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Un tesoro ártico sale a la luz, especies desaparecidas hace 75 000 años halladas en una cueva noruega intacta

grotte norvégienne

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En lo más remoto del norte de Noruega, un hallazgo arqueológico ha dejado a los científicos con la boca abierta. Una cueva helada ha conservado durante milenios restos de animales que desaparecieron hace más de 75 000 años. Gracias a este inesperado congelador natural, hoy podemos asomarnos a un Ártico que alguna vez fue más templado y lleno de vida.

Una cueva olvidada que guardaba un ecosistema entero

Todo comenzó en la región de Nordland cuando hace tres décadas una perforación minera reveló la entrada a la cueva Arne Qvamgrotta. Desde entonces, el acceso permaneció cerrado hasta que en 2021 un equipo noruego y británico decidió explorarla. Lo que encontraron superó cualquier expectativa.

Protegida del sol y de los cambios bruscos de temperatura, la cueva había mantenido más de 170 fragmentos de huesos y dientes en perfecto estado. La datación y el análisis de ADN permitieron identificar al menos 46 especies distintas. Entre ellas había renos, zorros polares, focas, morsas, ballenas boreales e incluso aves como el frailecillo atlántico.

Un Ártico más cálido pero también más frágil

En aquel periodo del Pleistoceno, las capas de hielo se habían retirado parcialmente y la tundra costera florecía. Ríos libres de hielo recorrían el paisaje y la fauna disfrutaba de abundancia. Sin embargo, este clima benigno no duró para siempre. Cuando las temperaturas bajaron de forma drástica, muchas especies no pudieron migrar a zonas seguras. Algunas de las líneas genéticas detectadas en la cueva ya no existen en la actualidad.

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Huellas de especies que ya no volverán

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue el del lemming de collar, una especie desaparecida en Europa y nunca antes registrada en Escandinavia. También se hallaron restos de marsopa común, evidencia de que las costas noruegas tenían mares libres de hielo durante parte del año.

Hoy, esos vastos hábitats han quedado reducidos y fragmentados. El cambio climático, las infraestructuras y las rutas humanas limitan los movimientos de la fauna. Los animales que hace milenios recorrían grandes distancias hoy se ven atrapados en espacios mucho más pequeños.

Una ventana al pasado y una advertencia para el futuro

La cueva de Arne Qvamgrotta no solo cuenta una historia fascinante de un mundo perdido. También lanza una señal de alarma sobre la vulnerabilidad de la biodiversidad polar actual. Si alguna vez el Ártico fue un paraíso interconectado, ahora su equilibrio pende de un hilo. Y este tesoro helado, guardado durante milenios, nos recuerda que los cambios climáticos pueden transformar para siempre la vida tal como la conocemos.

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