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En 2022, una misteriosa nave chocó contra la Luna: descubren su verdadera procedencia

Descubren su verdadera procedencia

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El espacio tiene esa forma de recordarnos, cada tanto, que aún hay mucho por descubrir… incluso sobre los objetos que nosotros mismos enviamos allá arriba. En marzo de 2022, un incidente inusual en la cara oculta de la Luna desató todo tipo de especulaciones. Una nave sin identificación clara se estrelló contra la superficie lunar, dejando tras de sí un extraño cráter doble de casi 30 metros. Durante meses, el misterio fue creciendo: ¿era culpa de SpaceX? ¿O de otro actor espacial?

Hoy, gracias a una investigación científica meticulosa, se ha determinado el verdadero origen de ese impacto, y el veredicto apunta hacia una misión china lanzada en 2014.

Un choque inesperado en la cara oculta de la Luna

Fue el 4 de marzo de 2022 cuando se registró el impacto. En un principio, muchos señalaron a SpaceX, la compañía de Elon Musk, como la responsable. Parecía lógico: uno de sus cohetes Falcon 9, lanzado años atrás en la misión DSCOVR, coincidía en tiempo y trayectoria. Pero a medida que los expertos analizaron más a fondo el evento, la historia comenzó a cambiar de dirección.

El golpe no fue como cualquier otro. El cráter que dejó no era un simple agujero, sino dos orificios bien definidos, uno al lado del otro, lo que despertó la curiosidad de los astrónomos. ¿Qué tipo de estructura podía causar semejante forma al impactar?

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El misterioso WE0913A y una investigación que apuntó al este

Un equipo del Catalina Sky Survey, que se dedica a rastrear asteroides cercanos a la Tierra, fue quien dio la primera pista seria. Detectaron un objeto bautizado como WE0913A, que se movía con rapidez entre la Tierra y la Luna, pero sin una identidad clara. No era basura espacial común.

El análisis de su trayectoria orbital, su comportamiento lumínico y su modo de rotación fue clave. Como explican desde la Universidad de Arizona, donde se lideró el estudio, el objeto giraba de manera estable, lo que sugiere una estructura equilibrada —como una barra con dos masas en los extremos, algo así como una mancuerna espacial.

A partir de ahí, todos los indicios comenzaron a señalar a un módulo de la misión Chang’e 5-T1, lanzada por China en 2014 como parte de su ambicioso programa de exploración lunar. Aunque las autoridades chinas habían asegurado que ese módulo se desintegró al reingresar en la atmósfera terrestre, el Comando Espacial de Estados Unidos contradijo esa versión: según sus registros, el cohete nunca regresó a la Tierra.

Un impacto único y un rompecabezas aún sin resolver del todo

Lo que diferencia este caso de otros incidentes similares es que, por primera vez, se ha registrado un doble cráter en la Luna causado por un objeto humano. Para que eso ocurra, explican los investigadores, deben existir dos masas relativamente grandes y separadas dentro de la estructura del objeto. En este caso, se cree que una parte corresponde a dos motores de más de una tonelada, y la otra, probablemente, a una estructura de soporte o equipo adicional.

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Uno de los autores del estudio, el investigador Tanner Campbell, señala que no es posible confirmar al 100% la naturaleza de esta segunda masa, pero es demasiado pesada para ser simplemente una plataforma de instrumentos. Podría tratarse de componentes estructurales no declarados, un detalle que probablemente nunca conoceremos con certeza.

Cuando los restos espaciales vuelven a llamar la atención

Más allá de lo llamativo del impacto, este evento reabre el debate sobre la responsabilidad y el seguimiento de los objetos que enviamos al espacio. En un momento donde la actividad espacial se intensifica —tanto por parte de agencias estatales como de empresas privadas—, saber qué hay ahí fuera se vuelve cada vez más importante.

Y mientras los científicos siguen atentos a lo que ocurre más allá de nuestra atmósfera, episodios como este nos recuerdan que el cosmos no olvida, y que cada lanzamiento deja una huella, a veces visible, a veces no tanto… hasta que se estrella contra otro mundo.

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