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EE.UU. en alerta máxima: enjambres de satélites chinos desafían a Starlink y generan pánico global

EE.UU. en alerta máxima

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Cuando participé en una reunión de astrónomos aficionados la pasada primavera, noté una creciente inquietud por el número de trazos cruzando el cielo nocturno. Hoy, esa preocupación ha evolucionado hasta convertirse en alarma: enormes constelaciones chinas amenazan con colapsar la órbita baja y comprometer servicios esenciales como Starlink, utilizado para conectar zonas remotas y asistir en operaciones de emergencia.

Proyectos de megaconstelaciones chinas amenazan la órbita terrestre

China planea desplegar miles de satélites bajo los programas Guowang y Qianfan, formando uno de los mayores enjambres orbitales jamás concebidos. Su objetivo es ofrecer Internet de alta velocidad y reforzar capacidades de observación, pero el lanzamiento masivo levanta voces de expertos en sostenibilidad espacial por el riesgo de saturar la órbita y multiplicar los desechos espaciales que perduran décadas.

El problema de los cohetes chinos

En varias misiones al módulo Tiangong de 2022, etapas de cohetes caídas sin control en zonas pobladas suscitaron advertencias internacionales. Al dejar sus impulsores en órbitas bajas —donde el arrastre atmosférico no los desintegra—, China acumula restos que pueden permanecer más de un siglo y chocar con otros objetos. En un informe de la NASA sobre basura espacial, se alerta de que cada cohete desechado aumenta la probabilidad de un efecto dominó de colisiones.

Los satélites y cohetes chinos agravan la congestión orbital

Las inevitables etapas finales del Long March 6A y 8 quedan varadas a 700–800 km de altura, muy por encima del límite recomendable de 600 km, lo que reduce el rozamiento atmosférico y prolonga su vida útil hasta décadas. Por si fuera poco, los propios satélites Guowang orbitan cerca de los 1 000 km, en una capa ya disputada por los sistemas de telecomunicaciones y observación meteorológica.

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Falta de transparencia

Aunque cohetes como el Yuanzheng-2 pueden desorbitarse de forma controlada, no está claro si esa tecnología se empleará sistemáticamente. En 2022, la ausencia de datos sobre la trayectoria de un lanzador chino que reentró sin supervisión desató críticas de la NASA y de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, que reclaman una mayor cooperación internacional para garantizar la seguridad de vuelos y satélites.

El problema global de los desechos espaciales

China no es la única con una constelación creciente: Starlink ya supera 6 700 satélites, y Europa, India y otros actores planean despliegues similares. La Unión de Científicos Preocupados advierte sobre el síndrome de Kessler, un escenario en el que la densidad de basura provoca colisiones en cadena que harían intransitable la órbita baja. Mientras tanto, SpaceX intenta mitigar el problema con reentradas controladas de sus cohetes Falcon 9 y satélites diseñados para desintegrarse al volver a la atmósfera.

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