" />
ZOOM
GALERÍA
0 COMENTARIOS

La ESA hace historia posando un módulo sobre un cometa

El día en que todos los ojos del mundo se posaron en un cometa

«Nada asegura más el éxito de cualquier creación (una aldea, una casa, un hijo) que el hecho de copiarlo siguiendo el modelo de la mayor de todas las creaciones, la cosmogonía». Mircea Eliade

¿Por qué el cielo? Si, como creen algunos existe la reencarnación, hayamos nacido en una aldea de la Amazonia o en una urbe romana, cerca del mar o en los escarpados Himalayas, el cielo siempre ha estado ahí. Y, si como creen otros no hay más que una vida, de alguna manera alzar los ojos a lo alto nos identifica con todos los seres humanos que nos precedieron y con los que vendrán después de que hayamos pasado. Quizá por eso siempre hemos relacionado el cielo con el misterio y con las respuestas a esos misterios, y hemos creado observatorios, en las épocas más remotas, desde los que conocer y comprender mejor qué somos dentro de este vasto infinito.

Mirando hacia el cometa

Lugar primario de aterrizaje de Philae

En la Edad Media se hablaba de los cometas como presagios de desgracias, muerte y enfermedades. Sin embargo, en las tradiciones orientales se mencionan los cometas como portadores de vida. La ciencia actual se encuentra bastante más cerca ahora de esas tradiciones orientales que de toda la herencia medieval. Cosmólogos, astrónomos, bioquímicos y biólogos hace tiempo que empezaron a coincidir en la idea de que la vida pudo llegar a nuestro planeta dentro de los cometas.

El astrónomo británico Fred Hoyle fue, junto con Nalin Chandra Wickramasinghe, el creador de la teoría de la Panspermia, que sugería precisamente que la vida no surgió en el planeta, sino que la semilla, el germen de la misma vino desde fuera a través de los cometas. Evidentemente esto sugería que esos mismos cometas podían esparcir la vida por otros muchos mundos. Antes que él, quien fuera Nobel de Química en 1903, Svante August Arrhenius, también apuntó a que el origen de la vida podía estar en el espacio. Joan Oró, célebre bioquímico español, comenzó a estudiar los compuestos orgánicos de los meteoritos y de las rocas lunares, colaborando en varios proyectos de la NASA para el análisis de los materiales tanto lunares como marcianos. Posiblemente sus propios descubrimientos le hicieron digirir sus ojos a la teoría de la Panspermia, siendo también uno de sus precursores.

Los cometas son una muestra «viva» de cómo era el Universo poco después de su creación, y especialmente el primitivo Sistema Solar. Sus características hacen que apenas hayan sufrido cambios en más de 4.000 millones de años, por lo que su composición y estructura pueden hablar a los científicos acerca de cómo fueron esos orígenes.

Ahora bien, si realmente la vida llegó dentro de un cometa, ¿cómo probarlo? La respuesta era simple: hay que mirar dentro de un cometa. Una de las grandes razones por las que nació el proyecto Rosetta fue para hacer justo eso: ver lo que el cometa esconde en su interior, y descubrir si, realmente, existe una vinculación entre la materia orgánica de estas rocas peregrinas y la vida en nuestro planeta. La sonda Philae, que ayer finalmente se desprendió con éxito de Rosetta y quedó atornillado (los sistemas de anclaje fallaron a última hora) a la superficie del cometa 67P Churyumov-Gerasimenko, cuenta con instrumental y herramientas necesarias para perforar hasta 30 cm la superficie del cometa, tomar muestras y realizar análisis bioquímicos in situ

Durante algunos años, la NASA programó misiones de aproximación a cometas para estudiarlos a distancia, pero ha sido la ESA la que ha logrado, por primera vez, aterrizar sobre uno de ellos.

Rosetta: 10 años de aventura

El 2 de marzo de 2004 la sonda Rosetta fue lanzada al espacio desde la Guayana francesa en un cohete Ariane 5. Antes, los investigadores habían empleado miles de horas en el diseño y construcción de la sonda y el módulo, habían estudiado y acordado todos y cada uno de los pasos necesarios para la culminación con éxito del proyecto, desarrollaron los instrumentos y experimentos que acompañarían tanto a Rosetta como a Philae, crearon los sistemas de control y los de seguridad, y luego se prepararon para seguir y dirigir durante mucho, mucho tiempo, la trayectoria de la sonda por el espacio camino de su destino. Las 24 horas del día, los 7 días de la semana durante los últimos 10 años.

Rosetta

En un viaje tan largo siempre surgen contratiempos. Uno de los primeros surgió cuando algunos retrasos en la fecha de lanzamiento hizo que se cambiara el objetivo inicial, el cometa 46P Wirtanen, por 67P Churyumov-Gerasimenko. Al ser un cometa periódico del que se conoce su órbita (de ahí viene la «P» en el nombre del cometa) fue más fácil realizar los cálculos necesarios para ajustar todos los momentos importantes de la misión. La órbita del 67P mantiene una elíptica entre Júpiter y el Sol que dura 6,57 años, y Rosetta tenía que alcanzarlo en pleno vuelo, orbitar sobre él y hacer descender a Philae manteniendo la velocidad de tránsito del cometa. Aunque en las fotos de alta resolución difundidas por la ESA se observa el cometa como una curiosa y estática roca gris, su imagen real no deja de ser la del bólido brillante con cabellera que atraviesa el cielo como un fulgor.

10 años viajando por el espacio no se hacen pedaleando, y hacer que Rosetta alcance la órbita del cometa y la mantenga conlleva un gasto energético que hay que medir al milímetro. Aunque existe un proyecto para crear una suerte de estaciones de servicio espaciales, a fecha de hoy el combustible con el que se sale de la Tierra es el único con el que cuenta para llevar a cabo la misión. El rendimiento energético debe ser máximo y calculado al milímetro. Eso, junto con los paneles solares, permiten que sondas y satélites capten en pleno espacio cualquier resquicio energético que les otorgue tiempo y posibilidades de acción en mayor tiempo posible. Hay un tercer factor que ayuda a maximizar la energía con el mínimo de gasto: la física.

Para que ganara velocidad se aprovechó el impulso gravitacional de los planetas, pasando hasta tres veces cerca de la Tierra (la primera vez en marzo de 2005) y una vez próxima a Marte en 2007. Durante cada uno de estos momentos, la sonda aprovechó para tomar imágenes y datos de su paso tanto por Marte como del asteroide Šteins. Tras el tercer paso por las proximidades de la Tierra en noviembre de 2009, Rosetta ganó el suficiente impulso como para estar en disposición de alcanzar la órbita del cometa, demasiado alejada del Sol como para que los paneles solares de la sonda permitieran una actividad normal del aparato. El proceso de hibernación de la sonda finaliza en junio de 2011, no sin antes haber pasado y fotografiado un segundo asteroide, el Lutecia, y estudiado los restos de una colisión de asteroides con el apoyo del Telescopio Hubble.

Durante 31 meses Rosetta permaneció en silencio, manteniendo un movimiento de rotación sobre sí misma para evitar que unas partes se calentaran más que otras y que se dañaran algunos sistemas. Así, el 20 de enero de 2014 los sistemas automáticos de Rosetta inició el proceso de salir de la hibernación, reactivar los equipos y comunicar a la Tierra que había despertado. Poco después lo hacía Philae.

El 6 de agosto Rosetta llegó a una escasa distancia de 100 km del cometa. A partir de ese momento comenzó a cartografiar la superficie del cometa y a enviar todos los datos obtenidos a la Tierra. Hasta entonces no existían imágenes fidedignas de la forma y superficie del 67P, por lo que no se había podido hacer algo crucial: elegir el emplazamiento para el aterrizaje de Philae. Después de un tiempo, los científicos localizaron varios lugares posibles según las facilidades para el anclaje del módulo y las posibilidades de extraer buenas muestras del núcleo del cometa. El lugar designado finalmente fue el denominado inicialmente «J», rebautizado posteriormente como Agilkia. Tras eso Rosetta fue acortando distancias hasta el pasado 10 de octubre, en que quedó a 10 km, sin perder de vista el emplazamiento elegido para el aterrizaje de Philae; el esperado evento que tuvo lugar ayer ante los ojos expectantes de medio mundo.

El viaje de los descubrimientos


Descenso_y_Aterrizaje_de_Philae

 

Tanto a lo largo del viaje al encuentro del cometa como en las aproximaciones que Rosetta fue haciendo hacia el mismo, las cámaras de alta resolución con las que está equipada y los aparatos de medición y análisis fueron registrando imágenes y datos tanto del cometa como de otros cuerpos que «pillaban de camino». Fue el caso de los asteroides Šteins y Lutecia. De hecho, en su paso por las inmediaciones de Lutecia (a más de 3.100 km), Rosetta detectó una atmósfera muy débil y lo que parecía ser un campo electromagnético.

Al lograr estar más cerca del cometa, los instrumentos de medición comenzaron a mandar mucha más información acerca del mismo como su temperatura superficial, entre -68 °C y -43 °C; la interna, entre -243 °C y -113 °C; y la composición de los gases detectados en él: agua, monóxido y dióxido de carbono, metano, metanol y amonio. Además, por supuesto, de cartografiar en detalle toda la superficie del cometa y descubrir que su forma real estaba compuesta de dos partes, una más alargada y otra bulbosa, unidas por un «istmo» que, antes de obtener las imágenes definitivas a gran resolución, hacían pensar, en la distancia, en un patito de goma. El volumen total es de uno 25 kilómetros cúbicos

Las temperaturas detectadas fueron una sorpresa para los científicos de la misión, ya que pensaban que el cometa estaría recubierto de hielo. Sin embargo, aunque nuestro congelador no alcance ni de lejos los cerca de -70 °C de la superficie, no es lo suficientemente frío como para hacer que un cuerpo que viaja a gran velocidad por el espacio mantenga una capa de hielo, y menos cuando pasa cerca del Sol. Así que dedujeron que buena parte de la superficie del 67P debía estar cubierta de polvo, independientemente de que haya alguna placa de hielo en alguna parte de su breve geografía.

Ayer mismo, poco después del aterrizaje de Philae en 67P, el Consorcio de Plasma de Rosetta (abreviado RPC, es un conjunto de cinco instrumentos de medición diseñados para obtener información del entorno de plasma que rodea el cometa) hizo un nuevo descubrimiento, esta vez algo más sorprendente: el cometa emite lo que los científicos han denominado una «canción«, una especie de oscilación en el campo magnético alrededor del cometa. Se trataba de oscilaciones muy por debajo del nivel de lo audible por el ser humano, en el rango de los 40-50 milihertzios. No puedo evitar que me venga a la mente la «Música de las esferas» de Pitágoras, la teoría de cuerdas y esa viejísima doctrina oriental, recogida también en el Kybalión, que afirma que «todo es vibración».

La previsión es que Philae se quede anclada al cometa hasta finales de 2015, recogiendo y analizando datos, además de realizar diversos experimentos. Lo único que puede hacer peligrar la misión ahora es que ayer, durante el momento crítico del aterrizaje, fallaron los sistemas de anclaje del módulo, una especie de arpones, y sólo ha quedado fijada al suelo del cometa por unos tornillos. Pero mientras Philae se mantenga anclada y operativa, podrá estar mandado datos a la Tierra para su análisis como mucho hasta 2016. En ese momento el combustible que permite a Rosetta corregir rumbo y realizar pequeños movimientos se acabará, y podría quedar en la órbita del Sol mientas el cometa se aleja de ella.

Los nombres de la misión

Retomando la frase de Mircea Eliade con la que abría este reportaje, es curioso (y bonito) ver cómo esta misión también ha buscado recrear simbólicamente un modelo anterior.

Rosetta, el nombre que lleva la sonda, es también el de la famosa estela de piedra que permitió descifrar el lenguaje jeroglífico. Descubierta en Egipto durante las campañas napoleónicas, mostraba el mismo texto escrito en griego, demótico y jeroglífico. Esa característica fue al que permitió a Champollion, un joven filólogo enamorado de Egipto, descifrar la escritura jeroglífica. Sólo cuando te adentras en el estudio de esta increíble lengua es posible dimensionar la magnitud de la tarea realizada por Champollion. Apenas logró concluir su tarea y cumplir su sueño de visitar Egipto, murió con apenas 41 años de edad. El retrato que C. W.Ceram hace de él en «Dioses, tumbas y sabios» es, sencillamente, magnífico. La elección de este nombre para la misión de la ESA orienta a la perfección sobre lo que esperan encontrar en el cometa: la clave del enigma, el secreto del origen de la vida.

Isis

Philae, además del nombre del módulo encargado de posarse sobre el cometa, es el nombre de una antigua isla, situada en medio del río Nilo antes de la construcción de la presa de Assuán. En ella se ubicaba un complejo de templos de época ptolemáica dedicados a la diosa Isis, en uno de los cuales está la última inscripción jeroglífica de la que se tiene constancia. Tras la construcción de la presa de Assuán, la isla quedó sumergida bajo las aguas del sagrado Nilo, no sin antes haber movilizado la UNESCO a diversos países para desmontar, uno por uno, los templos de Philae y trasladarlos a otro emplazamiento antes de quedar sepultados bajo las aguas. Nada más adecuado que un guiño a Isis, diosa de la magia y el misterio, señora de la sabiduría y del cielo. Su nombre, formado por la repetición Is-Is, significa «escalón-escalón» (o también «peldaño-peldaño» No sólo se refiere a la escalera sobre su cabeza que la simboliza como diosa, sino también a que sólo ella (el conocimiento) era el camino que podía conectar a los hombres con lo celeste. ¿Quién no quiere quitar los velos misteriosos que cubren a Isis? Desde ayer, uno de esos peldaños se ha posado sobre un cometa en busca del conocimiento. Curiosamente el esposo de Isis, Osiris, también está presente en la misión: es el nombre de los dispositivos de alta resolución encargados de fotografiar y cartografiar tanto 67P como los asteroides por los que pasó la sonda.

Agilkia fue el relevo de Philae. Sin Agilkia Philae sería ahora el hogar de los peces. Cuando la construcción de la presa de Assuán amenazó con sumergir la isla y la UNESCO organizó su traslado a otro lugar, ese otro lugar fue la isla de Agilkia, también en el Nilo, pero lejos de todo peligro de inundación. La ESA lanzó un concurso público para rebautizar el emplazamiento «J» por otro nombre algo más sonoro y significativo. Este fue el ganador entre más de 8.000 propuestas. Era, sin duda, el redondeo perfecto a los nombres de la misión.

Todo importa

He oído defender con fervor algunas veces la inutilidad del gasto en investigación aeroespacial (y hasta de la educación en general) cuando hay tantas otras necesidades que cubrir en el mundo. Pero lo cierto es que ninguno de los que lo han dicho renunciaría a uno solo de sus privilegios para paliar esas otras necesidades, y es su estilo de vida el que las fomenta. Pero dejemos el tema. Hoy tocaba hablar del cielo, y de cómo el ser humano llegó ayer, por primera vez, a culminar un hito dentro de la ciencia que puede arrojar mucha luz sobre el origen del Universo y del mismo ser humano.

No osaremos afirmar que los descubrimientos de Rosetta y Philae podrán hacer del mundo un lugar mejor. Dejémonos de tonterías. Hacer que el mundo sea mejor corresponde a las personas y a lo que las personas hacen con las herramientas que tienen en sus manos. Igual que son personas las que obstaculizan y destruyen con su ignorancia y ambición personal la vida de otras personas y la de la Naturaleza en general. Lo que sí pueden hacer Rosetta y Philae es abrir las puertas a un mejor conocimiento de los primeros momentos de la existencia. ¿Crees que eso no es importante? ¿Que no tiene nada que ver contigo? Entonces vuelve a tu cubículo de ignorancia hasta que todas y cada una de las células que forman tu cuerpo se disuelvan, sin saber jamás qué fuiste en el breve espacio de tiempo en que tus pies caminaron sobre la Tierra.

Imágenes: Cortesía de la ESA (salvo la de Isis, claro)

No comments yet.

Deja un comentario