Budha y dinero

¿Qué haría Budha si fuese economista?

Entre las consecuencias de la tan mentada crisis económica hay más que pobreza, avaricia y desempleo. Consigo ha traído un fuerte cuestionamiento a los valores (o la falta de los mismos) que han regido nuestra sociedad hasta el momento, especialmente los fundamentos de los modelos de gestión financiera. Con esta idea en mente, la Universidad californiana de Berkeley ha iniciado un programa de seminarios sobre «Economía budista» destinado a sus alumnos de Economía, y dirigido por la profesora Clair Brown. Brown sumó, a las inquietudes de sus alumnos, su experiencia como profesora de Economía durante tres décadas, sus investigaciones acerca de la pobreza y los estándares de nivel de vida en EE.UU. y su propia vivencia como budista practicante en los últimos seis años. El concepto de la «Economía budista» surgió por primera vez en un ensayo de Ernst F. Schummacher, escrito en 1966. Sin embargo, aunque esa semilla fue lanzada hace años, parece que han sido las críticas circunstancias vividas en los últimos años las que han propiciado que esta comience a germinar ahora.

El origen de este programa surgió precisamente a raíz de que los propios alumnos de la carrera manifestaran a Brown, con más de 30 años de docencia a sus espaldas, su frustración con los «implacables» mensajes publicitarios que afirman continuamente que el crecimiento económico hará que vivamos mejor, y que la «terapia de compras» es el camino más rápido para llegar al paraíso particular de cada uno. Para algunos alumnos del programa, lo más necesario era poder aportar nuevas y frescas ideas a la economía que cambiaran en panorama habitual, en que los licenciados se dedican a mover dinero de un lado para otro en lugar de crear productos que ayuden realmente al mundo.

Para elaborar este programa Brown se basó en los últimos y más innovadores enfoques sobre economía, desarrollo humano, libertad y el conocimiento de los fundamentos psicológicos que hay detrás de las decisiones económicas. También empleó los nuevos modelos de sostenibilidad, surgidos del ecologismo, para dar estructura al seminario. Sin embargo, conforme se documentaba para configurar el programa, se dio cuenta de que su inquietud y la de sus alumnos no era las únicas que se estaban moviendo en ese ámbito, al topar con un trabajo de Jeffrey Sachs, profesor de Economía en Yale, titulado «Economía y felicidad», enfocado a medir el éxito económico según la felicidad real de las personas, y no por el PIB. Trabajos que siguen la línea trazada por el economista indio Amartya Sen, Nobel de Economía en 1998 y autor de libros como «Ética y Econonía», «El Ideal de la Justicia» o «Primero la gente: Una mirada desde la ética del desarrollo a los principales problemas del mundo globalizado», entre otros muchos.

Entre los textos de obligada lectura dentro del seminario está un libro escrito por Schumacher en 1973, «Lo pequeño es hermoso. Economía como si la gente importara». Basándose en la idea budista de los «rectos medios de vida»  que se encuentra en el «Noble Óctuple Sendero», Schumacher apuntaba a que una economía regida por estas ideas se centraría en satisfacer las necesidades de las personas, así como en valorar más la ética de las personas y sus capacidades psicológicas y espirituales a la hora de contratar trabajadores. Así esas cualidades, sumadas a su producción, darán como resultado una economía enfocada en la sostenibilidad, en prestar ayuda a los ciudadanos más necesitados y a fomentar la idea (contraria a la actual) de que se puede ser feliz teniendo lo necesario, en lugar de obteniendo siempre más y más. Como señalaba la propia Brown, en el actual modelo económico se explota la idea de que ir de compras te hace sentir mejor, algo que la propia experiencia no tarda mucho en desmentir, porque consumir más no hace realmente que nadie solucione su angustia o su dolor. ¿Qué pasaría entonces -se pregunta Brown- si el consumo no fuese el eje de la sociedad?, ¿si nos dejásemos llevar más por la compasión que por el deseo?

Esos rectos medios de vida, a los que se refiere el budismo, expresan la necesidad de ganarse la vida de forma que no se haga daño a otros seres, como parte del enfoque vital que hace que las sociedades sean humanas. Una economía budista reconoce la interconexión de todos los seres, por lo que no es posible alejar la conciencia de las consecuencias de nuestros actos ni excusarse en «es que tengo que ganarme la vida» para hacer cosas que perjudican al entorno o a otras personas. Brown contactó con el sacerdote budista tibetano Anam Thubten Rinpoche para que expusiera a los alumnos del seminario lo fundamental de esas ideas, basadas en seguir una forma de ganarse la vida basada en los valores internos, la riqueza interior y el cuidado de los más necesitados y los que más sufren. Para Rinpoche, la riqueza no es sólo conseguir dinero o bienes materiales, sino seguir un camino intermedio que englobe las posibilidades de crear riqueza sin destruir nada por el camino. De hecho, una de las características más interesantes de esto, es que esta doctrina no aboga por la pobreza, sino por poner las prioridades en la generosidad, la integridad de las personas y la conciencia por encima de la deshumanización del sistema para sobreexplotar todos los medios existentes, incluidos los humanos.

Fuente: Universidad de Berkeley

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: MOs810

 

 

 

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  1. Dr.Jorge Montenegro

    Seré claro: el problema no el consumo sino el INTERÉS. Qué interés? Simple: la USURA. Quien detenta el interés? Simple: el codicioso con destino manifiesto. Está a tu lado. El «YO QUIERO FELICIDAD: el YO pertenece al ego, el QUERER al deseo, se las elimina, te queda FELICIDAD» Buda.

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Fátima Gordillo

Aterricé en el periodismo "sin querer". Escribir es lo que hago y parte de lo que soy. He escrito notas de prensa, nombres para urbanizaciones, discursos, anuncios para radio, eslóganes y escaletas. He adaptado para teatro y, por supuesto, he escrito artículos, reportajes y entrevistas. He hecho de speaker, RP, SM y algunas siglas más. He sido actriz y conferenciante, aunque rara vez seré la persona más conversadora de una reunión. Comencé en la sección de un periódico digital y continué como redactora de estilo y tecnología en la revista Computer Hoy. Compartí proyecto, ganas y horas de trabajo en The Unnamed Project y, y ahora me dedico a Tek'n'Life y, de vez en cuando, a enseñar a la gente cómo comunicar mejor y a hablar en público sin que el miedo escénico sea una traba. Es el lado humano de la tecnología, la ciencia, el arte o lo que sea lo que me interesa, y eso es lo que quiero contar.