Se acerca el final de año y, como suele suceder en estas fechas, hacemos balance de los descubrimientos que nos han dejado con la boca abierta. En el caso de la astronomía, el telescopio James Webb ha vuelto a dejarnos sin palabras con una serie de imágenes que no solo son espectaculares, sino que también cuestionan lo que creíamos saber del universo. Aquí repasamos algunas de las fotografías más impactantes captadas por Webb en 2024, que nos permiten mirar al cosmos con ojos renovados.
La estrella de neutrones en la nebulosa del Cangrejo: el “faro” del espacio
Uno de los momentos más emocionantes del año fue la captura de una estrella de neutrones ubicada en la nebulosa del Cangrejo, a unos 6.500 años luz de la Tierra. Esta reliquia cósmica es el remanente de una supernova observada desde nuestro planeta en el año 1054, durante la Edad Media.
La imagen, tomada con el apoyo del observatorio de rayos X Chandra, nos muestra una estructura densa, poderosa, que pulsa como un faro estelar en la oscuridad del universo. Ver algo tan lejano y a la vez tan ligado a nuestro pasado histórico provoca una extraña mezcla de asombro y humildad.
Westerlund 1: el supercúmulo estelar más masivo de la Vía Láctea
¿Te imaginas mirar al cielo y ver cientos de estrellas tan brillantes como la Luna llena? Esa sería la vista desde el interior de Westerlund 1, un supercúmulo estelar cuya masa supera en al menos 10.000 veces la del Sol.
Capturado en octubre de 2024, este cúmulo es una fábrica de estrellas y planetas, un entorno donde la materia se condensa y da lugar a nuevas formas de vida cósmica. En palabras de la Agencia Espacial Europea, si el sistema solar estuviera en el centro de este cúmulo, la noche sería todo menos oscura.
Una imagen aterradora: el universo “furioso” en IC 2163 y NGC 2207
En una de sus capturas más inquietantes, Webb nos muestra lo que algunos ya llaman el «rostro enfadado del universo». Se trata de una imagen que muestra la fusión de dos galaxias, IC 2163 y NGC 2207, en plena colisión a 114 millones de años luz, en la constelación del Gran Can.
Aunque pueda parecer una escena apocalíptica, lo cierto es que las colisiones galácticas son más pacíficas de lo que imaginamos. Las estrellas no suelen chocar entre sí, y mucho menos los planetas. Es un proceso de integración cósmica, lento y majestuoso.
Serpens Nebula: el vivero donde nacen las estrellas
A solo 1.300 años luz de la Tierra, la nebulosa Serpens funciona como una guardería estelar, albergando estrellas en formación de apenas 100.000 años de edad. Si el universo tuviera álbum de bebés, aquí estarían sus fotos más tiernas.
Además de su belleza, esta nebulosa ha captado la atención por un detalle curioso: en medio de las nubes de gas aparece una figura que recuerda al “Batiseñal”, como si el universo quisiera enviar un mensaje a Gotham… o más allá.
Arp 107: una colisión galáctica con forma de sonrisa
Terminamos esta selección con una imagen que, curiosamente, hace sonreír. En Arp 107, Webb ha inmortalizado otra fusión de galaxias, pero en esta ocasión el resultado recuerda a un emoji galáctico.
Pese a lo dramático que suena una colisión de este tipo, la realidad es que es un evento relativamente tranquilo a escala universal, donde las estructuras se reorganizan sin caos. Verlo representado con una forma tan amigable le da al universo un rostro inesperadamente simpático.












