces de imaginar que en alguna parte del mundo existen la infinitud, la unidad, la perfección, la armonía y creer que si hay algo a lo que se pueda llamar Dios es a eso, quizá podamos entender por qué sería posible hacerlo. El milagro de la música clásica está en que la prodigiosa mano de gente como Bach, Beethoven o Mozart han sido capaces de tomar un extremo del hilo que conduce a esas ideas y transformarlo en notas, que a su ver componen melodías que, a su vez, surcan el aire transportando ese hilo hasta meterlo directamente en las almas de las personas.

Algo así pudimos sentir y percibir cuando James Rodhes traspasó el círculo rojo y se puso a tocar el piano. La historia de Rodhes podría ser sólo la de un pianista. Afortunadamente hoy es también la historia de una persona con un pasado que juega todavía en su presente y en su futuro. Como contó Vicki Bernadet, lejos de recibir apoyo, cuando destapas de mayor los abusos sexuales que sufres de niño lo primero que surge es el rechazo y la incomprensión. Rodhes quiso quitarse la vida en más de una ocasión a causa de su experiencia, y lo que le sacó del profundo pozo en el que se encontraba fue la música clásica. La música es algo que surge del interior más profundo de las personas, y es ahí mismo a donde se dirige… si la dejamos penetrar. Puede que hoy, como planteaba Rodhes, los extrovertidos son la cara del mundo, pero quizá sea una vía de escape o el síntoma de una incapacidad: la de permitirnos mirar hacia adentro.

Entrena a la máquina

La ciencia de los datos es una herramienta. Las herramientas no tienen conciencia, pero sí las manos que las empuñan, por eso la diferencia de cualquier proyecto no está en el medio que usan, sino en las intenciones de las personas que lo usan. Iris.ai es un proyecto que acaba de nacer. Mediante el uso de la ciencia de datos se ha creado un motor que van a poder disfrutar todos los amantes de la ciencia y de TED.

Hay tanto que ver, tanto que leer y tanto que encontrar… El cerebro humano es capaz de establecer las relaciones más complejas, pero somos incapaces de bucear por nosotros mismos en la vasta inmensidad del océano de datos que hay en la red. Jacobo Elosua es la cabeza detrás de la cabeza de Iris.ai, una inteligencia artificial diseñada encontrar las investigaciones más relevantes vinculadas a TED Talks. Es capaz de leer los contenidos de cualquiera de las charlas y ofrecer, con bastante acierto, documentación científica que nos amplíe el campo de visión. Como todo recién nacido Iris.ai está aprendiendo, y para mejorar su capacidad de entender y relacionar necesita entrenamiento. Elosua ha abierto el sistema para que cualquier persona acceda y ayude a entrenar a la máquina. Todo el mundo está invitado.

Rembrandt es un universo

¿Puede una máquina ser creativa? Esa fue la pregunta lanzada por Emmanuel Flores, director creativo de J. Walter Thomson Ámsterdam, y el sistema usado para responderlo fue “The next Rembrandt”. Mediante este proyecto analizaron las obras del pintor holandés, concretamente los retratos masculinos, y extrajeron todos los datos posibles de las pinturas para obtener un patrón.

Lo que se pretendía era crear un Rembrandt sin Rembrandt, de hecho sin intervención alguna de mano humana en el proceso. El software decía analizar cada proporción, cada trazo, cada relieve, cada nota de color y crear, de cero, una obra que pudiera haber sido pintada por la mano del holandés pero, ¿tendría también parte de su genio y de su alma? La obra del Next Rembrandt estuvo allí, a cada cual tocaba averiguarlo.

Sin nosotras no se mueve el mundo

Durante la intervención de Rafaela Pimentel trajo a mi memoria muchas cosas. Antes de que la vida me metiera en el periodismo fui ama de casa muchos años, y también trabajé como limpiadora, aunque en el último caso con la suerte de contar con un contrato y una nómina. Ambas experiencias me hicieron ver dos cosas: lo duro (muy duro) que es el trabajo de quienes limpian y cuidan, y lo poco (poquísimo) valorado que está. Rafaela, inmigrante dedicada al trabajo doméstico desde hace más de 25 años, es ahora la voz de la “Territorio domestico”, una asociación que aborda la precariedad y falta de dignidad de las millones de personas que, en nuestro país, se ganan la vida como limpiadores y cuidadores en las casas de otras personas.

Había una canción de Jorge Cafrune que decía: “El estanciero presume de gauchismo y arrogancia, él cree que es extravagancia que su peón viva mejor, más no sabe ese señor que por su peón tiene estancia“. Territorio doméstico afirma que “Sin nosotras no se mueve el mundo” y tiene razón. Ellas, como otras muchas personas en muchos otros oficios, son parte fundamental del engranaje que mueve el mundo. Una pieza sin la cual no pueden funcionar otras piezas. El gran problema social del trabajo es el de la dignidad. No se pueden establecer relaciones de confianza y concordia dentro de una sociedad que considera indignos algunos de los trabajos que la sostienen. Hoy, y siempre, la dignidad está en las personas, y no en el nombre de lo que hacen. Gracias Rafaela.

Pantone 7522 C

¿Cuál es el color de tu familia? ¿Y el de tu ciudad? ¿Y el de tu país? ¿Cuál es el color del mundo? Como enseñaba Luis Miguel Martínez en la primera intervención, no podemos fiarnos de nuestros ojos, y tampoco de lo que nos dice nuestro cerebro. Las percepciones nos engañan, y hay que abrir muy bien los ojos para contemplar y comprender la realidad. De pequeños siempre nos decían que en el mundo hay blancos, negros, amarillos y rojos, y en nuestros dibujos infantiles usábamos el color negro para los negros, el amarillo para los chinos, el rojo para los pieles rojas de Norteamérica y el blanco para nosotros, como mucho los más afortunados sacaban de su estuche de colores el codiciado “color carne”, la representación más realista de nuestra blanca piel. Los errores, aunque evidentes, a veces pueden enquistarse tanto que la verdad sea asombrosa.

Cuando Angélica Dass habló por primera vez de su trabajo en TEDx Madrid dejó boquiabierto al público. Ella fotografía personas de todo el mundo, y les pone como fondo el pantone que corresponde con su color de piel. El resultado es un mosaico tan vistoso y variado que es imposible volver a hablar de blancos, negros, amarillos o rojos. Con ella pasó lo increíble. Después de TEDx la llamaron para ir a hablar en TED y, a partir de ahí, ha dado conferencias, charlas y talleres por todo el mundo. Su hazaña es hacernos ver que sólo existe un color de piel con infinitos tonos: el de la humanidad.

Doctors might actually be doing harm

“Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante. […] Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza”. Así reza el juramento hipocrático. La antigüedad clásica entendía la medicina como un servicio a los demás, casi como un sacerdocio, y despreciaba a los que hacían de este arte un negocio a costa de los enfermos. Hoy debemos prestar atención, porque la perversa capitalización de las sociedades ha deshumanizado tanto la medicina que la falta de confianza está llevando a muchas personas a renegar de sus avances.

Cuando Sile Lane comenzó a contar cómo las farmacéuticas eluden la publicación de los estudios que realizan con sus medicamentos, no hubo quien contuviera la respiración pensando: “¿Pero serían capaces de hacer algo así? La respuesta dura es que sí lo son, y sí, ya lo han hecho. Hay medicamentos que consumimos diariamente que causan mucho, pero mucho más perjuicio que beneficios; podría ser el caso del Paracetamol. ¿Hay alguna casa en la que no se tenga y administre cada vez que hay fiebre o dolor? Algunos de ellos, incluso, han llegado directamente al matar gente, y sin embargo la farmacia sigue siendo un lucrativo negocio que se permite el lujo de experimentar y jugar con la vida de las personas enfermas. Una relación de confianza que comienza a romperse gracias a gente que, como Lane, denuncian estas inmorales prácticas de negocio y trabajan por la transparencia de los ensayos clínicos.

Cómo me inspira el paisaje de la estepa

Sergio del Molino es escritor y periodista. En uno de sus últimos trabajos “La España vacía” habla del duro proceso que se vivió en nuestro país durante el franquismo, y que acabó desembocando en un éxodo masivo, y muchas veces involuntario, del campo hacia las ciudades. La España vacía es también la historia de un choque cultural: el de los “ratones de campo” con los “ratones de ciudad”. De ese choque surgieron marcas de diferencia, señales identificativas que ahodaran aún más en la separación entre los “catetos” y los “urbanitas”.

Para Sergio del Molino un ejemplo de este afán de diferencia es el tenedor. Mientras en el resto del mundo la palabra que se usa para nombrar este cubierto proviene de la horca u horquilla de heno, en España se denomina “tenedor” porque sólo los hábiles y educados seres de la alta sociedad eran capaces de manejar y “tener” esta herramienta para comer. Diferencias, como siempre, nacidas de la incapacidad para comprender al otro.ç

Me han salvado sin pedir nada a cambio

Hace tres años Nacho Dean comenzó a andar. Salió de la Puerta del Sol de Madrid y regresó, hace unos meses, después de darle la vuelta al mundo con la única ayuda de sus pies. Todo viaje es una experiencia, pero si ese viaje te lleva al límite de ti mismo, lo único seguro es que nunca jamás volverás a ser el mismo. Tres años dan para mucho. A su regreso algunos medios destacaban que había gastado doce pares de zapatillas en el viaje, o que fue asaltado en tal o cual país. Para Nacho Dean, y para quien escribe, la experiencia fundamental es la misma que me ha llevado a escribir estas líneas un domingo, a pocas horas de tomarme una ansiada y escasa semana de vacaciones: las personas que te ayudan sin esperar nada a cambio.

¿Quien mejor que alguien que ha conocido prácticamente todos los países del mundo para hablar de la maldad o la bondad del mundo? El miedo al extraño es algo común a todo el globo, pero también lo es el sentido de ayuda, de humanidad y hospitalidad. ¿Qué mejor prueba de que el mundo no está tan mal como dicen que la que aporta su experiencia? Gente que no te conoce de nada, para la que eres un desconocido, alguien de quien desconfiar, te presta su ayuda incondicional sin esperar nada a cambio. Gente de pocos recursos y gran humanidad, ¿qué más se necesita para recuperar la fe en la humanidad?

Confío en las matemáticas, no en las personas

Néstor Palao es muy joven. Aunque ahora tiene 19 años, crea aplicaciones y proyectos desde los 14, puede que antes. Su foco de trabajo ahora es blockchain, una tecnología que aunque apareció como soporte de las criptomonedas, su sistema de desarrollo puede suponer la próxima revolución tecnológica. ¿Cómo sería el mundo si todas las transacciones, todas las operaciones y todos los procesos pudieran estar autentificados, si pudiéramos saber a ciencia cierta, sin posibilidad de error ni manipulación, quién ha hecho qué transacción, en qué momento. ¿Sería el fin de las instituciones de gestión financiera? ¿El fin de los registros de la propiedad? ¿El fin de las estafas y de los fraudes?

Palao confía en que los algoritmos de blockchain sean el motor de un cambio social ¿lo será también de un cambio humano?

Ayudar al enemigo es un rasgo de humanidad

En la familia de Juan Gutiérrez hubo secretos. No se trata de secretos como los que contaba Vicki Bernadet, pero de forma incomprensible suponían un extraño motivo de vergüenza, o quizá de desconcierto. En este país todavía duele hablar de la Guerra Civil. Una guerra siempre es horrenda, pero una guerra entre hermanos, de padres contra hijos, de vecinos contra vecinos, es capaz de sacar a la luz las mayores atrocidades del ser humano, así como la necesidad de justificar la sangre en las manos de un lado con la demonización del enemigo. ¿Pero qué pasa si el enemigo es como nosotros? ¿Si también sufre, siente, sueña y tiene la necesidad de encontrar una justificación a los terribles daños causados, de culpabilizar al otro? El secreto de la familia de Juan Gutiérrez, como el de otras muchas familias, echa por tierra la idea de buenos y malos en las guerras, porque es un secreto que habla de gente que prestó ayuda al enemigo. ¿Cómo odiar entonces al otro si la vida de tu padre se salvó gracias a uno de ellos?

La palabra que más emplea Juan Gutiérrez es Paz, pero no una Paz cualquiera, sino una Paz verdadera, la que proviene de un sentido profundo de comprensión hacia el otro. Ahora, desde su actividad como miembro y asesor de la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo y de la Red Mundial de Afectados por Violencia Política, trabaja en la elaboración de un proyecto mundial que saque a la luz los secretos de miles, quizá millones de familias en todo el mundo, y convertirlos en relatos que ayuden a entender que el enemigo no es, necesariamente, el malo, y que la Paz sólo se puede hacer fuerte si desobedecemos las voces y los puños que nos empujan a la guerra.

Epílogo

No sé qué más decir. TEDx es una experiencia que merece la pena ver y vivir. Si no se puede ir en persona están los miles de vídeos en la web a la libre disposición de quien desee verlos. Con la inestimable colaboración, además, de cientos de voluntarios en todo el mundo que subtitulan las ponencias para que nadie se quede sin acceso a ellas. En breve estarán colgadas las intervenciones de este año. ¡Véanlas! ¡Coméntenlas! pero, sobre todo, úsenlas para ver cuánta gente en todo el mundo está trabajando por hacer de él un lugar mejor, y la próxima vez que alguien le diga que el mundo está mal, sonría y dígale, con convicción, que eso es mentira.

Imagen de portada: TEDxMadrid 2015

No comments yet.

Deja un comentario